Big Tits

Mi vecino aprovecha mi error
Mi vecino aprovecha mi error

Ese fin de semana estaba sola en casa, ya que mi fiel Víctor había salido de viaje por un par de días.
El viernes después de cenar me senté frente a la computadora, con una copa de vino en la mano y casi completamente desnuda, ya que solo estaba vestida con mis sandalias de taco alto.

Comencé a chatear con un desconocido; quien un rato después me pidió que encendiera mi cámara. Me sentía una mujer fatal, capaz de volver loco a ese tipo, que seguramente se estaba haciendo una buena paja mientras se deleitaba mirando mis firmes tetas turgentes en su pantalla…

De repente se encendió su cámara también y entonces, mientras me acariciaba mis tetas con mis suaves dedos, pude ver en el monitor una enorme verga tremendamente erecta y dura. La mano del tipo subía y bajaba masturbándose mientras chateaba conmigo y me observaba.

“Te estoy grabando, putita… lo sabías?” Me dijo con una voz metálica…

“Me lo imaginé… y eso me calienta mucho” Le respondí ronroneando.

“Te gusta mi verga así bien dura?. Prosiguió el desconocido.

“Si… me encanta esa verga enorme…” Le contesté…

Entonces si estás tan caliente, quiero ver cómo te masturbas, putita…”

Entonces acomodé mi cámara para que el tipo pudiera ver mi entrepierna, mi mano asomó por un costado de la imagen y lentamente comencé a acariciarme, abriendo mis labios vaginales con mis dedos…
Ahora podía escuchar los suaves gemidos de ese desconocido, mientras mis dedos incrementaban el ritmo dentro de mi concha humedecida.

“Vas a ser mía… vas a ser mi putita…” Me susurraba el tipo.

“Ahhh, sí, quiero que me cojas bien duro, que me des con todo…” Gemí.

“Así me gusta, Anita, que seas tan puta…” Agregó el desconocido.
De repente algo sonó extraño y yo tardé unos instantes en darme cuenta.

“De dónde sacaste que me llamo así… yo no te dije mi nombre…” Le dije.

La imagen en mi pantalla todavía mostraba la verga del tipo. Pero ahora su voz comenzó a sonar con más claridad.

“Conozco el color de los pisos de parquet de tu casa y hasta podría describirte los cuadros en tus paredes…” Respondió el extraño riéndose…

“David?? … sos vos…?? Le pregunté algo preocupada por la invasión a mi intimidad, mientras corría la cámara, quitando la imagen de mi entrepierna.

El tipo también corrió la imagen y entonces su cara apareció en mi pantalla.
“No me prives del placer de mirarte, putita…” Sonrió David frente a mí…

Sintiéndome ofuscada, apagué mi computadora, sin contestarle.
David era nuestro vecino, un tipo soltero, más joven que yo y muy atractivo; pero a la vez tenía mala fama con las mujeres. Siempre lo veíamos con distintas chicas que traía a su departamento.
Mi esposo Víctor no lo soportaba demasiado, pero había una convivencia respetuosa entre ellos dos…

Me vestí con un camisón liviano, casi transparente y cinco minutos después pude oír unos golpes en la puerta de entrada.
Confirmé mis miedos por la mirilla. David estaba allí parado, mirando hacia el pequeño orificio de la puerta.

“Ya sé que estás ahí adentro, Anita; va a ser mejor que me abras…” Dijo.

Me quedé callada y quieta, pensando qué podía hacer para evitarlo.

“Vamos, Ana, se me acaba la paciencia y entonces tu marido podría enterarse de que estás mostrándote en bolas a cualquier extraño…”
“Sabrá el pobre Víctor que está casado con semejante putita?”. Insistió David. Con el riesgo de que pudiera escucharlo cualquier otro vecino…

Muy despacio abrí la puerta y asomé apenas mi nariz.
“Yo no engaño a mi marido; esto es simplemente un juego” Le dije.
“Bueno, pero yo puedo hacer muchas cosas con lo que grabé mientras hablábamos en la red… Puedo pasar, así lo conversamos?” Me dijo irónico.

Abrí la puerta para dejarlo pasar, sabiendo que ahora este turro manejaba ahora la situación. Pasó frente a mí; alargó su mano y me acarició la cola… No me dio tiempo para reaccionar.

“Sos un verdadero hijo de puta”. Le espeté con toda mi bronca contenida.

“Vos sos la que convierte a tu esposo en cornudo y el hijo de puta soy yo?”
“Vas a contarle a Víctor de nuestro juego… o se lo cuento yo?” Dijo…

Me miró fijamente y yo tuve que bajar la mirada, sintiéndome vencida.
Mirando el suelo le pregunté qué quería, conociendo de antemano la respuesta.

“Me calentaste siempre, Anita… no me canso de mirarte ese culo perfecto, incluso cuando vas de la mano de tu esposo…” Respondió sonriendo.

“Ahora quiero que te saques ese camisón, porque no te cubre nada… y quiero que me muestres tus hermosas tetas así de cerca…”

Me levanté el camisón por encima de la cabeza y quedé completamente desnuda frente a ese turro; otra vez solamente vestida con mis tacos altos.

David suspiró, mientras la lujuria se le dibujaba en la cara.
“Te juro que te mataría con mis propias manos”. Gruñí furiosa e impotente.

Con aire despreocupado, David se acercó más a mi cuerpo.
“Quiero que me chupes la verga”. Dijo sonriendo diabólicamente.

Yo me sentía absolutamente expuesta y vencida; pero no podía pensar en nada mientras me arrodillaba frente a él, buscando su verga dentro de sus pantalones…

Sin embargo, sentí una humedad entre mis piernas, como si esa horrible dominación de la que era objeto estuviera comenzando a excitarme. Su dura verga apareció cerca de mi boca y, con bastante reticencia, finalmente abrí mis labios. David entonces me tomó de la nuca y haciendo un rápido movimiento me la metió hasta el fondo de la garganta.
Yo afirmé mi mano alrededor de su pija, mientras mis labios se ajustaban al contorno, que parecía ser bastante grueso.
En pocos instantes me encontraba recorriendo todo el largo de la verga con mi lengua hacia abajo, chupándosela con bastante delicadeza.

“Así me gusta, putita, que me demuestres quien es tu dueño ahora”.
“Voy a llenarte esa boquita dulce con mi leche caliente”. Dijo gimiendo.

Comencé a darle una mamada infernal, como para que nunca se olvidara de mí. Obviamente el resultado no se hizo esperar, ya que en pocos segundos, un potente chorro de semen tibio me colmó de sensaciones.

“Quién es tu dueño, perra?” Preguntó todavía temblando de excitación.
“Vos” Susurré despacio, mientras paladeaba su semen con mi lengua.

“Ahora entonces voy a cogerte…” Dijo David.
“No, no quiero…” Mentí, deseando que él me obligara y me cogiera…

David sonrió y me levantó por los brazos. Me arrastró hasta la mesa de algarrobo y allí me hizo doblar, recostando mis pechos contra la tabla.
Mis pezones se endurecieron al contacto frío de la madera…

“Por favor…no me hagas esto” Le supliqué, gritando para mis adentros que me cogiera de una buena vez con esa verga enorme y dura.

Con mucha suavidad, David comenzó a recorrer con sus manos mis nalgas expuestas, provocándome suspiros con cada caricia. Sus dedos llegaban hasta mis muslos, se adentraban hasta la parte interna, para luego subir con extrema suavidad, apenas rozaban mis labios vaginales se desviaban nuevamente hasta las nalgas, recomenzando el recorrido.

De repente sentí que su saliva caía entre mis cachetes y se deslizaba hacia abajo, llegando hasta mi entrada anal. Con un dedo él comenzó a jugar en torno a mi estrecho orificio trasero, introduciendo luego apenas un poco alguna de sus falanges. Mis músculos se contrajeron involuntariamente, pero no pudieron evitar que ese dedo me lubricara el ano.
A medida que ese turro introducía su dedo más profundo, yo me relajaba más todavía, sintiendo que mis suspiros se convertían en gemidos…

“Te voy a hacer la cola, Anita…” Dijo David muy suavemente.

“No, por culo no, te lo pido…” Reaccioné desesperada. No tenía miedo de que me desgarrara el ano con semejante verga; al contrario, quería que me llenara la concha con ella y me hiciera gozar como una perra…

Ya sentía mi ano bien dilatado, porque su dedo entraba y salía con extrema facilidad. Otro poco de saliva cayó esta vez directamente sobre mi orificio.

Yo estaba sobrepasada por el placer y el éxtasis. En el primer instante me pareció sentir otra vez el mismo dedo; pero enseguida supe que había metido su verga. La penetración fue casi violenta su gruesa pija se deslizó casi sin resistencia hacia adentro. Pude sentir que mi culo se abría al paso de esa verga, demostrando sumisión y obediencia…

“Despacio, te lo pido…está muy dura” Exclamé mientras me aferraba al borde de la mesa y trataba de voltear mi cabeza para mirar a ese turro.

Pero David no escuchaba mis súplicas. Él atropellaba con todas sus ganas, mientras me tomaba por los cabellos, obligándome a tirar mi cabeza hacia atrás. De repente sentí que perdía el control de mis sentidos.
Me desmoroné abatida sobre la mesa, abriendo mi boca desmesuradamente, para gritar y llorar de placer con cada embestida.

“De ahora en adelante vas a ser mi puta…me escuchaste?”
“Sí… sí, soy tu puta…” Respondí sollozando
“Tu culo, es mío…solamente mío… entendiste…?”-
“Sí…si, todo tuyo, solamente tuyo”
“Te gusta cómo te estoy rompiendo el culo, Anita…? Me gritó al oído.
“Sí…si…si…si… me encanta que me rompas el culo…”

Sus arremetidas eran rápidas y profundas, cargadas de mucha potencia, casi furiosas. Me aferraba por la cintura con sus manos y me movía sobre su verga a voluntad, sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo…

“Te gusta que te haga el culo?… te lo voy a llenar de leche caliente…”
Repentinamente todo se volvió borroso… incluso la voz de David, que seguía humillándome mientras me empalaba la cola con toda su furia.
Lo único patente que yo sentía era esa dura y gruesa verga entrando y saliendo a voluntad de mi indefenso culo. Mis gemidos se volvieron jadeos, mis manos se aferraron con más fuerza al borde de la mesa y finalmente mis rodillas flaquearon.
El orgasmo se hizo presente de forma avasalladora mientras mis nalgas se estrellaban una y otra vez contra el vientre de David.

“Me voy…me voy…me vas a hacer acabar, hijo de puta!!”. Le grité.

Eso pareció aumentar su excitación, porque pronto sentí el semen caliente de David invadiendo mis entrañas…
Yo seguía jadeando como loca, sintiendo mi propia acabada que parecía eterna. Por varios segundos estuve sometida a mi tremendo orgasmo…

David comenzó a aminorar el ritmo, mientras ahora su verga perdía de a poco su dureza. Su semen pegajoso ya se deslizaba por el interior de mis muslos. Me quedé inmóvil, recostada sobre la mesa.

“Gozaste bastante mientras te rompía la cola…” Me dijo sarcasmo.
“Me obligaste, hijo de puta” Respondí, tratando de justificar mi propio goce.

Entonces David me tomó de un brazo y me hizo girar. Su mano fue hacia mi vientre depilado directamente. Con rapidez y facilidad un par de sus dedos se adentraron en mi vagina, ya que yo abrí mis piernas sin ofrecer resistencia. Sentí otro goce inmediato mientras él comenzaba a acariciar mi clítoris. Perdí el equilibrio y me tuve que abrazar a él mientras apoyaba mi rostro sobre el hombro de ese turro…

“Así que yo te obligué? putita…te voy a hacer acabar…en mis manos…”
“No… no por favor, no seas tan hijo de puta…” Le supliqué casi llorando.

Pero mi propio cuerpo me estaba traicionando, gritando otra cosa, pues nuevamente era sometido a un vendaval de sensaciones. Esos dedos eran realmente dueños de mi concha y de mis jadeos y gemidos lastimosos…

“Sí, bebota… soy el hijo de puta que te está haciendo acabar…” Sonrió.

Intentaba mirarlo, pero no podía sostener mis ojos abiertos.
Ese turro ya me había robado un orgasmo brutal y ahora estaba a punto de alcanzar otro en sus dedos…
Finalmente aullé como una poseída y David sacó sus dedos de mi vagina, mientras yo caía al suelo en medio de estremecimientos y temblores.

Me quedé recostada sobre la alfombra y David se sentó en una silla.

“Esto no termina acá… lo sabías, nena?”. Me preguntó
“Sí, ya lo sé…” Le dije con la voz entrecortada.
“Te voy a coger muchas veces más… todas las veces que quiera…”
“Sí, también lo sé…” Respondí susurrando suavemente.

Se quedó en mi casa hasta el amanecer y me cogió tres veces más, haciéndome explotar en unos tremendos orgasmos.
Cuando se fue me dijo que yo iba a ser suya cuando él quisiera.
Y yo le dije que sí, que era suya para siempre…