Hogueras en la playa
Las vacaciones en las islas con mis amigas, no estaban resultando exactamente como yo habia pensado. Lo cierto es que el hotel donde nos alojabamos no estaba nada mal, pero de ahí a no querer salir en todo el dia del recinto, hay un trecho. Mis amigas pasaban todo el dia tumbadas junto a la piscina, tomando el sol, y, ocasionalmente, bajaban a la playa del hotel un rato. Nada mas. Un aburrimiento, vamos. Yo intentaba animarlas a que hiciesemos excursiones por la isla, ver algun pueblo tipico… pero nada, ellas argumentaban que habian ido a descansar, y se daban la vuelta para que el sol les bronceara del otro lado.

Termine por hartarme de aquello una noche. Después de la cena, entre a ducharme y, cuando sali, encontre a mis amigas arreglandose como si fueran a una fiesta de nochevieja.

– ¡Por fin! – exclame yo, arrojando mi toalla al interior del baño – ¿Vamos a salir esta noche?

– ¿Salir a donde?- pregunto una de ellas.

– Por ahí, a tomar algo ¿no? Como veo que os estais arreglando tanto…

– ¿A dónde vamos a ir? – contesto otra -. Tia, vamos a la discoteca del hotel, a la animación que hacen todas las noches.

– Hoy toca karaoke – me informó, como si tal cosa, otra de mis amigas.

– ¿Me estais diciendo que os estais arreglando tanto para bajar a la discoteca cutre del hotel? – yo no daba credito – ¿En serio?

– Si ¿Qué pasa?

– No, si pasar, no pasa nada. Solo que esperaba que saliesemos por ahí.

– ¿Por ahí a donde, Kenya? – dijo una, en plan borde.

– ¡Por ahí donde sea, joder! Mirad, estoy aburrida de este puto hotel. Llevamos una semana aquí y no hemos salido a ninguna parte.

– Ya estamos con lo mismo…

– ¡Es que es verdad! Yo es que alucino con vosotras. Ahora resulta que vuestro gran plan para esta noche es bajar a ver como un monton de guiris viejos y borrachos cantan canciones idiotas.

– Bueno, vale ¿Y que propone la señora que hagamos?

– ¡Cualquier cosa menos eso! Nos podemos acercar al pueblo a tomar una copa en algun sitio.

– El pueblo esta a cinco kilómetros, Kenya.

– ¡Pues se coge un taxi, joder! O si no queries ir al pueblo, podiamos ir a dar una vuelta por la playa.

– Es de noche.

– Gracias, tia. Si no llega a ser por ti, no me habia dado cuenta – conteste, ironicamente- ¡Claro que es de noche! ¿Y que mas da? Precisamente a eso me refiero, a hacer algo diferente.

– Kenya y sus historias- dijo otra de mis amigas, haciendo reir a las demas-. Mira, tia, haz lo que quieras, pero nosotros nos vamos a la discoteca. Somos mayoria, asi que a ver si ahora vamos a tener que hacer todas lo que tu quieras.

– Pues iros a la mierda, yo me bajo a la playa- conteste, buscando mi bikini en la bolsa. Agarre una toalla, y sali de la habitación, dando un portazo.

Mientras bajaba por las escaleras que comunicaban la piscina del hotel con la playa, me jure a mi misma que no volveria a ir de vacaciones con aquella panda de pedorras. En fin, ellas se lo perdian: la playa estaba preciosa, serena y tranquila, con la luna reflejandose en el agua como en un espejo. Decidi dar un paseo, y dejar atrás las luces y el ruido de la discoteca del hotel.

Caminé aproximadamente unos diez minutos, adentrandome en la oscuridad, tan solo rota por la luz de la luna. Frente a mi, se adivinaba un resplandor un poco mas adelante. Enseguida vi que eran una personas en torno a una hoguera. Cuando estuve mas cerca, me fije y vi que eran dos chicos y una chica, conversando junto al fuego. Pase junto a ellos y, segui caminando. Pronto vi que, más adelante había otra hoguera, y junto a ella se adivinaban las siluetas de dos personas. Vaya, parecia que aquella era la noche de las hogueras. Me acerque un poco mas, y vi a dos chicos, como de unos venticinco o treinta años, junto a ella.

Entonces decidi que aquel era un buen sitio para bañarme. La verdad es que, con la playa desierta y el agua tan oscura, daba un poco de miedo. Si me quedaba entre las dos hogueras, por lo menos habria gente que, en caso de que me pasara cualquier cosa, podrian ayudarme. Ademas, estaban lo suficientemente lejos para que no me m*****aran. Asi que, deje mi toalla en el suelo, y me dispuse a quitarme la camiseta de tirantes que llevaba. Fue entonces cuando me di cuenta que me habia puesto solo la parte inferior del bikini. Normalmente, cuando voy a la playa hago topless, y por eso me habia bajado sin sujetador. Pero una cosa es hacerlo de dia, con un grupo, y otra cosa es hacerlo sola, de noche, y rodeada de extraños. Asi que me volvi a bajar la camiseta, y me sente a la orilla, sobre la toalla. Solo pasaron unos segundos cuando escuche una voz que decia:

– Joder, tio, que putada. No se va a desnudar.

– Que lastima- contestaba otra voz -, porque tiene pinta de estar muy buena.

Me volvi y me di cuenta que las voces provenian de la segunda hoguera. Los chicos hablaban en voz baja, pero en el silencio de la noche se les ecuchaba perfectamente. Estaba indignada ¡Aquellos dos tios estaban esperando para verme las tetas! Inmediatamente me levante, agarre mi toalla, y emprendi el camino de vuelta al hotel.

– ¡Tio, eres gilipollas!- dijo uno de los chicos – ¡Ya te dije que hablaras mas bajo, que nos estaba escuchando!

El muchacho se levanto y corrio detrás de mi por la arena.

– ¡Hola!- saludó cuando llego a mi altura.

– Dejame en paz- conteste yo, sin mirarle.

– Oye, espera un momento, por favor.

– Te he dicho que me dejes en paz.

– De verdad – insistio el chico- espera un segundo. Solo quiero disculparme. Por favor, no queriamos ofenderte.

– Pues lo habeis hecho

– En serio, no era nuestra intencion. Por favor, acepta mis disculpas. La verdad es que somos idiotas. Lo que hemos hecho no tiene nombre. Joder, ya sabes que cuando nos juntamos dos tios empezamos a hacer el tonto, es como si solo tuvieramos una neurona entre los dos.

Aquello me hizo gracia, e involuntariamente esboce una sonrisa. Deje de andar, y mire al chico. Tenia el pelo corto y castaño, y una descuidada perilla enmarcaba una bonita sonrisa. Debajo de su camiseta y su bañador largo, se adivinaba un cuerpo delgado y fibroso. A pesar de estar tan cabreada, no pude dejar de pensar que era muy guapo.

– Vaya. por fin sonries- continuo-. Deberias hacerlo mas a menudo, porque tienes una sonrisa preciosa.

– Bueno, venga, no pasa nada- dije yo, finalmente-. Acepto tus disculpas ¿vale? Que lo paseis bien- Y volvi a encaminarme hacia el hotel.

– Espera, no te vayas- insisitio el chico, echando a correr de nuevo tras de mi-. En serio que no hace falta que te vayas. Si te quieres bañar o lo que sea, nosotros nos vamos. En serio, no queremos m*****arte.

– No hace falta, me voy al hotel.

– Tengo una idea mejor ¿Por qué no te tomas algo con nosotros? Tenemos una nevera con bebidas.

– Si, claro- conteste yo- ¿Y que mas?

– No, no pienses mal. De verdad, solo queremos compensarte por el mal rato.

– No, que me voy.

– Una copa. Palabra. Solo eso y ya esta ¿de acuerdo?

Y me miro con ojos de niño travieso. La verdad es que el plan que me esperaba si me volvia al hotel no es que fuera de tirar cohetes, asi que, no se muy bien por que, dije:

– De acuerdo. Una copa y me voy.

– Fantastico. De verdad que me alegra que aceptes, porque me sentia fatal. Por cierto, me llamo Marc.

– Yo soy Kenya- dije, dandole dos besos.

Acompañe al chico los pocos metros que nos separaban de la hoguera, donde su amigo nos esperaba de pie. El amigo era algo mas alto, y tambien se le veia mas fuerte, se notaba que debia hacer algun ejercicio porque sus musculos se revelaban bien definidos bajo la camiseta. Tenia el pelo moreno y revuelto, unos ojos preciosos, y una barba de varios dias. Se presento como Abel, y me invito a sentarme en la arena, junto a la hoguera.

– Bueno- dijo Abel, abriendo una nevera portátil-, hemos traido ginebra y tonica, vodka, ron, referescos, y tambien hemos hecho una botella con mojito ¿Te apetece probarlo?

– Si, gracias. Me encanta el mojito- conteste yo, sorprendida por como venian aquellos muchachos de preparados. Habia pensado que traerian una cervezas o algo asi, pero no me imaginaba aquel surtido.

Habia que reconocer que los chicos eran encantadores, ademas de muy guapos, y en unos pocos minutos consiguieron que me olvidara del incidente anterior, y que empezara a encontrarme a gusto con ellos, sentada junto a la hoguera. Incluso me dio morbo la idea de que hubieran querido verme las tetas y se hubieran excitado con ello. Me contaron que habian venido del norte, los dos solos, y que solian hacer surf. Yo les conte que habia venido con mis amigas, y estuve un rato quejandome de ellas, de que eran un rollo de tias, que eran aburridisimas, que era la ultima vez que iba con ellas a ninguna parte…

– Bueno- dijo Marc, levantando su vaso-, en ese caso habra que brindar por tus amigas, porque si no hubieran sido tan coñazo, no habrias bajado esta noche a la playa y no te habriamos conocido.

Brindamos y apuramos nuestras bebidas. Abel relleno nuestros vasos, y me di cuenta que era el tercer mojito. Si no me controlaba, en pocos minutos estaria borracha.

– ¿Te puedo hacer una pregunta, Kenya?- me dijo Abel.

– Claro, dime.

– ¿Por qué te has m*****ado tanto antes?

– Porque no me gustan los mirones- conteste, y empece a reirme.

– Para nosotros era solo una broma, joder. Tia estamos hartos de ver chicas en topless en la playa, de dia.

– Los tios nunca teneis suficiente. Siempre quereis ver mas- dije yo.

– ¡No generalices!- protesto, Marc, riendose – Nosotros somos unos caballeros.

– Ya, claro.

– De hecho, para que veas que vamos con buena intencion, te iba a pedir que te bañes con nosotros ahora.

– Ni hablar- proteste yo.

– ¡Solo para que veas que nos comportamos como caballeros a pesar de tener una chica guapisima, y con poca ropa, cerca!- insistio Marc.

– Que no, que no- conteste yo, riendome.

– Bueno, pues tu te lo pierdes – dijo, poniendose de pie de un salto. Se quito la camiseta, dejando a la vista su atractivo torso- ¿Vienes, Abel?

– Si, claro – contesto este, imitando a su amigo. Echaron a correr, hasta llegar al agua, y se metieron dentro con gran estrepito. Empezaron a salpicarse y a hacer tonterias, saludandome desde el agua.

La verdad es que me estaban dando envidia, porque habia bajado con el propoito de bañarme, y era lo que de verdad me apetecia. Ademas, pense ¿qué mas da si me ven en topless? Mañana por la mañana me los puedo encontrar, y me van a ver las tetas igual. Asi que, animada por los tres mojitos, me levente, me desprendi de un tiron de la camiseta de tirantes, dejando al aire mis pechos, y, cubierta tan solo por la minúscula parte inferior del bikini negro, me acerque a la orilla donde estaban bañandose los dos amigos. Al verme se quedaron embobados un momento, pero, rapidamente disimularon, e hicieron como que mi cuerpo semidesnudo no les turbaba en absoluto.

Entre en el agua. No estaba muy fria, pero si lo suficiente para que mis pezones se pusieran duros al instante. Me zambulli para que no se me notaran, y me aproxime nadando a los dos amigos. Al llegar a donde estaban ellos, empezaron a salpicarme, y yo, riendome, entre en el juego. La verdad es que se estaba muy a gusto, sumergida en las oscuras aguas, tan solo alumbradas por la luz de la luna. Nadamos un rato, y luego ellos dos empezaron a hacer el muerto, flotando boca arriba totalmente estirados y dejandose mecer por la marea.

– A mi no se me da bien hacer el muerto- confese- .Cuando lo intento me hundo.

– ¿En serio?- pregunto Marc, sorprendido- Bueno, es muy facil. Solo tienes que tumbarte y relajarte.

– Eso es lo que hago, pero acabo hundiendome.

– Ya veras como no. Pruebalo, que yo te ayudo.

Me tumbe boca arriba, como me indicaba, intentando relajarme. Marc se acerco para sujetarme por debajo, y que no me hundiera. De pronto me di cuenta que estaba a escasos centímetros de el, y que mis pechos asomaban del agua, con los pezones duros apuntandole directamente. La sensación me gusto, asi que cerre los ojos para relajarme, y para dejar que Marc me observara todo lo que quisiera. Mientras el, para que no me hundiera, habia posado una mano en la espalda, y la otra en la parte superior de las piernas, pero, con el movimiento de la marea, esa mano acabo en un momento dado en mi culo. Aquello hizo que me estremeciera, pero el, supongo que movido por su promesa de ser un caballero