Regresando a casa demasiado temprano
Un viernes por la tarde dejé mi oficina temprano; pensando poder sorprender en casa a Anita.
Me imagine que podríamos tener una salida a cenar afuera o una buena sesión se sexo salvaje en nuestra propia cama…

Guardé el auto en el garage y entré a la cocina; esperando encontrar a Ana allí; pero toda la casa parecía estar vacía.
Entonces pude oír unos ruidos extraños viniendo desde arriba.
Llamé a mi mujercita pero no me respondió; por lo tanto, decidí subir.

A medida que subía, los ruidos crecían en intensidad- Parecían ser una especie de golpeteos acompañados por gruñidos.

Continué acercándome por el pasillo a la habitación; sintiendo que ahora podía reconocer la voz de mi esposa. Lo malo era que parecían ser jadeos y gruñidos sexuales.
Pensé entonces que mi esposa estaba siendo atacada por un extraño; pero entonces pude escuchar con claridad su voz:

“Sí; así… dale vamos… cogeme así; dame más duro, dale…”

La puerta estaba ligeramente abierta y entonces me quedó claro que mi infiel esposa estaba allí adentro cogiendo con otro hombre.

Me asomé despacio por la rendija y pude ver lo que los sonidos denunciaban: allí estaba Anita en cuatro, solamente vestida con unos sensuales zapatos de taco aguja; en el medio de nuestra cama marital y con un negro gigantesco detrás de ella; aferrándola por las caderas y bombeándole la concha sin misericordia…

Reconocí que ese tipo era Joaquim, un enorme negro brasileño que Anita me había presentado hacía tiempo como su entrenador en el gimnasio…

Toda la cama se sacudía y agitaba; mientras mi esposa suplicaba por más y más verga negra. Le exigía más; a pesar de que su amante negro la estaba bombeando como si fuera la última vez que iba a poder coger …

Ana también gritaba que le encantaba esa pija negra; que quería sentirla acabando dentro de ella y que sería su puta cuando él quisiera…
Yo estaba tan excitado por esa escena; que me abrí el cierre y comencé a hacerme una paja, mientras ellos no podían verme.

Joaquim estaba tirándole del pelo, mientras le gritaba al oído:

“Sí, perra mía… ahora te voy a coger cada vez que se me antoje…”

Ana reía y le decía que era su esclava puta, que su concha era suya…

De repente ella empezó a dejar escapar unos sonidos raros y supe entonces que estaba por acabar. Empezó a pedirle que la cogiera más…

También supe que ese negro estaba cerca; cuando comenzó a cogerla con más ganas; haciendo que mi esposa gimiera y aullara a todo volumen.

De pronto Joaquim tensó su espalda y se quedó quieto; mientras su verga se descargaba en el interior de Ana. Pude ver un río de semen saliendo por la concha de mi delicada esposa y cayendo sobre las sábanas.

Bajé las escaleras en silencio y desde abajo pude oír que comenzaban otra nueva sesión de sexo brutal y desenfrenado…

Me fui a un café cercano y les di un par de horas para que terminaran con lo suyo. Ya había visto lo suficiente y no necesitaba más…

Dos horas más tarde por fin me decidí a regresar; pero todavía era demasiado temprano. Ellos seguían encerrados en nuestra habitación; el tal Joaquim gruñendo y mi dulce Ana gimiendo contra sus embates; mientras nuestra cama marital rechinaba a más no poder…

Otra vez me animé a asomarme a la puerta del dormitorio.
Ana estaba en cuatro y su amante negro la embestía desde atrás; tirándole de sus cabellos enrulados mientras su gigantesco cuerpo empujaba esa verga oscura todavía más a fondo en la dilatada concha de mi mujer.

Entonces pude ver que la espalda de mi mujercita se arqueaba y ella echaba su cabeza hacia atrás, mientras su boca dejaba escapar un aullido infernal. Había acabado otra vez sobre esa pija negra…
Su cuerpo empezó a temblar; pero el negro no le dio tiempo a nada. La hizo girar en el aire y Anita cayó de espaldas sobre la cama.
Entonces anudó sus largas piernas alrededor de la cintura de su amante y tomó esa verga negra entre sus manos, casi con desesperación.

Después guió esa serpiente negra otra vez dentro de su concha ya empapada y bien dilatada. Sus piernas apretaron el cuerpo del negro apenas él la penetró.

Joaquim estaba realmente cogiéndola con dureza. Su verga tenía un ritmo infernal de bombeo; que yo mismo jamás podría igualar. El negro era realmente una verdadera máquina de coger…
Pude ver que mi mujercita lo estaba disfrutando como poseída.

De repente noté que ella tensaba sus músculos y comenzaba otra vez a acabar en un orgasmo brutal. Mi sensual esposa estaba realmente perdida.

Después del orgasmo de Anita, otra vez cambiaron posiciones. Ella quedó arriba y aulló como loca mientras lo montaba al negro. Comenzó a cabalgar esa verga enorme, moviéndose para adelante y atrás.

De repente el negro empujó con todas sus ganas, haciendo que el cuerpo de Ana se levantara de la cama. Eso ya fue demasiado para él. De repente gruñó y se quedó quieto; entonces supe que había acabado dentro del cuerpo de mi esposa.

Ana se movió un poco más, pero finalmente su cuerpo agotado colapsó sobre el torso de su amante. Se besaron apasionadamente y ella desmontó de él; para deslizarse en la cama y engullir esa verga negra todavía erecta.

Mi mujercita la dejó limpia con su lengua y entonces le dijo a Joaquim que su maridito estaba por regresar; así que el negro se levantó de un salto y comenzó a vestirse.

Cuando él se fue, Anita se quedó tendida boca arriba en la cama, acariciándose el clítoris, que se veía inflamado al máximo.

Aproveché el momento para llamarla y preguntarle qué estaba haciendo.
La muy turra me contestó que no tenía nada divertido para hacer; solamente estaba limpiando la casa y acomodando cosas en su lugar.

Claro, pensé entonces… se refería a acomodar esa verga negra enorme dentro de su ya no tan estrecha concha…