Asian

Entregando a Lorena 25
Entregando a Lorena 25

Lorena estaba bastante calmada desde la última cogida que le habían pegado mis compañeros de oficina en nuestra propia casa.
Por las tardes me recibía con poses sexy cuando yo volvía de la oficina y por las noches se ponía mucho más cariñosa. Era raro en esos días no despertarme en plena mad**gada con la boca de mi dulce esposa alrededor de mi verga bien endurecida. Cogíamos hasta el amanecer y nos quedábamos abrazados, muy cansados pero también muy relajados.

Hasta que una tarde Lorena me llamó, para decirme que había reaparecido Carlos, después de varios meses de ausencia y que esa noche vendría a casa a cenar. Me dio un poco de bronca, pero luego me tranquilicé, pensando que tendría la oportunidad de ver a mi mujercita enculada por este bruto desconsiderado y miserable.

Llegué un poco tarde a casa, algo demorado por el tránsito y encontré que Lorena ya había tomado un buen baño de burbujas y se había maquillado. Ahora se paseaba completamente desnuda por la casa, usando solamente unos zapatos de taco alto que estilizaban sus hermosas piernas.
Verla así me calentó sobre manera. Pude sentir que mi pija se endurecía y trataba de salirse de mis pantalones. Yo también me desnudé; me acerqué por detrás a ella mientras estaba inclinada en cuatro patas buscando algo debajo de la cama y así como estaba la tomé por las caderas y le metí hasta el fondo mi verga a punto de estallar.

Lorena se sobresaltó por la sorpresa y me insultó, diciendo que estaba muy caliente reservándose para que la cogiera Carlos con su maravillosa pija. Intentó debatirse para liberarse de mi abrazo, pero mientras más luchaba por escapar, más adentro sentía yo que estaba enterrándole mi verga.

Finalmente ella se abandonó y comenzó a gemir muy despacio, mientras seguía insultándome entre jadeos y suspiros. Mi tranca bien endurecida entraba y salía con facilidad de su empapada concha; podía ver mi verga recubierta por sus jugos.

En menos de cinco minutos sentí una especie de electricidad que me recorría el cuerpo y tomando las caderas de Lorena con firmeza, empujé hacia a delante y allí me quedé por fin quieto, sintiendo como estallaba de placer en un orgasmo infernal, mi leche invadiendo el interior de esa conchita gloriosa.
Besé su espalda desnuda y finalmente la liberé de mis garras. Ella se levantó m*****a, diciendo que no había podido acabar y por lo tanto estaba mucho más caliente que antes. Se encerró en el baño y no disimuló algunos aullidos que dejó escapar mientras se masturbaba como loca.
Más tarde Lorena bajó al comedor. Estaba espectacular, su hermoso cuerpo apenas cubierto con un breve vestido de terciopelo color negro, que dejaba descubierta su espalda y tenía un tremendo escote en el centro. Tenía los mismos tacones que tanto me habían excitado mientras la cogía como a una perrita. Al verme sentado en el sillón se paró delante del televisor e inclinó la cintura, para mostrarme que no llevaba ropa interior.

“Así estoy más cómoda y Carlos puede meterme sus dedos si quiere…”
Al escucharla y verla así ofreciéndome su culo, mi verga volvió a endurecerse. Lorena lo notó y estalló en una carcajada, diciéndome que me aguantara. Tal vez con un poco de suerte, Carlos me permitiría mirar…
“Dijo que me extraña y que está muy, muy caliente, así que es muy posible que quiera cogerme a solas, sin que estés presente esta noche”.
Le recriminé esto último, diciéndole que nuestro trato con Carlos era que podía cogerla como quisiera, pero yo debería estar presente siempre…

A las diez en punto apareció Carlos, siempre con la misma cara de degenerado y la eterna estúpida sonrisa a flor de labios. Por supuesto a mí apenas me saludó y fue directamente a abrazar a Lorena, a quien le comió la boca en un beso de lengua interminable. Ella se dejó hacer…
“Putita mía, qué ganas tenía de venir a cogerte… me extrañaste, perra?”.
Le preguntó a Lorena, mientras la mantenía abrazada por la cintura y una de sus manos se deslizaba por debajo del vestido.
Enseguida Lorena pegó un respingo de sorpresa, imagino que un dedo de Carlos había entrado en su culo. El muy estúpido sonrió diciendo:
“Así me gusta, putita, que mantengas ese culo bien cerrado para mi pija”.

Es decir, iba a sodomizarla sin ningún problema el muy hijo de puta.
Mi mujercita anunció alegremente que la cena estaría lista en unos minutos. Carlos sonrió y se sentó junto a Lorena. Podía ver que su mano estaba debajo de la mesa, seguramente entre las piernas de mi esposa, disfrutando de la humedad de su concha…
Después de cenar Carlos intentó disfrutar de mi whisky, pero le anuncié que no había comprado más desde la última vez que él mismo había vaciado todas mis existencias del bar.

“Ya que no queda nada espirituoso, tendré que contentarme con el cuerpo de tu mujercita” Dijo riendo, al mismo tiempo que alzaba a mi grácil esposa por su delicada cintura y la cargaba sobre un hombro.
“Vas a tener que esperar aquí o escuchar detrás de la puerta; esta noche tengo ganas de disfrutar esta putita yo solo, sin testigos cornudos…”
Con Lorena colgada de su hombro subió las escaleras en dos pasos y se encerraron en nuestro dormitorio. Un par de minutos después comencé a escuchar los suaves gemidos de Lorena. Este bruto rara vez le daba sexo oral, así que imaginé a Lorena en cuatro patas y a este desconsiderado cogiéndola desde atrás. Casi enseguida se oyeron los chirridos de la cama, señal de que no había sexo oral en absoluto.

Los gemidos de Lorena pronto se convirtieron en jadeos y alaridos de placer, mezclados con gritos y pedidos para que la cogiera más fuerte…
Pronto se calló, pero casi enseguida dejó escapar otro aullido, demostrando que comenzaba a tener un buen orgasmo. Después hubo un silencio prolongado y entonces la suave voz de Lorena comenzó in crescendo:
“Por favor, más despacio… me duele mucho… ayyyyy, despacio!!!”.
Estaba metiéndosela por el culo, el muy turro. Ese culo hermoso que Lorena me había estado negando por casi dos semanas… ahora otra vez este inútil desconsiderado lo estaba disfrutando como el mejor.

Pronto Lorena comenzó a jadear y la cama volvió a chirriar. Esta vez el que gritó en voz alta fue Carlos, cuando evidentemente vació toda su carga de semen en el ahora no tan cerrado culo de Lorena…

La puerta del dormitorio se abrió y apareció Lorena, que me besó dulcemente al encontrarme parado allí. Dijo que la había pasado bastante bien y que Carlos se quedaría a dormir con ella, porque pretendía echarse un polvo mañanero antes de irse a trabajar. Volvió a besarme y se dirigió al baño. Pude ver que caminaba con dificultad y que corría semen entre sus interminables torneadas piernas.

Me acosté en el sillón del comedor y antes de las ocho de la mañana, los gemidos de Lorena y los chirridos de nuestra cama me despertaron.

Mientras escuchaba a mi dulce mujercita gozar de otra verga que no era la mía, pensé si alguna vez podríamos poner un punto final a esta relación tan extraña y difícil de explicar…