Bbc

Dos Hembras en VillaMacho – Cap. 2
Capítulo 2: Los Adolescentes de VillaMacho

Parte 0: Presentación de personajes.

0.1: Prólogo del capítulo dos

Jaume y Pedro son la diana de maltratos en su nuevo instituto, en el cual existe un pequeño grupo de macarras y matones que los utilizan para su diversión matutina.
Al conocer a la hermana de estos dos, Olivia, los matones eligen hacerse pasar por sus amigos para ganarse su confianza y poder infiltrarse en la casa para poder espiarla de cerca y, quizás, beneficiársela. Lo que estos no saben es que ella tiene novio y que no son los únicos interesados en ella.
Por un cúmulo de buena y mala suerte, acaban sucediendo cosas que no esperarían ni ellos ni la propia Olivia, siendo testigos impotentes del grotesco espectáculo tanto Jaume como Pedro, que tendrán que decidir si intervienen o continúan observando lo que sucede con la intrusión de sus nuevos amigos en su propia casa.
Los adolescentes, pasando cada vez más tiempo en la casa y haciéndose cada vez más amigos de la veinteañera, comienzan a coincidir también con la que es su profesora en el instituto.
Madre e hija comienzan a ver normal la presencia de estos jóvenes que, teniendo como excusa la amistad de Jaume y Pedro, comienzan a considerar esa casa suya, dando así multitud de situaciones que irán empeorando si nadie los detiene.

Por su parte, Joaquin y Rob no sospechan nada pero… ¿Harían algo si descubriesen que algo pasa? Siendo Sandra y Olivia mujeres totalmente fieles a estos dos, nunca harían nada con unos adolescentes pero… ¿Significa lo mismo tanto para ellos como para ellas las inocentes situaciones que tendrían lugar dentro y fuera de la casa? ¿Pueden llevarse bien dos mujeres adultas con unos macarras y salidos adolescentes de pueblo, los cuales carecen de entretenimientos para divertirse? La vida de pueblo es muy aburrida para ellos, pero no tanto cuando tienen a su alcance dos hembras como Sandra y Olivia.

0.2: Cálida bienvenida estudiantil

Pocas semanas habían pasado desde que la familia de Joaquin se instalase en la nueva casa, a las afueras del pueblo. Rob y su suegro encontraron trabajo de granjeros con suma facilidad, ayudando a los propietarios en la recolecta de la siembra, el mantenimiento de las fincas y el cuidado de los a****les.
Por el contrario, Sandra, aceptó un puesto de docente en el instituto lamonjatuerta, donde fue bien recibida tanto por abundantes alumnos como por el escaso profesorado. Solo había dos profesores, varones ambos, además de una directora fea, gorda y amargada que según la recién llegada se esforzaba por hacer la vida imposible a los jóvenes del pueblo. El resto de los adultos que trabajaban en el instituto tenían funciones de mantenimiento, limpieza y cocina.
La nueva profesora estaba realmente impactada con el funcionamiento educativo de aquel centro, el cual incumplía al menos un centenar de protocolos… ¿En que cabeza cabía que en pleno siglo veintiuno y en un país desarrollado como era España, los estudiantes fuesen mezclados por edad y recibiesen lecciones al azar? Un estudiante de trece años podía recibir la misma clase que uno de diecisiete, y aunque parecía que el método funcionaba no podía ser más caótico.
Sandra había encajado inesperadamente bien en su nuevo puesto de trabajo: A pesar del antipático trato de la directora hacia ella -la cual no era capaz de disimular la envidia que sentía por una subordinada tan guapa, inteligente y agradable-, no tuvo problemas para integrarse, ganándose el favor y el respeto de sus dos compañeros docentes y los innumerables alumnos que llenaban el centro.
Algunos de estos, los más macarras y traviesos, intentaron sin éxito gastarle bromas pesadas; se rindieron ante la furiosa reacción de la maestra que sin andarse con chiquitas se granjeó el respeto y el temor de los adolescentes, los cuales no volvieron a intentar nada contra ella. Se limitaron a mirarla desde la distancia, tapándose la boca para que esta no leyese sus labios mientras ruborizados la estudiaban de arriba abajo.

De sus tres hijos, los únicos dos menores no tuvieron tanta suerte a la hora de integrarse entre los adolescentes pueblerinos. Recibieron una cálida bienvenida, sí… Pero no de la manera que les habría gustado.

***

Daba la impresión de que Zeus estaba furioso, pues del cielo caía una tempestad de rayos y lluvia. Esta golpeaba tan contundentemente contra el suelo que parecía que este en cualquier momento se fuese a poner a gritar de dolor.
El instituto había quedado vacío a excepción de los cuatro profesores en el interior, debatiendo dentro de la sala de profesores, ajenos a lo que sucedía fuera. Lejos de la entrada al instituto, protegidos por la lluvia, seis jóvenes se enfrentaban bajo un enorme porche.
Solo tres de ellos se enfrentaban, mientras que los otros dos miraban desde la distancia con sonrisas dibujadas en su rostro. Los espectadores eran delgados, uno rubio de cabellos rizados y el otro pelirrojo, los cuales miraban satisfechos como un moreno de pelo liso, obeso y feo, agarraba por las solapas de la camisa al más pequeño de los dos alumnos nuevos.
— ¡Que le dejes en paz! -rugió furioso el hermano mediano, abalanzándose contra Alex. Este soltó al pequeño para poder hundir sus rechonchos nudillos en el rostro de Pedro, el cual cayó de espaldas llevándose las manos al rostro… Su nariz sangraba abundantemente.
— ¿Qué le deje en paz? A ver si te queda claro, pijo de ciudad. Sois los novatos, y sois nuestras putitas. Si hacéis lo que os ordenemos nos llevaremos bien. De lo contrario -levantó el puño mientras endurecía las facciones de su rostro. No tenía una cara agraciada, y ni de lejos podía parecer guapo a nadie.

El gordo metió una patada en el ombligo al joven que acababa de golpear, el cual encajó el golpe entre gemidos de dolor. Sin volver a golpearlo, se volvió hacia el más pequeño de sus dos víctimas; Jaume lo miro aterrado, acuclillado al lado de Pedro.
— Da gracias de que tu hermano hoy ha recibido tu parte… porque mañana no tendrás tanta suerte.

Este comentario pareció hacer gracia a Santi, un joven de constitución delgada y cabellos rubios, que se sostenía apoyando la espalda contra la pared manteniéndose de brazos cruzados. El último del grupo de aquellos tres abusones se llamaba Domi, y era un quinceañero de pelo largo de color castaño. Este no sacaba las manos de sus bolsillos, y no abrió la boca excepto para reír.
Estos dos no se movieron ni hicieron ningún comentario, como si estuviesen dando carta blanca a su compañero para hacer lo que quisiese.
— Mañana me daréis vuestros bocadillos. Si no los traéis, os meto una paliza. Si no me gustan, os meto una paliza. ¿Me habéis entendido?

Entre risas y sin esperar confirmación, los tres matones se aventuraron a correr bajo la lluvia, yéndose a sus casas donde aguardarían hacia el día siguiente. En aquel pueblo no tenían demasiado que hacer, y aunque preferían estar en la calle ya que en sus casas tampoco había nada que hacer, la lluvia estropeaba sus planes.
Suerte que había llegado aquella nueva familia para divertirse a su costa. Por su parte, Pedro y Jaume disimularon bien la mala experiencia vividas los primeros días de instituto. Nadie en su casa habría sospechado que habían sido víctimas de agresiones… Lo que todos desconocían es que aquella situación estaba muy próxima a empeorar.

***

— ¿De chorizo? -La pregunta de Alex no esperaba respuesta. Estaban en el mismo porche del otro día, mas la diferencia es que en ese momento ya no llovía. Era la hora del patio y, aunque el instituto estaba lleno, nadie se acercaba para ver de cerca el maltrato que sufrían los dos hermanos- ¡Hijo de puta! -chilló mientras soltaba tres patadas en cadena contra el estómago de Pedro. El menor de los hermanos, solía librarse de los golpes… pero el mediano no tenía tanta suerte. El motivo aquel día es que el bocadillo de Jaume era de jamón dulce.
— A mí me gusta el chorizo -declaró Raúl, un pelirrojo que prácticamente nunca dejaba de sonreír. Había grabado todo con su cámara de móvil, y era algo que hacía mucho, pues era de los pocos en todo el pueblo que tenía uno. Se acercó a Alex alzando la mano, y este le estampó el bocadillo en su palma de la mano antes de soltar otra patada contra los muslos de Pedro-. Yo de ti pararía. Le costará disimular ante su familia si continuas así.
— No pasa nada. Sabe lo que pasará si se va de la lengua. ¿Verdad? -preguntó el gordo sin dar más golpes. Separó el papel de plata antes de dar un mordisco al bocadillo de jamón dulce.
— Hombre… a mí no me importaría que su madre me castigase -anunció burlón Santi, el rubio.
— O castigarla nosotros a ella -propuso Domi antes de escupir al suelo.
— ¿Habéis visto las tetas que tiene? Si las muestra orgullosa. No se corta ni estando delante de tantos tíos. Es una verdadera zorra.

Los cuatro matones parecían haber olvidado que los dos hijos de su profesora estaban lo suficientemente cerca para escuchar, impotentes, lo que decían sobre su progenitora.
— Le vi haciendo ojitos a Curro.
— ¿Curro ha venido? Hace mucho que no lo veo.
— Es lo mejor. ¿Para que habrá venido?
— Normalmente ni se acerca al insti -comentó Raúl acoplándose entre la conversación de Domi y Santi.
— Algún día tendrá que terminarlo, digo yo -comentó el gordo apartándose de los dos hermanos.
— Sigue soñando. ¿Vamos a dentro? Hace un calor que te mueres -comentó el pelirrojo mientras se guardaba el móvil en el bolsillo.
— Mañana quiero mis bocadillos -Antes de seguir a sus amigos, Alex se giró y dio esta orden a los dos hermanos-. Y que no sea ni de chorizo ni sobrasada o cobraréis.

Pedro hizo un esfuerzo para reincorporarse, su cara estaba intacta ya que aquel gordo se estaba asegurando de no dejar pruebas evidentes de aquel maltrato; sin embargo, el resto de su cuerpo estaba entumecido a causa de los constantes puñetazos y patadas.
Por su parte, Jaume, tenía en mente un plan para conseguir que los dejaran de m*****ar.

***

Olivia, la única hija mayor de edad de Sandra, llevaba muy mal su nueva vida en aquel pueblucho. Para ella la única cosa buena era que se había podido traer a su novio y ni eso.
El duro y constante trabajo que le suponía el campo, lo dejaba molido hasta el punto de que rechazaba cualquier ejercicio físico el poco tiempo que estaban juntos.
Se aficionó a pasar mucho tiempo con su suegro Joaquin en un bar que había cerca de las granjas y los huertos donde trabajaban.
Pasando la mayor parte del día sola y sin encontrar trabajo alguno, la veinteañera acabó optando por aventurarse sola por las calles del pueblo y ver que se encontraba. No le gustó en absoluto darse cuenta de que las pocas mujeres que habían en aquel pueblo de mala muerte eran viudas, ancianas desdentadas y mujeres feas que sonreían al verla pasar. Eran una minoría comparada con todos los hombres que acechaban a su alrededor, observándola sin reparos desde los ventanales de las casas, desde las terrazas de los bares y desde los bancos de piedra que rebosaban como setas por todo el pueblo. No se cortaban un pelo a la hora de estudiar sus curvas; y al menos se le acercaron unas quince veces hombres de todas las edades para entablar conversación con ella y “darle la bienvenida a Villamacho´´.
Algunos lo hacían con más gracia, otros con torpeza; pero ninguno escondía lo más mínimo su intención de desear intimar con ella.
Aquella fue la primera y la última vez que bajó al pueblo sola, quedándose amargada dentro de su casa y llorando algunas veces. Frustrada por no tener nada mejor que hacer que ver la televisión, pasearse por los jardines y esperar a que sus hermanos, sus padres y su novio volviesen a casa. No es que no hubiese buscado trabajo, pero no encontraba nada fuera del pueblo que por tema de transporte y horarios fuese viable. Tampoco tenía opción de inscribirse por el momento en la universidad de Sexópolis, viéndose obligada a esperar.

Agradeció profundamente que su hermano pequeño, el cual siempre había tenido mucha afinidad con ella, le pidiese que fuese a buscarlos todos los días al instituto.
“Salir me vendrá bien, y así tendré algo que hacer´´ se autoconvenció de que era lo mejor. Abrazó a su novio tras intercambiar un beso de buenas noches antes de cerrar los ojos con una sonrisa en sus labios. No podía evitar sentirse feliz porque su hermano pequeño aún quisiese que ella se dejase ver, desentendiéndose de la actitud distantes del mediano, el cual parecía empeñado en ignorarla todo lo que le fuese posible.

2.0: Los matones. Los nuevos amigos de la hermana mayor.

El Chuki se estaba fumando un cigarro en la puerta del instituto apoyado en el asiento de su moto. Había hecho campana ese día para quedarse durmiendo un poco más, notándose su sueño en aquel enorme bostezo que dio entrecerrando un ojo y dejando el otro abierto, observando a la multitud de estudiantes saliendo mientras abrazaban sus carpetas en torno a sus pechos.
Todos eran varones que rondaban los doce y los diecisiete años. No había mayores de edad, pues estos hacían bachillerato o ciclos formativos en los institutos cercanos de otros pueblos.
La mayoría de los estudiantes que salían de clase, evitaban acercarse aquel estudiante que estaba sobre la moto, con la espalda encorvada y con humo saliendo de entre sus labios. Chuki era sin duda alguna el segundo adolescente más temido de todo Villamacho y, muy posiblemente, de todas las comunidades vecinas: Sus quince años no eran motivo para subestimarle. En sus ojos se ocultaba la mirada del tigre, y sus facciones habían sido endurecidas por las constantes peleas que lo habían convertido en uno de los jóvenes más prometedores y que más se imponían. Bajo una gorra que siempre llevaba, un pelo moreno de textura ondulada acompañaba aquella cara de malote que no dejaba pasar ni una.

Aquel día había ido a buscar los diez gramos de hachís que un colega suyo le debía, cuando vio a los dos novatos, hijos de la profesora, salir por la salida del instituto perseguidos por el grupo de Alex y sus matones. Estaba lo suficientemente cerca como para escuchar todo lo que pudiesen decir, y a pesar de eso no iba a entrometerse. Los recién llegados no le daban ninguna pena, y aunque no le caían en gracia el grupito del gordo, tampoco tenía nada contra ellos.
— No os he visto en el patio. ¡Y mis bocadillos! -vociferó aquella bola de grasa, considerada el líder del grupo.
— Yo… Yo… -comenzó a decir el menor de los dos hermanos, alzando las manos y retrocediendo un par de pasos.
— Ya os dije que lo que pasaría si no… -El matón se acercaba a los dos hermanos preparado para golpearles, cuando fue interrumpido por una voz femenina de tono musical, atrayendo la atención de todos y cada uno de los jóvenes que había alrededor.
— ¡Jaume! -saludó la veinteañera desde la otra punta del patio. Había levantado la mano, moviéndola de un lado para otro como si eso les fuese ayudar a verla mejor.
— Que coño… -Alex paró en seco mirando a aquella joven pechugona, como si no hubiese visto una mujer en su vida.
— ¿Quién es? -Raúl, el pelirrojo, avanzó dos pasos para colocarse al lado de su amigo. Hizo esta pregunta al viento, una que nadie respondió. Domi y Santi se acercaron a los dos hermanos y a sus dos amigos.
— ¿La conocéis? -les increpó el mismo que les había pegado días atrás.
— Vuestra… ¿Vuestra hermana? -inquirió abriendo sin darse cuenta la boca mientras veía como aquel ángel se acercaba sonriente.

Olivia parecía impermeable a las miradas de todos aquellos chavales. Llevaba puesta una falda que le llegaba hasta las rodillas y un top que le tapaba bastante bien el escote pese a no ser capaz de disimular la enorme curva que producían sus senos. Su pelo caía en cascada por su espalda, con dos vertientes sobre sus hombros escondiendo la mayor parte de su cuello y sus pechos.
— ¿Son vuestros amigos? -preguntó a sus hermanos sin dejar de mirar al grupo de cuatro que tenían al lado. Los estudio con mirada inquisitva, pero sin dejar de sonreir. Ninguno de sus dos hermanos contestó.

El menor de los dos hermanos no pudo evitar sobresaltarse cuando Alex le pasó el ancho brazo sobre los hombros y lo acercaba amigable para si mismo.
— Amigos, amigos… No. Nos estamos conociendo. ¿Eres su hermana? -explicó el chico obeso antes de preguntar.
— Soy Olivia, y sí, soy su hermana.

Prácticamente se abalanzaron sobre ella como buitres en celo.
— Yo soy raúl -dijo el pelirrojo plantándole dos besos. Fue empujado a un lado por un segundo con los ricitos de oro, que le plantaba impaciente otros dos besos.
— Y yo Santi.
— Yo soy Domi -se presentó en penúltimo lugar con otros dos besos el quinceañero con larga cabellera, la cual la llevaba recogida en una práctica coleta. Alex fue el único que no le dio los besos, tal vez cortado por haber sido el que había golpeado a sus dos hermanos menores prácticamente cada día.
— ¿Y tú? -preguntó con voz musical dirigiéndose al grandullón que estaba agarrado a los hombros de su hermano Jaume.
— Alex.
— Encantada -No lo dijo forzada, realmente le había hecho mucha gracia y le habían parecido todos muy simpáticos.
— Igualmente -dijeron todos de manera desincronizada.
— Bueno, me llevo a estos dos enanos para casa. Ya nos veremos -se despidió guiando a sus dos parientes hacia el camino de vuelta.

Los cinco, incluyendo al Chuki, miraban estupefactos como movía la falda de aquella veinteañera al alejarse junto a Pedro y Jaume. Esta los pilló de pleno cuando, de manera disimulada, echó la vista atrás para mirarlos de reojo. Una amable sonrisa nació en sus labios antes de volver a mirar hacia adelante.
Al vivir en las afueras les quedaba una caminata de treinta minutos antes de llegar a su casa, tiempo que el grupo de cuatro se pasaría debatiendo sobre aquella mujer que acababa de aparecérseles.
— Tenemos que hacernos amigos de Jaume y Pedro.
— Pues lo llevas claro… -le respondió el pelirrojo al gordo, recordándole el trato que habían recibido de ellos.
— Nos disculpamos y les prometemos que no volveremos a pasarnos con ellos. Lo importante es meternos en esa casa…
— ¿Habéis visto las enormes tetas que tiene? Me muero por vérselas sin camisa… Tienen que ser increíbles -comentó Curro intentando imaginárselas.
— Claro. Si nunca has visto unas tetas en tu vida, al menos que las primeras sean dos grandes bellezas como esas.
— Entre la madre y la hija… -comentó Santi, jugando con su flequillo de mechones dorados.
— Con la madre no tenemos ninguna posibilidad, además… En el pueblo van por Sandra a muerte… Pero la hija casi no sale de casa. Si nos metemos en ella…
— Pues ya sabéis, a comerles la polla a esos dos idiotas.
— Que os lo habéis creído -Reconocieron la voz al instante. Chuki se bajó de la moto y se acercó al grupo de los cuatro.
— ¿El qué?
— Os habéis creído que tenéis una sola posibilidad con una o con otra.
— No te pases, tio… -Alex, el más corpulento del grupo, no podía evitar agachar la cabeza ante el macarra. Incluso siendo cuatro contra uno, estaba claro quien tenía la sartén por el mango.
— ¿Qué no me pase? -le cuestionó envalentonándose. En su sien se marcó unas venas verdosas que indicaban peligro, y una cicatriz que tenía en su ceja, en forma de corte, se enrojeció.
— Quiero decir que hasta que no lo intentemos -se excusó alzando ambas manos.
— ¿Y cómo lo vais a hacer? ¿La vais a violar entre los cuatro o cómo? -En los ojos del macarra había un brillo de astucia, claramente había visto una oportunidad para acercarse a aquella veinteañera que se le había antojado.
— Nada de violarla.
— Entonces lo lleváis claro. No se fijaría en vosotros ni flipando -presupuso con tono burlesco.
— ¿Y de ti sí? -un puño, invisible de lo rápido que era, le golpeó con un gancho en la mandíbula. El golpe dejó aturdido a Alex, que cayó de culo. Sin bajar la guardia, Chuki se encaró a los otros tres preparándose para continuar con la pelea, pero estos se limitaron a levantar las manos y enseñar las palmas, conciliadores. El macarra se dio la vuelta y se acuclilló frente a su víctima ante la impotencia de sus tres amigos.
— Gordo, que te reviento -le avisó-. No juegues conmigo -Alex no respondió-. ¿Sabes porque te he golpeado?
— Por provocar -Equivocarse le costó una colleja, que le hizo cerrar los ojos como si acabase de estornudar.
— Porque te tenía ganas. Sin que te hayan dado motivos, te has metido a muerte con esos dos y ahora te arriesgas a que les hablen mal de vosotros -El golpeado, ante la impasividad de sus socios, se limitó a agachar la cabeza y callar-. Como te vuelva a ver meterte con uno de esos dos, el que te reventará seré yo. Y lo mismo va por vosotros tres -anunció reincorporándose-. Me gusta vuestra idea, nos vamos a hacer amigos de esos dos para poder entrar en su casa. Así que ya podéis tratarlos bien… ¿Me habéis entendido?

Los otros tres asintieron mientras el gordo se levantaba. Perfectamente el macarra podría haberles dicho que ni se acercasen a esos dos, acaparando la posibilidad de ser el único que interactuase con la veinteañera. No obstante sabía que si iba solo, ella no bajaría la guardia, y si iba con aquel grupo de parguelas pasaría desapercibido y no lo tomaría en serio.
Aunque le llevaría tiempo, pensaba hacer suya aquella puta. No esperaba que ninguno de esos cuatro tuviesen la soltura suficiente para conquistarla, y si se lo montaban bien, podrían formar un grupo de amigos en el que ella fuese el centro.
Chuki era uno de los pocos adolescentes que había estado en el barderPepe el día que el alcalde dio por iniciada la caza de las dos hembras. Era consciente de las normas; reglas que eran ley en aquel pueblo. Según estas, no podían m*****ar a la familia en su finca pero… ¿Quién decía que ellas no pudiesen invitarlos a entrar?

Pese a no ser amigos, el grupo de Alex y el propio Chuki decidieron colaborar para realizar un caballo de Troya en la casa de Olivia.

***

Hacía apenas unos minutos que habían dejado atrás a aquellos matones. El inesperado acto de presencia que hizo Olivia había aliviado a ambos hermanos; Pedro no entendía ni sabía porque ella había ido a buscarlos hasta que Jaume, entre susurros a espaldas de su hermana, se lo contó:
— Podrías haberme dicho algo.
— Como siempre me decías que no contase nada a nadie.
— Ni se te ocurra decirle a Oli lo que nos hacen. ¿Me has entendido?
— ¿Pero por qué? Ya has visto como nos han tratado delante de ella.

“El muy idiota no se entera de nada´´ se lamentó Pedro mirando de reojo a su hermana, que caminaba frente a ellos.
— Precisamente por eso. La han tratado así porque no sabe nada… ¿Cómo crees que la tratarían si supiese lo que nos han hecho? Además… -volvió a mirar a su hermana para asegurarse que no le oía:-… Creo que nos van a tratar muy diferente a partir de ahora.

Olivia había consentido a Pedro que apartase al más pequeño de los tres para decirle “en secreto´´ algunas cosas, pero no iba a tolerar que la mayor parte del camino lo cruzasen de esa manera. Se dio la vuelta y se encaró a su hermano.
— Bueno. Vale ya… ¿No? Encima de que os voy a buscar, vuelvo sola si os parece.

Sus dos hermanos se excusaron, alcanzándola y caminando a su lado mientras ella se animaba a preguntar sobre los chicos que dejaban atrás.
— Y… ¿Esos amigos vuestros?
— ¿Qué pasa con ellos? -Pedro no pudo evitar ponerse de mal humor al ver que su hermana se interesaba por ellos.
— Si os relacionáis mucho con ellos.
— No mucho -se limitó a contestar.
— Parecían bastante amigos vuestros -puntualizó demostrando haber sido engañada con éxito ante la actuación de aquellos jovenzuelos.
— No son amigos nuestros.
— Pues tal vez deberían serlo. Necesitáis integraros -Le respondió Olivia al hermano mediano. Jaume no abría la boca para nada y parecía ser un muro que separaba al perro y el gato que eran esos dos.
— Intégrate tú.
— Ya me gustaría tener gente con quien integrarme -replicó la mayor dolida. Nunca había tenido problemas para hacer nuevas amistades, pero desde que se había mudado todo le iba mal.
— Pues hazlo -repitió, cansino.
— Como no me haga amiga de las viejas… Ya me dirás tú.
— No te hagas la víctima, Oli. Tú al menos no tienes que ir a ese puto instituto y aguantar a esos paletos -La presión que sentía le acabó haciendo explotar, mostrando por fin lo que pensaba sobre que su hermana se quedase en su casa.
— Si fuese por mi yo también iría a estudiar.
— El plan de mi vida -ironizó mirando hacia el cielo.
— Es mejor que estar en casa sin hacer nada… Aunque seguramente como eres un vago de cuidado a ti eso te encantaría. Anda, deja de quejarte y haz un par de amigos, que no te vendrá nada mal.

La respuesta silenciosa del aludido consistió en fulminarla con la mirada, evitando continuar la discusión. Pese a esta, Jaume estaba contento pues podría haber acabado todo mucho peor.
Tardaron unos veinte minutos más en llegar a su casa mientras Jaume le contaba anécdotas que habían sucedido en clase, quejándose de lo malos enseñando que eran los otros dos profesores.
Lo primero que hizo Pedro al llegar fue apartarse de sus hermanos y encerrarse de un portazo en su habitación. Por el contrario Olivia, ignorando al mediano, aprovechó para hacerle la merienda a Jaume mientras este le gastaba bromas y ayudaba poniendo la mesa.

***

Las palabras de su hermano habían calado ella. En aquel momento no había nada que desease más que formar un grupo de amigas como las que había dejado atrás en Barcelona.
Pese a los muchos buenos momentos compartidos, la mayoría del circulo de amigas se había olvidado de llamar y de ponerse en contacto con ella. Laura, una de sus más íntimas conocidas, fue la única con la que hablaba constantemente alimentando aquel sentimiento de melancolía y añoranza. No culpaba al resto por desinteresarse, lo más práctico es que ellas hiciesen su vida y ella la suya propia, pero la situación en la que se encontraba no era buena y al no tener a nadie solo conseguía sentirse más y más sola.
Su novio, sabedor de como se sentía, intentaba llegar antes del trabajo evitando pasar por el bar donde iba su suegro para estar más tiempo con su pareja, algo que Olivia agradecía profundamente. El sexo seguro sustituyó las solitarias tardes, y la presencia de su novio la animo hasta que él comenzó a cansarse.
Inconscientemente empezó a buscar excusas para volver a la finca más tarde, aprovechando para quedarse más tiempo en el mismo trabajo o rodearse de sus nuevas amistades de bar. ¿Y cómo iba a culparlo? Hasta ella se había agobiado de pasar tanto tiempo con él sin hacer nada.
En poco menos de una semana había pasado de sentirse llena gracias a la presencia de su novio a volver a la rutinaria soledad. Cada vez ansiaba más y más hacer nuevas amistades -preferentemente de su misma edad-, pero no había lugar donde encontrarlas.

Por otro lado, los dos hermanos menores acudieron el día siguiente al instituto con temor de que las agresiones empeorasen tras haberse saltado la ración del día previo. Sin embargo, se encontraron con unos dóciles y agradables compañeros que se tomaron la m*****ia de encontrarlos y llevarlos a una zona de poco tránsito, donde pudiesen hablar con comodidad y sin interrupciones.
La voz de alarma se disparó en la cabeza de Pedro al ver a un chico que no había visto antes pero cuyo aspecto indicaba mucho más peligro que el mismísimo Alex. No debía tener más de diecisiete años a pesar de aparentar bastantes más. Una barba mal repasada ocupaba la mayor parte de su cara, y una cicatriz en forma de corte atravesaba su ceja izquierda. No obstante y pese a lo mucho que se impusiese, ese chico desconocido ni se acercó; se limitó a observar en silencio desde la distancia, como si estuviese simplemente supervisando el trabajo de los demás.
El gordo, siendo el único que le había pegado, se mantuvo en segundo plano. Del grupo de los cinco era el pelirrojo esta vez el que estaba adelantado, este tenía cara de zorro y cada cosa que decía parecía tener segundas intenciones. Era él quien los había parado a ambos en mitad del pasillo y el que, de manera cautelosa y agradable, los había guiado hacia aquel recoveco del instituto.
— Hemos estado hablando con Alex y creo que nos hemos pasado, todos. No estamos acostumbrados a que haya gente nueva y os usamos para divertirnos un rato.

Siendo consciente de no parecían intención de golpearles de nuevo y sin abandonar la cautela, aprovechó para quejarse.
— Pues vaya manera de divertirse…
— Sí, bueno… Por eso nos disculpamos -continuó con suavidad. El pelirrojo entrecerró los ojos mientras chasqueaba la lengua. De todos los presentes, posiblemente era el que mejor hablaba del grupo, o al menos eso pensó Pedro.
— Debo entender que no volverá a pasar nada de lo que ha pasado hasta ahora -preguntó receloso, fulminando con la mirada al gordo. Este evitaba mirarle todo lo posible, pero cuando lo hacía demostraba que no estaba de acuerdo con nada de lo que decía. Si ya era raro por el repentino cambio de comportamiento, fue entonces cuando supo que estaban tramando algo. ¿Pero qué?
— Entiendes bien -aseguró con una sonrisa-. Es más… Te… Os compensaremos por lo que habéis tenido que aguantar. Alex, ven -El gordo fulminó con la mirada al zorrón de su amigo, pero ni dijo nada ni tampoco dio indicios de pretender moverse.
— Gordo -esa única palabra dicha por el chico de la gorra fue suficiente para que el gordo agachase la cabeza y se acercase, situándose al lado del pelirrojo.
— Pégale.

La invitación de Raúl fue demasiado tentadora para Pedro. Este había sido golpeado durante muchos días por chorradas, y aunque se pudiese granjear el odio de aquel troll, ya le habría golpeado si le hiciese titubear lo que podría pasar después.
— Vamos, pégale. Véngate -La presión de este no lo coartaba, al contrario, lo animaba-. ¡Que se los devuelvas!

El mediano de los tres hermanos enseñó los dientes mientras endurecía el rostro. Alex reaccionó, pero lo hizo tarde. Experimentó un furioso puñetazo en la tripa que le revolvió las tripas y, pese su peso y su fuerza cayó de rodillas más por satisfacer a Chuki que por el dolor. Otra patada le dio en el brazo, haciéndolo caer al suelo, y otra le dio en el centro de los dos muslos, sin golpear nada importante. Totalmente desatado, soltó unas últimas dos patadas sobre el ombligo de Alex antes de retroceder un par de pasos.
El quinto macarra -cuya identidad permanecía desconocida para Jaume y su hermano mayor- comenzó a aplaudir avanzando hacia ellos un par de pasos. No sonreía, pero estaba claramente satisfecho.
— Eso es lo que tendrías que haber hecho el primer día. Si te dejas, te joderán. Si plantas cara, aunque pierdas, te ganarás su respeto. Eso sí -dijo tendiéndole la mano al gordo, el cual estaba demasiado ocupado reprimiendo los gemidos de dolor. Le agarró la mano y pese a la diferencia de peso lo levantó sin dificultad-. Estas peleas se han acabado. Él te golpeó, tú se las has devuelto. ¿Te queda claro?

Algo hizo a Pedro asentir sin pensárselo dos veces. También le dio la mano en cuanto este se la tendió, presentándose.
— Me llaman Chuki.
— Pedro.
— Jaume -se presentó este en cuanto, con el corazón todavía a mil, le prestaba su mano al macarra.
— Vamos a llevarnos muy bien. Si alguien os m*****a, me lo decís a mí.

No se le escapó el detalle que del grupo de cinco, Alex fuese el único que no se presentase. Después de que el joven con gorra y barba se presentase, los otros tres lo hicieron en una ordenada estampida.
— Yo soy Raúl -se presentó el pelirrojo con cara de zorro. El siguiente fue Santi, el ricitos de oro y por último Domi, de cabello largo. Pese a no saber que tramaban prefirió no desaprovechar la oportunidad, fuese lo que fuese sería mejor que los tratos que habían recibido él y su hermano los días anteriores.

Alex lo fulminó con la mirada, prometiéndole que se la devolvería. Estaba claro que temía a Chuki y no haría nada por m*****arle… ¿Cómo iba a devolvérsela si no podía tocarle? Pedro no pudo evitar sonreír, intentando hacer todo lo posible porque los otros cuatro le cayesen lo mejor posible.
Después de ese día, Jaume y su hermano no tuvieron más problemas en el instituto. Pasaban cada día en el patio junto a su nuevo grupo de amigos sin entender que simplemente estaban siendo utilizados.

Pasar tanto tiempo con su novio llenó tanto su agenda que no volvió a acudir al instituto a buscar a sus dos hermanos. Cuando Alex y su grupo les preguntaron cual era la razón de que la veinteañera no volviese, no obtuvieron respuesta. Continuaron regando su amistad, sabiendo que no tardaría en dar sus frutos.
Sin embargo, pasar tanto tiempo juntos sin nada que hacer acabó pasando factura tanto a Olivia como a su novio, y este, huyendo la rutina, comenzó a evitar pasar tanto tiempo con ella poniendo todo tipo de excusas: Trabajar durante más horas, que tenía que ir a tal sitio después del trabajo, que si había quedado con otros granjeros para ir a tomar algo… No era que su pareja no lo entendiese, pues ella habría hecho lo mismo si hubiese podido. Al no tener amigos ni posibilidad de hacer nuevas amistades de su edad, volvió a surgir en su interior la impotencia y la frustración de pasar todo el día sin hacer nada.

Ante la insoportable inactividad y ante la imposibilidad de hacer amistades en el pueblo, solo quedó la opción de sociabilizar yendo a buscar a sus dos hermanos al instituto, una idea que no le desagradaba en absoluto estando en aquella situación.

0.4: Volviendo a casa

— Vaya ganas de reventar a ese imbécil -Alex lanzó una mirada asesina a Pedro, el cual bebía agua de la fuente junto a su hermano. Raúl rio asintiendo centrado en su móvil mientras los otros dos cotilleaban entre susurros-. ¿De qué habláis? -les preguntó a Domi y Santi.
— Que no tengo ni puta idea de cómo conseguir que nos inviten a su casa.

El pelirrojo soltó una carcajada mientras ocultaba el aparato en el bolsillo derecho.
— ¿Os extraña? Después de esa bienvenida que les dimos.
— Desde entonces los hemos tratado bien.
— A pesar de que sean unos niñatos. Tiene una paliza el bocazas ese -recalcó el gordo, en ningún momento había dejado de fingir su aversión por Pedro.
— Podríamos invitarlos a nuestras casas primero.
— Cállate peluca, eso solo es una pérdida de tiempo -le ordenó Alex a Domi haciendo que este agachase la cabeza-. Y encima no hay noticias de su hermana. ¿Cómo nos vamos a acercar a ella si ni viene a buscarlos?
— Lo mejor es preguntarles directamente -comentó con naturalidad Raúl antes de que los dos hermanos se acercasen suficientemente-. Jaume. ¿No viene a buscaros vuestra hermana?
— Que va. Ya le pregunté y me dijo que tenía muchas cosas que hacer…
— Una pena… Me pareció muy simpática.
— ¿A qué sí? Es una pena que se sienta tan sola.

Su hermano le castigó por aquel comentario dándole un disimulado codazo; Jaume nunca había tenido demasiada picardía, y de lo bueno que era, era tonto.
“Será idiota…´´ se dijo así mismo Pedro mientras reprimía para no llevarse la mano a la frente.
— ¿Se siente sola? -Los cuatro matones olieron la misma oportunidad, agudizando la oreja e interesándose por aquel comentario.
— Si, como aquí no hay chicas de su edad.
— Pobre… -se lamentó el pelirrojo echando una disimulada de satisfacción a sus otros tres amigos antes de continuar, ninguno de los dos hermanos se dio cuenta de esto-. El pueblo es lo malo que tiene… Con lo buena que es seguro que hace amigos enseguida -Terminó de hablar justo cuando sonaba el timbre que señalaba la reanudación de las clases.

Pese a que el resto de horas les pasaron lentas e insoportables, se vieron recompensados con la visita de Olivia que, esperándoles junto a los coches de los profesores en la salida, saludaba a sus hermanos para que se acercasen a ella.
A pesar de que esta estaba centrada en Pedro y Jaume, enseguida se vio rodeada de aquellos cuatro macarras que interpretaban a la perfección su papel de niños buenos.
— Hola guapísima -le saludó Raúl plantándole dos besos en las mejillas, seguido por otros seis de sus amigos-. Ya tardabas en venir a vernos.
— Pues lo llevas mal porque lo que vengo es a buscar a estos dos enanos.
— No seas tan cruel… -le contestó el pelirrojo echándose a reír antes de pasar su brazo por encima del hombro de Olivia y andar hacia el camino de vuelta que llevaba hasta sus casas. La veinteañera no pareció incómoda por haber sido agarrada de esa manera, ni tampoco reaccionó mal cuando Domi, el peluca, pasó su brazo en torno a la cintura de la chica justo por debajo de sus costillas.

Anduvieron muy juntos, seguidos por Alex, Santi, Pedro y Jaume. La joven se reía ante las ocurrencias de Raúl que con labia le murmuraba cerca del oído. Así fue hasta que Olivia se separó de ellos para caminar rodeada de todos, siendo ella el centro.
Mientras que el hermano más pequeño reía a todas las gracias de sus nuevos amigos junto a su hermana; Pedro se mostraba receloso y observaba desde la distancia, preocupándose por el hecho de que su hermana riese tanto las gracias de aquellos payasos.
El número de los caminantes fue mermando a medida de que iban acercándose a sus casas hasta que Raúl fue el último en despedirse. Dándole un exagerado abrazo y plantándole dos besos antes de largarse.
Era un hecho que su hermana volvería a buscarlos el día siguiente, y también el posterior. Hacía tiempo que no la veía reír de esa manera y le preocupaba seriamente.

***

No se m*****ó en apartarla de Jaume ni tampoco esperar a entrar en la casa. Cuando estuvieron dentro de su parcela, cruzando el caminito que llevaba hasta la puerta de la casa principal, le increpó lo que le m*****aba:
— Que amiguita te has vuelto de esos cuatro. ¿No? -una sonrisa nació en los labios de la aludida.
— ¿Te m*****a?
— Son unos imbéciles.
— Esos imbéciles son tus amigos -razonó llevándose el dedo índice al mentón mientras lanzaba la mirada al cielo.
— No son mis amigos -Le contradijo claramente m*****o.
— Pero vas con ellos.
— Seguí tu consejo de integrarme -mintió el mediano. Claramente iba con ellos porque era mejor que el trato que recibía de ellos mismos al principio. Sabía que estaban interesados por su hermana, una certeza nacida por las constantes preguntas de ellos sobre ella y confirmada por la cercanía que habían mostrado con ella. Pero era el comportamiento de ella lo que le había m*****ado, como se había dejado agarrar por el pelirrojo y el coletas.
— Creo que yo también seguiré el tuyo y me integraré.
— Con esos imbéciles.
— Con esos imbéciles -repitió ella, chinchándole.
— Te tratan así porque eres mujer.

Olivia no pudo evitar soltar una carcajada, como si le hubiese entrado la risa floja.
— No digas tonterías. No todos los chicos son tan salidos como tú.
— ¿¡Has visto cómo te han agarrado!? Si prácticamente te estaban sobeteando -explotó en un grito furioso, algo que no alteró lo más mínimo a su hermana. Jaume escuchaba la conversación de ambos olvidándose de cerrar la boca.
— ¿A eso lo llamas sobetear? No, enano. No les habría aguantado que me sobeteasen, simplemente son extrovertidos. Hay gente que es muy tocona y eso no tiene que significar nada.
— ¿Es esa tu excusa para actuar como una zorra?

La sonrisa de Olivia desapareció para exhibir unos labios curvados hacia abajo. Le cruzó la cara un par de segundos después, sin reprimir su fuerza, dejando la mejilla de su hermano mediano enrojecida.
— Vuelve a decir algo parecido y te volveré a dar. Y si te jode que me lleve bien con tus nuevos amigos te vas a tener que joder, porque a mí me están cayendo muy bien.
— ¿Pero eres idiota o qué? ¿¡No te das cuenta de que están fingiendo!? Ellos no son así.
— Oh, el tonto de mi hermano pequeño está celoso.
— No estoy celoso -comentó empalideciendo. Entre la bofetada y aquella acusación se le estaban quitando las ganas de discutir.
— ¿Te m*****a que haga amigos nuevos? Como si tuviese que elegir.
— Cualquier opción es mejor que esos inútiles. Ya te he dicho que te están mintiendo.

La veinteañera miró primero a Pedro y luego a Jaume, este no pareció dispuesto a apoyar a su hermano. Como pensaba, el muy inocente se estaba tragando la actuación del grupito de Alex. El hermano mediano había sido receloso desde el principio, sabiendo que ni su hermano ni él pertenecerían nunca al grupito ese. Unos matones que los habían dejado entrar para obtener algo, muy posiblemente acercarse a su hermana… Y lo estaban consiguiendo.
Dando la discusión por perdida, dejó plantados a esos dos y se marchó hacia su habitación donde cerró con un portazo antes de golpear varias veces la pared cagándose en todo lo que se meneaba.
Olivia no lo había reconocido, pero también había notado de lo listillos que eran esos mocosos. Le caían bien, y se creía que lo simpáticos que eran era una actitud real, pero no era ingenua y sabía que se habían interesado en ella como mujer y no como amiga. Aún así ella tenía novio y no se iba a acercar a ellos para darles ninguna oportunidad, sino para hacer amigos nuevos.

No había mentido: No tenía demasiado para elegir, solo podía jugar con las cartas que le tocaban, y en aquel momento su única opción de ampliar su vida social eran los amigos de Pedro y Jaume.

Capítulo 2: Los adolescentes de Villamacho

Parte 1: Invitados consentidos pero no deseados

1.1: La nueva profesora de repaso.

—–> Pedro <----- No era como su hermano pequeño, inocente e ingenuo. Él era desconfiado, y ante las sonrisas y aquellas fingidas actitudes, el percibió el verdadero interés que les movía. Desde que habían conocido a su hermana, habían buscado la manera de convencerles tanto a Jaume como a él de quedar por las tardes. Estaban haciendo lo imposible para integrarlos en su grupo, hablando a menudo de invitarlos a sus casas para tomar algo y pasar la tarde. Era evidente que buscaban la oportunidad de ser pagados con la misma moneda y ser recibidos en agradecimiento en su propia casa. ``Se van a ir a tomar por culo. No sueñan estos ni nada´´ pensaba Pedro con resquemor, sin cansarse de poner excusas que les evitaban a los dos hermanos tener que acudir a esas quedadas. Con esta estrategia frustrada, al grupo de Alex y Raúl solo les quedaba hacerse amigos de la hermosa veinteañera cuando esta iba a recoger a sus dos hermanos al instituto. Haber evadido durante más de una semana a sus amigos no sirvió de nada, pues su hermana mayor accedió a sus indirectas pidiéndoles que se pasasen aquella misma tarde por su casa para tomar algo. Pedro no estaba seguro de si lo había hecho por chincharle o porque realmente quería quedar con aquellos gamberros… Pero lo habían conseguido. Por si fuese poco, su hermana había comenzado a vestir mucho más vistosa y provocativa a la hora de ir a buscarles al instituto. El mismo día que los invitó la vieron llegar con una minifalda de infarto y una blusa blanca que transparentaba a la perfección un sujetador negro. Recordaba a la perfección a todos los niños y adolescentes quedarse patidifusos observándola, incapaces de acercarse sabiendo que era ‘’propiedad’’ de Chuki y el grupo de Alex. Cualquiera que se hubiese atrevido a dirigirle la palabra se arriesgaba a recibir una furiosa paliza de aquellos matones. Además… ¿Por qué vestía de aquella manera? ¿Acaso disfrutaba tentando a los instintos más básicos de aquellos adolescentes? — Es por el calor, cariño. Llevar otro tipo de ropa me agobiaría –le respondió con ternura, contrastando por completo la respuesta borde y abrupta que le dio al hermano mediano-. ¡Me voy a poner un burka para ti, imbécil! –le espetó al oírle decir lo de fresca. Si bien el calor era asfixiante, poca justificación tenía la tolerancia de su hermana ante los tocamientos de aquellos adolescentes. Si bien no tocaban nada comprometido, si que aprovechaban para abrazarla y plantarle besos en la mejilla, ante los cuales ella se limitaba a aceptarlos. Con la treta de tenerla apretujada, en un sofá de tres plazas se sentaron Raúl y Alex dejando un hueco entre ambos. Al hermano mediano no se le pasó por alto la mala contestación del gordo, que lo apartó de un empujón mientras le gruñía que allí se iba a sentar Olivia. Cuando esta llego con una bandeja que sostenía todos los refrescos, se resignó a dejarse caer entre el pelirrojo y el rellenito, dejando que Raúl le pasase el brazo por encima de los hombros. ``Para eso no tienes calor, eh´´ Le espetó mentalmente mientras los veía reírse. Chuki estaba sentado en un sillón individual, justo al lado de Domi y Santi que estaban sentados en sillas al igual que él y su hermano pequeño. — Yo quiero una cerveza –manifestó el quinceañero de gorra y barba. — Pues para ti no hay. — No irás a decirme eso de que podré beber cuando me crezca barba, ¿No? –Se rascaba el abundante vello facial que abundaba alrededor de su boca y de sus mejillas. — Que tengas barba no quiere decir que nada –se burló ella frunciendo el ceño. El resto de chicos que había presentes carecían del más mínimo indicio de barba, excepto el pelirrojo que a sus diecisiete años, poseía bigote y perilla de un vello color anaranjado. — Y tener dieciocho o un poco menos tampoco quiere decir nada. La insistencia de Chuki le aseguró conseguir la endemoniada cerveza; desafortunadamente para él, justo cuando iba a dar el primer trago, Sandra le requisó la lata sorprendiendo a todos, pues nadie se esperaba que llegase tan pronto. La cuarentona se quedó claramente impactada por unos segundos ante la presencia de los cinco adolescentes, tardando un par de segundos en recobrar la compostura. Si bien la reacción inicial del adolescente de la gorra iba a ser protestar, acabó mordiéndose la lengua y callando. — Fernando. ¿No? –El aludido se limitó a asentir-. No estaba segura… No será porque te vea en el instituto. — Me da palo –fue lo único que respondió. — Pues espero que reconsidere su postura y a partir de mañana nos honre con su presencia, si le va bien al señorito, por supuesto. — También puedes venir a mi casa a darme clase, profe. — ¿Para qué? –le reprochó en tono maternal al macarra quinceañero-. A este ritmo no podrás superar los exámenes finales. — Como si me importase. — A mí sí que me importa –le contradijo antes de dirigirse al resto-. ¿Se puede saber porque nadie me avisó de esta… Reunión? — No estaba planeado, mamá –musitó Olivia, aún sentada entre los dos chicos, entonando voz de súplica. — Para beber y pasarlo bien, por lo que veo –señaló mirando los vasos, las bebidas y el plato de patatas que habían colocado en la mesita central-. Pues ya que quedáis podríais aprovechar para estudiar un poco… Ninguno de vosotros vais sobrados. — ¿Y qué hago yo mientras, mamá? –protestó su primogénita. — Tú les puedes dar clase. Te vendría bien, así repasas… Si te pasas mucho tiempo te acabaras oxidando –Su madre le estaba recordando que el cerebro es un músculo y que debía ejercitarlo si quería mantenerlo fuerte. Los cinco adolescentes, sin excepción, se lanzaron disimuladas miraditas mientras se decían unos a otros si les gustaba o no la idea. — Yo con una profe como Olivia mi animo a estudiar lo que sea –carraspeó el adolescente de pelo largo antes de soltar una carcajada. — Cállate, imbécil. Tú no apruebas ni aunque te enseñe la misma profe –le contradijo el chico rubio, su mejor amigo, en referencia a Sandra. — Bueno, vale ya. Espero que os portéis bien sino no os dejaré volver de nuevo –les avisó levantando el dedo índice a modo de amenaza antes de reposicionar las carpetas sobre frente a su pecho, abrazándolas-. Olivia. ¿Estás dispuesta a ayudarles a estudiar? –Al no contestar, fue el propio Raúl el que respondió a la madre. — Yo estoy dispuesto a que ella me ayude a estudiar –aseguró mientras la aferraba a si mismo todavía más. Los otros cuatro se unieron a indicar lo mucho que les gustaba la idea. — Pues… Las próximas veces que vengáis, lo haréis en la casa de al lado. Aquí estoy yo y lo último que quiero es tener a mis estudiantes dando vueltas por la casa. Si Olivia había sido la responsable de lo que pasaría con aquellos adolescentes por invitarlos en primera instancia a su casa; el siguiente paso lo dio su madre Sandra al dar la idea de aquellas clases particulares, las cuales crearían una cercanía que precipitaría mucho más las cosas. — Si queréis que os de clases particulares, tendréis que pagar –murmuró la veinteañera para no ser escuchada por su madre. Esta ya había desaparecido subiendo al piso de arriba… Si se veía obligada a ello. ¿Por qué no iba a sacar beneficio? — Venga, ya te vale… — Del aire no se vive –le recordó al pelirrojo mientras se levantaba y se apartaba de ellos. — Bueno… -Raúl se frotó el mentón, pensativo-. Si voy a pagar, tendrás que venir a mi casa a darme las clases. — Sí, claro –Sin poder contener una sonrisa, Olivia le contestó con sarcasmo-, voy a ir a vuestras cinco casas a daros clases. Si os interesa venís vosotros, no me toquéis los ovarios. Entre risas y burlas, los cinco adolescentes habían conseguido la excusa perfecta para poder entrar dentro de la casa de al lado. El edificio secundario estaba adjunto al principal, donde vivía toda la familia exceptuando a la pareja de veinteañeros. Olivia y Rob vivían en el mismo edificio donde daría clases a aquellos monstruitos. Pedro estaba flipando por como avanzaban los acontecimientos, incrédulo de que entre su madre y su hermana les estuviesen dando tanta banda ancha para andar por aquella casa. Aún sin gustarle un pelo la afinidad que estaban teniendo aquellos cinco chavales con Olivia, en lo más profundo de su ser una voz susurraba… … era una voz abstracta y prácticamente inaudible, que envenenaba su mente indicándole lo mucho que le gustaba todo aquello. ¿Quién iba a pensar que aquella insignificante voz acabaría creciendo hasta volverse algo relevante e imposible de ignorar? 1.2: Las primeras clases de repaso. Alex, Raúl, Domi y Santi acudieron entusiasmados a su primera clase. Tras comer en sus casas al acabar el instituto, se encontraron los cuatro frente a la puerta de entrada que había en el edificio adjunto al principal. Ante el sonido del timbre, la veinteañera les abrió sonriéndoles e invitándoles a pasar… — ¿No están… -inquirió Alex rastreando el rellano con la mirada- tus dos hermanos? — Están en sus habitaciones creo. Tenían que comer, ducharse y supongo que aprovecharán para echar la siesta. — Mejor –sentenció el pelirrojo, tan empalagoso como siempre, agarrándola por la cintura y plantándole un beso en la mejilla. Sin brusquedad ella se deshizo del agarre con un habilidoso juego de pies. — ¡Ay, quita! No me seas pulpo –le reprendió con una risita musical. No pasó desapercibida su vestimenta, ni antes ni después de que ella les diese la espalda invitándolos a seguirla; se dirigió hacia el centro del salón donde estaba aquella mesa circular con ocho sillas. Todas las miradas estaban clavadas en su culo, mirando aquel ligero pijama que enseñaba más carne que otra cosa. Tampoco pasó desapercibido el top que llevaba encima, delatando al poco de sentarse que había prescindido de usar sujetador aunque ninguno de los presentes hizo ningún comentario en referencia a ese hecho. No diana de todas las miradas no pilló a ninguno centrados en sus pezones, observándolos transparentarse cuando ella no miraba y mirándola a los ojos cuando levantaba la vista. — Antes de empezar… -Olivia agarró el dinero que habían dejado todos sobre la mesa, tal como habían acordado el día anterior. Solo faltaba por pagar el de la gorra-. ¿Dónde está Fern… Chuki? — Se habrá quedado sobado. — Pues vaya ganas le pone a mis clases particulares –Sonaba claramente decepcionada. — Ya vendrá, de momento eres toda nuestra –rumió Domi al tiempo que se recogía el pelo en una práctica coleta. — Como profesora –añadió la chica con una sonrisita cómplice-. En todo lo demás soy de mi novio –puntualizó refrescándoles la memoria. —No, si a eso me refiero… Al repaso -``Que te vamos a dar´´ pareció pretender decir el chico de pelo largo mientras le miraba las tetas con disimulo. — Bueno, a lo que vamos. Esto lo dimos ayer… y ni me entero de lo que hay que hacer. — No te enteras o no lo entiendes –inquirió ella alzando una ceja mientras alzaba el culo de la silla y se inclinaba hacia adelante, con las manos apoyadas sobre la mesa mientras el chaval abría el cuaderno buscando la hoja y lo giraba para encararlo hacia Olivia. Esta estudio los garabatos que había plasmados en la hoja mientras los cuatro adolescentes estudiaban sus pechos. Aquella posición propiciaba que la gravedad espaciase sus tetas haciéndolas parecer más grandes, sus pezones se marcaron aún más contra el top, y solo dejaron de mirarlos embobados cuando ella alzó vista. — Creo que era una regla de tres –señaló Santi desde su lado, mirándole aún embobado las tetas. Alex tuvo que darle un codazo para que disimulase, aunque la tetona ni se había dado cuenta pues solo miraba a Domi. — Sí, una regla de tres. ¿Me dejas un boli? –La solicitud de la joven fue acompañada con la palma abierta mirando hacia arriba, recibiendo el material solicitado por parte de su alumno. Entonces acercó el cuaderno a su parte de la mesa, se sentó sobre la silla y empezó a apuntar unas notas y cálculos-. ¿Hay alguien que entienda cómo funciona? –ante la sincronizada negativa de sus cuatro estudiantes señaló a los apuntes que había añadido mientras les explicaba-. Es lo malo de vuestro instituto, al mezclaros por edades no priorizan los temas… La regla de tres es un método que en base a datos que tenéis, se multiplica y se divide para conseguir lo que no tenéis. Al ver que seguían sin entender nada, golpeó con el dedo índice el papel, señalando lo que había apuntado. — Que ya os he puesto el ejemplo, mirad la hoja –haciendo caso a su orden, todos observaron lo que esta contenía mientras ella continuaba explicando-. El ejemplo que he puesto es este… -por mucho que se esforzaban, les resultaba imposible no lanzar miradas curiosas a su escote. Hipnotizados por el gesto que hacía al recogerse aquel m*****o mechón de pelo tras la oreja, no obstante ponían de su parte para entender lo que les explicaba-. Imaginaos que una barra de pan cuesta un euro a un setenta por ciento de descuento. Entonces tenéis los datos que tenéis es que el pan cuesta eso al setenta por ciento de descuento. Y como lo que queréis saber es cual es el precio real sin el descuento, cogéis lo que vale la barra de pan, lo multiplicáis por el tanto por ciento y lo dividís por cien. Al ver que iban a hacer la pregunta evidente, se les adelantó respondiendo directamente. — … En una regla de tres siempre hay que multiplicar y luego dividir, se hace en cruz. Así que si el setenta por ciento de descuento es por lo que se tiene que multiplicar, al dividirlo por cien…. Las explicaciones que daba eran precisas y con frecuencia eliminaban las dudas de sus aprendices. Fue recibiendo con paciencia todas las cuestiones a medida que el minutero del reloj daba un giró de más de ciento ochenta grados, momento en el que sonó el timbre en el edificio principal de la otra casa. *** El sonido del timbre lo despertó de su letargo, provocando que se levantase de un salto y se vistiese aprisa antes de apresurarse a bajar las escaleras de dos en dos. Su hermano Jaume seguía durmiendo cuando él había salido de la habitación, al contrario que su madre que, adelantándose a su hijo abrió la puerta para dejar entrever a Chuki. Pedro se quedó agachado observando a la madurita, con la mano aún en el picaporte, saludar secamente al inesperado visitante. Optó por no hacer ruido y acabar escuchando, pues no tenía ni idea de que hacía allí aquel chico después de haber acordado el día anterior que las clases las daría en el otro edificio. El quinceañero vestía unos pantalones cortos y una camisa de tirantes que potenciaba la imagen de sus fuertes brazos, era la primera vez que lo veía sin gorra y parecía haberse recortado la barba pese a continuar teniéndola. Chuki bostezó mientras la dueña de la casa se hacía a un lado para dejarle entrar, a pesar de que su hijo le animaba mentalmente a cerrarle la puerta en las narices. — Ya os dije que mi hija os daría las clases en el edificio de al lado. — No me acordaba –respondió él engañando a la cuarentona pero no al hijo de esta; Sandra cerró la puerta apoyándose contra ella mientras miraba de arriba abajo al menor, parecía estar estudiándolo. — La próxima vez te acordarás. Ya os expliqué que me m*****áis con las idas y venidas. — Venga, profe… No es para tanto. — Me llamo Sandra, y no es para tanto si no se repite. ¿Por qué nunca vienes a las clases, Fernando? — Porque son aburridas –su respuesta era infantil, pero sin nada que se saliese de lo normal. Pedro aprovechó que se miraban el uno al otro para escaquearse entre las sombras, colocándose detrás de una puerta desde la que podía verlo todo mucho mejor. — Que te aburran no quiere decir que tengas derecho a faltar. — Ya se lo dije ayer, si tú das las clases estaré más interesado en ellas. — Pues ven a mis clases y te las daré encantada. — ¿Por qué no vienes a mi casa a dármelas? — No estoy segura de que eso sirviese de mucho. Si te aburre lo que damos en clase da igual donde te de las clases –su voz sonaba comprensiva, casi maternal-. Tienes la misma actitud que ese tal Curro. La cara de Chuki se transformó al oír aquel nombre, tornándose en una expresión de irritabilidad. — Lo que me aburre es ir a clase, pero si tú vienes y me enseñas seguro que me intereso –Ignorando la referencia que había hecho la mujer sobre el otro chico, consiguió hacer que Sandra mirase al techo, momento que aprovechó para devorarles las tetas con la mirada antes de volver ambos a mirarse a los ojos. La madre de Pedro no llevaba nada excesivamente provocativo, aunque fuesen las prendas que fuesen las que llevase, si se entrevía la más mínima curva de su pecho o trasero ya de por sí era ella la que erotizaba las prendas. Sandra se había calzado un juvenil pijama formado por unos pantaloncitos cortos elásticos y aquella camisa blanca que parecía pronunciar exageradamente su busto. El joven intruso no dejaba de lanzarle miraditas a todos sus atributos, eso sí… cuando no miraba. — En el otro edificio está mi hija ayudando a repasar a tus amigos. Estudia con ella si tanto te interesa. — Yo es que prefiero no compartir profesora. — En el instituto hay dos profesores, Somos muy pocos y tenemos que repartirnos muchos estudiantes. ¿Crees que es ético que de preferencia a uno ignorando a todos los demás? Tengo mucho trabajo. — Solo serían una o dos horas al día –concretó él provocando una orgásmica risa de la madurita. — Me da que ni dos o tres horas te satisfacerían a ti. — Ni cuatro ni cinco, pero a eso ya me dirías que no seguro. — También te digo que no a una o dos horas –Sandra le acababa de dar una negativa sin prescindir de ternura en su tono de voz. — ¿No decías que te importaba que suspendiese? Ya veo que era hablar por hablar. — Lo que me importa es que no vengas a clase, porque si vinieses no suspenderías. — Seguramente sí. La mujer adulta se cruzó de brazos como si lo estuviese sopesando de verdad. Al darse cuenta de esto, pareció que Chuki quiso darle un pequeño empujón que la forzase a aceptar. — Acabarás dándome clases particulares. — Lo dudo mucho, Fernando –sentenció sin aportar a lo que decía demasiada convicción-. Tal vez si comenzases a venir cada día a clase y pusieses de tu parte… Quizá… Podría replanteármelo. El aludido no respondió, a medida que hablaban se habían ido acercando a la puerta que permitía cruzar de un edificio a otro sin salir al exterior. — Pero te tienes que comenzar a portar bien. — Nunca me he portado bien y no me ha ido mal –aseguró el quinceañero cruzando el umbral de la puerta. — Pues si quieres conseguir lo que quieres, tendrás que portarte bien. — Prefiero seguir portándome mal y conseguir todo lo que quiera. Nos vemos, profe. Si tutearle no era suficiente, hablarle como si fuese una chica de su edad parecía no traerle consecuencias. Pedro se dio cuenta de que tenía la boca abierta antes de cerrarla, aceptando todo lo que había escuchado. ``Le ha prometido clases particulares si deja de hacer campana´´ no estaba seguro, si que creía que habían estado tonteando. ``¿Mi madre y ese cabrón? Vamos… Ni de coña´´ se convenció a sí mismo, pese a que cada vez estaba menos seguro de todo. Su madre pasó por delante suyo sin darse cuenta que estaba escondido, consiguiendo sacarlo de su ensimismamiento. Recordó que ahora su hermana estaba sola con cinco chicos que solo la querían para sacar brillo a sus sables. Se los imaginó sobeteando a su hermana con todo tipo de excusas, logrando que sintiese revivir entre sus piernas aquella caprichosa polla. ``No es porque sea mi hermana, es porque es algo… morboso. Me pasaría exactamente igual si fuese otra mujer, estoy seguro´´ se auto-convenció, justificando la excitación que había sentido al imaginar aquello. Era su hermana, no iba a permitir que ninguno de aquellos infelices se la beneficiase. *** Cuando Pedro cruzó la misma puerta que Chuki pocos segundos antes, lo hizo de puntillas. Cerrando la puerta tras de sí con sigilo, emuló una mueca de dolor al escuchar crujir las bisagras de la puerta aunque, por suerte, nadie pareció escucharle. Se acercó al borde de una puerta, para mirar y escuchar desde la distancia lo que hacía su hermana con el grupito de matones. Mitad aliviado y mitad decepcionado, les descubrió a cada uno sentado en su silla hablando sin hacer nada raro. — … La verdad es que de mucho no serviría –vociferó entre carcajadas el pelirrojo. — Cierra el pico –le avisó de mala gana el adolescente con barba antes de levantarse de la silla. — ¿Has llegado hace nada y ya te vas? –le chinchó Olivia entrecerrando los ojos, intentando disimular una sonrisita que comenzaba a atisbarse entre sus labios-. Que poco aguantas –remató, atacando a su virilidad. — Duro más que cualquiera de los que está aquí sentado. ¿Te lo demuestro? Todos se llevaron las manos a la cabeza mientras le hacían los coros. — Te ha chapado la boca, tia. — Eh, profe. Que Chuki tiene mucho aguante –ironizó el rubio entre risas, señalando al aludido con el dedo pulgar. — Sí, aguanta mucho sin venir a clase –Esta vez fue Domi el que continuaba la broma, pero sí fue el último. — Cerrad la puta boca que aún os la callaré yo –avisó irritado logrando al instante que todos parasen sus burlas, sin embargo fueron incapaces de reir entre dientes. — Venga, siéntate –le ordenó la veinteañera poniéndose seria-. Ya he contestado algunas dudas que tenían ellos. ¿Qué llevas mal? –al ver que no respondía, formuló su pregunta de otra manera. ¿Qué quieres que repasemos? — Más bien dirás que no lleva mal –bromeó el gordo accionando el detonador. Los otros tres intentaron sin éxito contener unas risas estridentes, que no consiguieron silenciar el tortazo que le propinó Chuki en la nuca a Alex. Fue un golpe tan fuerte, que casi se da de frente contra la mesa. — Estáis avisados –fue lo único que salió de sus labios. Al ver que dejaban de reírse, centró toda su frustración en Olivia con mirada rabiosa- — Pues podrías empezar por repasarme lo que tengo aquí abajo, si puede ser con la boca. Nadie se rio ni respondió esta vez, se limitaron a observar la tardía reacción de Olivia. A pesar de todo, no pareció reaccionar de ninguna manera, como si hubiese estado esperando una respuesta como aquella desde hacía rato. — Mira, niñato. Porque eso es lo que eres, un niñato. La próxima vez que me hables así –hizo una pausa, como si estuviese sopesando mentalmente cual sería el castigo propicio para una falta de ese calibre-, no hará falta que vuelvas. Quien calla no siempre otorga, y Chuki decidió no responder. Ante la falta de respuesta del macarrilla, decidió ignorarlo por completo. — Ya han pasado casi dos horas. Lo dejamos aquí y continuamos mañana. –sentenció levantándose, para reafirmar que su clase había finalizado. A diferentes tiempos se fueron levantando unos y otros mientras recogían sus cuadernos hasta que solo quedó sentado Fernando, el cual no daba indicios de pretender moverse. Al percatarse de esto, la chica a cargo del pintoresco grupo los acompañó a la puerta hasta despedirlos uno por uno con dos besos hasta que cerró la puerta. Una vez solos, o eso creían, Olivia volvió hacia la mesa para encararse al adolescente. — ¿De qué coño vas? –le espetó sin obtener ninguna respuesta. Rodeó la mesa hasta quedarse frente a él, de pie, recibiendo como única contestación aquella intimidante mirada; salvo que a su hermana mayor no le imponía en absoluto-. Llegas tarde, seguramente has m*****ado a mi madre. ¿Recuerdas siquiera que quedamos aquí y no allí? Y encima me insultas delante de todos. — Mira, maja… — Olivia. — Mira, maja –se reafirmó con el ceño fruncido-. Vas con ese vestidito para calentar al personal… ¿Y quieres darme lecciones de moralidad? Si vas como una puta espérate que te traten como tal. La aludida tuvo que contenerse para no abofetearle, pero no le habría importado hacerlo. Se miró incrédula la blusa para descubrir a que se refería, entonces fue cuando Pedro percibió que se le marcaban los pezones. ¿Realmente había ido sin sujetador delante de todos aquellos niñatos? — ¿Dónde estamos? –preguntó rodeando la mesa para ubicarse en el otro lado y poder mirarlo de frente. Estampó las dos manos contra la mesa, como si estuviese preparada para saltar el potro. — En tu casa –contestó él evitando dar rodeos. — En mi casa. Y si me m*****a el sujetador y me estoy asando de calor. No voy a ponerme más ropa de la necesaria. ¿No crees? –no obtuvo respuesta-. Cuando salgo de mi casa lo hago con sujetador, pero dentro puedo hacer lo que quiera. — Sí, maja… Pero córtate un poco. — ¿Qué me corte? –preguntó ella abriendo la boca de par en par, escandalizada. — Que puedes poner la excusa que quieras, pero que los estabas provocando. Es como si viniese con la polla fuera. — Pues ven con la polla fuera. — ¿Tantas ganas tienes de vérmela? — ¿Todo lo que dices tiene que estar relacionado con el sexo? Estás enfermo, chaval. — Pues ya puedes curarme, seguro que se te da muy bien. — Si te curo será a ostias, no esperes insoportable –Olivia puso los ojos en blanco mientras se daba la vuelta y soltaba un gruñido desesperado. Tanto su hermano como ella se daban cuenta que aquella conversación no llegaba a ninguna parte- Eres insoportable… ¡Fuera! –le espetó empujándolo hacia la puerta-. No he tenido ni un solo problema con esos cuatro, pero es que a ti no te aguanto. — No has tenido problemas porque te comen la oreja… -Dijo esto mientras para en seco, consiguiendo que los esfuerzos de Olivia por empujarle fuesen inútiles. La joven se acabó rindiendo, viendo como este se daba la vuelta y le mirada descaradamente las tetas antes de alzar la vista a hasta sus ojos-. La diferencia es que yo soy sincero y voy directo a lo que quiero. — Si me comen la oreja esperando algo, les va a tocar joderse. Y tú más de lo mismo, listillo. Te avisaré por última vez, si vuelves a hablarme como lo has hecho antes, estén ellos delante o no, no te dejaré volver. ¿Me has entendido? — Tranquila, guapa –contestó encarándose de nuevo hacia la puerta y abriéndola-. A partir de mañana yo también te comeré la oreja… Se nota que es lo que te gusta. La aludida contenía de nuevo las ganas de atizarle, mordiéndose la lengua mientras presenciaba como la puerta se cerraba tras de él. Cerró los ojos mientras se dejaba caer sobre el sofá, siendo observada por su hermano pequeño desde la distancia; este, orgulloso de su hermana, se escaqueó hacia el otro edificio por la misma puerta que había accedido antes. Estaba contento, muy satisfecho de que Olivia le hubiese cantado las cuarenta y hubiese puesto a ese niñato en su sitio. *** No sabía si había tenido buena o mala suerte al no ser descubierto tras la puerta de madera verde en aquel baño público. Los lavabos del instituto siempre le habían dado asco, y pese a evitarlos todo lo posible aquel día no podía reprimirse a la hora de usarlo. Estaba meando cuando escuchó la puerta de entrada al baño abrirse, chocando esta contra la pared con una fuerza inusitada; tanta, que volvió a cerrarse ella sola de un portazo. No tardó en descubrir que eran Alex y su mejor amigo, el pelirrojo, los que habían entrado para entablar una conversación frente a los orinales de porcelana estampados en la pared. Su único fallo fue comprobar que no hubiese nadie en la estancia, y Pedro no se m*****ó en hacerse notar lo más mínimo. — Vaya huevos le echó Chuki ayer, eh –le escuchó decir a Raúl, iniciando una cascada dorada contra la cerámica. — Huevos no, la cagó por completo. Al principio creía que le funcionaba ese rollo de chulo que se traía, pero que va… — Si nosotros seguimos así se confiará y podremos quedar con ella para algo que no sea estudiar –Pedro escuchó al gordo escupir, seguramente dentro del orinal-, ahora por culpa de Chuki ella no se relajará ni un poco. — ¿Y cómo lo haremos? No nos pasa ni una. — Pues ayer iba sin sujetador… Vaya tetas que tiene la tía. — Ya. — ¿Y cómo lo haremos? –Raúl había terminado de mear. Repitió por segunda vez su pregunta, demostrando que no tenía nada en mente para salir de aquella situación. — Podemos decirle algo de quedarnos de noche en su casa para estudiar… -propuso dubitativo mientras el otro tarareaba, seguramente sacudiéndose la polla para exprimir el líquido ambar-. Aunque vive en ese edificio con su novio. ¿No? Podemos usar a los hermanitos para eso. ¿Qué te parece? — Si el novio está cerca no podremos acercarnos ni aunque ella quiera. Tenemos que deshacernos de él o comenzar a quedar con ella fuera de su casa. También podríamos invitarla a dormir a una de nuestras casas. A mí piscina… — Me mola la idea de la piscina –El gordo sopló como si estuviese fumando. Fue cuando Pedro se dio cuenta del olor a tabaco-. Esa tetona en bikini... Buf. — También podemos invitar a la profe. — ¿A Sandra? –preguntó Alex, seguramente recibiendo un silencioso asentimiento por parte del pelirrojo-. Madre e hija en bañador… La madre también tiene unas ubres importantes. — Seguro que hasta dan leche, me encantaría mamar de ellas. — Está más salida que el pico de una mesa. La hija –se apresuró a concretar el gordo-, yo creo que si nos ganamos bien su confianza y la emborrachamos acaba cayendo. — ¿Hace falta emborracharla? –Raúl denotaba en su tono de voz aversión a la idea. — No creo que sin pillar el punto vaya a dejarnos hacer nada. — Ya, pero.. — Ya se nos ocurrirá algo. Ah, sí… ¿Cómo es Chuki está viniendo a todas las clases? ¿Está enfermo? –le escuchó preguntar a Alex antes de que cerrase la puerta del baño. Pedro se quedó solo, repasando mentalmente todo lo que acababa de escuchar. No sabía si le gustaba haberse enterado o preferiría haber hecho oídos sordos. Era demasiada información para asimilar, mientras el músculo cardíaco se contraía y extendía contra su pecho a una velocidad de infarto. En su mente volvía a reproducirse aquella escena en la que ambas eran violadas por aquellos matones, que las trataban de una manera similar a como lo habían recibido a él tras llegar al instituto. Sintió de nuevo esa erección entre sus piernas, sorprendiéndose de ella y maldiciéndola a la par. Se intentó convencer que la falta de porno desde que había llegado al pueblo eran la causa de aquellas reacciones, las pajas motivadas en su imaginación ya no lo satisfacían como antes . ``Eso no quita que me esté excitando con la idea de que violen a mi madre y mi hermana, y ambas disfruten con ello…´´ se dijo así mismo mientras enterraba la cabeza entre sus manos. 1.3: Celoso de unos niñatos. ------> Fernando <------ El día siguiente a la conversación, los cinco se reunieron puntuales frente a la casa de Olivia. Esta vez fue el adolescente con rizos dorados el que picó suavemente a la puerta sin obtener ninguna respuesta. — Mejor picar al timbre –le apremió Domi acercándose y pulsando el interruptor, provocando tanto dentro como fuera un estridente sonido. — Se habrá quedado sobada –fantaseó el más ancho de todos, imaginándose una chica desnuda sobre la cama, únicamente arropada por unas suaves y ligeras sabanas con poca opacidad. Santi volvió a picar al timbre una segunda vez, justo cuando la veinteañera abría la puerta desde el interior, exhalando profundas suspiros que avalaban el esfuerzo que había hecho para acudir lo más rápido posible a su encuentro. Todos, decepcionados, descubrieron a una Olivia bastante más tapada que el día anterior, que incluso había evitado peinarse ni maquillarse pese a que esto no repercutiese lo más mínimo en la guapa que continuaba estando. — Vamos. ¿A qué esperáis? Entrad –Les había apurado mientras dejaba la puerta abierta de par en par, dándoles la espalda y encabezando a los recién llegados hasta la mesa circular donde estudiaban. Chuki fue el último el entrar y por lo tanto el que cerró la puerta, dejándose caer en la única silla que quedaba disponible mientras se percataba de la presencia de los dos hermanos. Ni se m*****ó en saludarlos. Por el contrario, al hermano mediano no le pasó desapercibido que Olivia no ofreciese nada a los recién llegados para picotear y beber. — ¿Por dónde empezamos? –inquirió directa, decidida a ganarse el dinero que le pagaban por aquellas clases de repaso. Si el día anterior se había lucido demostrando su facilidad para las matemáticas y la ortografía, en ese momento dejó claro que la geografía y la historia no se le daba tan bien. No obstante, con la ayuda de los libros de texto fue contestando sus preguntas y resolviendo todas las dudas. — Lo voy pillando –murmuró el chico de pelo largo mientras se pellizcaba con los dedos el labio inferior. — ¿Quién sigue? Fernando –exclamó, invitando al chico que faltaba a participar. Lo hizo con tacto y procurando no provocarle, como si el día anterior no hubiese pasado nada-. ¿Quieres que repasemos alguna asignatura en concreto? –Al ver que el pelirrojo con cara de zorro iba a soltar una parida, lo atajó incluso antes de que abriese la boca-. Cállate, Raúl. Justo en ese momento, se cerraba la puerta de la casa. Todos los presentes se sorprendieron, pues nadie se había percatado de que se hubiese abierto previamente y mucho menos de que alguien entrase. El novio de Olivia anduvo hacia la mesa donde estaba todos sentados para acercarse a su pareja y plantarle un beso en la boca. — Veo que os lo tomáis en serio –afirmó recibiendo como única respuesta las tensas miradas de los adolescentes. La falta de respuesta y esa muestra de hostilidad impresionó tanto al recién llegado como a su pareja-. Cariño. Estaré arriba, si necesitas cualquier cosa ya sabes. — Luego subo –dijo ella sonriéndole mientras se levantaba y le daba otro beso para despedirlo. Rob se perdió tras comenzar a subir las escaleras, alejando el ruido que hacían sus pisadas. Tanto Alex como Chuki habían tenido que morderse la lengua para no saltar, claramente m*****os por la advertencia que había supuesto ese beso entre ellos. Les daba igual que fuese su pareja, y les parecía insultante pero, para evitar problemas, optaron por no hacer nada. ``Disfruta de tu novia, chaval. Que dentro de poco será solo nuestra´´ aseguró para sus adentros Chuki mientras taladraba con la mirada el mismo lugar por el que se había ido el novio de Olivia. — Profe… ¿Podemos tomar algo? Tengo sed… — Claro, se me había pasado. Igualmente creo que será mejor dejarlo por hoy, y así seguimos mañana. ¿Venís a la cocina? Aceptaron gustosos su invitación, dejando todas sus cosas sobre la mesa circular del comedor y encerrándose en la cocina por la misma Olivia. Fue también ella la que abrió la nevera y comenzó a sacar refrigerios hasta que todos incluyendo a sus dos hermanos pequeños estuvieron servidos con las azucaradas bebidas. Todos excepto Chuki al cual tras sacar de la nevera una cerveza y cerrar el frigorífico, se reunió con el quinceañero en una esquina de la cocina, totalmente apartados del resto. Tras abrir la lata, se llevó el borde a los labios y comenzó a saciar su sed con tres o cuatro tragos antes de ofrecérsela al menor. — Anda, tonto. ¡Toma! — Y me la das babeada –se quejó mientras se auto contrariaba bebiendo de la lata. — No creo que seas escrupuloso, la verdad –indicó ella mientras le observaba tragar. — Creía que no me darías cerveza. — Hoy te has portado bien. Te la has ganado –añadió satisfecha. — Si me porto bien… ¿Me premias? –un destello de astucia se dejó entrever en sus pupilas, algo que Olivia no pareció percibir. — Si te portas bien siempre conseguirás más que si no lo haces. — La experiencia me enseña que es al revés –le contradijo volviendo a beber antes de que ella le arrebatase de un manotazo la lata, bebiendo otros dos tragos. — Depende de con quién puede que te funcione, pero conmigo ya ves que no es así. — Yo creo que algún día me recompensaras por portarme mal. Olivia soltó una risita nerviosa, pese a beber tan poco y a la escasa cantidad de alcohol que portaba la cerveza, ya le habían comenzado a colorearse sus pómulos con un suave tono rosado. — No tengo ningún motivo en premiarte por portarte mal. — Entonces me portaré bien… hasta que dejes de premiarme. — ¿Me estás diciendo que si no te doy la cerveza la tomarás por la fuerza? — No creo que te importe –afirmó él arrebatándole la cerveza y bebiendo un trago más. — Si no te premio, te castigo. No lo olvides –aseguró la veinteañera dejando escapar una sonrisa-. Te he domesticado… Y reconozco que no creía que fuese posible. — Ten cuidado. Que el perro no muerda no quiere decir que en futuro no pueda hacerlo. — ¿Vas a morderme? –preguntó ella sin poder evitar lanzar una mirada fugaz a esos labios rodeados por la barba. ``Te mordía ahora mismo´´ contestó sin usar la boca, a pesar de que le habría gustado saber que respondería ante eso. —Lo haré si no me das lo que quieres. — ¿Qué quieres? –El aludido la invitó a acercarse, insinuando que le quería susurrar algo al oído. — No sé lo que querré mañana… Pero seguro que no será una cerveza. Tomaré lo que tú me dejes –dijo prácticamente sin voz antes de apartarse. A pesar de que Alex y su grupo, incluyendo a los dos hermanos de Olivia, hablaban entre ellos sin parecer que les prestaban atención, lo cierto es que lanzaban miraditas curiosas a pesar de que no hacían nada para comprobar que era aquello que hablaban en privado. — Cuidado, pequeño –le advirtió Olivia, siendo ella la que se inclinó hacia él esa vez para susurrarle al oído-. Si abusas a la hora de exigir, puede que te quedes al final sin nada. Reafirmó su declaración arrebatándole la cerveza de la mano y vaciándola de cinco tragos, devolviéndosela vacía. No le dio opción a que le respondiese, dejándolo ahí plantado en aquella solitaria esquina de la cocina, acoplándose al grupo donde estaban el resto. Nadie fue testigo de la sonrisa que comenzaba a iluminar la cara de Chuki, mirando la lata de cerveza vacía que había apurado segundos a atrás aquella chica. ``Vaya, vaya con la niñata´´ murmuró para sus adentros divertido, estando seguro de que no sería la última vez que tontearían… Y no se equivocaba. *** ----> Rob <----- A pesar de haber intentado disimular lo mucho que le había m*****ado la actitud de aquellos niñatos. Su novia se había percatado de todo tanto durante la cena con el resto de su familia, como también en el rato que pasaron solos viendo la tele en su propia casa. — Ni puta gracia, Oli. ¡No puta gracia! –vociferó celoso ya en la intimidad de su habitación. Por fin podía soltar toda la rabia que tenía dentro, de la que Olivia era en parte culpable. Aunque las ventanas estuviesen cerradas, al dormir pared con pared cabía la posibilidad de que sus hermanos pequeños se enterasen de todo el percal. — Baja la voz, que los niños están durmiendo –murmuró llevándose el dedo índice a la boca, logrando apaciguarlo. — Vaya niñatos te han ido a tocar. — ¿Qué quieres que haga? Mamá me los encasquetó… Además, es dinero extra. Son veinte euros semanales por cabeza –le recordó desde su lado de la cama, extrayendo de su mesita de noche cien euros, juntándolos y abriendo los cinco billetes de veinte en abanico frente a su boca. — Sigue sin hacerme gracia que los mocosos esos estén por aquí rondando por casa mirando nuestras… — No los dejo pasearse por la casa, aunque no te lo creas. — ¿Y si tienen que ir al baño? ¿Les vas a acompañar y les vas a sacudir la polla mientras mean? Oli… Eres miel para burros. — ¿Te estás encelando de unos quinceañeros? — No me jodas. ¿Quinceañeros? Si alguno de ellos hasta tenía barba. — Pues casualmente el único que tiene barba tiene quince años… ¿Te vas a poner celoso de esos enanos? –concretó inclinándose desde su lado de la cama para besarle. Aunque no lo rechazó, tampoco le hizo olvidar de que estaban hablando. — ¿No te has dado cuenta que casi no hay mujeres en el pueblo? Estos niñatos están más salidos que el pico de una mesa. — ¿No confías en que los ponga en su lugar si se alteran? –No obtuvo respuesta, reaccionando a la falta de ella con una inevitable risita musical-. Son unos enanos. ¿Qué me van a hacer? — Cualquier cosa –sentenció Rob rindiéndose ante el temor abstracto-. Ya te lo he dicho, eres una tentación y estos niñatos no están acostumbrados a… — … Sobrellevarlo –le interrumpió acabando la frase por él. Rob no dijo nada más, se limitó a cruzarse de brazos mientras apoyaba la espalda contra el respaldo de la pared. — No solo es eso. ¿Cómo crees que me sienta saber que cada vez que os reunís ellos te miran con esos ojos? Me hace sentir impotente, porque no puedo hacer nada. ¿Y qué podría hacerles si te tocan? — Pareces empeñado en dar por hecho que me van a hacer algo. ¿Te pone pensar que van a abusar de mí? Cinco enanos… -murmuraba mientras comenzaba a besarle en la comisura de los labios, antes de bajar al cuello-, mientras tú no estás en casa… -la polla se le puso dura poco después de agarrársela. Tal vez eran las palabras que usaba o tal vez lo cariñosa que se había puesto con él, pero estaba excitado y eso era la importante. — No me pone nada… Tú sí que pareces haber pensado en ello. — Se me acaba de ocurrir al verte tan insistente con el tema. — Si te pones en lo peor nada te sorprenderá –se justificó él. — Tendrías motivos para preocuparte si no me follases, porque estaría hambrienta. Pero estoy bien servida… ¿O no? –le preguntó con malicia mientras iniciaba el meneó de aquel rabo duro entre su pequeña mano. — Tú siempre tienes ganas de más –le recordó colocándose a cuatro patas sobre ella, la cual habría sugerentemente sus piernas. El sonido del envoltorio de un condón se empezó a escuchar; poco después su polla ya estaba protegida por el anti-conceptivo. — ¿No podrías hacerlo sin hoy…? –solicitó mientras se mordía el labio, mirándole el rabo duro con deseo. Rob respondió callándola con un beso en la boca antes de hundir el rostro en su cuello-. Sí… Tienes razón, siempre tengo ganas de más aunque… puedo resistir un poco de hambre. Mientras no me dejes demasiado tiempo sin esto aguantaré bien –aseguró mientras le agarraba el miembro y lo apuntaba hacia su interior. — ¿Qué pasaría si estás hambrienta y ellos te provocasen? –preguntó él claramente excitado. Le daba cierto morbo imaginarse a su novia violada por unos adolescentes; en su mente se la imaginaba disfrutando mientras ellos abusaban de ella. Nunca lo reconocería en voz alta, era una mera fantasía sin peso real, algo que al contrario darle placer verla cumplido le haría mucho daño. Mientras esa fantasía quedase entre ellos dos, en la intimidad de su cama, no le importaba. Justo después de acercar su entrepierna a la encharchada vagina de su pareja, la polla engomada comenzó a entrar y aún con el tacto del condón Olivia comenzó a gemir como una loca, al principio suave hasta que las embestidas fueron haciéndose más frecuentes e intensas. — Tal vez juegue un poco con ellos para divertirme –Rob le tapó la boca para no continuar oyendo aquello pese a que su mente no podía parar de plasmar imágenes sobre aquello. Se estaba follando a su novia, pero su mente estaba lejos, muy lejos… Viendo como los menores se la follaban-. Incluso puede que les deje tocar un poco –añadió con malicia, escaqueándose del forzado beso de su amante. Se lo estaba pasando en grande, de eso no había duda; además sus entrepierna resbalaba mucho más de lo normal. Las embestidas aceleraron; el morbo y la excitación facilitaron la llegada del orgasmo, el cual estaba apunto de llegar para ambos. Siendo consciente de que su novio se calentaba más y más con aquel fetiche oral, no le dio tregua. — La siguiente clase de repaso será de anátomia. Las embestidas se potenciaron, haciéndose más violentas como si quisiese terminar de una vez. Olivia comenzó a gemir más alto, clavando sus uñas en las sábanas mientras gritaba afirmativamente, suplicándole que no parara. — En el fondo te pone la idea de que abusen de ti –le espetó parando en seco, sin sacarla ni parar. — O es a ti al que le pone. — No. Solo me aseguro de no dejarte hambrienta –aseguró restregando su vello púbico contra el de ella, moviendo su culo en círculos. — Me encanta que estés celoso… Me encanta cuando me follas así. ¡Ahhh! ``No suele estar tan excitada, y es raro que follemos con tanta intensidad. ¿Eso quiere decir que no suele disfrutar tanto las otras veces?´´ sopesó pensativo antes de dejar la mente en blanco, volviendo a prestar atención a Olivia cuando esta continuaba hablando. — Te excita que esos niños sean tu competencia. Para que me sigas follando así voy a tener que dejar que se queden a dormir –Incluso si no lo dijo en serio, Rob se lo tomó como así fuese, la agarró de ambas piernas mientras comenzaba a ametrallar su interior: Aquella reacción la volvió loca. Con dos manos aferrándose y aprisionando su cuello, las caderas de él parecieron enloquecer entre las suyas. Los muelles del colchón que casi nunca sonaban, comenzaron a gritar suplicando basta, la nuca de Olivia se topó con la pared y prácticamente la martilleaba, pero le daba igual, el placer entre sus piernas era mil veces mayor: Parar no era una opción. Prácticamente se corrió viva cuando con su última embestida, notaba a su novio quedarse paralizado de placer mientras llenaba aquel globo en su interior. En cuanto sus contracciones hubieron terminado, Rob rodó hacia su lado de la cama quedando estirado boca arriba, mientras el pecho de los dos subía y bajaba a diferentes ritmos. — Si hicieses algo con esos niñatos me matarías. — Ya lo sé, tonto. — Esto que hemos hecho ahora… -quería aclararlo, que no hubiese confusiones. No hizo falta. — Un juego, nada más. No pasará nada. — Si lo intentan… — Se van a comer los mocos –aseguró antes de rodar hacia él y comenzar a comerle la boca. Esperaba reavivar su libido pese a no lograrlo en absoluto; Rob la esquivó hábilmente mientras buscaba apagarla con más conversación. — No me puedes negar que están desesperados. — Aún recuerdo cuando salí al pueblo yo sola. Solo había viejas y tías feísimas… No vi ni una sola chica de su edad. Había un montón de hombres, y por eso no he vuelto a salir sola. No sé cómo pueden vivir así… — Con muchas pajas –contestó con una débil sonrisa-, pero ni eso es suficiente. — No seas tonto. Además, están Jaume y Pedro. — Ya… — Cielo –dijo encarándose hacia su pareja-. Aunque tus celos me pongan tanto mientras follamos, el resto del tiempo no me gustan. Me hace sentir que no confias en mí. — No puedo evitar estar celoso. — No deberías estarlo de unos niñatos de pueblo, no pueden competir contigo. — Intentaré no tener celos… Pero tú procurarás no quedarte a solas con ellos. Un último beso silenció la conversación, esta vez de manera permanente antes de que se quedasen dormidos. Los celos de Rob nunca llegarían a decaer pese a confiar en su pareja, en su cabeza existía el temor de que su novia tuviese algún momento de debilidad y ellos se aprovechasen, o que por el contrario lograsen explotar un momento de calentura por parte de la veinteañera. ¿Quién podría llegar a adivinar que serían tanto Olivia como su madre las primeras en poner facilidades a los adolescentes… El día siguiente, por la mañana, Olivia recibiría una inesperada visita mientras el resto de su familia estaban fuera. ¿Cómo reaccionaría Olivia ante el inesperado giro de los acontecimientos? *** Se despertó sin motivos varias veces aquella noche, y más de una vez notó a su novia inquieta en su lado de la cama. La conocía lo suficiente como para saber cuando se masturbaba, oyendo los casi imperceptibles bufidos y gemidos que intentaba acallar para no despertar a su pareja. Parecía estar en un estado constante de excitación, como si se le hubiese ocurrido algo que la tuviese constantemente cachonda y, puesto a que no era un comportamiento normal en ella, solo podía significar una cosa… Rob intentó mantener la confianza que tenía en ella y no intervenir, pues podía fantasear con lo que quisiese siempre y cuando no lo llevase a la práctica. Cuando Olivia logró quedarse dormida, lo hizo con los dedos arrugados de tanto, sintiéndose mal por haberse masturbado tantas veces pensando en aquellas cosas. No se sentía tan culpable como debería, pues a su juicio no había nada de malo mientras no hiciese ninguna de aquellas cosas que tanto la habían encendido. No estaba siendo infiel a su pareja por pensar todas aquellas cosas… ¿O sí? Capítulo 2: Los adolescentes de Villamacho Parte 2: Peticiones cumplidas… 2.1: Las campanas se oyen desde casa. Aquella mañana era tan calurosa que nada más reunirse frente al instituto, todos estuvieron de acuerdo en no querer acceder al interior. En su lugar, agarraron las bicicletas y pedalearon hasta la casa de Olivia dando por hecho que estaría sola. Cruzando los cinco con sus bicicletas el umbral de entrada a los terrenos de la finca, las dejaron apiladas junto al muro antes de cruzar el caminito de subida que llevaba hasta los tres edificios que constituían la vivienda de aquella familia. Dudando sobre si picar a la puerta del edificio principal o la del secundario, optaron por la segunda opción acertando de pleno. Era evidente que Olivia, cuando abrió la puerta, no esperaba visita. Se sorprendió casi tanto de verlos como estos de verla con tan poca ropa. Restregándose los ojos al tiempo que liberaba un poderoso bostezo, se apoyó en el marco de la puerta sin asimilar por el momento que si esos chicos estaban ahí significaba que había faltado a clase. — ¿Qué hacéis aquí? –preguntó a todos y a nadie al mismo tiempo. Ninguno de los cinco contesto, pues estaban demasiado concentrados en deleitarse con la visión de aquel cuerpo semidesnudo. La única prenda que llevaba encima la veinteañera era aquella enorme camisa que hacía las mismas veces de falda, ocultando para sí la valrmación de si llevaba ropa interior o no. Sus pies descalzos y sus muslos estaban desnudos, mostrando un minucioso afeitado que no habían dejado sobre su piel ni un solo pelo. Tampoco pasaron desapercibido los pezones que se marcaban por debajo de la camisa, insinuando la falta corpiño arropando el seno femenino. — ¿Y bien? –musitó la joven alzando una ceja, impacientándose ante la falta de respuesta-. No, Raúl. No te rías… A mí no me hace ni puta gracia. ¿De qué sirve que os de clases todas las tardes si luego faltáis al instituto? — Venga, profe… Hemos estado estudiando muy duro contigo. Danos un respiro. Frente a Olivia estaban los tres lameculos de siempre, imitando a perros salivando a la espera de que su dueño les facilitase un trozo de carne: Santi, Raúl y Domi siempre se intentaban hacer los gracioso hablando mucho con ella y haciéndola reír; por el contrario, Fernando y Alex permanecían más tiempo callados del que hablaban. Dos estrategias para acercarse a la veinteañera que daban por igual el mismo resultado. — Precisamente por eso. ¿De qué sirve lo que hacemos todas esas tardes si luego hacéis campana? — Solo es un día… — Y luego otro, y otro… Siempre tendréis una excusa para faltar. — Mientras aprobemos los exámenes vale… ¿No? Chuki no se dejó engañar por la evidente fingida seriedad de la joven. Esta se alegraba mucho de tenerlos allí, frente a su puerta y, si no se equivocaba, se moría por dejarlos entrar. Alguna tarde había dejado caer que se sentía muy sola, pues todas las mañana los solía pasar sola en aquella casa y, por si fuera poco, la rutina se había apoderado de todas sus tardes. Pasaba la mayor parte de estas estudiando con ellos, algo que no la entusiasmaba, o pasaba tiempo junto a sus hermanos y su madre viendo la televisión. Era información muy valiosa, pues conocerla permitía saber también que pese a que se estuviese haciendo la difícil estaba deseando dejarles pasar, aunque solo fuese por divertirse un rato tomando algo. — Eso dices ahora –le reprochó con voz apenada. — Te pagamos por esas clases. ¿No? Es problema nuestro si aprobamos o no –Olivia no era tonta, y se había percatado desde el primer instante que se estaban muriendo por entrar dentro de la casa. — Tengo mis principios, y si me pagáis por aprender no puedo decepcionaros. Si os permito faltar a clase soy tan culpable como vosotros –sentenció estampando la palma de su mano contra el marco de la puerta, cerrándoles el paso como si no estuviese dispuesta a dejarlos pasar. — Pero si aprendemos… -le contradijo el rubio, sin poder contener una traviesa sonrisa. — Aprenderíais más rápido si no faltaseis a clase. — Venga, profe… Ya que estamos aquí déjanos pasar un rato. Encima que venimos a verte. La cara que puso fue un poema. Se notó al instante que el quinceañero había usado las palabras adecuadas pues reaccionó quitando la mano del marco de la puerta, como si se estuviese planteando dejarlos pasar. — Venga –suplicó el pelirrojo poniéndole ojos de gatito. — ¿Por qué queréis pasar? — Queremos pasarlo bien contigo. — Ya –fue lo único que respondió, claramente desarmada-. Tengo cosas que hacer… Así que cuando os diga que os vayáis os iréis. Sin asentir ni afirmar de ninguna forma que lo habían entendido, pasaron entre ella y la puerta accediendo al interior de la casa, siendo Fernando el último en entrar. — Al sofá, eh… — Claro, claro –se escuchó decir a uno de ellos. — Tranquila, nos portaremos bien –murmuró el macarra de la gorra, parándose a su lado mientras esta cerraba la puerta-. Porque a los niños buenos nos premias. — Tú de bueno tienes lo que yo de tonta –aseguró Olivia guiñándole un ojo, sin poder evitar sonreírle antes de reunirse con el resto en el salón-. Ahí me siento yo –indicó al gordo que se había apropiado del sillón individual. Haciendo que este se levantase, obligándolo a agarrar una silla a desgana, se dejó caer sobre el cuero cruzando las piernas como si quisiese impedir que estos viesen lo que había entre ellas. ``¿Por qué no subes y te pones algo más de ropa? Hay que ser zorra´´ escupió para sus adentros inflado de rabia. Luego eran los hombres los que pensaban constantemente en sexo… ¿Cómo no iba a ser así, si ellas se pasaban el día provocando? Fuese por lo que fuese, Olivia se quedó encogida en aquel sofá unos instantes antes de ir a la cocina a por bebidas. Solo trajo dos cervezas, una para ella y otra para Chuki, para el resto solo trajo refrescos azucarados que debido a la calor vaciaron en un momento. Las siguientes bebidas que trajo para saciar la sed de sus invitados, ante sus continuas súplicas fueron cervezas, las cuales subieron el tono de la conversación tanto por parte de los adolescentes como de la misma anfitriona. *** Las mejillas de Olivia estaban rojas como manzanas del más vivo color. Se había tomado tres cervezas, demostrando que estaba más ebria que sobría tanto en la forma en la que se movía y hablaba como en las cosas que decía. — Tiene que ser muy difícil para vosotros… — Es una verdadera putada –aseguró su invitado de pelo largo-. Las pocas chicas de nuestra edad que hay en el pueblo no puede salir de casa… eso cuando están en el pueblo. — Igualmente son muy pocas, en este pueblo casi no hay mujeres –le interrumpió el chico rubio. — Donde yo vivía antes había casi tanto chicos como chicas, aunque los chicos de vuestra edad se mataban a pajas –Un brillo de perversión destelleó entre los ojos de Olivia, como si no hubiese podido contenerse a la hora de decir aquello. — Pues teniendo chicas… Vaya mataos –se burló el pelirrojo sin separar la mirada de su móvil. — ¿Por qué? –Olivia intercambió el cruce de piernas mientras se inclinaba hacia adelante. No pareció darse cuenta que sus pechos amontonaban toda su masa contra la camisa, bailando bajo ella cada vez que se movía. — Por hacerse pajas teniendo la oportunidad… — Que haya chicas no quiere decir que tengas oportunidad de follártelas –le atajó sin sonreír-. Lo normal a vuestra edad es no comerse ni una rosca. — ¿Quién lo dice? –Esta vez fue Fernando el que hablo, siendo la primera vez que decía algo desde que se había sentado. — Lo digo yo. Seguro que os matáis a pajas vosotros también. — Sí. ¿Y qué? Si nos saliese la oportunidad, mataríamos a pollazos a la que se nos ponga por delante –Fernando evitó usarla a ella como ejemplo de la misma manera que Olivia pareció evitar darse por aludida, pero seguramente lo hizo. — Me lo creo, sin porno ni chicas tenéis que estar desesperados. — Te tenemos a ti –le recordó Santi mirándole la entrepierna, luego el torso antes de mirarle a los ojos. — Seguro que os habéis hecho muchas pajas pensando en mí –Lo dijo con mucha naturalidad, como si lo tuviese asumido. Y ninguno de los aludidos pareció avergonzarse de ello. — No parece importarte –le chinchó el adolescente con gorra y barba. — Sé que es inevitable… Mientras sepáis que eso será todo. — Pocas cosas son imposibles –El pelirrojo hizo esa afirmación sin reír, algo extraño pues la mayor parte del tiempo había una sonrisa dibujada en su rostro. — Tienes toda la razón, zorrito… Y que haga algo con vosotros es una de esas pocas cosas. — ¿Cuánto le mide a tu novio? –preguntó el gordo con ese interrogante fuera de contexto. Por unos segundos, la joven demostró haberse quedado claramente descolocada. Era evidente que no estaba acostumbrada a beber cervezas, y aunque todos veían que mantenía el control de si misma estaba evidentemente alterada. Tal vez, sin haber estado bebida, no habría accedido a hablar sobre todas aquellas cosas. — Eso no se pregunta –contestó ruborizada. — Solo es una cifra –le recordó restándole importancia. — Es algo entre mi pareja y yo. — Nadie dice lo contrario –la apaciguó Fernando mirándose las uñas, como si la conversación no fuese con él. — Entonces no preguntéis. Además… ¿Qué os importa? — Si dices eso es que eres una hipócrita. Hablas con toda normalidad de si nos hacemos pajas y luego no eres capaz de confesar algo tan normal como el tamaño de tu novio –Supo al instante que la veinteañera no tenía respuesta para su hipocresía, así que decidió repetir su anterior pregunta. — ¿Y qué os importa cuánto le mida? — Era para saber si estás satisfecha con su tamaño. Incómoda, se recogió el pelo detrás de la oreja, era evidente que estaba sopesando si contestar o no. — C… Claro que lo estoy. — ¿Cuánto le mide? — ¿Tanta importancia le dais al tamaño? Hay cosas más importantes. — Dices eso como si el tamaño no fuese importante, pero lo es –la atajó el pelirrojo, tan ruborizado a causa del alcohol como su pelo. — Es importante pero… -se arrepintió de lo que acababa de decir-, no es lo único. Además… ¿Qué sabréis vosotros? Si seguro que sois vírgenes todos. — ¡Uooooooo! –aullaron el pelirrojo, el rubio y el chico de pelo largo al unísono. — Estás dando por hecho algo que no sabes. ¿Por qué te pones a la defensiva? — Seguro que la tenemos más grande que tu novio –aventuró Chuki exhibiendo una prepotente sonrisa. Se crecía a la par que la veinteañera se sonrojaba. — Ya te gustaría a ti –respondió ella rechinando los dientes-. ¿Qué subidito que estás, no? — ¿Nos apostamos algo? — No tengo que apostarme nada –aseguró, dando por hecho que no estaba dispuesta a asumir el riesgo. El adolescente de la gorra, Chuki, estaba dando ya por hecho que pese a su insistencia el novio de esta no la tenía tan grande. — Pues yo apostaría lo que quieras a que le gano por mucho. La tengo bastante grande –Era evidente que Olivia intentaba pensar una manera de humillarle, pero no encontró ninguna. — Nunca lo sabremos. — Tu novio no, tú… puede –insinuó antes de añadir, al darse cuenta que podía haberse m*****ado-. La vida da muchas vueltas. — Antes de follarme a unos niñatos me follo a una caballo, acuérdate de lo que te digo. — Por aquí hay muchos potros –aseguró el barbudo rascándose el vello que recubría toda su papada. — ¿Cuánto le mide a tu novio? –insistió Alex desde el sillón. Olivia pareció agradecer volver al tema inicial, aunque fuese acabar en el mismo lugar donde habían comenzado. Era evidente que había decidido que lo mejor era dar una respuesta y complacerles lo antes posible. — No se la he medido nunca. — ¿Pero de tamaño, cuanto le mide. ¿Así? –El gordo separó sus dedos índices hasta abarcar una distancia entre ellos que igualaría los quince centimetros. — ¿Así? –bromeó el pelirrojo separando sus dos dedos índices hasta unos cincuenta centímetros. Todos rieron. — Más o menos… Así –la chica se rindió ante la insistencia de sus invitados, mostrando con sinceridad un tamaño de unos diecisiete centímetros. — ¡Eso es lo que me mide a mí! –comentó Santi decepcionado, recostando la espalda contra su silla. — Y a mí –confesó Domi sin poder reprimir una sonrisa. — No seáis mentirosos –les increpó, más animada, sin darles credibilidad-. ¿Cómo os va a medir eso? Si aún os queda mucho por crecer. — Pues yo la tengo mucho más grande –aseguró Chuki sin reir. — Y yo –dijeron los dos que quedaban al mismo tiempo. — ¿No me crees? –explotó Fernando mientras se levantaba. Si bien Olivia creyó que iba a pegar a alguien, se llevó una sorpresa al descubrir que su intención era bajarse los pantalones. — No, no, no –Pegó un salto desde su sillón, arrodillándose frente a él como si fuese a chupársela, solo que en lugar de eso impidió que los pantalones cayesen. Raul, el pelirrojo, imitó a su amigo bajándose también los pantalones provocando que su anfitriona se levantase y se tapase los ojos. — No quiero veros la polla. Como no paréis os vais a tener que ir. — Aguafiestas –le increpó Raúl sin dejar de sonreír al tiempo que se subía los pantalones y se ponía el cinturón. — Estáis muy salidos… A ver si os hacéis unas pajas y os desfogáis un poco –hizo una pausa antes de pedirles que se fuesen. — Venga, Oli… Si acabamos de llegar. — No os hace ningún bien estar aquí. Me lo he pasado muy bien, ya quedaremos cuando no estéis tan… — ¿Tan? –inquirió Chuki intercambiando una larga mirada con ella que le hizo perder el hilo de lo que estaba diciendo. — Tan guarros –la veinteañera golpeó con cada paso el suelo, hasta apearse al lado de la puerta y abrirla de par en par-. Venga mocosos, largo. En cuanto el último de ellos salió, ella cerró la puerta creyendo que se había quedado sola. — Sí que tienes prisa por echarnos. ¿No? –Los otros cuatro ya deberían haberse dado cuenta de que Chuki se había quedado dentro, pero ninguno picó a la puerta ni hicieron nada para hacerle salir. En su lugar bajaron el camino hasta donde estaban sus bicicletas. — Os echáis vosotros solo al hablar de estas cosas. — Si no recuerdo mal has sido tú la que ha empezado a hablar de que nos pajeamos pensando en ti –le recordó plantándose frente a ella. Le pareció como si Olivia sufriese un escalofrió, pues suspiró como así fuese. — No es lo mismo hablar de hacerse pajas que bajarse los pantalones frente a mí. — Entonces… ¿No nos habrías echado si te hubiésemos preguntado si tú te masturbas? — Puede que no –negó ella dejándolo caer. — ¿Te masturbas? — Demasiado tarde para preguntar eso –aseguró mordiéndose el labio. ``Está juguetona. Si me lo monto bien me la puedo follar aquí mismo´´ se envalentonó para sus adentros. — Nunca es demasiado tarde para preguntar algo. Además, lo mismo que el primer día… Mira cómo estás vestida. ¿Tan raro que parece que nos pongamos tan cachondos? — Ya os lo dije… Pajearos lo que queráis, porque no llegaréis a nada más. — ¿Y te parece normal que estéis así vestida? — Así os doy material nuevo con el que sacudírosla. ``Así que te gusta ir provocando, perra… Gracias por la información´´ — Si todo lo que quieres es calentarnos, ya podrías hacerlo de otras maneras. — ¿No te parece suficiente? No me he vestido así para provocar –le recordó-, estoy en mi casa. Sois vosotros los que habéis venido sin avisar. — Podrías haber subido a tu habitación y haberte cambiado. — ¿Y dejaros solos en mi casa? Ni de coña, chato. La próxima vez, cuando esté prevenida de que vais a venir, no tendremos el mismo problema. — Entonces solo hace falta venir sin avisar, porque está claro que te encanta ir así vestida por la casa. — Es cómodo –se justificó planchándose bien la camisa. — También sería cómodo verte en ropa interior –afirmó entrecerrando los ojos mientras se preguntaba si era el momento adecuado para lanzarse. Estaban los dos solos, y aún quedaba mucho para que llegasen sus hermanos pequeños o su madre. Lo único que le echaba para atrás era enfadarla hasta el punto de no volver a tener una oportunidad como esa. — Tal vez algún día me deje ver de esa manera, seguro que te haces muchas pajas después de verme con eso puesto. — ¿De verdad? –No se lo esperaba ni se creía lo que oía, hasta que entendió que estaba siendo sarcástica. Agarró el picaporte de la puerta y la abrió mientras se inclinaba hacia su oído y le susurraba: — Claro. Cuando me haya follado al caballo que os dije, y solo entonces. Anda, lárgate enano. Le empujó hasta fuera antes de cerrarle la puerta en las narices. Resulto que los otros cuatro le esperaban abajo, junto a las bicis, impacientes por saber que había pasado. No les contó nada, era innecesario. Mientras se montaban sobre las ruedas y conducían hacia sus casas, llegaron a la conclusión de que la chica no sabía beber y tenían que emborracharla más a menudo. Todos excepto Raúl pedalearon hasta sus casas, mientras que el pelirrojo lo hizo hasta el instituto a espaldas de los otros cuatro para reunirse a la salida con los dos hermanos menores de Olivia. No le costó mucho convencer a ambos de lo divertido que sería quedar todos una noche y dormir juntos, sobornando a Jaume con la idea de llevar su consola para poder viciar entre todos. Al hermano mediano, por el contrario, atisbó desde lejos sus verdaderas intenciones. Estaba seguro de que lo que realmente pretendía era intentar algo con su hermana aprovechando que se quedarían a dormir en su cuarto. En su interior se libraba una batalla, un conflicto interno entre la curiosidad que sentía y la aversión. Una parte de sí deseaba ver cómo se las apañaban para acechar y tratar de espiar a su hermana. ¿Le robarían unas bragas? ¿Se atreverían a intentar ligar con ella? En el fondo confiaba en que su hermana les daría una patada a todos si descubría que intentaban hacer algo así, pero de algún modo le parecía completamente morboso. Tal vez no había superado aquellos tiempos en los que descargaba terabytes de porno en su ordenador, habiéndose interesado ya por el amor filial imaginándose a su hermana. Solo era un fetiche platónico, lo sabía perfectamente, pero ante la necesidad que causaba la falta de porno de alguna manera se materializaba imaginándose a su hermana como protagonista de nuevas fantasías. Aunque una parte de sí mismo lo rechazaba, mayoritariamente se excitaba con la idea de ver a su hermana asediada por aquellos pueblerinos. Fue por esto, lo más seguro, por lo que accedió a hablar con sus padres para que se pudiesen quedar a dormir. Excitándose de camino a casa, con el corazón a mil, sin ser capaz de pensar con claridad. ¿Cómo se comportarían al ver a su hermana en pijama? A veces incluso la había visto en ropa interior. Alguna vez la había descubierto desnuda, e incluso sabiendo lo enfermo que estaba al excitarse con su propia hermana, había sufrido tremendas erecciones por su culpa. Aquellas curvas perfectas que tenía su hermana, aquellos pechos tan perfectos y tentadores. Sabiendo que su hermana era una persona fuerte, inquebrantable, y debido a todo eso no era capaz de imaginarse como se comportaría frente a la presencia de todos aquellos adolescentes. Al mismo tiempo, enfermaba con solo pensar en dar a sus nuevos amigos la oportunidad de estar frente a su hermana. Sin saber que sería mayoritariamente su culpa que tanto su madre como su hermana acabasen brutalmente folladas y emputecidas por todos aquellos quinceañeros. Pedro, el hermano mediano, no era consciente de que él iba a ser una pieza clave que provocaría dentro de no demasiado tiempo pasar una noche en su propia casa; llevando a innumerables situaciones inmorales y sucias antes de que las dos mujeres cayesen victimas del deseo y la necesidad. ¿Quién habría pensado que, aquellos adolescentes que aparentaban ser tan educados, eran en realidad verdaderas bestias; tan crueles y guarros como para convertir en verdaderas putas a dos mujeres honradas? No lo sabía, pero era el mismo el que había construido el gran caballo de madera que atravesaría las impenetrables murallas, y una vez dentro, era solo cuestión de tiempo. Porque tanto la madre y su hija estaban más necesitadas de lo que parecían, y justo el día que los adolescentes conseguirían traspasar aquellas murallas, las dos hembras estarían desprotegidas, pues tanto Rob como Joaquin tendrían que pasar la noche fuera de casa. La ausencia de sus dos parejas alteraría a las dos mujeres como la luna llena altera a los lobos. 2.2: Lobos con piel de cordero… A los dos hermanos ni se les pasó por la cabeza preguntar al patriarca. Joaquin habría dicho que no a sus hijos sin replanteárselo un instante. En su lugar, aprovecharon aquella calurosa tarde en la que solo estaban su madre y su hermana en casa para pedirles a ambas que sus nuevos amigos se quedasen a dormir. Ambas se miraron disimuladamente, sin saber como reaccionar, pues ni de lejos se habrían imaginado que los dos pequeños propusiesen algo de semejante magnitud. Si sus dos vástagos le hubiesen pedido traer uno o dos amigos, lo habría permitido sin despeinarse pero… ¿Cinco amigos? Además, esos jóvenes los conocía ella como profesora, pues en el instituto tenían fama de ser conflictivos tanto por faltar a las clases como por pelearse. ¿Cómo iba a dejar que se quedasen a dormir semejantes figuras? No le hizo ninguna gracia tenerlos en su propia casa durante aquel día, y sabiendo que su hija sería capaz de sacarse un dinero extra e incluso de corregirlos, les permitió asistir a unas clases de repaso en la casa secundaria librando a la principal de posibles robos, cotilleos o problemas por parte de los adolescentes. Si bien era cierto que las veces que los había visto le habían parecido muy educados, prefería no confiarse. Aún así decidió no dar un no definitivo, que con el paso de los días ante la insistencia de sus dos hijos se acabó convirtiendo en un: ``Ya veremos´´. Era consciente de que sus dos hijos no eran precisamente sociables y tenían problemas para adaptarse, este fue uno de los motivos por el que comenzó a considerar posible que estos se quedasen. Además… ¿No era mejor que sus hijos pasasen tiempo con esos presuntos macarras en un espacio seguro como era su casa antes que dejarlos vagar por aquel pueblo de mala muerte? El último problema era su propio marido. ¿Cómo conseguiría que este diese el visto bueno a que se quedasen a dormir? Incluso si desconocía lo problemáticos que se decía que eran ya era casi garantizado que la respuesta sería no. — No puede ser –sentenció ante las suplicas de su hijo más pequeño. Pedro, por el contrario, se mostraba más cauto y no insistía. — ¡Pero mama…! — Ni peros ni peras, jovencito. Además… Papa no les dejaría. — Seguro que si hablas con él –saltó el hermano mediano. — Os he dicho que no. Ella ya estaba convencida, le habían insistido tanto. Pero el paso de los días continuaron insistiendo hasta que se comprometió a dejar que se quedasen. — Si ellos se portan bien tal vez pueda convencer a vuestro padre. Pero tienen que demostrar que se merecen poder quedarse. — ¿Cuándo podrán quedarse? –preguntó Pedro impaciente. — Ya lo veremos, aún tengo que hablarlo con vuestro padre –Los días fueron pasando, y Sandra no encontraba el momento para hablar con su marido de ese tema. *** A las cinco de la tarde, poco después de que Sandra volviese del instituto. Se disponía a hacer su ronda de recogida de ropa sucia por toda la casa. Llevaba bajo su brazo un enorme cilindro de tela negra en la que ponía todas las toallas y toda la ropa sucia que iba encontrando. Empezó por las habitaciones del baño principal y acabó por las del edificio secundario. Cuando accedió a este, sus tres hijos y los otros cuatro adolescentes se encontraban sentados en la mesa circular que usaban normalmente para aquellas clases de repaso. Con una simple mirada descubrió que faltaba Fernando, el adolescente de la barba, el cual consideraba de todos el más conflictivo. Saludo a todos antes de subir por las escaleras hasta el piso de arriba, dando por hecho que no había nadie en el baño abrió a la puerta sin picar pillando de pleno al chico que no había visto abajo. Durante unos segundos, quedó hipnotizada observando el enorme miembro que colgaba de entre sus piernas, rodeado por una enorme y salvaje mata de pelo. Reparó, además, que en la punta del glande había una bola plateada de metal. ¿Tenía un pircing en la punta de…? — ¡Lo siento! –se excusó cerrando de un golpe la puerta del baño. No soltó el manillar, ni se movió, no podía quitarse de la cabeza la imagen de aquella polla tan enorme. Incluso estando morcillona era más larga que cualquier otra que hubiese visto en su vida. ¿Era posible un tamaño así, siquiera? ``Y eso que la tenía bajada… ¿Cómo sería si sufre una erección? Pensó acalorada, abanicándose con la mano. La despertó de sus lujuriosos pensamiento el picaporte, que vibraba en torno a su mano. Al soltarlo la puerta se abrió, saliendo Fernando del interior mirándola como si nada hubiese pasado. — Lo siento mucho –tartamudeó la madurita llevándose la mano a la boca, tapándosela. Sin embargo, Chuki no se creía en absoluto que lo sintiese, se le notaba en la cara. — ¿Por qué? No has hecho nada malo. — He abierto sin picar. — Creías que no había nadie –le justificó en su lugar, tuteándola como siempre. En un principio a Sandra le había m*****ado que no la tratase de usted, pero se había acabado acostumbrado. — Debería… — Me ha visto desnudo, pero ya está -``¿Debería decirle que si tan mal le sabe estaremos en paz cuando la vea yo desnuda? No, mejor no´´ se reprimió sabiendo que no era el momento ni el lugar. — Para compensar diré que estás muy bien dotado –aseguró ella con una sonrisita tonta, mordiéndose una uña para combatir el nerviosismo. ``No hace falta que lo digas, si con la cara que se te quedó al vérmela..´´ se burló para sus adentros. — ¿Tú crees, profe? Y yo que creía que la tenía pequeña –pese a lo sarcástico de la declaración, estaba seguro de que no lo pillaría… Y así fue. — Pequeña… Nunca había visto una tan grande. Y… ¿Qué era eso que tienes en la punta? — ¿Quiere verlo? –le pregunto sobreexcitado. Se estaba arriesgando demasiado, lo sabía. Para empezar aquella madurita le parecía inalcanzable, pero tras habérsela visto por ‘’accidente’’ tal vez accediese y todo. — No digas tonterías, Fernando. Anda, tira para abajo –respondió ruborizada, pero el adolescente la agarró de la muñeca y la arrastró al interior del baño- Ya te he dicho que no hace falta. — Tal vez nunca más vuelva a tener la oportunidad de ver un pircing en este sitio. ¿No le da curiosidad? La posible respuesta era tan evidente que no hacía falta materializarla. En poco más de tres segundos ya la tenía contra la puerta viendo como el mismo se bajaba los pantalones y los calzoncillos y se la agarraba. ``Es enorme, seguro que está pensando eso´´ se enorgulleció el adolescente mientras apretaba el tronco de su rabo para endurecer el glande. Al llenarse de sangre se volvió tan duro como una piedra, exhibiendo el brillante pircing en mitad del orificio de salida. — Debe doler muchísimo… — Te acabas acostumbrado. Hace sentir mucho mejor de lo que m*****a –era evidente que se moría por tocarla, pero era mejor dejarla con aquel deseo a complacerla y darle una excusa para no volver a acercarse. — Vaya cosas… Nací demasiado pronto, que cosas os hacéis los jóvenes de hoy en día –decía la madurita mientras su pecho subía y bajaba mucho más rápido, sin dejar de mirar el brillante adorno. — Si eres muy joven, profe. Nunca es demasiado tarde –aseguro frotándose muy lentamente toda la extensión de su rabo, como si se estuviese masturbando. Hizo esto para que ella pensase lo que él quería, que se estaba masturbando mientras hablaba con ella. Justo después, y prácticamente unos instantes después de haber empezado, se guardó la polla dentro de los calzoncillos y se subió los pantalones, antes de salir del baño y bajar al salón con el resto, seguido muy de cerca por Sandra. *** — No creo quedaros a dormir –Opinaba la hermana de los dos menores después de que el más pequeño, Jaume, sacase el tema. — Pero tata, mamá ha dicho… — ¿Y qué ha dicho papa? –La cuestión planteada por la veinteañera hizo que este agachase la cabeza y se callase. — Siempre puede ser en mi casa –propuso Santi, recibiendo en consecuencia multitud de miradas asesinas silenciosas que bastaron para callarlo. Ninguno de los otros cuatro aceptaron esa opción, pues lo que ellos querían era dormir cerca de Olivia. — Si Olivia viene a dormir a mí no me importaría –bromeó Domi, mientras jugaba con su largo flequillo. — Sí. ¿No? ¿Puede venirse mi novio también? Seguro que le hace mucha ilusión –ironizó mientras mordía la punta del boli, provocando la risa de los otros cuatro. — Si Olivia no viene, tiene que ser aquí –exclamó Raúl picando con el puño en la mesa. La veinteañera, cruzando los brazos sobre sus pechos, ignoró a los otros cuatro centrándose en el que acababa de sentarse. — ¿No quieres que sea aquí? Como no abres la boca. — Se me ocurre algo mejor –respondió dubitativo rascándose la papada, intentando satisfacer un picor que se producía en ese lugar-. ¿Y si en lugar de venir a dormir aquí vamos a la piscina? Estos días hace mucho calor y ya falta menos para que empiece el verano. Olivia hizo un rollo con el cuaderno para golpear la nuca y la gorra de Fernando. — Ya es verano, melón. — Pues con más motivo. — ¿Prefieres la piscina, en serio? –inquirió incrédula. — No, vamos en broma. — ¿Qué piscina es esa? Si en el pueblo no hay. ¿O sí? — En mi casa sí que hay. Raúl era un pijo, y se veía desde lejos tanto por su manera de hablar, como por el móvil que siempre llevaba encima y sus constantes comentarios sobre todo lo que le compraba su padre. — Ay, moza… ¡Una piscinita! –se mofó el rubio ante la incertidumbre de la joven. — Podemos quedar un día que no esté mi padre… Este sábado por ejemplo no volverá hasta la noche. — Me parece que eso sería abusar mucho –Olivia tenía tantas ganas de bañarse como de tomar el sol, pero no le hacía ninguna gracia ir sola con aquellos cinco. En una edad tan difícil y con las hormonas tan revolucionadas. ¡Lo que tendría que aguantar! — Para nada, mujer… -Le restaba importancia el pelirrojo-. Vamos un par de horas, nos bañamos y luego cada uno para su casa. — ¿Vais a ir a una piscina? –Inquirió Sandra desde las escaleras, bajando con el bol de la ropa sucia lleno entre sus brazos. — Sí, he invitado a sus hijos a mi casa este sábado, y si Olivia se anima a venir… También está invitada. — Que pena que ya no sea una veinteañera para hacer esas cosas –lamentándose con picardía dando a entender que le encantaría poder ir. — No diga tonterías, profe –le recriminó Raúl levantándose antes de echar a andar hacia la madurita-. Está invitada usted también a venir a tomar el sol y bañarse. — Ay, no sé… No estaría bien, soy vuestra maestra… — Eres nuestra profe en el insti, pero fuera eres la madre de nuestros amigos –Chuki atrajo fácilmente la mirada de la madurita a pesar de que esta evitaba mirarle demasiado-. No creo que a nadie le importe que acompañes a tus tres hijos. Mientras que Jaume empalidecía muerto de la vergüenza por tener que ir con su madre; el mediano se centró en analizar lo más fríamente posible la reacción de sus amigos, las cuales no eran pocas; Miraditas, sonrisas, guiños de ojos… Definitivamente les había encantado la idea de que Sandra se uniese a la fiesta, aunque solo fuese para verla en bikini. — No os importa… ¿No? –inquirió dudosa a sus tres vástagos. — Si vas tú yo también iré –afirmó la mayor, más tranquila al saber que contaría con el apoyo de su madre. No se atreverían a decir ciertas cosas si su madre estaba presente. Pedro, por el contrario, se limitó a encogerse de hombros como si le diese igual. — Qué bien… hace mucho que no voy ni a la playa ni a la piscina. Tendréis que perdonarme porque no estoy en forma –aseguró preocupada por las curvas, pese a que todos rieron restándole importancia. Lo que nadie sabía es que el padre de Raúl no iba a ser el único en pasar tiempo fuera de casa. Joaquin y su yerno iban a tener unos inesperados problemas en las granjas y huertos donde trabajaban, teniendo que pasar allí parte de la noche y del día siguiente; por lo tanto, Olivia y Sandra no tardarían en descubrir que iban a tener la casa libre durante más de 24 horas. La madre no iba a dudar aprovechar la oportunidad para cumplir la promesa que les hizo a sus hijos, dejando que sus amigos pasasen la noche en su casa… Aunque no precisamente para dormir. 2.3: Tarde de piscina, noche de… Llego el sábado, el día elegido para pasar la tarde en casa de Raúl. Sin embargo, por la mañana, Joaquin llamó al teléfono fijo que tenían en la casa principal para avisar a su mujer de que unas inundaciones habían malogrado parte de la cosecha además de haber perjudicado a los propios a****les. Los tres días anteriores había llovido tan fuerte que ya habían dado por hecho que se iba a cancelar la quedada para la piscina, sin embargo, el sol brillaba con fuerza sobre el barro y la tierra impregnada de agua. Según le explicó su marido, iban a tener que quedarse a dormir en los estables para ir realizando reparaciones, por lo que lo más posible era que no llegasen hasta el domingo por la noche como muy pronto. Con esto en mente, preparó todo aquella misma mañana para poder ir a la finca de Raúl con sus tres hijos. Ilusionados al enterarse de que iban a ir –pues tras las abundantes precipitaciones y el mal tiempo ya se habían resignado a cancelarlo-, los cuatro prepararon las bolsas con sus bañadores, crema solar, bebidas y ropa de recambio. Después de comer, tal como quedaron por teléfono, se presentaron frente a la finca de Raúl. Aunque los jardines y la casa no eran tan grandes como sus propios terrenos, si estaba todo mucho mejor cuidado. Hasta el último centímetro de tierra de aquel jardín estaba recubierto de un colorido y esponjoso césped. Al descubrir que no había timbre en la entrada y se podía entrar sin problema, cruzaron el umbral que había entre los muros y se encontraron con que los cinco ya estaban en bañador. Con Domi, Santi, Raúl y Alex bañándose en la piscina, él único que se encontraba fuera era Fernando, el cual estaba estirado en una hamaca que había colocada bajo un árbol. Las hamacas parecían extremadamente cómodas, pese a que ni la madre ni la hija se fijasen especialmente en ellas. Ambas observaron, con mucho disimulo, el diminuto bañador que llevaba el adolescente de la barba y que le marcaba exageradamente todo el rabo. Parecía, y lo veían de lejos, que si le crecía lo más mínimo fuese a quedar al descubierto. — ¿No te bañas? –le preguntó Sandra, acercándose a otra hamaca sobre la que dejó la pesada bolsa. — Luego me baño, ahora no me apetece –respondió Chuki, sabiendo que la madurita estaba haciendo un serio esfuerzo por mirarle a la cara. Se permitió el lujo de sonreír. Olivia y su madre no tardaron en preguntar a Raúl donde estaban los baños para poder cambiarse, yendo al interior juntas hablando sobre lo bonita que era la casa y sus jardines… Jaume se quitó la camisa y se lanzó de cabeza al agua, mientras que Pedro, más tranquilo, se sentó en el borde para para remojar los pies. — Dentro tengo la play –Raúl se dirigía a los dos hermanos, pero miraba al más pequeño de los dos-. Luego si quieres puedes ir con tu hermano a viciar un rato. El objetivo, era evidente para el hermano mediano, era apartarlos para poder quedarse a solas con Sandra y Olivia que al poco rato volvieron luciendo unos bañadores que incluso se podía decir que les quedaban pequeños. Olivia fue la primera en untarse crema por todo el cuerpo, como si quisiese evitar darles una excusa para ofrecerse a ponérsela ellos mismo. Sandra, por el contrario, dijo que prefería ponérsela más tarde. Las dos primeras horas pasaron sin incidentes, con Sandra en la tumbona y Olivia bañándose junto a sus dos hermanos. Pedro vio como Raul le decía algo inaudible a su hermano pequeño, como si le estuviese recordando lo que le esperaba dentro de la casa. El muy tonto le pidió a que lo acompañase dentro, y sabiendo que si se quedaba allí no mostrarían sus verdaderas intenciones fingió acompañar a su hermano al interior de la casa para jugar a la consola, pretendiendo en realidad espiarlos desde la ventana… Jaume encendió la tele y la consola, eligiendo entre el extenso catálogo de juegos sin preguntarse porque su hermano estaba de pie tras la cortina, observando al jardín. No pareció importarle, y jugar era mucho más importante. Fue entonces, tanto ellas como ellos que al verse desmarcadas por ellos dos, comenzaron a comportarse de una manera muy distinta. *** ··Escena de la piscina, Olivia·· Tras la cortina y con la ventana abierta, alcanzaba a oír prácticamente todo lo que se decía en la piscina. Nada más largarse, todos menos Chuki se habían quedado dentro de la piscina junto a su hermana; mientras que este y su madre permanecían a lo lejos en las butacas bajo el sol y la sombra que ofrecían aquellos árboles. Tras cansarse de observar a esos dos hablar sin acercarse, decidió centrar toda su atención en su hermana y las hienas que la rodeaban. Pese a que estos no se cortaban un pelo, ella tampoco es que les enseñase donde estaba el límite. La abrazaban por detrás, restregando sus pollas contra ella. O bien no se daba cuenta, o bien decidía ignorarlo, pero aún así cada vez que conseguía escaparse de un abrazo le esperaba el siguiente. Pedro entrevió en la cara de su hermano cierta perversión, como si estuviese disfrutando de aquello. Se percató en repetidas ocasiones de que lanzaba miradas disimuladas a su madre, como si esperase que en cualquier momento se metiese con ella en el agua. Aún así, Sandra parecía más interesada en quedarse donde estaba, sin mirar ni una sola vez a su hija en la piscina. ``Es imposible que no se de cuenta, todos llevan bañadores ridículamente pequeños. Se están luciendo a base de bien´´ escupió para sus adentros, envidioso. No entendía porque su hermana se dejaba abrazar, riéndoles las gracias… ¡Era tan evidente lo que estaban haciendo! — Sois unos abusones –le escuchó decir a la veinteañera, entre risas, tras librarse de los brazos de Alex. ``¿Abusones? Me gustaría ver que diría tu novio si se enterase de esto´´ le respondía sin que esta la escuchase. Se imaginó que la piscina estaba vacía y podía ver las extremidades inferiores que, en realidad, estaban tapadas por el agua. Quiso ver lo que sus ojos no podían, observando unas pollas tiesas bajo el agua que buscaban el cuerpo de Olivia mientras esta los esquivaba a duras penas. *** Habían logrado acorralarla, dos colocándose a sus lados junto al bordillo de la piscina. Alex y Raúl en cambio se encontraban frente a ella cortándole el paso. Olivia no pudo hacer nada más que chocar de espaldas contra el tope de la piscina, como si pretendiese evitar dar la espalda a cualquiera de los cuatro. La veinteañera y los chicos no dejaban de sonreír, sin disimular que buscaban una manera de poder continuar manoseándola bajo el agua. Era evidente que no estaban tocando nada comprometido, como podía ser su culo, su entrepierna o sus pechos; mas de la manera en que lo hacía no hacía ninguna falta. — Que valientes sois… Los cuatro contra mí. — ¿Prefieres que vayamos de uno en uno? — No, creo que podré con los cuatro –Mostró una seguridad imponente pese a la situación en la que se encontraba. Los cuatro aullaron en tono de sorpresa ante un atrevimiento tan malinterpretable-. No sois para tanto. — Te recuerdo que falta uno –le recordó Raúl lanzando una mirada fugaz a Chuki, que seguía en la butaca hablando con la madre de la veinteañera. — Cuatro o cinco, no hay diferencia –replicaba Olivia con malicia. — Es una pena que no hayas podido traer a tu novio como dijiste. — Está demasiado ocupado en su trabajo –se lamentó en consecuencia, pese a eso no le pareció que la falta de este le afectase lo más mínimo. — Puedes disfrutar tú por los dos. — Y nosotros disfrutamos de ti –añadió Raúl mirándole descaradamente las tetas. — Seguís tan salidos como el otro día, eh. Los cuatro rieron intercambiando miradas cómplices. Ante el desentendimiento de la joven, fue el rubio el que representó lo que todos estaban pensando. — Seguimos tu consejo y nos hemos hinchado a pajas. — Muchas pajas –aseguró el adolescente de pelo largo, entre continuos asentimientos, reafirmando lo que decía Santi. Aún sabiendo la respuesta y dándose cuenta las miradas furtivas a sus pechos. Olivia sacó pecho fuera del agua aventurándose a indagar sobre el tema. — Si no tenéis internet ni porno –inquirió ignorando el ``Yo sí ´´del pelirrojo, añadiendo al poco después-. ¿Qué motivan tantas pajas? — El otro día ibas muy… -Sí Alex estaba a punto de decir una palabra que podría haber sido ofensiva, fue interrumpido y cortado por Raúl que ofreció una palabra mucho más adecuada para el tono de la conversación. — Provocativa. — Vinisteis sin avisar… No es mi culpa. — El caso es que nos hemos hecho muchas pajas pensando en ti. — Y las que vendrán después de haberte visto en bikini. A la aludida le temblaron los labios en un vano intento de contener la sonrisa, llegando hasta el punto de morderse los labios. Quiso decir muchas cosas, la mayoría cortantes pero se limitó a decir algo intermedio. — Me alegro haber sido de ayuda para que… os desahoguéis. Me da que si no fuese por mí explotabais. — Es un alivio que no te m*****e que nos pajeemos pensando en ti. — No me apasiona –le corrigió, evitando que se hiciesen ilusiones-. ¿Pero cómo va a m*****arme? Lo que si que me enfadaría sería que intentaseis algo más… Tenéis que saber dónde está el límite. — Pero si no es por ti… explotaremos –tanteó Domi estrujando su pelo largo sobre el agua, haciendo que cayese una cascada de gotas sobre esta. — De momento os va muy bien con las pajas. ¿No? — Pierde efectividad cuantas más nos hacemos, necesitamos material nuevo –Raúl se peinó su pelo anaranjado hacia atrás sin dejar de mirarla. — Os tendréis que conformar con lo que ven vuestros ojos, porque vuestras manos no van a tocarme –les avisó antes de añadir, al imaginarse su posible respuesta-, ya sabéis a que me refiero. Prefiero dejar las cosas claras para evitar malos entendidos, antes de que hagáis algo irreparable. — Ya podrías enrollarte un poco –le increpó decepcionado uno de los cuatro; pese a la conversación, ninguno parecía perder la esperanza de que pudiese pasar algo. — Me enrollo. Hablo con vosotros de esto y os doy confianza. ¿No? — Entonces… -empezó a decir el chico obeso mientras se rascaba la oreja-. Sí sabes que nos pajeamos pensando en ti. Podrías… — ¿Sí? –le animó a decir la preciosa pechugona, a pesar de que ya tenía munición de sobra preparada para dar negativas. — … Yo que sé, dejarte ver en posiciones sugerentes. — Que pose para vosotros. — Sí. — Ni de coña –respondió sin dejar de sonreír, ofreciendo una contundente negativa-. Aunque… -añadió, exhibiendo por unos instantes su lado más comprensivo mientras apartaba con autoridad a Raúl y Alex de su camino-. Yo no puedo controlar lo que veis y dejáis de ver. Dicho esto, se dirigió hacia las escaleras para salir de la piscina. Siendo su culo en pompa, chorreante y húmedo, la diana de los ocho ojos que memorizaban cada detalle de aquel cuerpo. Reafirmado su derecho a mirarla todo lo que quisiesen, vieron cómo se sentaba en una hamaca alejada de su madre y el macarra quinceañero de la barba. *** ··Escena de la piscina, Sandra·· Tanto Sandra como Fernando se percataron de que los dos hijos menores de esta salían chorreando de la piscina para ingresar al interior de la casa, no sin antes haberse secado con las toallas que había sobre el césped. — Estos niños… ¿A dónde irán ahora? — A saber –se limitó a contestar Fernando, encogiéndose de hombros. Prefería continuar la conversación donde la habían dejado-. ¿La razón por la que vinisteis a vivir aquí es por tu marido? — Entre otras cosas… ¿Se han metido mis hijos dentro de la casa? — Eso parece. ¿Estás a gusto en el pueblo? — No sería la palabra que utilizaría para describirlo… Es un pueblo bastante peculiar. ¿Y por qué se han metido dentro? La piscina, sus amigos y su hermana están fuera. — Seguramente será por la Play Station 4, Raúl no paraba de decirles que cuando viniesen podrían jugar todo lo que quisiesen. — Ya están con los jueguecitos. En lugar de disfrutar de un día soleado y de una piscina con amigos… — Es normal –respondió irritado, quitándole importancia. Chuki prefería hablar de otros temas antes de que todos estos pesados de la piscina se acercasen, sin embargo la madurita no parecía estar por la labor. Y eso que había interpretado que pasase todo aquel tiempo estirada para estar cerca de él…-. Si no tienen juegos en su casa… — Si tantas ganas tienen de jugar deberían hacerlo con sus amigos, no con unas maquinitas. Hay muchas cosas divertidas que podrían hacer… Una alarma de bombero empezó a sonar en la cabeza de Chuki. Acababan de tocar un tema que podría servirle, sin tener que forzarlo porque encajaba perfectamente en el contexto que ellos tocaban. Entrecerró los ojos cegado por el sol al mirar a su acompañante, su instinto le decía que si lo hacía bien el premio sería muy gordo. — ¿Cosas divertidas? ¿Cómo qué? –preguntó con un aire de ingenuidad, como si no entendiese a que se refería. — A mi edad jugábamos a la pelota, al un dos tres toca la pared, al pilla pilla, al escondite… Y otros muchos juegos en los que no hacía falta moverse demasiado. — ¿Cómo cuáles? — El parchis, el ajedrez, juegos de cartas… — No suena tan divertido como jugar en una consola. — Eso es porque los jóvenes de hoy no sabéis divertiros, anda que no hay maneras. Mira mi hija con tus amigos, como se divierten en la piscina –indicó lanzándoles una mirada forzada, pues para verlos tenía que girar el cuello ya que las hamacas estaban orientadas hacia el lado contrario-. No necesitan consolas ni jueguecitos. ``Seguro que se lo están pasando de puta madre. Y más bien se lo pasarán cuando se peten a esa zorra. Tú y yo también nos lo pasaremos bien… mientras te muelo el coño a pollazos. Si sois igual de guarras las dos´´ se desahogó para sus adentros mientras estudiaba las curvas del cuerpo de la madurita, aprovechando que esta miraba a la piscina. Empezó desde los pies, subiendo por las rodillas hasta detenerse unos instantes en su entrepierna. Parecía tener un poco de vello, lo que Chuki interpretó como que no esperaba visita… ``Mejor, esas son las más guarra. Estoy seguro de que aunque no lo sepa es peor la hija que la madre´´ presupuso mientras avanzaba por el ombligo hasta detenerse en sus tetas. Sandra giró tan rápido la cabeza que lo pilló de pleno mirándoselas, pero si se dio cuenta, no dijo nada. — ¿No crees? –cuestionó mientras pellizcaba el borde saliente de su sujetador y se lo colocaba bien. — Sigo creyendo que lo de la consola, como tú la llamas, es mejor. — Os voy a tener que enseñar a pasarlo bien sin maquinitas –le reprendió alzando el dedo índice, contrastando el tono reprobatorio con una amplia sonrisita. — ¿Con que tipo de juegos? –se aventuró sin mojarse, prefería que ella fuese la que tomase la iniciativa. — Un poco de todo. Aquí no hace falta porque está la piscina… Pero si todo va bien –empezó a decir, antes de añadir en un breve inciso-, y si queréis, claro… Podéis venir esta noche a pasar la noche. ``A pasar la noche, eh´´ sopesó satisfecho, su intuición no le había fallado. El contexto de la diversión y los juegos podían haber abierto una grieta muy grande que las haría vulnerables a las dos. Eso si la hija también su unía aunque, con lo sola que parecía estar esa niñata creída no parecía que fuese a negarse. Lo que le preocupaba eran el marido y el novio de la chica. Todo sería muy light si estaban ellos presentes… — ¿Y por qué esta noche? –se limitó a preguntar. — Mis hijos llevan tiempo pidiéndomelo y, no sabía cómo podía convencer a mi marido así que lo he ido atrasando. Pero hoy duermen fuera… -mientras decía eso, Olivia salía chorreando de la piscina mientras los cuatro imbéciles la observaban catatónicos desde el interior-. Haré una pequeña trampa, así que guárdame el secreto. — ¿Guardar el secreto de qué? –inquirió a su madre mientras se estiraba en una tercera hamaca. — Le estaba comentando a Fernando lo de que papa y Rob duermen fuera… — Sí… Si se enterasen se liaría gorda –reconoció Olivia, mirando con curiosidad al adolescente de la barba. Este le miró tan descaradamente las tetas que, en lugar de m*****arse, se limitó a sonreírle. — ¿Te parece bien que se queden a pasar la noche, cariño? — ¿A pasar la noche? No, mami… Querrás decir a dormir –le corrigió de manera burlesca mientras fruncía el ceño. ``Yo si que os voy a poner a dormir a las dos, zorras´´ decía su mente, contradiciendo lo que su boca les contestaba a ambas. — Tu madre decía que nos va a enseñar a pasarlo bien. — ¿A si? –inquirió extrañada, volviéndose hacia su madre… Esta asintió en respuesta. — ¿Te has fijado que tus hermanos se han ido a jugar a la dichosa maquinita? No saben pasárselo bien de otra manera. — Aún no me has respondido, Sandra. ¿Qué haremos? –le recordó el quinceañero viendo que Raúl y los otros tres salían de la piscina para acercarse chorreando el agua clorada sobre el verde césped. — Podríamos jugar a algo como… El juego de las sillas, por ejemplo –propuso a voz de pronto, sin que se le ocurriese mejor. — ¡Mama, por favor! –A la veinteañera le entró la risa floja, su pecho rebotaba violentamente mientras se tapaba la boca y entrecerraba los ojos-. Las sillas… — ¡Es un ejemplo! No critiques por criticar y propón algo tú, lista. — Verdad o atrevimiento, por ejemplo. — La botella –propuso con una sonrisa socarrona a la pechugona de la hija. — ¿Vas a besar a Alex si te toca? Sandra, que parecía inmune al tono picante que estaba tiñendo la conversación, se limitó a asentir. — Por ejemplo. ¡Muy bien! La botella es un juego muy propio de vuestra edad, se puede hacer con otras reglas... pero sí. Incluso podríamos hacer un concurso de baile… Los cinco, de nuevo abusando de su maestría para lanzarse miraditas sin ser descubiertos, intercambiaron su satisfacción al imaginarse a todos a la madre y a la hija perreando sobre ellos. Las posibilidades eran ilimitadas, y lo más importante, eran ellas mismas las que estaban proponiendo todas esas cosas… Iban a follárselas, esa misma noche, y lo más importante… ¡Sin que sus parejas estuviesen para poder m*****ar! — Poker –propuso Raúl, manteniendo en su cara aquella sonrisa tan característica que le definía. Evidentemente evitó añadir que se refería al sistema de apuestas mediante prenda o atrevimiento, aunque eso era algo que se podía aclarar al momento. — Raúl, podrías llevarte también la Play por si nos aburrimos jugando a estas cosas… Siempre que no te m*****e, Sandra –La picardía de Fernando no conocía límites, pues su verdadero objetivo era picar a la madurita… Y lo consiguió. — No me importa que la traigas, Raúl. Pero ya veréis como os lo pasáis tan bien que ni vais a querer tocarla. ¡Ya veis todos los juegos que hemos propuesto y lo divertidos que pueden ser! Los cinco volvieron a pensar igual, centrándose en que si los dos hermanitos pequeños m*****aban podrían ser relegados a la Play Statión y sus juegos. Dejando los ‘’otros juegos’’ para los adultos de verdad. Si bien Sandra y su hija habían sido escépticas a dejarlos quedarse en su casa, había sucedido un milagro para los adolescentes. Pues de la misma manera que la comida que no gusta se convierte en un manjar para el hambriento, y la bebida que desagrada calma la sed del sediento; ambas mujeres estaban faltas de diversión y compañía, y si en otras circunstancias hubiesen evitado a aquellos adolescentes… ¿Qué había de malo pasarlo bien? No tenían nada mejor que hacer. Lo que no sabían ninguna de las dos, pues lo daban por imposible, es que aquellos inocentes juegos serían utilizados para ser subidos de tono. ¿Se darían cuenta las ambas de las verdaderas intenciones de aquellos juegos? ¿Podrían escapar a los adolescentes o serían estos los que las emputeciesen para siempre? Parecía estar decidido que iban a pasar la noche en su casa, pese a que todavía estaba por ver lo que pasaría en ella. ··Escena de la piscina, Pedro·· — ¿¡Quieres venir a jugar aquí!? ¡Eres tonto! En casa no tenemos consola ya… Deberías aprovechar –La voz de su hermano pequeño le irritaba profundamente. Emulaba una mueca de dolor cada vez que le escuchaba decir algo, sin apartar la vista de aquella pantalla plana-. ¿Qué miras todo el rato por la ventana? ¡Pedro! — Nada. El receloso hermano observaba por la ventana, manteniendo su espionaje anónimo gracias a la blanquecina y transparente cortina. Todos los chicos habían salido de la piscina tras su hermana, reuniéndose en torno a las hamacas en las que estaban su madre y Chuki. No tenía ni idea de que estarían hablando, pues estaban demasiado lejos para ser oídos incluso si la ventana estaba abierta. Lo que le había escuchado decir a su hermana solo había logrado crearle más desconfianza, pero eran aquellas miraditas las que en aquel momento le volvían loco. ¿Qué estarían hablando? ¿Por qué sonreían y se miraban ellos de aquella manera? Tampoco se le escapaba el detalle de unas disimuladas miradas que lanzaban su madre y su hermana, siendo el significado de estas totalmente desconocido para Pedro. Temía que en cualquier momento pasase cualquier cosa, pues ya no sabía que pensar. La complicidad que parecía haber entre aquellos adolescentes y su madre y hermana lo confundía hasta el punto de que ya ni sabía lo que tenía que creer. *** No tardó en enterarse –y cuando lo hizo no pudo disimular su reacción de impotencia y frustración-. Los cinco iban a ser invitados a dormir a su casa, aprovechando que su padre y su cuñado dormirían fuera. Entre miradas cómplices y sonrisitas burlonas, Santi y sus cuatro amigos hablaban sin reparos frente a su hermano y él de las ganas que tenían de ir a su casa. Parecía darles igual que su madre y Olivia pudiesen escucharlos desde el baño, mientras se cambiaban apresuradamente los mojados bikinis. Habían aceptado con demasiada facilidad la petición de Raúl para irse de allí lo antes posible, pues su padre ‘’no iba a tardar en llegar’’, o al menos eso dijo él. Era evidente que era una excusa cutre, a pesar de que su madre no quisiese darse cuenta. — ¿Podremos jugar a lo que sea? –preguntó Santi mientras se ponía la camisa, su tono de voz delataba que no sentía temor por ser oído por las dos hembras que se cambiaban en el baño. — Eso ha dicho la madurita, que nos va a enseñar a pasárnoslo bien. Así que no os cortéis… ¿Qué queréis hacer cuando lleguemos a su casa? –respondió Raúl, ignorando que los dos hijos de Sandra estuviesen escuchando toda la conversación. Se recolocó su flequillo pelirrojo mientras inquiría al resto. — Tienen que ser cosas… divertidas –les recordó el rubio, precediendo la lluvia de respuestas del resto. — Podríamos jugar a la botella. — Córtate un poco –le increpó Fernando, callando al resto-. No se puede comenzar así de fuerte. Si tenemos cartas podríamos jugar a Poker… — ¿Y qué nos apostamos? –inquirió Raúl, obteniendo como única respuesta una mirada maliciosa, condimentada por una sonrisa burlona-. Yo tengo cartas –añadió dirigiéndose a un cajón y agarrando un puñado de cartas apiladas con una goma de pollo. Pedro se fijó en que el cartón de estas estaba tan blanco que por lo tanto debían ser nuevas, como si no las hubiesen usado antes. — Vale, Poker… ¿Qué más? — A mí me gustaría bailar con ellas… — ¿Bailar? –inquirió burlón el chico gordo, denotando que no le atraía en absoluto la idea. — Bailar –repitió el otro, sonriente. — Yo lo veo –El adolescente de pelo largo recibió el apoyo de Chuki, que también se imaginaba a ambas mujeres moviendo sus culos sobre sus entrepiernas, mientras ellos estaban sentados. — Se me ocurre otro muy interesante, aunque eso lo propondré solo cuando ya hayamos jugado a un par de cosas antes –Pedro escuchó con gran interés lo que Fernando decía, quedándose con la curiosidad de lo que tendría en mente. ¿Tan fuerte era para que no pudiese decirlo en voz alta? En el interior de la cabeza de Chuki, por el contrario, solo había espacio para una palabra en aquel momento: Concurso. Mientras su hermano pequeño continuaba jugando a la consola, sin enterarse de nada. Escucharon a lo lejos abrirse una puerta antes de que su madre y su hermana aparecieran cargadas con su bolsa de deporte, las cuales habían visto su peso aumentado por culpa de la ropa húmeda. — ¿Estáis listos? –preguntaba Sandra mientras se rascaba la base de su cabello mojado. Parecía diferente a como había llegado, con el escote mucho más pronunciado además de que a su hijo, y posiblemente al resto, les pareció percibir el borde de una colorida aureola… ¡Parecía que el sujetador le iba a estallar! Al ver que asentían mientras se levantaban todos excepto Jaume –el cual se resistía a abandonar los mandos de la consola-, decidió preguntar algo que descolocó por completo tanto a su hija mayor como al mediano. — ¿Ya habéis decidido a que querréis jugar? ``Decidido´´ sopesó pensativo Fernando ``Como si le diese igual lo que le propongamos y lo vaya a aceptar todo´´. Olivia parecía mucho más reticente que su madre, pero no dijo nada; y aunque Chuki se percató de esto, estaba seguro que a la hora de comenzar a jugar ella no pondría ninguna pega. — Hemos pensado en juegos como verdad o atrevimiento, la botella…. Hacer algún concurso o algunas pruebas. — ¿Y eso último? ¿A qué te refieres? –preguntó Sandra mientras veía a Raúl quitarle el mando a Jaume. Este se lo reprochó, pese a que fue rápidamente convencido con la promesa de llevarse la consola a su casa. ¿Qué había mejor que poder jugar en su propia casa? El pelirrojo agarró una bolsa, y metió la máquina con todos sus cables y un montón de juegos. — Pruebas de resistencia, de fuerza o velocidad, por ejemplo –señaló el aludido sin concretar. — Vamos a hacer juegos de noche, no podemos hacer un maratón. — Tranquila, seguro que se nos ocurren juegos que requieran poco espacio. — ¿Qué más habéis pensado? –le cuestionó encaminándose hacia la puerta, pues todos se habían encarado hacia ella con el objetivo de salir de la casa. — Poker. — ¡Ay, no me gusta nada ese juego! –gimió la madurita, lamentándose. Chuki se habría llevado las manos a la cabeza si hubiese querido… ¡Era el juego que más ganas tenía de probar con ellas! — ¿Por qué? — No me gustan las apuestas… Ya te aviso que si jugamos no pienso jugarme dinero. Una carcajada traspasó, eufórica, los labios de Fernando. ¡Era su día de suerte! — Seguro que se nos ocurre otras cosas que podamos apostarnos. Como por ejemplo verdad o atrevimiento… — Eso está mejor, seguro que podemos dejar en ridículo a quien pierda cada mano –propuso la tetona cuarentona mientras cruzaba el umbral de la puerta. — Esa es la idea –dijo. ``O también puedo desvestirte cada vez que gane, zorra… Que fácil me lo estás poniendo. En un par de horas voy a llenar tu barriga de producto local…´´. Era consciente de que Alex y el resto tenían en mente juegos más infantiles o que desde un principio podían ser más calenturientos. No obstante, sus ideas del concurso y del póker eran las que más cachondo lo tenían, pese a que aún no tenía ni idea de como iba a conseguir que Sandra y Olivia fuesen las juezas de aquellas pruebas que se le habían ocurrido. Lo peor de todo, era que todos excepto Raul iban a llevar como único pijama el mismo bañador que habían llevado, pues no habían podido ir a sus casas a coger nada más. ¿En qué condiciones se producirían aquellos juegos? ¿Habría alguno en que ellas se negasen por completo participar? Anduvieron por las calles oscuras y poco iluminadas, cada vez más cerca de la finca de Sandra y su familia. Lo hicieron mientras discutían a que podrían jugar, siendo perfectamente posible cualquiera de ellos. A Pedro le sorprendió que ni su hermana ni su madre propusiesen ningún juego, escuchando pacientemente lo que los adolescente invitados les gustaría hacer. Tal vez si hubiese sabido lo que iba a pasar por permitir que todo aquello sucediese, no lo habría consentido. Si tal vez hubiese incordiado más y premiado a su madre y su hermana en negarse o desconfiar más. Tal vez no lo habría consentido… o quizá sí. Lo que estaba claro es que las consecuencias de lo que sucediese a lo largo de aquella tarde y de aquella mad**gada, era un resultado que duraría mientras continuasen viviendo en aquel pueblo. Capítulo 2: Los adolescentes de Villamacho Parte 3: Casa de juegos… 3.0: De camino a casa (Introducción) Nueve siluetas recorrían las oscuras calles ubicadas entre las casas de Raúl y Sandra. La madurita milf, caminando entre el resto, parecía ignorar las miradas que le lanzaban los cinco adolescentes. Para cambiarse de ropa, había elegido un pantalón tejano complementada con unas cómodas bambas blancas y una camisa de manga larga, la cual no conseguía reducir su busto ni disimularlo. Si los jóvenes no tenían suficiente con la madre, únicamente dejaban de lanzarle miradas lujuriosas para acribillar el culo y los pechos de la hija, la cual al contrario que su madre llevaba unos ajustados shorts y una camisa de tirantes que le formaba un escote exageradamente grande. ¿Cómo dos mujeres que sin estar delgadas ni llegar a estar rellenitas, podían poseer con aquella magnífica figura tan grandes ubres? Los únicos chicos que no las miraban eran los dos hermanos, Pedro y Jaume, que por motivos diferentes estaban por otras cosas. Mientras el hermano más pequeño fantaseaba con ponerse a jugar a la consola de Raúl nada más llegar a su casa. El hermano mediano se limitaba a estudiar todo lo que se pudiese observar de Alex, Raúl, Santi, Domi y Chuki. Miraba como estos intercambiaban miradas, como sonreían, como hacían comentarios que aunque a primera oida no parecían maliciosos, era muy posible que escondiesen sus verdaderas intenciones. Su hermana Olivia estaba todo el rato callada, limitándose a escuchar y ocultar sus pensamientos para sí misma; mientras que la madurita hablaba animada con sus cinco invitados. Ya había oscurecido, y por lo tanto no quedaba demasiado para la cena… Aún así nadie hablaba de ella. Aunque fuese evidente que algo cenarían, el único tema de conversación eran los juegos y sus reglas. Todos parecían tener muy claro que era lo que preferían, y aunque las propuestas eran muchas y la cuarentona parecía darle igual –pues todo le parecía interesante y divertido-, solo se eligió una de ellas… 3.1: Vamos a jugar al… ¡Twister! — Todos esos juegos que habéis propuesto están muy bien. Pero seguro que al que voy a decir yo no habéis jugado nunca y os lo pasáis muy bien… -exclamó la cuarentona, cruzando la primera la verja metálica para entrar en su propio jardín. Los adolescentes la siguieron, siendo sus tres hijos los últimos en pasar. — ¿Cuál es? — ¡Twister! –musitó presentando el juego con tono jocoso. Muy posiblemente no habían oído hablar de él, y aunque no fuese un invento relativamente nuevo, tampoco era tan antiguo. — ¿Qué es eso? –se extrañó el pelirrojo dejando de sonreír. Se esperaba algo aburrido como el ajedrez o el parchís. Los nueve estaban subiendo la cuesta que llevaba hasta los tres edificios y, una vez arriba, entraron dentro de la casa. Fue impactante para Pedro que se abriese la luz, siendo consciente de que estaba rodeado de chicos que se querían follar a su hermana y a su madre… Y por eso se sintió en estado de Shock. Siendo consciente de que su madre había consentido llevar a la casa cinco chicos. Era como la invasión de un ejercito sobre un país pacífico sin almas ni soldados, cuyos únicos guerreros se encontraban fuera… Muy lejos para defender sus tierras y a sus mujeres. — Trata de poner sobre el suelo una alfombra de plástico con unos círculos de colores, y es un juego de turnos. Hay un reloj que va moviendo una persona, en el cual pone la extremidad que en ese turno tiene que tocar un nuevo color. Por ejemplo, me toca a mí y el reloj dice que mi mano derecha tiene que tocar el color verde… Entonces busco en esa alfombra un circulo verdoso y dejo la mano ahí… Todo eso sin poder quitar la otra mano y los pies de los otros colores. — Es decir –comenzó a decir Santi pensativo-… Que no puedes mover los pies y las manos de los colores que te han tocado anteriormente excepto para tocar otro nuevo. — Exacto. Tenemos todo lo necesario para jugar en el trastero… guardando polvo. Mi familia es muy aburrido. — Mama, es que ya somos mayorcitos para jugar a estas cosas… -le reprochó Olivia mientras observaba a sus estudiantes sentarse sin permiso en el sofá-. ¡Como si estuvieseis en vuestra casa! –les increpó con una evidente ironía. — Gracias –se limitó a decir Chuki mirándola fijamente. ``Solamente le falta rascarse los huevos´´ pensaba Olivia, abriendo la boca para insultarle justo en el momento que escuchaba a su madre ordenar a su hermano mediano que fuese a buscar todo lo necesario para jugar a ese juego. — ¡Pero mamá…! –la protesta de Pedro se vio frustrada en cuanto esta le mandó a callar, señalándole el trastero. Con la cabeza gacha y un enorme sentimiento de impotencia, fue a buscar las cosas que le había pedido su madre. — ¿Cuáles son las reglas? –inquirió Chuki con zorrería, pues ya estaba pensando en las suyas propias. No se le olvidó considerar tanto a Pedro como Jaume, los dos hermanos pequeños de Olivia, considerables m*****ias que podrían entorpecer el ritmo de juego. Por lo que antes de que Sandra contestase, le recordó a Raúl entre murmuros que le instalase al más pequeño la consola. — Sí, colócasela que sino no nos dejará en paz –bromeó la madre asintiendo con la cabeza, después de que Raúl se levantase y le abriese la bolsa frente a sus narices. El pelirrojo empezó a desanudar los cables y colocarlas tras la televisión para satisfacción del menor de los hijos de la madurita, al tiempo que Sandra volvía a mirar al que le había preguntado sobre las reglas del juego. — No hay demasiadas –dijo al poco rato, mientras se rascaba el cuello con sutileza-, se empieza sin pisar ningún color y se van tocando a medida que van pasando los turnos. — ¿Y qué pasa cuando alguien cae? Porque me imagino que llegará un momento en el que ya no se podrá… alcanzar un color. — Pues entonces tiene que esperar a que los que queden pierdan –contestó un tanto descolocada. Parecía no entender la pregunta, sin percibir que lo único que quería era imponer sus propias reglas. — Claro, aunque estaría bien poner algunas reglas más, para hacer lo más… competitivo. — ¿Qué clase de reglas? –inquirió perspicaz Olivia, adelantándose un paso. — Algo que nos motive a no perder. Como que el perdedor tendrá que someterse a algún castigo… — También se puede penalizar al que pierda, sin tener que esperar a que los que quedan terminen el juego. — ¿Qué clase de penalización? –repitió desconfiando de las intenciones de ambos. El resto de chicos no abrió la boca. — El que pierda el equilibrio y caiga tendría que quitarse una prenda… — ¡Venga ya! –protestó Olivia en tono enérgico. — Puede ser hasta la ropa interior, más no. — Ni de coña –negó con rotundidad. Sandra, en cambio, no dijo nada; mostrándose pensativa. — Bueno, cariño… Entre el bikini y el bañador no hay diferencia. La hija de esta estaba a punto de contestarle que sabía perfectamente que eso no era verdad cuando Pedro volvió con una alargado rollo de color blanco cargado sobre el hombro. En la mano contraria llevaba una especie de cartón con una manecilla central, cuya aguja permitía recorrer todo un círculo de colores y señalizaciones. — Si quieres no juegues –le reprendió a su vástaga al darse cuenta que esta quería protestar-. Es un juego, Olivia. A ver si aprendemos a divertirnos un poco más… ¿Cuántas veces podemos jugar a estos juegos? Con papa y Rob está claro que no… Y mira a Jaume –señaló a su hijo, el cual ya tenía el mando entre las manos mientras observaba sin inmutarse la pantalla mientras jugaba-, con él tampoco se puede contar. — Ya, mama. Pero una cosa es jugar y otra cosa es… — Nadie quiere desnudarse, yo lo decía como motivación para no caerse. — Si querías proponer algo haber dicho que el que pierda se tendrá que comer un plátano, no te jode. — Bueno, niña. Si quieres juega sin pagar prenda. Su reacción no se hizo esperar, se puso roja de la rabia. No podía esperar para darle una lección a ese cateto. — ¿Quieres jugar? Jugaremos con tus reglas, te vas a cagar –le amenazó dispuesta a dejarle con un gran dolor de huevos. Su reacción complació muy por encima de lo esperado al adolescente de la barba. — Estoy deseando ver como intentas darme con una lección –sus labios se curvaron en un aspecto burlón. Sandra ayudó a su hijo a esparcir la enorme plataforma de juego. Era diferente a las normales, pues en lugar de estar ordenados, los círculos de colores eran un auténtico caos sobre el plástico. Además, no solo estaban los colores del clásico twister, sino que también había círculos de color gris, blanco, negro y marrón. Las posibilidades, por tanto, eran mucho mayores. — Yo paso de esto. Me voy a mi habitación. Me duele la cabeza y quiero dormir… — Que aburrido eres, hijo. Encima de que tus amigos hacen un esfuerzo para venir y jugar contigo… — Si, venga va… Quédate –pidió Alex con malicia, sabiendo que ambos se caían fatal. — No, gracias. Prefiero irme a dormir… — Y mi otro hijo con la maquinita… Tal vez al vernos divertirnos se anima. — Claro que sí, Sandra. Ya verás como sí –exclamó el chico de pelo largo con alegría. Con las normas ya elegidas, todos se quitaron las bambas y se colocaron al borde de la lámina con sus dedos acariciando el plástico. El tamaño de este era de dos metros de largo por dos de ancho, lo suficiente para que cupiesen todos dentro. A la hora de elegir quien sería el poco afortunado que haría girar el reloj, lo echaron todos a piedra papel o tijera. La desgracia de ser elegido fue para el rubio que, sentado al lado del reloj y con la mandíbula apoyada sobre su puño y con cara de enfado, hizo dar vueltas por primera vez a la manecilla del reloj. Justo en ese momento, desde las sombras, Pedro observaba escondido como continuaba el juego sin él, siendo consciente de que con su participación su madre y su hermana podrían verse cohibidas. ¿Se comportarían de manera diferente si él no estaba? Un nudo en el estómago le dificultaba respirar, sintiendo al mismo tiempo aquellos potentes latidos que golpeaban acelerados contra su pecho. Vio a su madre pilar uno de los muchos círculos, iniciando aquel juego sin sentido. ¿Qué sucedería después? *** Durante los primeros turnos, nadie tuvo problemas para posicionarse. A algunos les tocaba tocar un color concreto con una mano, a otros les tocaba con un pie… Pero a medida que avanzaba el juego les comenzaba a resultar difícil alcanzar los colores sin empujar al resto. Alex fue el primero en caer sobre Santi, entre risas. — Ya sabes lo que toca, cielo –le recordó con una sonrisita Sandra recibiendo como respuesta un feliz asentimiento: Se quitó un calcetín, al igual que Olivia y Sandra cuando cayeron las siguientes. Era una estrategia lógica, quitarse las prendas que menos importaban. Sin embargo pronto se quedaron sin calcetines, vestidas únicamente con los pantalones y camisas, además de la respectiva ropa interior que llevasen abajo. Domi, Alex y Chuki ya habían perdido los calcetines, y no les quedó otra que quitarse las camisas a medida que fueron perdiendo los tres. — Tu pie estaba en el amarillo, no en el verde –le recordó con malicia Sandra antes de reírse. Cada vez que uno caía, incluso si empujaba al resto, tenía que volver a posicionarse como estaba después de haberse quitado la prenda… Solo así podía continuar el siguiente. — Ya está –contestó de mala gana Alex mientras colocaba su pie derecho sobre otro circulo amarillo, posicionándose mejor que como estaba antes. Le fastidiaba ver el delgado torso de Domi, contrastado por completo con el musculado torso de Chuki. — Le toca a Olivia… -le escuchó Pedro decir a Fernando. En consecuencia, Santi hizo girar la aguja del reloj, quedado seleccionado el color verde de la pierna izquierda. La veinteañera, mirando a Chuki con una sonrisita maliciosa, movió la pierna para quedar abierta de piernas, apoyando su culo –aún escondido bajo el pantalón tejano- contra su entrepierna. El hermano mediano, desde la distancia, estaba seguro que su hermana lo había hecho a posta… Quedándose prácticamente a cuatro patas contra la entrepierna del quinceañero. Entonces giró la cabeza para mirarlo; y se miraron unos segundos antes de que le tocase a él moverse. Agradecido de que el reloj señalase su mano izquierda, se las apaño para pasarla por encima de la pierna izquierda de Olivia y tocar el color que le tocaba debajo del ombligo de esta… En ese momento la veinteañera se encontró arrinconada. — Ha sido una buena jugada –le felicitó Sandra al ver como este aprisionaba a su hija, prácticamente ignorando que pareciese que se la estuviese follando. — A ver como lo hace para mover en el siguiente turno –se burló Chuki-. Prepárate para perder la camisa. Sin embargo, fue Sandra la siguiente en perder prenda, pues intentando no empujar a Alex cayó entre risas. — Este juego es más divertido de lo que recordaba. — Te toca quitarte prenda –le recordó Alex, dándole igual si elegía quitarse la camisa o el tejano. — Solo me quedan dos prendas antes de perder –manifestó, informando de que no pensaba quitarse la ropa interior. Se agarró con ambas manos la base de la tela que rodeaba su cintura para quitársela. Sus enormes pechos se habían visto pronunciados durante todo el juego, pero esa era la primera vez que se veían sostenidos únicamente por el sujetador. Dando la sensación de que iban a poder vérsele los pezones en cualquier momento, ya que el corpiño no parecía ser suficiente para abarcarlas del todo. — A este ritmo pierdes seguro, a nosotros cuatro aún nos quedan los pantalones… — Yo aún no he perdido la camisa –le recordó riendo de manera burlesca la veintañera mientras su madre se colocaba bajo Alex, tal como estaba antes. Ambas hembras se encontraban prácticamente a cuatro patas, con el culo casi en pompa en un intento desesperado de mantener el equilibrio. Domi perdió los pantalones intencionadamente, cayéndose solo con una risa que delataba felicidad. Precediendo el momento en el que Olivia intento moverse y erró, cayéndose sobre el plástico. — Ya sabes lo que toca –indicaba con prepotencia Chuki-, la camisa fuera. — ¿Y por qué tengo que quitarme la camisa? ¿Por qué tú lo digas? –inquirió en tono queda, se mordió el labio esperando la respuesta. El más chulo de los tres adolescentes se quedó anonadado mirando el gesto de la joven, que claramente buscaba provocarle. — Pues quítate el pantalón. — Así que el pantalón o la camisa, ¿Eh? –inquirió con ingenuidad llevándose las manos a la espalda y desabrochando su sujetador. Retiró las tiras del sujetador por debajo de la camisa, flexionando los brazos antes de dejarlo caer sobre el plástico del twister-. Pues ni una ni otra. — Touché –musitó el pelirrojo mirando sus pezones marcados contra la blusa. — Eso no lo esperaba ni yo –le felicitó Sandra levantando la cabeza. Sus pechos estaban tan alargados debido a la gravedad que parecía que se le iban a salir del corpiño en cualquier momento. — Si crees que tienes el control de la situación te equivocas por completo. ``Puta zorra. A ver si eres capaz de decir eso mientras te atragantas con mi polla´´ la insultó en el silencio de su mente, mostrándose solamente a si mismo su mal perder. Siendo Raúl el único de los seis que estaba separado del resto, se encontraba en la otra punta del twister, con su ombligo mirando hacia arriba a cuatro patas. No parecía interesado por el momento a acercarse al grupo que entrelazaba brazos y piernas. En los siguientes turnos todos los varones comenzaron a caerse, motivándose unos a otros a quedarse únicamente en calzoncillos. Sus pollas morcillonas eran de diferentes tamaños, pero ninguna era menor a los diecisiete centímetros. Tanto Alex como Chuki sobrepasaban los veintiun centímetros, notándose lo grandes que eran hasta en reposo. Sus bultos, pese a carecer de erecciones, no podían pasar desapercibido para ninguna de las dos mujeres pero estas en ningún momento se dignaron a lanzar miradas a las entrepiernas de los adolescentes, como si estuviesen decididas a proteger la intimidad de estos. ``¿Por qué no paran el juego?´´ se preguntaba Pedro con los ojos llorosos e inyectados en sangre, obligándose a parpadear lo menos posible. Cada prenda que se quitaban hacía más inmoral el juego. Ellos en calzoncillos, con unas prendas que hasta él era capaz de ver los bultos que tenían entre las piernas. Su hermana estaba sin sujetador, con una blusa que conseguía sostener de milagro sus pechos desnudos. Su madre, por el contrario, mantenía aquellos largos tejanos, pero ya había perdido la camisa con las tetas únicamente sostenidas por aquel sujetador de color negro. Se suponía que se perdía cuando ya no se pudiesen quitar nada más que el sujetador o las bragas pero, algo le hacía pensar que incluso en ese punto el juego continuaría. Apretó los dientes y fulminó a su hermana con la mirada. ¿No era ella misma la primera que desconfiada? Siempre la había imaginado fuerte y dura con los chicos que la trataban así. Lo mismo con su madre… Y allí estaban, en aquellas posiciones tan indecentes. ¿Serviría de algo ir y gritarles? Tal vez era preferible incluso pelearse con esos matones que aparentaban ser agradables y simpáticos… Tal vez así tanto su hermana como su madre reaccionarían, pidiéndoles que se fueran… Que equivocado estaba. *** Además del sonido producido por la televisión -los cuales incluían disparos, diálogos y explosiones- y los botones aporreados por los inquietos dedos de Jaume, en el resto del salón no se escuchaba nada. Sandra juntó las piernas mientras se inclinaba hacia adelante con la mirada clavada en sus pies, empujando sus tejanos hasta sus tobillos. Todos los participantes contuvieron la respiración, viéndola acercarse con paso seguro hasta el Twister con aquel tanga de hilo estrangulado entre ambas nalgas. Alex, que durante los turnos anteriores había quedado boca arriba sostenido sobre sus cuatro extremidades, vio como la madurita se colocaba sobre él, abriendo las piernas sobre su ombligo e inclinándose -con excesiva naturalidad, hacia adelante para tocar los dos colores que le correspondían con ambas manos. Decir que el gordo tuvo un primer plano de sus tetas era decir poco, pues casi podía olerlas. Esos senos turgentes se contonearon frente a sus narices, dando la impresión de que iban a salirse de su sujetador en cualquier momento. — Una más y pierdo -se lamentó guiñando un ojo a Chuki. — Todos estamos igual -contestó este decidido a acercarse a Sandra en sus siguientes movimientos. Sin embargo, Olivia tampoco estaba nada mal, ya que aun con los pantalones short todavía puestos parecía esforzarse por intentar ponérsela dura. ``Está intentando hacer que se me ponga dura… ¿Cree que me avergonzaré si eso pasa? O tal vez quiere dejarme con las ganas. No te lo crees ni tú, niñata´´ manifestó para sus adentros volviendo a aprisionarla entre sus brazos cuando le tocó el siguiente turno. Domi y Raúl pasaron esa ronda sin dificultad, presenciando como la veinteañera caía derrotada al no poder moverse entre los brazos de Chuki. — Shorts fuera… ¿O quieres volver a hacer un truquito de magia? — ¿Quieres que me quite los shorts? -le susurró con malicia, inclinándose hacia él, desabrochando el botón del pantaloncito y dejándolo caer hasta sus tobillos. Lucía una lencería que como poco sería capaz de convertir a una mujer hetero en homosexual, y a un hombre homosexual hacerle caer rendido a sus pies. Fernando se moría por verla con el culo en pompa, enseñándoselo todo-. Si me vuelvo a caer, pierdo -declaró con una sonrisita, imitando a su madre. — Pues yo no pienso perder -exclamó, para sorpresa de todos, Sandra. De prendas, solo les quedaban su ropa interior. Caer y quitarse otra prenda no era otra opción y las cabezas de Pedro y los otros cinco trabajaban a toda máquina para encontrar alguna manera de poder comenzar a manosearlas sin que estas pusiesen excusas. La partida se reanudo como estaban, todos ellos en posiciones incómodas. Olivia se encontraba aún bajo Chuki y al lado de Domi, cuya polla ya había comenzado a inflarse bajo su calzoncillo. Raúl y Alex, por el contrario, habían rodeado a la madre que, totalmente acorralada, esperaba su turno con impaciencia. Pocos movimientos podían hacer, pues se estorbaban unos a otros. Fue entonces cuando, al tocarle tocar el color rojo con la mano derecha y ante la inexistencia de un circulo rojo bajo ella al que pudiese llegar, apretujó con descaro el culo de Raúl. — ¿¡Pero qué!? -exclamó totalmente sorprendido, no por desagradable sino por inesperado. — ¡No pienso perder! -se justificó con una sonrisa traviesa. Su hija se la quedó mirando con la boca abierta, sintiendo contra su culo una dureza inusitada… ¿Se había puesto así por ver a la cuarentona tomar la iniciativa? El gordo, no espero a recibir una invitación para que cuando le tocó a él agarrase la nalga de la mujer madura haciendo que esta soltase un chillido de sorpresa. — Tu ropa interior es negra -se justificó encogiéndose de hombros a la mujer que continuaba agarrando del culo a su amigo. Cuando a llegó el turno de Chuki, se vio recompensado con que le tocaba la mano derecha y el color marrón. — Justo el que necesitaba -le susurró al oído a la veinteañera mientras posaba su mano sobre el pelo de esta y la aplastaba, empotrando su rostro contra el suelo-. El pelo también vale. — Cabronazo… -se limitó a gruñir con el culo todavía en pompa. — Alex… ¡Pie izquierdo, rojo! -le indicó el arbitro de cabellos dorados, siendo consciente de que su compañero no podía ver el reloj. Aprovechó para cambiar de lugar el pie, pues color donde antes lo tenía colocado era sumamente incómodo. Con aquella nueva posición, y aún agarrando el culo de Sandra, solo le quedaba un turno para empotrarle la polla en la cara. Y así se lo hizo saber a Santi que, con una simple mirada a su mano izquierda, entendió a la perfección lo que tenía que hacer. — Raúl, mano derecha, negro -manifestó Santi. En lugar de agarrarla por la nalga que tenía libre, estiró el brazo apoyando su tronco sobre la espalda de esta mientras le agarraba toda la ubre derecha, con sujetador incluido. — ¡Oye! — Yo tampoco pienso perder -le susurró al oído, consiguiendo ponerle la piel de gallina. — Sandra, pierna derecha, verde -Ya no seguían ningún orden, ni Santi se m*****aba en hacer girar el reloj. Se limitó a inventarse los colores y las extremidades que tenían que mover, controlando a placer los movimientos de los participantes. La madurita se abrió más de piernas para poder alcanzar el nuevo color, y por fin pudo dar a Alex el color que quería. — ¡Alex, mano izquierda, marrón! -La polla se le comenzó a poner dura y a crecerle bajo el elástico calzoncillo. La cara de Sandra estaba muy cerca de su entrepierna, y no tardó en sentir como este la agarraba del pelo con la excusa del color. Para entonces ya la tenía agarrada del cabello con la izquierda y del culo con la derecha. La polla de Raúl, totalmente tiesa y ya fuera del calzoncillo, se encontraba justo detrás del coño de la madurita, el cual estaba protegido por el hilo del tanga. El pelirrojo ya no intentaba disimular, sobeteando con su mano todo su pecho. — Ostia…Perdona. Se me ha olvidado tocar algo negro con mi mano derecha -murmuró atrayendo toda la atención de la madurita. Su mano diestra tenía totalmente apretujada la nalga, pero no tocaba la tela. Fue tras decir eso cuando con sus dedos índice y corazón sujetó en gancho la tira del tanga para dejar su coño al descubierto… Sandra no dijo nada. — Raúl, mano izquierda… Rosa. Mientras su mano derecha sacaba del corpiño la enorme ubre, la contraria enterró sus dedos dentro del coño de Sandra. Haciendo que esta proliferase un enorme gemido que no pareció llamar la atención a su hijo pequeño que, totalmente embobado, continuaba jugando. Al ver que la respuesta de la madre no era de rechazo, hundió sus dos dedos hasta el fondo de su coño, produciendo un sonido de escape de aire. Habiendo cumplido su misión principal, la mano de Alex soltó el hilo del tanga para agarrarse la polla y elevarla frente la mirada estupefacta de Sandra. No le costó meterle la polla en la boca, haciendo que la chupase como una auténtica campeona. — Lo siento tio, pero no aguanto más… -se excusó Raúl mientras agarraba sus veintitrés centímetros de polla, apuntándolos contra el coño de la madurita y haciendo que su glande besase sus labios vaginales-. Joder… Que apretada está -gemía él mientras la agarraba por ambos lados de su cadera y presionaba para meterla. ¿Cómo podía ser que un coño que había parido a tres hijos estuviese de aquella manera? Dolía solo de ver como aquella gigantesca polla conseguía entrar, centímetro a centímetro, dentro de aquel coño. Si Sandra tenía que gritar de dolor, aquel alarido quedaba atragantado junto a la enorme polla que atoraba su garganta. Sus ojos estaban en blanco, intentando mantenerlos abiertos mientras se le cerraban, pestañeando muy rápido. — Cómo traga… -la halagó Alex presionando la cabeza contra su entrepierna. Sandra tosía mientras se ponía roja, concediéndole cada poco la oportunidad de respirar antes de volver a sumergirla en aquella mamada profunda. — No pares de hacerle eso… Su coño me está apretando muchísimo. Es una puta masoquista -dijo el chico de pelo rojizo mientras, de un último empujón, metía los últimos centímetros de polla. Le había costado, pero había entrado todo… Y se sentía muy bien. — Igual que la hija… -comentó mientras veía como Olivia apretaba los labios para no gemir en voz alta mientras la polla más grande de los cinco adolescentes la partía en dos. Si bien ella no hizo sonido alguno, las violentas embestidas y el chapoteo de sus muslos contra los de ella debían ser audibles desde el resto de la casa. — ¿Podéis dejar de hacer tanto ruido? No oigo el juego -gritó Jaume sin dejar de mirar la tele. Pedro vio, atónito, como en poco menos de tres minutos se habían puesto a follar como a****les. Veía a Domi pajearse frente a Chuki y Olivia, esperando su turno. Raúl se follaba a Sandra, su madre, mientras esta le comía la polla al gordo asqueroso aquel. No habían puesto ninguna resistencia, se limitaron a aceptar aquella brutal follada que las estaba matando de placer. *** Jaume dejó por fin el mando en el suelo, dándose la vuelta y descubriendo que no había nadie tras él. Se paseó por el salón, explorando y encontrando zonas húmedas sobre el plástico del twister. — Pero… ¿A dónde han ido todos? -inquirió en voz alta rascándose la cabeza. Caminó hasta las escaleras donde, al tiempo que las subía corriendo, empezaba a llamar a su madre y a su hermana a grito pelado. Lo primero que hizo fue plantarse frente a la habitación de sus padres, agarrando el picaporte y girando mientras llamaba a su madre. Abriendo la puerta con lentitud, vio que su madre estaba sentada sobre la cama con las piernas recogidas a los lados en forma de v. Era evidente que debía estar sentada sobre la almohada, a su derecha, estaba Alex devolviéndole la mirada fijamente, y apoyaba su cabeza contra sus manos, como sus brazos fuesen jarras. Mientras que el quinceañero estaba sin camisa, la madre de Jaume se encontraba tapada únicamente con el sujetador. Las piernas de ambos estaban cubiertas por una extensa manta que no dejaba ver lo que había debajo, pese a que Jaume dio por hecho que estaban vestidos. — ¿Sí, cariñó? -Su cara estaba enrojecida, y era evidente que le faltaba el aliento-. ¿Qué quieres? -preguntó impacientándose, incomoda de que su hijo estuviese frente a ella. Su voz sonó más aguda desde la primera vez que habló. — Os habéis ido todos de abajo… — Ya, cariño. Es que… A tus amigos les ha entrado sueño y han querido irse a dormir. — No aguantamos tanto como tú, chaval -dijo Alex con voz de niño bueno. Debajo de Sandra y tapado por la manta, estaba Domi mirando boca al techo, con la madurita sentada sobré él y con la polla incrustada dentro de su sexo; sus dos manos se encontraban aferradas contra las caderas de la mujer.. Aprovechando que el recién llegado no podía verle desde esa posición pues la madurita se interponía entre los dos, aprovechó para apretar sus uñas contra las caderas femeninas y levantar el culo, metiéndosela aún más. — Deberías irte a dormir tú también, cielo -señaló hablando muy rápido. Se puso aún más roja, mientras se inclinaba hacia adelante apoyando sus dos manos contra el colchón. Sus pechos se acentuaron, meneándose como si fuesen gelatina ante las ligeras y casi imperceptibles sacudidas que daban ambos con sus caderas. Sandra intentaba no moverse, pero se estaba volviendo loca con aquella polla dentro de ella. — ¿Y por qué Alex duerme contigo, mama? — No hay suficientes camas, cariño… Y no voy a hacerle dormir en el sofá. Deberías irte a tu habitación con tu hermano. ¡Ahhh! -tuvo que contenerse para no cerrar los labios, se tapó la boca al sentir el dedo de Alex entrar ya lubricado dentro de su culo. — ¿Dónde están los demás? — No lo sé, cariño… ¿Qué tal si vas a dormir a tu cuarto? Es muy tarde y Alex quiere dormir. El gordo asintió, sonriendo burlonamente mientras metía más profundamente su dedo en el culo de la madurita. Esta tenía que soportar esa rara sensación al tiempo que sentía contra las puertas de su útero la polla de Domi. — Tengo muchas ganas de hacerlo… -aseguró mientras, por debajo de la sábana, agarraba la mano de la cuarentona y la guiaba hasta su polla. Si fue reticente en un principio a agarrarla, acabó cediendo, pajeándole con tanta lentitud que ni se movía la sábana-. Voy a dormir muy bien esta noche… Ese juego es perfecto para que te entren ganas. Fue jugar un rato y desear… venirme a la cama. Excitado por la situación, pareció darle igual que su hijo estuviese enfrente de la mujer que se follaba; comenzó a menear ligeramente las caderas con un mete y saca de bajo rango pero lo suficiente para encender a la mujer. — Pues yo no tengo sueño… — Eso es por la maquinita, cariño… Si hubieses jugado al Twister con nosotros no habría pasado esto. Jaume se dio cuenta de que la mujer frente a él, estaba moviendo las caderas como si estuviese montando un caballo. Al levantar y bajar su culo sobre aquella polla, aunque fuese muy poco, hacia que sus músculos vaginales masajeasen la polla que había en su interior, estimulándola. Ella quería estarse quieta, pero no era capaz de parar. — ¿Qué haces mama? — Mama está haciendo unos ejercicios antes de… antes de dormir -consiguió terminar. ``Me corro´´ le escuchó gemir al adolescente bajo ella; con unos espasmos musculares que corroboraron lo que acababa de decir-. Cariño… Tienes que irte. — Pero… ¡Mama! — Cariño, sal de la habitación. Queremos… -``No me va a dar tiempo a sacarla´´ se desesperó la madre, no queriendo que eyaculase dentro. Sin embargo, si se levantaba Jaume lo descubriría todo-. Dormir… — Buenas noches -se despidió m*****o por las malas formas de su madre, se dio la vuelta y le dio la espalda a su madre justo cuando esta se dejaba caer sobre el colchón, con Domi surgiendo de entre sus piernas y colocándose sobre ella, follándosela suave y lento… Pero pese a ese ritmo, estaba a punto de correrse. Eran unas embestidas pasionales, transmitiendo el deseo de acabar dentro. A Sandra le habría encantado pedirle que acabase fuera, pero si decía algo su hijo -que en ese momento sin volver la vista atrás estaba cruzando la puerta y cerrándola- se enteraría, así que aceptó que Domi aplastase con violencia su cabeza contra el colchón apoyando todo el peso contra sus manos mientras aporreaba su entrepierna. Él se corrió de placer, con aquel calambre que recompensaba el buen rato que habían pasado. Sandra, sin correrse, disfrutó la sensación de recibir aquel chorro de aquella manguera de carne. Sentía palpitarla contra las paredes húmedas y encendidas de su coño, sintiendo como vaciaba sus cojones dentro de ella. El adolescente de pelo largo, daba unas últimas embestidas, bastante torpes exprimiendo hasta la última gota. La cuarentona no dijo nada, no podía decir nada pues ya era demasiado tarde. Mantuvo el culo en alto, recibiendo toda la descarga hasta que, exhausto, Domi se dejó caer hacia atrás sin delicadeza alguna. Un chorro de semen cayó en una imparable cascada contra el colchón pocos segundos antes de que Alex apartase de un empujón a su compañero y penetrase sin sutilezas el impregnado coño de la mujer. — Ahora que el potrillo se ha separado de la madre, es hora de embarazar a la puta yegua… A la aludida le m*****ó tanto que la llamase así como lo mucho que la excitó, siendo aplastada por el rechoncho cuerpo del adolescente sin ser capaz de callar sus gemidos. Tenía suerte de que Jaume ya se hubiese marchado a su habitación, quedándose en ella incluso si su hermano faltaba, pues daba por hecho que este estaría en el baño. La habitación de su madre se llenó de violentos chasquidos húmedos y los gemidos de la mujer, que alcanzando el zenit sufrió un segundo cañonazo de esperma contra las paredes de su útero. La madurita se quedó en aquella posición, con las tetas y la cara apoyadas contra el colchón, dejando caer su culo por fin mientras temblaba. Su vagina era un manantial de vida… De semilla, de néctar. Era una yegua domesticada, impregnada por dos jóvenes potros y completamente satisfecha. Si Jaume o cualquier otro hubiese entrado en la habitación en ese preciso momento, se habría encontrado a dos quinceañeros tumbados boca arriba descansando, mientras la cuarentona reposaba exhausta con los ojos en blanco… Desmayada del placer. *** ·· veinte minutos antes ·· Pararon de follar al instante, como si no estuviesen satisfechos de tener sexo sobre el Twister. Se dijeron cosas, levantándose y haciendo una bola con su propia ropa. Mientras que Alex y Domi seguían a una Sandra semidesnuda, Chuki agarró de la muñeca a Olivia y tiró de ella hacia la casa de esta, que era un edificio adjunto a la casa principal donde se encontraban. Los dos fueron seguidos de cerca por Raúl y Santi, que como hienas esperaban su momento para follarse a la veinteañera. En cuanto su madre desapareció con los dos adolescentes por las escalera, y oyó el portazo que delataba que su hermana se había largado con los tres restantes; él salió de su escondite y anduvo hacia la plataforma del twister… Con su mano, tocó el mismo lugar donde el coño de su hermana había llorado excitación, obteniendo entre sus dedos hilos elásticos de lubricante vaginal. Los observó unos segundos, antes de preguntarse casi inconscientemente de a donde debía ir. ¿Serviría de algo seguir a su hermana o a su madre? ¿Y si se iba a la habitación? ``¡¡No!!´´ Negó con la cabeza con violencia `` ¿Cómo iba a poder dormir ahora? Se moría por ver lo que hacían con su madre, pero también con su hermana. Y sabía que si elegía a una desconocería por siempre lo que pasaba con la otra… Aún así, durante un instante tomó su decisión. Aunque fuese su hermana, al tener una edad próxima a la suya, si era capaz de verla como una mujer… A su madre no. Fue por eso por lo que, dejando solo a su hermano mediano en aquel salón, abrió la puerta entre los dos edificios y accedió, siguiendo a aquellos cuatro. *** Abrió tanto los ojos que tuvo la sensación de que se le saldrían de las cuencas. Entreabrió la puerta a la habitación de Olivia y Rob, lo suficiente para ver a su hermana, sentada contra el borde de la cama y chupando las tres pollas que tenía frente a ella. A su derecha, Santi y, a su izquierda, Raúl. Frente a ella una polla de veinticinco centímetros con un pircing esférico en la punta de su glande. Olivia no parecía ella, estaba como hipnotizada. Si bien ya había tenido la polla de Chuki dentro, parecía morirse por volver a sentirla penetrándola. El hermano menor de esta se fijó en que Raúl grababa con su iphone 8 la mamada que les hacía su hermana, y la joven no hacía nada para impedirlo. Se encontraba abierta de piernas, con su coño únicamente oculto tras el fino hilo del tanga. Los tres cipotes se restregaban contra su cara, turnándose para recibir el privilegio de poder follarse la hiperactiva boca veinteañera. — Mira a la cámara, guarra -le increpó el pelirrojo, agarrándola del pelo y enfocando la cara de esta contra su abultada entrepierna, logrando que se metiese todo el rabo en la boca pese a no ser capaz de asumirlo todo. Fulminó con la mirada el móvil del adolescente, mientras este reía satisfecho-. Sí… me encanta esa mirada. Me encanta como te haces la digna mientras te comes nuestras pollas. Pese a no ser tan grande como la polla de Fernando, la de Raúl alcanzaba como poco los veintiún centímetros, y para halago de la joven, era capaz de tragárselos casi todos. Le entregó el móvil a Chuki para que grabase como la agarraba de ambos lados de la cabeza y se comenzaba a follar su boca como si fuese un coño, cayendo de su garganta hilos de saliva. — ¿Quién se la folla primero? -inquirió el rubio mientras se pajeaba. — Esta claro que seré yo. — No me jodas, Chuki. Tú ya te la follaste en el Twister. — No me corrí, así que no he terminado. — Al menos tú ya se las has metido, nosotros no. — No os peleéis… Tenemos toda la noche para follarnos a estas dos guarras. Chuki apartó a Raúl de un empujón, dejando la boca de Olivia libre. La agarró del cuello, hasta estrangularla sin llegar a evitar que le faltase el aire, antes de empotrarla contra la cama. Ella soltó un grito de sorpresa, impresionada por la inesperada violencia… Se miraron a los ojos antes de que él se agarrase la polla y, apartando la tira del tanga con su glande, la metió a presión. — ¡Hmmmpff! -intentó gemir ella, poniéndose lila por la presión ejercida contra su cuello. No era la falta de oxígeno, pues aunque fuese poco podía respirar. — ¿Quieres ser madre a los veinte? -le preguntó con malicia. De tal palo tal astilla, y disfrutando del sexo duro como una loca, se limitó a devolverle al mirada en silencio mientras sentía aquel pircing clavarse contra su cérvix, colándose entre él. Puso los ojos en blanco mientras abría la boca, le faltaba el aire, necesitaba respirar mucho más. — ¿Quieres respirar? Pídeme que me corra dentro -le susurró a pocos centímetros de su boca. Chuki quería besarla, le daba igual donde hubiese estado aquella boca. Olivia sintió. — ¿Quieres que me corra dentro? — Aja… -suplicó ella cerrando los ojos mientras sentía los labios de él encontrarse con los suyos. Besar se convirtió en algo prioritario, mientras sentía aquel ariete abrirse paso dentro de ella. La mano entorno a su cuello aflojó, el oxigeno entró en sus pulmones eufórico pero ella seguía con la cara de color lila. Enrolló sus piernas en torno al culo del matón, que descargó innumerables embestidas contra su interior hasta que su polla vomitó más de tres chorros de semen en su interior. Se quedaron besándose antes de que Chuki retrocediese sin llegar a sacarla del todo… Como si quisiesen evitar que el coño de la joven sufriese una perdida del líquido que la llenaba, la polla de Raúl casi rozó con la de su compañero, metiéndose dentro del empapado coño de Olivia justo el mismo instante en el que Fernando la sacaba. — Es mi turno… Tenemos mucho acumulado desde hace días, por fin podemos vaciarnos dentro de vosotras. — Sois unos pequeños cabrones… ¡Ahhh! -dijo ella antes de gemir al sentir como se la clavaba hasta el fondo suavemente. Era cierto, tenía mucha tensión acumulada. Raúl no tardó ni quince segundos en correrse, más por el morbo de la situación y el deseo de querer embarazarla. Repitieron el mismo proceso que antes, Santi se convirtió en el nuevo tapón de Olivia impidiendo que todo el semen acumulado en su interior se desperdiciase. Una vez con su cipote dentro, comenzó a comerle las tetas mientras se la follaba como si fuese un conejo, con unas embestidas para nada torpes. — Las tetas no.. Las tengo muy sensibles… -suplicó ella cerrando los ojos y agarrándose de su propio pelo, estaba extasiada del placer. Santi le calló la boca pasando de chuparle los pezones a darle un beso profundo, entornillando sus lenguas. El rubio estaba igual de cachondo que Santi, por lo que en pocos segundos comenzó a aumentar el ritmo mientras le ordenaba a la muchacha que dijese la verdad. — Confiesa, te morías porque te follásemos. — No… — Si no fuese así, no te habrías dejado hacer lo que pasó en el Twister. — No soy de piedra… Yo también puedo ponerme cachonda, eso es todo. — Pues que sepas que lo nuestro no es de ahora… Llevábamos mucho tiempo esperando esto… Ahora, por fin… Sois nuestro deposito de semen. Olivia no dijo nada, acariciando el culo de él como el jinete que acaricia a su montura. No parecía m*****arla la idea de convertirse en propiedad de aquellos tres adolescentes pensaba Pedro desde la puerta, observando sin que el resto lo supiese. El culo del chico de pelos dorados tembló, delatando un tercer orgasmo dentro de su hermana. La polla de Chuki volvía a estar dura, y estaba claro que su hermana había esperado por eso… Su cara se transformó cuando Santi salió de ella y, frente a su coño, se encontraba aquel ariete gigante dispuesto a asediar sus murallas. Todos lo sabían, iba a ser una noche larga. *** Los dos edificios permanecían en silencio, a excepción de unos ruidos concretos en determinados puntos de la casa. En el salón de la casa principal, totalmente a oscuras a excepción de la televisión encendida y Jaume jugando frente a esta. En la habitación de Sandra, se escuchaban los ronquidos de Domi que roncaba a pierna suelta al lado de la madurita. Esta tenía semen tanto en su cara como en su pelo, manchando el colchón con su coño rebosante de semen. Alex abrió los ojos, desvelándose. Gateó hasta posicionarse entre las piernas de Sandra y se pajeó hasta que su polla estuvo semi erecta, presionándola contra aquel coño hipersensible por todas las folladas anteriores. — Déjame descansar… No puedo más -suplicó ella exhausta, recibiendo como única respuesta una penetración. Era tan placentera como la primera, y pese a no tener ganas, tampoco tenía interés en resistirse. Comenzó a gemir al principio de manera débil y sin fuerzas, hasta que las crecientes embestidas despertaron tanto el libido de la cuarentona como a su compañero, que poniéndosele dura de nuevo al descubrir a los otros dos follando, llevó su polla hasta la boca de Sandra, montando su torso y sentándose sobre sus tetas para que esta le chupase la verga mientras el otro aporreaba su entrepierna. La mujer sabía que no estarían satisfechos hasta que se hubiesen corrido los dos, así que dio lo mejor de sí para exprimir los cojones de ambos tanto con su boca como con su útero. *** Raúl y Santi dormían plácidamente en una habitación donde no se escuchaba el silencio. Chuki no paraba de besar a Olivia, consiguiendo que esta aceptase que aquella noche no iba a dormir. Había perdido la cuenta del número de veces que el muy cabrón se había corrido dentro, no se cansaba de besarla ni de penetrarla. Estaba exhausta cuando este se volvió a correr, quedándose duro dentro de ella a la espera de que le volviese a apetecer embestirla… Su coño ya era de ellos… Su coño era suyo. *** Jaume y Pedro se encontraron en la mesa circular frente al desayuno. Todos los adolescentes invitados estaban sentados también, con Sandra y Olivia de pie junto a ellos… Ambas tenían puesto el delantal, y se notaba que se habían esforzado para cocinarles cosas que les gustasen. Parecían querer premiarlos ambas por la larga noche de folladas, avaladas por las ojeras que ambas tenían. Sus coños, rebosantes de semen, aún manchaba el suelo del salón… — Está todo muy bueno -la felicitó Chuki haciendo como que le daba unas palmaditas sobre el culo, o eso es lo que le pareció a Jaume. En realidad le estaba metiendo dos dedos dentro del coño, derramando un poco del mucho semen que tenían dentro. No pasaba nada, pronto repostarían los depósitos… ``¿Habría salido todo tan bien si hubiésemos elegido jugar a otro juego?´´ se preguntó a sí mismo Chuki mientras metía un tercer dedo dentro del coño de la hermana mayor, haciendo que esta pegase un bote y se estremeciese. Chuki sonrió con prepotencia mirando a Pedro, al conocer la respuesta. 2.2: Vamos a… ¡Competir!El cielo estaba oscuro cuando las dos mujeres y los seis adolescentes avanzaban por las rurales calles de Villamacho. Pese a que las dos féminas eran madre e hija, perfectamente podrían haber pasado por un par de amigos acopladas a un grupo de menores. Desde que habían salido de casa de Raúl, habían estado proponiendo juegos con los que pasar la noche y divertirse antes de ir a dormir. Sin embargo, no se ponían de acuerdo. Algunos habían propuesto Street Poker, mientras que otros proponían juegos como el escondite o la gallinita ciega, los cuales no tardaron en ser descartados al ser considerados demasiado infantiles. — Pues a mí no me desagradan esos juegos… Jugaría encantada a cualquiera de ellos -confesó bastante animada la más mayor del grupo. Justo en ese momento estaban llegando a la entrada de su casa, habiendo atravesado el oscuro jardín con ausencia de cualquier iluminación posible. Sandra abrió la puerta que daba acceso al edificio central, entrando la primera al tiempo que dejaba la pesada bolsa de deporte sobre un mueble-. Aunque si os parecen tan infantiles… podríamos hacer competiciones -propuso dubitativa, dando la impresión que ni ella misma estaba segura de eso. — ¿Qué tipo de competiciones? -dijo uno de los adolescentes tras unos segundos de silencio. — Pruebas, retos, torneos… -Estaba claro que lo que Sandra decía eran ideas improvisadas, como si no lo hubiese pensado antes. — Como… ¿Quién aguanta más haciendo flexiones? — Por ejemplo -Le concedió satisfecha de no ser la única que ponía ideas sobre la mesa. El característico brillo de astucia acudió raudo a los ojos de Fernando y Raúl, viendo una oportunidad de oro para lucirse. Ambos pensaron en lo mismo, solo que diferentes maneras. Chuki sabía que de todos, era él quien la tenía más grande. ¿Se las podría apañar de alguna manera para conseguir competir por quien tenía el cipote de mayor tamaño? Le serviría tanto para lucirse como para ridiculizar al resto, pero… ¿Cómo iba a conseguir lograr un torneo de ese tipo? El pelirrojo, por el contrario, fantaseó con un campeonato en el que tuviesen que competir por aguantar sin correrse; siendo tanto la madre como la hija las juezas y verdugas a la hora de intentar que se corriesen lo antes posible y los dos que más aguantasen… ¡Ganaban un premio! Por ejemplo poder tocarles las tetas, el culo, manosearlas… Y los premios podrían ir escalando, pero… ¿Cómo iba a conseguir lograr un torneo de ese tipo? Ambos se rebanaban los sesos pensando en la manera de cómo podrían conseguir competir de las maneras que ellos querían, sin darse cuenta que el resto proponían cosas para ir construyendo las competiciones: El hijo más pequeño de Sandra, Jaume, proponía ilusionado que se compitiese con la consola, con partidos de futbol por ejemplo. El mediano, por el contrario, propuso hacer un concurso sobre adivinar nombres de películas o series. Hasta Olivia se animó apoyando a su hermano, pues le pareció divertida su proposición. Los otros tres propusieron juegos más de índole física con doble intención, pues le pareció muy conveniente poder agarrar a las dos mujeres con la excusa de aquellos juegos. — Podemos hacer todo eso… ¿No os parece? -Sandra ya había decidido: Jugarían a la consola, harían el concurso de las películas, y combatirían para ver quien ganaba. Lo que la cuarentona no sabía es que aquel plan se iba a malograr, pues dos de ellos que todavía no habían dicho lo que querían, llevaban rato planeando maneras de conseguir llevar a cabo sus egoístas deseos. No hizo falta que entre ellos se dijesen lo que deseaban hacer, pues ambos pese a aspirar a diferentes fines eran conscientes de que para lograrlos tenían que utilizar un mismo medio… Emborrachar a las dos hembras. *** Jaume se salió con la suya, después de que Raúl instalase la consola comenzaron a echar unas partiditas rápidas a un juego de futbol. Tanto el hermano mediano como él eran los únicos que estaban centrados en el juego. Debido a que ni Sandra ni Olivia disfrutaban de este torneo, rápidamente se apagó la consola y empezó el segundo torneo. Duró poco más de media hora, y se debe reconocer que todos se rieron mucho a la hora intentar explicar a que cinta cinematográfica se referían. Entonces llegó elegir el siguiente torneo, descartando desde el comienzo cualquiera que requiriese fuerza pues ni la madre ni la hija tenían la confianza suficiente para enfrentarse a los adolescentes. — Podríamos hacer un concurso de beber -propuso Chuki rascándose la barba, como si su propuesta no fuese con él. Todos le miraron. — Beber agua -concretó Sandra por él, no queriendo entender a qué se refería en realidad. — No, hablo de cerveza. — Sois menores, todos. Las únicas que podríamos competir seríamos Olivia y yo. ``Pues tampoco estaría mal´´ La cara del joven se contrajo formando un gesto de parecerle bien. — No Fernando, no. Si intento darle una lección a mis hijos de que no hacen falta consolas para pasarlo bien, no voy a ceder en esto. Tampoco hace falta alcohol para divertirse. — No es beber para divertirse, es beber para competir. — ¿Y no hay otras maneras de competir? — Bueno, mama… No creo que pase nada porque beban una cerveza cada uno… — Yo tengo diecisiete, me faltan unos meses para cumplir la mayoría de edad -manifestó Alex levantando la mano, sonriente. Raúl hizo lo mismo, aunque no hacía demasiado que había cumplido los diecisiete. Por el contrario, Chuki, Domi y Santi permanecían en la frontera de los quince y eso era algo que Sandra sabía. — Hay una diferencia muy grande entre competir para emborracharse y beber una cerveza... Sandra ignoró por completo a los dos adolescentes, respondiendo a su hija. — Entonces… ¿Nos dejarás beber? Tú aún me debes una cerveza. — ¿Qué yo te debo una cerveza? ¿De dónde sacas eso? — El primer día que vine aquí, tu hija me dio una cerveza y tú me la quitaste. — Ah, sí… -contestó con menos energía al acordarse, antes de recomponerse-. Pero lo hice con un buen motivo, te recuerdo que tienes quince años. — La edad es solo un número -argumentó él evitando dar otro razonamiento muy distinto, como por ejemplo que era lo suficientemente grande como para dejarla exhausta de una sola follada. — Nuestras vidas se guían por números, cariño. — Aún así, bebo cerveza y no pasa nada. — ¿Sabrás controlarte si te dejo beber una? Se limitó a asentir, estando un paso más cerca de emborracharlas. *** Aunque el plan inicial era hacer competiciones, acabaron todos sentados en los sofás bebiendo cervezas mientras hablaban. Pedro y Jaume se habían visto censurados por su madre a la hora de permitírseles beber alcohol, y aunque tampoco querían hacerlo, los condicionó a estar apartados frente al televisor jugando a la consola. Pese a que era Jaume el que estaba totalmente centrado en el juego, ignorando lo que sucedía y se decía a su alrededor; su hermano mayor solo fingía estar distraído, pese a que ponía la oreja a todo lo que hablaban. Si desde el principio Sandra había puesto como norma que solo beberían los menores una cerveza, las latas vacías se fueron acumulando en pocos minutos sobre la mesa que había entre los sofás. ``Beben como si estuviesen sedientos y las cervezas calmase su sed pero sin saciarla del todo´´ se sorprendió Pedro mirando al pintoresco grupo de los cinco adolescente y las dos mujeres. Los colores rosados comenzaron a aparecer en la cara de las feminas. Eso no quería decir que estuviesen borrachas, ni mucho menos pues estaban lejos de estarlo. Pero era evidente que se les habían subido los calores y que el alcohol en sus venas comenzaba a caldear su mente a fuego lento. — Os creéis el centro del mundo, como si no pudiese haber nada mejor que vosotros. Os equivocáis -les reprochó la cuarentona mientras pegaba un ligero sorbo a su lata. Se sentía muy cómoda, hablando como adultos en lugar de competir a juegos absurdos. — ¿Quién dice que no somos los mejores en algo concreto? — Es la euforia de la juventud -contestó filosófica Sandra, en su tono de voz ni se intuía que estuviese bebiendo. Parecía tan sobria como antes de haber comenzado a tomar el alcohol, pese a que era evidente que su comportamiento cambiaba sutilmente para quien lo quisiese ver-. Todos hemos sido así cuando teníamos vuestra edad, luego aceptas que hay gente mejor y que solo eres una persona más entre muchas otras. — Déjalos, mama. Hasta que no se les pase no cambiarán, seguirán creyendo que son los mejores. Chuki levantó un dedo sin sonreír, como si estuviese solicitando permiso para hablar o les estuviese pidiendo que se callasen; dejó la cerveza en la mesa antes de contrariarles: — Se puede ser el mejor de algo en una sala, y cuanta más gente, más difícil será… Pero tiene que haber un primero y un último. Por ejemplo, yo puedo afirmar que soy el que tiene la polla más grande de todos los presentes. Hubo unos escasos segundos de silencio, eclipsados únicamente por el sonido de la tele. Olivia colapsó entre risas, golpeando su rodilla con su mano abierta mientras se inclinaba hacia delante. — Ya tardabas en decir algo por el estilo. — Si lo digo es porque sé que es verdad. — Que tu creas que es verdad no quiere decir que lo sea -le explicó la madre de los tres chicos con ilimitada paciencia. — Tampoco tiene porque ser imposible. — A eso mismo me refería -señaló Sandra, rizándose un mechón de pelo con su dedo índice-. La euforia de la juventud. Tienes la sensación de que tienes que ser el mejor, incluso si es en una sola cosa. — Yo soy el mejor en todo aquí -la picó el quinceañero, siendo consciente de caerían tarde o temprano en su trampa. Tal vez en otra situación no lo hubiesen hecho, pero la magia de las cervezas ya empezaba a surgir su efecto. — Serás el mejor hasta que alguien te demuestre lo equivocado que estás, esa es la realidad. — Siempre hay un pez más grande... -añadió con malicia, mostrándose de acuerdo con su progenitora. — ¿Aquí? No. La tengo más grande que vuestras parejas, seguro. Con zorrería acababa de insultar el orgullo de ambas mujeres, haciéndolo sin haber estado del todo seguro de si caerían. Sin embargo, comprobó con satisfacción de que si lo iban a hacer. — Eso es lo que tú te crees, solo eres un niñato prepotente muy subidito -le insultó Olivia produciendo una sonrisa burlona en el aludido. — Pero es la verdad. Tengo una idea… ¿Por qué no competimos sobre eso? Si tengo la razón… — ¿Cómo vamos a competir sobre eso? — Mis hijos la tienen bastante grandes -Lo declaró con orgullo de madre, mirando a sus dos vástagos sentados en el suelo frente a la televisión-, y es muy posible que la tengan más grandes que tú. — Ya me la has visto… Todos miraron a Sandra, que se ruborizó al ser consciente de que podían haberlo malinterpretado. — Fui al lavabo y le descubrí con los pantalones bajados -se excusó antes de continuar-, y sí. Te la vi… pero seguramente la tenías… Contentilla. Eso lo explicaría todo. — Entonces hagamos un concurso sobre esto y comprobemos quien la tiene más grande. — ¿Estás de coña? -le increpó Olivia levantándose. — Eh, que no tienes que hacer nada -se defendió levantando ambas manos, a pesar de que estaba mintiendo. Tenía pensado ya como iba a hacer que fuesen ellas mismas quien las midiesen. Raul permaneció callado, al igual que los otros cuatro. Como se estaban desenvolviendo los acontecimientos le iban de perlas, pues de un concurso de medidas podrían pasar a uno de resistencia… Aún así, continuaba sin imaginarse como podría proponer algo como eso. Parecía tan imposible de conseguir… — Me da igual, no es lo que yo tenga que hacer. Es que eres tan creído que me dan ganas de vomitar. — ¿Es ser creído saber que soy el que la tiene más grande? — Es que ese es el problema, niñato. ¡No puedes saberlo! ¿Se la has visto a mis hermanos? — No me hace falta, de la misma manera que no me hace falta ver la de tu novio ni la de tu padre para saber que la tengo mucho más grande. — ¿No tenéis nada que decir? -les preguntaba la madre de Olivia a los otros cuatro-. ¿Creéis que la tiene más grande? La mirada asesina de Chuki les indicó que hacer. Hasta el momento se habían limitado a observar aquella partida de ping pong, pero les había llegado el momento de participar y, si lo hacían bien, podrían acabar participando en un concurso de mediciones. — ¿¡Qué dices!? Gilipollas. ¡Yo soy quien la tiene más grande! — ¿Estáis de broma? -dijo Raúl entre risas-, todos sabemos que soy yo. — Estando tan delgados no podéis tenerla más grande que yo -se burló Alex. Sandra no pudo evitar reír, haciéndole gracia el orgullo de machos heridos por creer que podían tenerla más pequeñas. La testosterona que nublaba el ambiente era prácticamente visible, pese a que ella también se estaba viendo afectada por el alto nivel de hormonas que había en la sala. Para empezar, una mujer tan integra como ella nunca habría hablado para empezar de aquel tema… pero allí estaba, debatiéndolo. Además, estaba sopesando la posibilidad de aceptar la petición de Chuki y permitir que se la midiese. ¿Era por curiosidad? Estaba claro que no podía pensar claramente, tal vez fuese el alcohol que la inhibía incluso sin llegar a estar borracha, o quizá fuese que ya estaba cachonda desde hacía mucho tiempo y su excitación afloraba en aquella situación. ¿Cuántos años hacía que no hablaba de esos temas ni con su marido? — Pues… ¿Qué tal si vais al baño y os las medís? -propuso Olivia atrabancándose al hablar. — Necesitamos un arbitro imparcial. Tiene que haber garantías de que se va a hacer bien. — ¿Y supongo que tendremos que ser yo o mi madre? — Ah, por mí no hay problema. Si solo es medir… -La veinteañera no se podía creer lo que oía. ¿Acababa de decir que no le importaba medirles las pollas? Sandra, al ver la cara de su hija, se apresuró a añadir: — Quiero decir, que no me voy a escandalizar por ver un par de miembros… — Di que sí, profe. Ahora ya podremos saber quién la tiene más grande. — Pues venga, bajaros los pantalones y demostrad a este arrogante que no la tiene más grande. Niños, vosotros también -les increpó a sus hijos. Pedro no tuvo lugar en el que esconderse cuando entendió que se refería a su hermano y a él, — Pero… ¡¡¡Mama!!! — No seas tonto, cariño. Es solo mediros, no tienes que avergonzarte por… — ¡No me avergüenzo! Es que no quiero participar en… -vociferó incrédulo de que su madre hubiese propuesto tal cosa. — ¡Ya sabemos quién no la tiene grande! -Le escuchó Sandra mofarse a Alex, tapándose la boca para no ser oído. — Pues que sepas que mi hijo tiene una… herramienta de un tamaño considerable. Solamente es tímido. Cariño, si no quieres enseñarla no pasa nada, pero que sepas que me gustaría que lo hicieses. Solo vamos a medirlas… El hijo mediano se mordió la lengua de la frustración. ¿Era en serio todo aquello? Parecía tan irreal… Se levantó tragándose su frustración y bajándose los pantalones. — Ponte en la fila… -le indicó cariñosamente su madre, guiándolo hacia los otros adolescentes que ya se habían bajado los pantalones y los calzoncillos. — ¿Tengo que hacerlo? -le cuestionó el más pequeño de sus hijos con voz tierna. — Si no quieres hacerlo, no. — No me importa -dijo con inocencia, como si no hubiese nada que perder y simplemente le estuviese haciendo un favor. — Entonces ponte en la fila, cariño -El más bajo de todos los adolescentes, se quitó los pantalones antes de trotar totalmente desnudo hacia ubicarse al lado de su hermano mayor. Siete pollas en reposo había frente a las dos damas, esperando para ser medidas. *** — ¿Sabes dónde tiene papa el metro? -inquirió a su hija haciendo que esta desapareciese unos minutos para volver con dos metros. Se encogió de hombros ante la pregunta de porque no trajo uno solo. — Bueno, venga… ¡Poneros firmes! -exclamó Sandra con inocencia, como si no supiese que hacían falta estímulos para provocar las erecciones. — Sandra, esto no funciona así… -gruñó su hijo mediano, como si tuviese que recordarle que no sería tan fácil lograr que se pusieran duros. — Ya… será un problema -dijo Sandra pensativa, frotándose el mentón con sus dedos índice y pulgar-. Tal vez es un problema de intimidad. Como estáis tan intimidades por la presencia del resto… ¿Qué os parece si hacemos unas mediciones privadas? – proponía poniendo énfasis en la última palabra-. Puede que así tengáis más facilidades a la hora de… poneros firmes. — Entonces vas a tener que medirlos a todos, yo me rehuso. — Si me ayudases, sería más fácil -le increpó su madre mirándola triste, claramente desanimada por la falta de apoyo. — No pienso medirles la polla en privado, mama. — Solo es una medición, no saques las cosas de contexto. — Me parece que no entiendes lo dentro de contexto que está, mama. Haz lo que quieras, yo no pienso participar -La jovencita se cruzó de brazos y se sentó sobre el sofá completamente indignada. Sandra miró a los siete antes de murmurar: — Así que tengo que mediros a los siete… Sandra se comprometió a no hacer trampas y declarar en cuanto terminase al chico con la polla más grande. Acabaron decidiendo que, para que fuese válido, cada chico tenía que alcanzar el máximo de inflación para ser considerada una medición válida. Además, estas se realizarían en la habitación de Sandra y su marido, dado que era la más íntima. El resto tendrían que esperar en el piso de abajo, antes de que les tocase. Estando ya decidido que ella no mediría ninguna polla, miró de reojo la polla de Chuki para descubrir impresionada que era bastante larga incluso sin estar erecta. Nada le repatearía más que tener que concederle que tenía la polla más grande… Sentía ganas de vomitar solo de pensarlo; no le importaría en absoluto que la más grande la tuviesen sus hermanos, Alex, Raúl… Incluso Domi. ¿Pero Chuki? Olivia comenzó a rezar para que no fuese así. — Yo prefiero que me la midas tú… -le susurró Jaume acercándose desnudo a su hermana. Esta murió metafóricamente de ternura, pero se resistió a abrazarle. — ¿No quieres que te mida mama? — Me da vergüenza. — ¿Y no te da vergüenza que lo haga yo? -inquirió extrañada, alzando una ceja. — No. — Pues yo te mediré, cariño. — Yo también prefiero que lo hagas tú -señaló el mediano, sin sonreír. Lo decía completamente en serio. — Yo también. Y yo -bromearon los otros chicos. — Vosotros os calláis, yo mediré a mis hermanos. Dicho esto, Olivia se llevó a su casa a sus dos hermanos, donde realizaría las mediciones. Sandra, por el contrario, subió las escaleras seguido por Santi que sería el primero. Ni Sandra ni Olivia esperaban que pasase nada durante las mediciones, tal vez a hija pródiga de la milf se le pasó por la cabeza que su madre tuviese que provocar un poco a sus estudiantes para que sufriesen una erección, pero daba por hecho que la cosa no se agravaría… Y tenía razón. La cosa no se agravaría durante el campeonato de las mediciones, sin embargo no iba a ser el último torneo que harían a lo largo de la noche. La madurita estaba siendo ingenua al pensar que la cosa no se podría desmadrar, pero ni de lejos se podrían imaginar ninguna que del campeonato de mediciones pasarían a competir en otras cosas. Y no porque ellas dos no tratasen de evitarlo a toda costa… Se puede decir que se les escapó de las manos, creyendo en un principio que podrían controlar a siete adolescentes en esa edad después de haberlos provocado tanto. *** ·· Las mediciones de Sandra ·· Con la ausencia de los tres hermanos, el edificio principal quedo inundado en el silencio. Sandra avanzaba escalón a escalón hacia su habitación, seguida por el excitado joven que ni podía imaginar lo que pasaría en cuanto llegasen al cuarto. El quinceañero estaba excesivamente nervioso, ya que en su mente esperaba errar de cualquier forma y m*****ar a la madurita. ``¿Y si la cago, haciendo que se anule este concurso? No debería haber sido el primero. Tendría que haber medido antes a Chuki o a Raúl…´´ se lamentó tragando saliva, sucumbiendo a sus propios temores e inseguridades. Aún así, continuó avanzando por las escaleras con las vista clavada en el culo de la madurita, el cual lo guiaba y le animaba a continuar. — Pasa -Sandra abría la puerta y hacía un ademán, invitándolo a pasar. Santi entró, casi temblando, escuchando como se cerraba la puerta detrás de él. La madre de ``sus amigos´´ se sentó en la cama, cruzándose de piernas y dejando caer sobre la cama un cuaderno, dos bolis y la cinta métrica. — No estés nervioso, cielo -La voz femenina era paciente, suave y compasiva, como si el aludido no tuviese nada que temer. Después de una breve pausa, continuó:-. Solo es una medición. Bájate los pantalones. Sus manos temblorosas se encontraron sobre el botón y la cremallera. Su principal temor era que ella se m*****ase por venirse arriba con demasiada facilidad, o que si no se ponía duro y él le pidiese ayuda, ella se ofendiese. Su hija Olivia no le habría impuesto tanto, pero aquella mujer era una diosa, y él un simple insecto revoloteando a su alrededor. Sin embargo, al ser consciente de que no era capaz de bajarse los pantalones. Ella le indicó sin decir nada que se acercase, Santi obedeció avanzando un par de pasos hasta quedarse de pie frente a una Sandra sentada. Sin pensárselo dos veces esta desabrochó con manos de cirujano el pantalón de Santi y este cayó como si pesase doscientos kilos; no le quitó los calzoncillos. — Aún estás a tiempo de retirarte, nadie te obliga a que te midamos. — Quiero hacerlo -contestó convencido aún con el nudo en la garganta-, solo que estoy algo nervioso. — Enséñamela, entonces. — ¿Puedo quitarme la camisa? -inquiría. Se la sacó sin dificultad tras recibir un agradable asentimiento, quedándose en calzoncillos. — ¿Qué pasa? ¿Tienes problemas para tener una erección? — Es que… no puedo ponerme duro porque sí. Necesito excitarme con algo. — ¿Quieres que… te ayude? No es nada sexual, pero tal vez con el contacto… — Sí… por favor -asentía respirando más tranquilo. Notó los suaves dedos de la madurita palpando el bulto oculto bajo la ropa interior, antes de meter la mano dentro y agarrar la polla morcillona. — Por el tamaño que tienes ahora, pequeña no la tienes. Así que estate tranquilo. La mano de la madurita recorría todo el desinflado tronco del sexo de Santi, encapuchando y retirando el prepucio del adolescente como si lo estuviese masturbando. Quería pedirle que se la chupara, sin ser capaz de conformarse solo con su mano. Deseaba pedirle que se quitara la ropa, pero las exigencias no llegaron a materializarse entre sus labios. Imaginando que se lo pedía, su polla comenzó a ponerse más y más dura hasta que abarcó su zenit. — Ya está… no ha sido tan difícil -aseguró mientras con la mano libre agarraba el metro y extendía su cinta, desde la base hasta la punta del glande-. Diecisiete centímetros. ¡Muy por encima de la media! Es increíble. Y tú temeroso… ¿Tanto miedo tenías de tenerla pequeña? — Sí, un poco -mintió con una risa incómoda. — No te preocupes, aún tienes que crecer más… Te crecerá unos centímetros más si no pasa nada -aseguraba con amabilidad, mientras soltaba su verga y apuntaba en el cuaderno la medida. — ¿Le dices al siguiente que pase? Tras salir de la habitación, todos le preguntaron que le había hecho. — No me he atrevido a pedirle nada más, pero no ha tenido ningún problema en masturbarme. — ¿Por qué no le has pedido que se quitara la camisa o algo? Si era capaz de tocártela, con la excusa de venirte arriba -le increpó, incrédulo, su amigo pelirrojo. — No quería m*****arla… — Si hablásemos de que le pidas que te la chupase, lo entendería… ¿Pero qué te enseñe las tetas? Ella te estaba viendo la polla. Una inevitable sensación de arrepentimiento inundó todo su ser. Raúl tenía razón, tendría que haberle exigido al menos eso. — No te preocupes, esta puta cae seguro… te digo yo que antes de que amanezca nos la hemos follado por todos los agujeros -le prometió el adolescente con cara de zorro-. Domi, te tocaba a ti. ¿No? — Yo me conformaré con que me haga una paja a dos manos -bromeó el aludido mientras se hacía una coleta con su largo pelo. — Pues yo le exigiré que se desnude. — ¡Lo tengo! -estalló eufórico Chuki; solo le faltaba que se le iluminase una bombilla sobre la cabeza-. Alex, tira para la cocina y agarra tres o cuatro cervezas. — ¿Qué quieres…? — Tú hazlo, ya te diré luego para que son. — Domi, tú serás el primero en subir con una cerveza, os la tomaréis entre los dos… Le dirás que la necesitas para ``relajarte´´. ¿Entiendes? -Todos se hicieron una idea de lo que Fernando quería sin necesidad de más explicaciones. — No está lo suficiente borracha -se burló Raúl agarrando la cerveza que le ofrecía el chico obeso. — Ahí te veo, tenemos que conseguir calentarla un poco más y para eso hace falta más alcohol. Domi… ¿Qué tienes pensado? — Iré improvisando, será lo mejor -decía antes de subir las escaleras y buscar la habitación de matrimonio, no le costó demasiado. Picó a la puerta, abriéndola ligeramente para descubrir a una cuarentona que comenzaba a sonreír al verlo. — Domingo, por favor, pasa -La invitación, aceptada, hizo al joven pasar antes de que este cerrase la puerta y se quitase la camisa sin pudor. Estaba nervioso, pero no pensaba demostrarlo. — Y… ¿Esa cerveza? — ¿Podemos beberla antes? Me ayudará a relajarme -aseguró sin que se notase la mentira. — Sois unos pequeños borrachos -La broma de la mujer no sirvió como negativa, que aceptando la lata ya abierta bebió como poco dos o tres tragos. — Tú tampoco te cortas… — No suelo beber cerveza, pero un día es un día -se excusó ruborizada mientras le devolvía la lata-. No pareces tan nervioso como tu amigo, parece que no vas a necesitar ayuda -presupuso perspicaz. Domi se limitó a encogerse de hombros. — Ahora lo descubriremos -Sus dedos desabrocharon hábilmente el botón y la cremallera, dejando caer hasta el suelo tanto el pantalón como el calzoncillo. — ¡Cuanta energía! -exclamó sorprendida mientras veía una polla morcillona del mismo tamaño que la anterior. Una extensa mata de pelo negruzco crecía a lo largo de toda su pubis, algo que no produjo la menor reacción en la mujer adulta. Sin una invitación previa, Domi tomó la iniciativa de masturbarse frente a su cara -con una prudencial distancia, por supuesto- como si fuese lo más normal del mundo. Fue evidente para ambos como se ruborizó levemente la cara de ella, pese a que supo mantener a la perfección las formas. Pese a que Domi había empezado a masturbarse, no lograba llegar a la erección. — Lo siento… -se excusó con una temerosidad fingida a la perfección-, me intimida un poco que estés en la misma habitación. — ¿Quieres que salga y entre cuando estés listo? -el aludido negó enérgicamente. — ¿Podrías ayudarme a…? — Ahora va a resultar que no podéis masturbaros solos. — Es que una cosa es marturbarnos para nosotros y otra es hacerlo para alcanzar una erección. Sandra se mostró reticente, quizá al pensar que si lo había hecho con el primero sería injusto no hacerlo con él pero… ¿Entonces no se iba a ver obligada a hacerlo con el resto? Con evidente incertidumbre, agarró con cuidado la polla en un estado intermedio que sin estar erecta ya había logrado alcanzar una inflación más que considerable. Repitió la misma práctica que en la anterior medición, meneando de arriba abajo todo su sexo sin llegar a conseguir que alcanzase la erección completa. — Si lo haces con dos manos… — Vaya cosas que me pedís -se quejó con palabras, pero sus manos obedecieron. Debido a lo pequeñas que eran aquellas suaves manos femeninas, pudieron agarrar toda la extensión de la polla. El frote de ambas manos era muy diferente al de una sola, consiguiendo excitarlo hasta que su glande comenzó a chocar contra su propio ombligo. Los suspiros de Domi se aceleraron, sintiéndose vacío cuando las dos manos pararon de pajearle. La fría cinta métrica midió toda la extensión de su entrepierna, marcando como longitud exacta diecisiete centímetros. — Vaya… — ¿Qué pasa? — Te mide lo mismo que a tu amigo. Habrá alguien que la tenga… ¿Normal? — La tenemos normal. ¿No? -preguntó con curiosidad mientras se sentaba pegando otro sorbo a la cerveza. — La tenéis grande -le contradijo con excesiva seguridad. En un principio acabar la cerveza que le dio, pero acabó replanteándoselo antes de rematarla de un trago-. Queréis emborracharme. La acusación resultó ser una broma, para tranquilidad de Domi. Se vistió y salió por la puerta mientras Sandra apuntaba la cifra en el cuaderno esperando a que llegase el siguiente. Alex y Raúl aparecieron por la puerta, ambos con dos cervezas en la mano mientras uno de ello cerraba con pestillo la puerta. — ¿Los dos a la vez? -preguntaba con sorpresa, cambiando el cruce de piernas de derecha a izquierda. — ¿No se puede hacer? -Raúl fingía estar extrañado, pese a que sabía muy bien que no iba a poner ninguna pega. — No -negó trastornada antes de recomponerse-, no hay ningún problema. Solo son unas mediciones… Si estáis cómodos así. — ¿Me la aguantas? -inquirió ofreciéndole la lata de cerveza. — Borrachines… -les reprendió sin poder evitar sonreír, aceptándola sin beber de ella. Se limitó a sostenerla mientras los dos se quitaban la camisa. — ¿No bebes? -preguntó extrañado. — No, ya he bebido demasiado -aseguró ruborizada por el efecto del alcohol, ya se le había subido demasiado. Dejó la lata sobre su mesita de noche, esperando a que ambos se bajasen los pantalones-. ¿Qué os pasa? No se os… ¿Levanta? ¿Estáis nerviosos? — Un poco… -contestó mintiendo Raúl, fingiendo inseguridad. — Solo os voy a medir… Estaros tranquilos -les tranquilizó a ambos. Sabiendo que era inevitable, tomó la iniciativa de agarrarles ambas pollas sabiendo que a la larga era inevitable. Sin embargo, por mucho que los intentó pajear no se pusieron duros. Estaban haciendo un esfuerzo humano para mantenerla bajada. — Veo que aquí hay un problema bastante grande… Ya no sé qué hacer para… estimularos -terminó susurrando, como si le doliese decirlo en voz alta. — Nosotros estamos desnudos. Podrías… -comenzó a decir Alex mirándole las tetas. — ¿Quieres verme los pechos? — Es lo justo, yo estoy desnudo y… — Solo son unas mediciones, cielo. No quiero que os confundáis. — Al menos quítate la camisa. Ya te hemos visto en bikini. ¿No? La aludida permaneció callada uno segundos, mirándole sopesando para sus adentros que debía hacer, todo esto sin solar las dos pollas ni aflojar su sujeción. — Solo me quitaré la camisa. Y el pantalón -añadió dando por hecho que era inevitable-, nada más. Sandra no se lo pensó dos veces y se levantó entre los dos chicos desnudos para quitarse primero la blusa y luego los pantalones tejanos. Quedándose frente a ellos en ropa interior antes de sentarse sobre el borde de la cama. — ¿Contento? -Alex asintió con rapidez. Sintiendo de nuevo como la madurita les agarraba a ambos y reanudaba los dos meneos de polla, sin conseguir resultados. ``Aguanta tio, se fuerte´´ vocalizó sin emular sonidos para que Alex le leyese los labios. Cada vez era más y más difícil controlarse, aumentando la erección por momentos. — Yo ya no sé qué hacer. He puesto de mi parte pero seguís sin poneros… duros. Tenéis que estar cómodos. ¿Estáis cómodos? — Tal vez si nos estiramos… -propuso Raúl inocentemente, como quien no quiere la cosa. — ¿Estarás más cómodo os estiráis? -La pregunta iba dirigida a Alex, que asintió para complacencia de su amigo. Sin decir nada más, los dos adolescentes se tumbaron boca arriba con las cabezas apoyadas contra las almohadas. Sandra gateó hasta quedarse entre ellos mientras empezaba a masturbarlos de nuevo… — Sigue… No pares -la instigó Raúl, moviendo ligeramente las caderas. Hacía rato que ya había alcanzado el tamaño máximo de la erección, pero Sandra no pareció percatarse. Alex, por el contrario, le agarró el pecho derecho aprovechando que tenía las manos libres-. ¡Oye! ¿Y esas confianzas! — Esto me ayudará… me hace sentir más cómodo. La mano rechoncha del joven masajeaba su seno y, al ver que esta le consentía, metió la mano dentro del sujetador agarrar el pezón en un pellizco y sacarlo hacia fuera, el pecho quedó colgando. — ¡Pero bueno! -musitó, divertida, como si no tuviese importancia. — Tú nos has visto desnudos, no creo que pase nada por esto… — Yo solo tengo que medir vuestros penes… No quiero que os confundáis. — Esta todo muy claro, esto es solo para que puedas medirnos. Si usas tus tetas… -insinuó agarrando el segundo pezón y estirando de ambos sus pechos. — ¡Cuidado! Esa es una zona muy sensible… — Acércalos… -ordenó totalmente ido de sí, estaba tan cachondo que no podía controlarse. — Te estás pasando… -le avisó Sandra, sin oponerse del todo. Dejó caer sus senos sobre la entrepierna de Alex y permitió que este envolviese su propio miembro con las dos bolsas blandas y suaves antes de comenzar a menearla entre ellos. Soltó la polla de Alex y se limitó a pajear a Raúl, que se llevó las manos a la cabeza mientras se follaba su mano. Ambos se follaban partes diferentes de su cuerpo, solo que de diferente forma. — Creo que ya está… -declaró antes de soltar el pene del pelirrojo mientras el otro se seguía follando sus tetas. Agarró como pudo la cinta métrica para medir a Raúl, pero este se la apartó al tiempo que reanudaba su paja con su propia mano. — Espera… Ya falta poco. — ¿¡Más!? -inquirió incrédula, fijándose por primera vez en el tamaño de la polla. Era al menos un 25% por ciento más grande que las dos primeras… ¿Qué comían aquellos niños con pollas de caballo? Pensaba extasiada la madurita. — ¿Puedo ponerme en una posición más cómoda? Sandra no entendía, hasta que acabó de espaldas empujada por los dos adolescentes. Alex se montó sobre ella, follándose sus tetas mientras pellizcaba suavemente sus pezones, mientras que el pelirrojo colocó una mano sobre el cráneo de la mujer y con la otra se comenzó a pajear de nuevo muy cerca de su cara. — Me falta poco… — Tengo que mediros ya… -gimió Sandra sin poder verse influenciada por la excitación que desprendían los dos chicos. Agarró la cinta métrica y la alargó justo cuando Raúl se corría descontroladamente contra la colcha. La mujer pegó un chillido de sorpresa al ver como su polla lanzaba disparos de semen. Alex continuó embistiendo sus tetas hasta que con una última torpe y potente se quedó clavado contra ellas, paralizado. Mientras su glande inundaba su cuello y papada con dos largos tiros de la cremosa sustancia. No pareció ser capaz de reaccionar, como si se hubiese quedado en estado de shock y, cuando lo hizo, al ver que ambas vergas comenzaban su inevitable reducción, las agarró como pudo para medirlas en una carrera contra reloj. — Veintitrés centímetros -calculaba en voz alta antes de pasar a medir la polla que tenía entre las tetas. Y unos veintiún centímetros. Sandra se levantó a prisa, incómoda, tras darse cuenta de lo que había pasado. Mientras veía las dos pollas empequeñecer bote a bote, con pequeños espasmos que delataban los latidos y la contracción sanguínea en ambos sexos. — Vestíos y bajad, decidle a Fernando que se espere. Tengo que… limpiarme. — Lo siento mucho -Alex fingía arrepentimiento como si no se lo fuese a perder nunca. — Yo tampoco, Sandra… Nos dejamos llevar. — No os preocupéis… Ha sido culpa, os he estimulado demasiado. Sois hombres después de todo, lo preocupante hubiese sido que no se os hubiese… levantado. Aún así… ¿Guardaréis el secreto? Esto no ha pasado… Por favor. — Somos dos tumbas -Al obtener la respuesta, la cuarentona prácticamente los expulsó a empujones fuera de la habitación antes de cerrar la puerta y apoyarse de espaldas contra ella. ¿Qué había hecho? *** Chuki ni llevaba ninguna cerveza, había tenido que replantearse toda la estrategia al enterarse que los dos imbéciles se habían follado las tetas y las manos de Sandra. ``Seguro que ahora está a la defensiva, posiblemente ni se atreverá a tocarme´´ sopesaba frente a la puerta del dormitorio, antes de picar a la puerta y pasar. Acabó concluyendo que no tenía ni idea de cómo iba a conseguir follársela. — Adelante, pasa -Chuki accedió al interior, cerrando la puerta con pestillo-, lo tienes bastante difícil para ganar. — Yo creo que no. — Supongo que te habrán contado que se han emocionado… demasiado -empezaba a decir Sandra cruzándose de piernas mientras se colocaba bien el flequillo. El adolescente, dubitativo, no estaba seguro sobre si debía mentir o decir la verdad. — Dijeron que les costó bastante… venirse arriba. Y que luego se descontrolaron. — No queremos que pase algo parecido… ``Mierda´´— No, claro que no. — Entonces… Bájate los pantalones. — ¿No me vas a ayudar como al resto? -preguntaba mientras se quitaba la camisa y se bajaba los pantalones. — No quiero que te motives demasiado. — Entonces motívame lo suficiente… sino no voy a ser capaz de tener la erección. Intercambiaron una lenta y profunda mirada, antes de que ella sonriese. — Te ayudaré un poco, pero sin tocarte. Date la vuelta y no te gires. ¿Vale? Ni se m*****ó en preguntar que tenía en mente, giró sobre sí mismo y se quedó mirando la puerta; escuchando un sonido que le recordaba a cuando alguien se ponía o quitaba la ropa. ¿Se estaba desvistiendo? Sintió la necesidad de girarse. — No te des la vuelta -le increpó, como si le hubiese leído la mente. Escuchó la puerta de un mueble abrirse, oyó de nuevo el roce de la tela como si se estuviese poniendo algo-. Ya puedes girarte. Obedeció, encontrándose a la madurita de pie exhibiendo una lencería tan provocativa que de no haber tenido control habría hecho que el joven se le lanzase encima y se la follase allí mismo. No, tenía que resistir… Ya llegaría su momento. Era una especie de blusa con falda de color negro, que transparentaba tanto el sujetador como el tanga que llegaba debajo. Si enfocaba la vista, podía ver incluso el delicioso ombligo por debajo del camisón. Las tetas eran tan grandes que incluso con el camisón puestas podían verse a la perfección. — ¿Te pasa algo, cielo? -pregunto tontorrona, mordiéndose una uña satisfecha de ver como la polla morcillona entre las piernas del adolescente subía sola como la espuma-. Veo que te ha gustado el conjunto. Así no tendré que tocarte… Chuki trago saliva. ¿Cómo coño iba a hacerlo? Quería conseguir que se la chupase, tenía que lograrlo. Decidió tomar la iniciativa, acercándose a ella mientras pensaba en viejas, mierdas y palizas. Intentó mantener la mente fría, ajena a cualquier cosa que le pudiese excitar; miró a la mujer sin verla, consiguiendo detener la erección y mantener su polla a media asta. Se agarró el cipo con su enorme mano y se comenzó a masturbar frente a ella. — ¿Me puedes ayudar? — ¿Cómo quieres que te ayude? -preguntó ella maliciosamente, mirándolo con ternura a los ojos-. Recuerda que no voy a tocarte… No quiero que te emociones tanto como tus dos amigos. — ¿Me quieres dejar a medias? Que mala que eres. — No soy mala, pero esto no está bien, cielo. Tú eres menor de edad y yo soy una mujer adulta… Además, yo tengo pareja. Si permito este juego de las mediciones es porque no hay nada de malo en ello… — Ya, pero al acabar las mediciones yo acabaré con dolor de huevos. — Tus amigos Domingo y Santiago no han tenido problema. — Seguro que se fueron a terminar lo que empezaron en el baño. ¿Pudieron contenerse Alex y Raúl? — Eso fue un accidente, no lo buscamos… -hizo una pausa, dubitativa-. ¿Qué sugieres? — Solo que me ayudes a conseguir una buena erección, que me midas… Y me ayudes a acabar. ¿Es algo natural, no? No hay nada de malo en que me masturbe. — No, cielo… -se apresuró a contestarle-, pero eso debes hacerlo en la intimidad, no delante de mío. La paja de Chuki hizo que su polla fuese creciendo hasta alcanzar el mismo tamaño que Alex, aún le quedaban unos cuatro centímetros para estar dura del todo. — ¿Y cómo quieres que te ayude? -preguntó haciéndose la tonta. — Podrías hacerme tú la paja… o podrías motivarme haciendo cosas. — ¿Cómo qué? -parecía estar animándolo a que dijese de una vez lo que quería. — No sirve de nada que te lo diga si desde un principio no estás dispuesta a ayudarme. — Hay ciertas cosas que no voy a hacer. — ¿Por qué soy menor o porque tienes marido? — Por las dos cosas. — Pero lo que pase aquí podría quedar entre nosotros… — No se trata de que lo sepa alguien más, es que yo no haría nada de eso. — No es hacer nada malo, tú misma lo has dicho… Solo tienes que ayudarme a… -paró de hablar, se le ocurrió algo perfecto para convencerla-. Además, creo que tengo derecho a un premio… Sandra lo miró sin entender, ignorando la polla que se pajeaba frente a ella. — Soy el campeón de este concurso, soy quien la tiene más grande. — Eso no puedes saberlo -dijo antes de mirar el enorme glande que estaba casi hinchado por completo. — ¿Si lo fuese me darías un premio? — ¿Qué premio quieres? — Que me ayudes a acabar… — Si fueses el ganador… -teorizó mordiéndose el labio mirando aquel enorme cipote antes de volver a intercambiar una mirada con aquellos ojos ociosos-. Te premiaría de esa manera, sin tocarte. — Entonces ayúdame, porque soy tu ganador. Una risita nerviosa sacudió el rostro de Sandra, su pecho subía y bajaba a mayor velocidad. — Esta bien… Pero sin tocarte. — Abre la boca -Ella obedeció, abriéndola sin dejar de mirarle a los ojos como si no tuviese una enorme polla frente a su cara-. Ahora saca la lengua… -sumisa, volvió a obedecer. Su lengua casi podía rozar el pircing que Chuki tenía en la punta del glande. El adolescente se aventuró a agarrar de la nuca a la mujer, enterrando sus dedos entre su extenso cabello. No dijo nada… ¿Diría algo si le metía la polla en la boca? Comenzó a sonar el teléfono fijo inalámbrico que había sobre la mesita de noche, atrayendo la atención de Sandra. — Espera… -Se escabulló de Fernando para acercarte de un bote al teléfono y cogerlo-. ¿Sí? Cariño… Que raro que llames. -``Ya, es que no suelo pasar la noche fuera cariño´´ respondió su marido al otro lado de la línea. ``¿Todo está bien´´?-. Es mi marido, no hagas ruido -le pidió Sandra al adolescente mientras miraba a otro lado-. Sí, cielo. Estaba aquí intentando comer algo -bromeó guiñándole un ojo al adolescente, como si quisiese decirle que no parase de masturbarse. ``¿Y qué vas a cenar?´´ Le preguntaba el marido mientras Chuki se acercaba la polla a la cara, claramente excitado por la situación. Sandra lo miró, sin poder evitar contener la sonrisa, vocalizando para que le leyese los labios ``Para, que se va a dar cuenta que no estoy sola´´. — ¿Que qué voy a cenar? No lo sé, cariño… -mientras decía esto, el glande del adolescente chocó contra su mejilla aprovechando que ella no podía hacer nada para impedirlo. Lo intentó apartar, su voz estaba más aguda-. Tal vez butifarra -declaró echando una mirada rápida a la enorme polla de Chuki. Este, completamente excitado por la sumisión de la esposa de Joaquin, se agachó un poco para meter la mano libre por debajo del camisón y liberar los dos senos de su sujetador. Ambos pezones quedaron claramente visibles debajo del camisón. ``Y yo aquí con tu yerno, cenando maíz y hortalizas… No vives bien ni nada´´. — Tienes razón, cariño… -dijo mientras agarraba por la polla a Chuki y comenzaba a masturbarle. Con la misma mano que se había masturbado, metió dos dedos dentro de la boca de la mujer y le hizo abrir la boca de par en par. Sandra se quedó masturbándole con la boca abierta y mirándole a los ojos-. ¿Eso es todo lo que tienes que decirme, Joaquin? ¿No vas a decir nada más? ¿Has llamado para preguntar que voy a cenar’ ``Mujer, no te pongas así… ¿Estás bien?´´ — Perfectamente, bueno… te dejo, que me voy a comer la butifarra. ``Espera, Sandra. ¿Qué es ese ruido?— ¿Ruido? ¿Qué ruido? ``Es como un pla, pla, pla, pla… ¿Hay alguien más ahí?´´ La voz de Joaquin se quebró un instante, temiendo lo peor. — No digas tonterías, es el sonido del ventilador. Hace… Hace mucha calor aquí -mintió mientras bajaba el ritmo de la paja para que este no la escuchase. Al ver que Sandra se limitaba a quedarse con la boca abierta, le arrebató la polla y se volvió a masturbar frente a su cara esta vez agarrándola de nuevo por la nuca para impedir que retrocediese. ``Ah, bueno… No sé a qué hora llegaremos mañana. Seguramente por la noche´´— Aquí estaremos, cariño -tapó con una mano el micrófono del teléfono para hablar con Chuki-. Recuerda que te dije que nada de tocarme… — ¿No ibas a ayudarme? — ¿Te parece que no te estoy ayudando? — No es suficiente, abre la boca -ella abrió la boca-. Quiero mi recompensa… Sandra soltó el micro el teléfono poniéndose de nuevo, su marido le había estado hablando. ``¿Qué pasa, Sandra? ¿Me oyes? — Sí, cariño… Que se cortaba. Oye, luego hablamos. ¿Vale? Que se me enfría la butifarra -dijo antes de colgar-. Eres lo peor… ¿Qué habría pasado si nos hubiese escuchado? — No nos iba a escuchar -dijo tumbándose sobre la cama-. ¿Me ayudas a terminar? — Te voy a medir y ya está, por listo… encima que he hecho todas esas cosas con la boca para motivarte -dijo enfadada, colocándose bien el corpiño. — No seas así. — ¡No! Para, lo digo en serio… Ven aquí, que te mido. No se puede ser buena… ¡Veinticinco centímetros! No podía creerse lo que sus ojos veían, incluso podía llegara estar tan hinchada que rozaba los veintiséis. — Baja, hemos terminado. ¡No me lo hagas repetir! -dijo al ver que preparaba para protestar. De mala gana, Chuki apelotonó su ropa en una bola y salió enfadado de la habitación. ``Todo por culpa del inútil de su marido, hijo de la gran puta´´. Sandra se llevó sus dedos a su sexo, por encima del tanga, descubriendo que estaba empapada. ``A saber qué podría haber pasado si se llega a quedar un rato más…´´ *** Por parte de Olivia, poco después de entrar en su edificio subieron a su cuarto para que nadie los interrumpiesen. Entraron los tres juntos y les animó a ambos a bajarse los pantalones… — Lo mejor será que lo hagáis vosotros mismos con naturalidad. — ¿Puedes hacerlo tú? -preguntó con inocencia su hermano más pequeño. Olivia tenía sus reservas, pero no pudo decirle que no. Comenzó a masturbarle y al poco de empezar se corrió. — Vaya, enano… Si que tenías tensión acumulada, has acabado enseguida. — Siempre acabo así de rápido. — ¿Siempre? — Sí… siempre. — Yo también… -confesó, deprimido, el hermano mediano. — No puede ser… La hermana mayor no podía aceptar que sus dos hermanos fuesen eyaculadores precoces, pidió permiso para hacer la prueba con el otro y, pese a que duró unos segundos más, se acabó corriendo con extremada facilidad. Al ver que se avergonzaban. Se apresuró a animarlos: — Eh… No os pongáis así, esto se soluciona con práctica. Podréis alargarlo si… os esforzáis. — ¿De verdad? — Claro, tontos… Ahora dejad que os mida, bueno… Cuando volváis a tener una erección. Enseguida se vinieron arriba, tranquilos de que para su hermana fuese tan normal tocarles el miembro íntimo. Y es que su hermana solo podía verlos de esa manera, como sus pequeños, como sus protegidos. Quería hacer todo lo posible por que estuviesen bien, y haría cualquier cosa para protegerlos. En la hoja apuntó que a Jaume le medía once centímetros y a Pedro trece, antes de reunirse con el resto en el comedor de la casa principal. *** A Chuki le había gustado tanto el camisón transparente que se había puesto Sandra para motivarle, que le pidió que bajase al comedor con él puesto y que hiciese la entrega de premios vestida de esa manera. Si en un principio le acobardó la idea de que sus hijos y Olivia la viesen así, decidió que tenía preferencia cumplir el deseo del ganador. — Bueno, ya tenemos los resultados -manifestó agarrando el trozo de papel que le daba su hija-. En el primer puesto tenemos a… ¡Fernando! Tiene la increíble longitud de veintiséis centímetros. Todos aplaudieron, excepto Olivia que se limitó a mirarlo con desdén. — Con los tamaños de veintitrés y veintiún centímetros… ¡Raúl y Alex! -otros aplausos, a los que se sumó Olivia esta vez-. Empatando en el cuarto puesto con la increíble cifra de diecisiete centímetros… ¡Santiago y Domingo! Y en último lugar pero no por ello menos importante, Pedro y Jaume, con los trece y once centímetros. — No pasa nada, no todo es el tamaño -les animaba Raúl restándoles importancia. — Claro, también hay que saber como usarlo. Si tienes resistencia… — Porque si no la tienes estás jodido. Olivia estalló, sintiéndose mal por sus dos hermanos. — Sois unos bocazas. Que sepáis que la resistencia se puede mejorar. — ¿Por qué te pones así? Es que duran poco... -se burló Alex-. Podríamos hacer otro campeonato, pero esta vez de resistencia. — No, que pierden los pobres… — No os confiéis, con la motivación adecuada se puede aguantar mucho -manifestó Sandra, siendo el centro de todas las miradas. — ¿Qué quieres decir? -preguntó el pelirrojo con picardía. — Que si se motiva a la persona para que aguante, durará mucho más que si no lo hace. — Nosotros hemos aguantado mucho. ¿No? — También podríais durar muy poco -Contestó Olivia a Raúl, con un tono de voz cargado de desdén. Chuki vio una oportunidad que no desaprovechó. — Tú eres la bocazas aquí, tanto que hablabas y acabé teniendo yo razón. La eyaculación precoz no puede alargarse, te lo digo yo. — ¿Qué no? — No hables tanto y demuéstralo. — A mí me parece bien -dijo Sandra, atrayendo la atención de todos. Justificándose de nuevo para que no pensasen mal-. Hemos hecho lo de las mediciones… No tiene porque ser nada sexual. — Estoy de acuerdo -corroboró el pelirrojo con chispas saltándole en los ojos. — Se pueden dar pequeños premios a quien dure más y así motivar a que aguanten… Es una manera de ayudarles a mejorar -dijo refiriéndose a sus hijos. — Hacemos un torneo. ¿Entonces? -preguntó Raúl alzando una ceja. Estaba cada vez más cerca… ¡Iban a follarse a esas dos zorras delante de los inútiles de sus hijos! — Si lo hacemos tendrá que ser siguiendo unas normas, esto no es nada sexual… *** ·· ¡Comienza! El torneo de resistencia ·· Pasaron unos treinta minutos acordando las normas y los límites del juego. Se decidió que el motivo de realizar ese concurso era demostrar que la eyaculación precoz se podía ``curar´´ con la motivación suficiente. Tanto Sandra como Olivia se encargarían de masturbar a dos chicos al mismo tiempo, intentando que uno acabase lo antes posible. El que más aguantase de los dos ganaba un punto y un premio que imponía la propia arbitra, y a medida que avanzasen, los ganadores que acumulasen más puntos tendrían acceso a mejores premios. La otra norma es que Pedro y Jaume siempre competirían, alternándose los cinco invitados contra ellos. Realmente esperaban madre hija que esto sirviese para motivar a sus hijos a aguantar más. — ¿Cuál será el primer premio? — El primer premio será poder jugar con nuestras tetas… Aunque yo sea su madre o Olivia su hermana, no creo que hagan ascos a tocar unos pechos de mujer. Aunque si no queréis… — Yo lo haré, pienso ganar -dijo decidido a conseguir poder tocarle las tetas a su madre. Podía ser repulsivo, pero… su madre y su hermana estaban muy buenas. En ese momento no podía verlas como su familia, sino como hembras. — Yo quiero a Olivia. — Claro que sí, cariño… ¿Quién quiere el primer turno con Jaume y conmigo? -preguntó la hermana mayor. Alex se levantó del sofá y se colocó sin pantalones ni camisa frente a los dos hermanos. Arrodillada frente a ambos y vestida todavía con pantalón y camisa, comenzó a masturbar tanto al gordo como a su hermano pequeño. La diferencia de tamaños era enorme, como comparar un gato con un tigre. Se notaba que Jaume se esforzaba por no correrse, aún así al poco rato ya comenzó a menear desesperadamente las caderas. Sandra cogió, por el contrario, a su hijo Pedro y a Domi enfrentándose por las tetas de la madurita. Los dos hermanos perdieron, corriéndose al poco tiempo para decepción de su madre y su hermana. Tuvieron que observar impotentes como Alex le quitaba la camisa a Olivia y comenzaba a comerle las tetas, al igual que Domi con Sandra. Estuvieron al menos tres minutos con las caras metidas entre sus pechos hasta que ellas decidieron que era suficiente. Tal vez pensaban que, al correrse una y otra vez, tendrían que tardar más a la hora de eyacular… se equivocaban. — ¿Qué premio podemos poner en la siguiente ronda? — Yo quiero que si gano me la chupes -dijo Santi levantándose y colocando su polla ya tiesa frente la cara de Olivia, sabiendo que iba a competir esta vez contra Pedro. La veinteañera agarró la polla de ambos y comenzó a masturbarlos, ya sin camisa y con sus bonitos pechos botando descontrolados. Raúl compitió contra Jaume, siendo ambos pajeados por Sandra. — ¿No quieres que mami te haga sexo oral, cielo? -le provocó, recordándole el premio que esperaba si ganaba. — Sí… — Tienes que aguantar, cariño… Se fuerte. Olivia también intentaba animar al hermano mediano… — ¿No quieres que te la chupe, enano? -este asintió, mentalizándose de nuevo que tenía que ganar-. Entonces ya sabes… Dos pollas dispararon un dos chorros de semen hacia el aire, fueron las de Jaume y Pedro. — Malditos… -se lamentó Olivia mientras veía como Raúl y Santi se sentaba en el alejado sofá, esperando con las pollas tiesas a que las dos mujeres rematasen la faena. Madre e hija gatearon hasta los dos adolescentes y haciéndose a un lado sus cabellos comenzaron a chupar las puntas de las pollas a diferentes ritmos. Raúl tiró la cabeza para atrás, gimiendo mientras levantaba las caderas. No estaba cerca de correrse, pero se sentía muy bien. Lo que más le excitaba es que Jaume y Pedro, que claramente los miraban envidiosos, tuviesen que conformarse con mirar como eran ellos los que recibían mamadas de ese par de diosas. — ¡¡Ahhh!! -gimió Santi disparando un chorro de semen contra el interior de la boca de la veinteañera. Raúl aún sostenía la cabeza de Sandra, que le estaba realizando una garganta profunda antes de sucumbir al ahogo. — Es demasiado grande… no puedo. — No pares… -le impetró mientras se agarraba la polla y se masturbaba contra su cara-. Me corro… Trágatelo todo. Vamos… Uff, que boca que tienes. Trágatelo, yegua. Una ola de semen inundó su boca, pudiendo solo limitarse a cerrar los labios entorno al glande que disparaba aquellas ráfagas. ``¿Cómo puede lanzar tanto cuando ya se corrió antes?´´ — ¿Cuál será el siguiente premio? -dijo Chuki pajeándose con sus veinticinco centímetros frente a ellas dos. *** Si algo estaban de acuerdo Sandra y Olivia es que no podían permitir que Chuki ganase. Era evidente que estaban cachondas perdidas, habiéndose visto influidas por el placer que habían experimentado ya tantas veces al masturbar a todos aquellos adolescentes. Por ello, Olivia le propuso realizar una alianza excepcional para hacerle acabar al niñato prepotente aquel lo más rápido posible. Fernando se sentó totalmente desnudo frente al sofá, con los dos brazos en cruz apoyados contra el respaldo. Frente a él se arrodillaron Sandra y su hija: La veinteañera totalmente desnuda y la cuarentona vestida únicamente con el camisón transparente de color negro. Jaume y pedro se sentaron también desnudos a los lados de Chuki, los tres con las pollas tiesas esperando a iniciar el asalto final. Los penes duros de los dos hermanos parecían tan pequeños al lado del de el quinceañero que parecían de juguete. Aún así, Olivia comenzó a masturbar con una mano a Pedro mientras se inclinaba hacia adelante y comenzaba a chupar la punta de la polla de Fernando. Realmente hizo su mejor esfuerzo porque este se corriese el primero, siendo consciente de que el premio era poder follárselas. Aunque fuese inmoral y enfermizo, prefería mil veces follarse a sus hermanos que a cualquiera de esos niñatos que estaban ahí, masturbándose con las pollas duras… Se habían corrido todos ya. ¿Cuándo iban a dejar de sufrir erecciones? Sandra, por el contrario, agarró la polla tiesa de su hijo más pequeño y comenzó a masturbarlo con suavidad mientras metía la cara entre la entrepierna del adolescente con barba. Su hija ya se encargaba de chupar el glande, así que ella se encargaría de comerle los huevos. — Sois unas tramposas… Esto no es justo -dijo riendo mientras agarraba a las dos mujeres por la nuca, como si eso le permitiese controlar mejor sus movimientos. Forzó a Olivia a que tragase más polla, incrustando su glande contra su campanilla y golpeándola como si esta fuese un saco de boxeo. Ambas le miraban, la veintañera con odio y su madre con súplica, como si desease que se corriese aquel mismo instante. — Me lo estáis poniendo muy difícil… Que dos guarras así me coman la polla al mismo tiempo… Juega con el pircing -le ordenó a la veinteañera, y esta obedeció sacándose la polla de la boca y frotando con su lengua todo el glande. Sandra tomó la iniciativa de subir a chupar donde estaba su hija, encontrándose sus bocas. Todos los adolescentes, incluidos Pedro y Jaume, observaron hipnotizados aquel beso lésbico alrededor de la enorme polla; se hinchó aún más durante los segundos que duraba el beso, antes de que Sandra se quedase chupando la punta y la hija bajase a los babeados testículos que se había comido su propia madre. — Cariño… Tienes que aguantar. No dejes que este a****l nos destroce con esta asquerosa polla… -le suplicó Olivia a su hermano mediano. La madre fue a decir algo a Jaume, pero Pedro se limitó a hacerle tragar toda su polla, atragantándola. — Mira, Jaume. Mira como tu madre me come toda la polla -le provocó acercando su cara al pequeño, mientras este veía como los ojos de la mujer se ponían blancos y su cara roja. El cuello de la cuarentona se había resistido a bajar, pero en esos instantes pareció aceptar la mamada y se quedó allí con la polla atravesando su garganta hasta que se disparó todo el semen del más pequeño de los dos hermanos… Solo quedaba uno. — Bien hecho, enano -le dijo, liberando a la madre de aquella mamada profunda. Emergió, haciendo acopo de aire de la misma manera que un naufrago exhala la resurgir de las profundidades del mar. Estaba muy mareada, casi se había quedado ahogada; dejó su cara enrojecida y llena de babas contra la entrepierna de Chuki. — Aguanta, cariño… -le suplicó exhausta su madre-. No querrás que tu amigo nos destroce la vagina con su gran pene… ¿No? El sexo de Pedro se escurrió entre la mano de Olivia, corriéndose en respuesta a lo que Sandra el había dicho. Quizá se corrió al ver tanto a su hermana como a su madre extenuadas, sumisas ante aquel cipote tan enorme. Tal vez fue imaginárselas violadas por el indudable campeón de los dos torneos. Fuese como fuese, solo quedaba uno y era Chuki, *** Si Alex y Raúl intentaron acercarse a las dos hembras vulnerables, se les quitaron las ganas cuando Chuki les advirtió con una simple mirada. Eran suyas, las dos… Se lo había ganado. Iba a follárselas como las perras que eran, y quizá, siendo compasivo, dejaría lo que quedase de ellas al resto. Hizo sentarse en uno de los sofás a Olivia, quedando esta abierta de piernas. Luego colocó a Sandra sobre esta haciendo que sus coños estuviesen tan pegados que podían frotárselos la una contra la otra. Entonces se puso frente a ambos coños, observándolas mientras se pajeaba. — No sé qué coño me voy a follar primero… Si el de la zorra que me dejó a medias durante la medición o la zorra de su hija, que decía que el tamaño y la resistencia no son importantes. ¿Alguna preferencia? Ninguna de las dos respondió, esperando a que fuese él el que tomase la decisión. Entonces apuntó su polla para el coño de Sandra y la comenzó a meter lentamente, disfrutando del roce que creaba el sexo sin condón y lo apretado que estaba desde el comienzo hasta clavársela hasta el fondo. Conteniendo los gemidos, tuvo que soportar que el muy desgraciado hiciese una coleta con su pelo y tirase de él, haciéndole curvar toda la espalda. El coño se le hizo agua, literalmente. Comenzando a chorrear sobre el sexo de su hija incluso antes de que comenzase la follada. No fue un inicio suave, sintió como la sacaba casi por completo y se la clavaba aún más fuerte una, y otra, y otra, y otra vez. Sin ningún aviso se la sacó, quedándose vacía, notando como el niñato se la metía a su hija dejándola a medias. — ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! -Olivia, que ya se había comenzado a mojar al sentir como se la había metido poco antes a su madre, estaba totalmente lubricada con una vagina mucho más apretada que la de su progenitora. Comenzó a gemir como una loca con las rápidas embestidas, sintiendo que le faltaba muy poco para acabar antes de que el muy bestia se la clavase hasta el fondo. La bola de metal en la punta del glande la volvía loca, clavándose en la entrada de su útero y excavando entre su cérvix. La polla se quedó quita, totalmente metida, presionando en algún lugar de su ombligo… ¿Cómo podía caberle toda? Se preguntaba Olivia entre gemidos-. ¡AHHHHHH! ¡Ah! ¡Ah! ¡AHHHHH! Notó como la polla se metía entre algún hueco mientras ella sufría espasmos de placer, corriéndose delante de los otros cuatro adolescentes, de sus dos hermanos y debajo de su madre. — Que guarra que eres, Olivia. ¿No te sientes mal por correrte de esa manera mientras todos te miran? Ya he terminado con ella -les informó a sus cuatro compañeros. Sacó la polla sin pudor alguno de la entrepierna de la veinteañera, para hacer levantar a la cuarentona. Se besaron de pie, ella le abrazó y Chuki le hizo saltar, elevándola en brazos para follársela en el aire. Sandra se sobresaltó al sentir la polla dentro desde aquella posición, impresionada de que el adolescente pudiese con ella… ¡Y no solo eso! Pues era capaz de hacerla votar. — ¿Te gusta que te folle a pelo? -le susurró directamente al oído. Ella no respondió, se limitó a gemir y suspirar de placer-. ¿No tienes nada que decir? Eres tan zorra que te limitas a dejar que te folle? — No digas eso… -fue lo único que le dijo. Sin sacarla ni dejar caer a la mujer, la bajó hasta el suelo para follársela sobre él. — ¿Qué no? Voy a follarte como la zorra que eres. Solo me has puesto facilidades, así que creo que toca vaciar mis cojones en ti… Eres mi recipiente de semen -dijo antes de agarrarla del pelo y hacerle curvar la cabeza. Le mordió el cuello unos segundos antes de comenzar a martillear el coño con la única intención de correrse dentro. — No… No… -replicó ella con voz débil justo antes de comenzar a gemir como una loca cuando empezaron las embestidas. Sandra no sentía que la estuviese follando, la estaba matando a pollazos. Era imposible parar nada, así que se limitó a aceptar que descargase dentro toda la leche. Le faltaba muy poco para correrse, solo podía pensar en eso mientras sentía fluir el esperma dentro de ella. Ya se había corrido antes, pero el orgasmo más grande aún tenía que llegar. No obstante, estaba subestimando al adolescente. Amasó su cara entre sus manos masculinas y comenzó a besarla con una increíble pasión. Su polla seguía viva dentro de ella, y comenzó a embestirla de nuevo como si no se hubiese corrido. Dejó de besarle, necesitaba gemir. Que todos se enterasen que se iba a correr, incluso sus hijos y los amigos de estos. — No pares… No pares… — Así me gusta, que seas sincera -la premió el llevando su mano húmeda al sexo de Sandra. Combinando la tremenda follada con una estimulación de clítoris perfecta. Su coño estaba totalmente empapado, pero el semen que salía dentro de su vagina molida también ayudaba. — ¡Me corro! ¡Vaya polla! ¡Nunca me habían follado así! -se abrió aún más de piernas, era un orgasmo enorme, podía sentirlo. Era un placer tan violento como la follada que estaba recibiendo, y lo que más le excitaba era como los huevos y el pubis de él aporreaban su piel sensible. Se volvieron a besar con pasión, y la corrida de ambos fue silenciada entre sus labios y sus lenguas. Ella se meó del placer, notó como se mojaba todo, como disparaba líquido fuese lo que fuese. Notó como se encharcaba todo tanto dentro como fuera. Ya no existía nada más, no podía sentir aquella polla, ni el semen que inundaba su útero. Solo podía sentir sus propias caderas desintegrarse del gusto. Sandra y Chuki se quedaron allí estirados, dándose acaramelados besos mientras los otros cuatro se follaban sin piedad a la hija. Los mismos chicos por los que ella se había preocupado que aprobasen, ahora le estaban partiendo el coño. No daba abasto, no podía con uno solo de ellos y eran cuatro. Tantas manos y tantas pollas que por mucho que se corriesen no parecía que fuesen a cansarse nunca de penetrarla. *** Tanto la madre como hija se quedaron dormidas en el sofá, con ambos sexos dispensando aquel líquido cremoso. Se habían desmayado en algún momento de todas aquellas folladas, y los adolescentes habían aprovechado su inconsciencia para seguir abusando de sus cuerpos vulnerables. Sandra y Olivia no habían sido violadas, pues habían disfrutado y consentido cada embestida. Lo único que lamentaban, quizá, es que Pedro y Jaume lo hubiesen visto todo. En algún momento de la mad**gada aparecieron cinco sombras frente a ellas. Las luces se encendieron y pudieron ver cinco pollas tiesas. La mad**gada estaba lejos de terminar, y el nuevo campeonato estaba a punto de comenzar. Sandra se preguntó, mientras una nueva polla la penetraba. ¿Y si hubiese aceptado jugar a cualquier otro juego? ¿Habría acabado todo de otra manera? ¿Y si hubiesen pasado la noche jugando al Street póker? Tal vez, todo se debía a se habían dejado llevar demasiado con las cervezas, creyéndose capaces de controlar los impulsos sexuales de cuatro jóvenes. Capítulo 2: Los adolescentes de Villamacho Parte 4: (Juego) Vamos a jugar a… ¡La botella! 4.0: Prologo.Después de pasar la tarde en la piscina. Sandra aprovecha que su marido y su yerno trabajarán toda la noche fuera de casa, para poder invitar a los cinco adolescentes a dormir a su finca. Con la excusa de dar una lección a su hijo más pequeño, propone jugar a cualquier cosa que los adolescentes propongan. A estos se les ocurre proponer el juego de la botella, que en principio no tiene nada erótico. Sin embargo, Joaquin, padre de tres hijos y marido de Sandra, vuelve del trabajo para pasar la noche en casa junto a su familia. Al descubrir esto y con la intención de escarmentar a su mujer y a su hija, propone hacer el juego más interesante con nuevas reglas: Estas ponen facilidades a los chicos para poder jugar con madre e hija y emputecerlas cada vez más. Lo que el marido de Sandra no esperaba es que todo se le escaparía de las manos, sin ser capaz de parar el juego ni sus consecuencias. Todo dependerá de Olivia y su madre, que intentando resistirse a las inmorales reglas del juego inician una competición entre ambas para vengarse por los retos cada vez más picantes que se ponen ellas mismas. ¿Podrán los adolescentes usar el juego de la botella para conquistar y emputecer a ambas hembras? 4.1. Hombre sediento de un fetiche inmoral Una apuesta con su yerno fue el motivo por el que Joaquin logró salir de la granja para volver a casa con su mujer e hijos. Lo hizo ilusionado, esperando poder gozar de una placentera cena y un rato de relax antes de poder descansar en su cómoda cama de matrimonio. Aquel día repleto de trabajo lo había pasado más excitado de lo normal, sorprendiéndose a si mismo fantaseando con Sandra y deseándola de una manera que era poco normal en él. No sintió lástima de que la pareja de su hija tuviese que quedarse haciendo el trabajo de los dos, pues sabía lo que arriesgaba al provocar a su suegro; su intento de pasarse de listo solo le hizo conseguir sufrir las incomodidades de una granja desbordada de trabajo. Conducía sin poder evitar pensar en todas aquellas perversiones, acentuando su libido a medida que cruzaba el solitario vecindario. Comenzaba a estar tan cachondo que estaba empezando a pensar que no sería capaz si quiera de esperar a terminar la cena. Podría tal vez agarrar a su esposa y llevarla hasta la intimidad del garaje… O eso creyó hasta que se cruzó con ella, sus dos hijos y un montón de chavales que parecían dirigirse a su casa. Redujo la velocidad del vehículo instintivamente, teniendo la sensación de que se ralentizaba el tiempo al adelantar a Sandra y compañía; estaba tan absorta en la conversación que no pareció reconocer su propio coche. Aceleró sin pensárselo dos veces, recorriendo las pocas manzanas que faltaban hasta aparcar en la parte trasera de su finca -con la intención de que ni su mujer ni sus hijos viesen el coche-, cerró con llave antes de salir corriendo hacia el interior de la casa. Se dio prisa al abrir la puerta, al traspasarla y al cerrar con llave desde dentro. Las manos le temblaban, su mente trabajaba a toda velocidad intentando encontrar una posible explicación. ``Me dijo hace una semana que Jaume le había pedido permiso para traer a unos amigos. Discutimos, la convencí de que no era buena idea. Insistió alguna vez más, pero yo continué dándole motivos para no dejar que se quedasen…´´ pensó mientras se escondía con la clara intención de espiar la conversación nada más entrasen por la puerta. Se colocó tras la puerta del pasillo, para poder subir las escaleras si fuese necesario; le habría gustado esperarles en la entrada a los terrenos, escuchando lo que hablasen desde fuera… pero eso no era posible. `` Tal vez ha pasado algo y los trae a cenar. O a pasar parte de la noche antes de pedirles que se vayan a casa. ¿Y si llama al trabajo para informarme de que los ha traído? Seguramente sería eso lo que ella haría, pero… ¿Y si ha permitido que se queden a dormir? Escuchó una llave picotear contra la cerradura de la puerta principal, antes de girar el intrincado mecanismo del picaporte y abrir a los recién llegados la seguridad del hogar. Vio, de refilón, a su mujer permitiendo que entrasen esos adolescentes que él no conocía; como en último lugar entraban sus tres hijos y ella, que cerraba la puerta antes de encararse a sus huéspedes. *** Chuky había insistido la mayor parte del camino en que debían jugar al Poker, mientras el resto de sus amigos se limitaban a asentir y apoyar al quinceañero en un vano intento de convencer a Sandra. Hasta Olivia había quedado convencida por los argumentos del joven: — Mama, no suena tan mal… — No quiero ni oír a hablar de ese juego. No insistáis más -decía mientras abría la puerta de la casa, cediéndoles el paso para que entrasen todos los jóvenes primeros. — ¿Y a qué jugamos entonces? -preguntaba Raúl para compensar el silencio absoluto de Chuky. Este ya se había rendido en intentar convencer a la madurita, y ofuscado se negó a pensar en otra cosa hasta que a Alex se le ocurrió la brillante idea de proponer otro juego similar. — Y sí… -comenzó a decir mientras se pellizcaba con los dedos sus rechonchos labios-. ¿Y si jugamos a la botella? — ¿La botella? -la cuarentona estaba perpleja, como si no creyese lo que oían sus oídos-. ¡Me encantaba ese juego! ¡Qué recuerdos! Y pensar que a día de hoy sigue existiendo. — Mama, ese juego… -empezó a decir Olivia, siendo capaz de ver los puntos negativos del mismo. — ¿Qué pasa? — Pues que ese juego se usa para lo que se usa. — Seguro que Alex se refiere a la botella en sí. ¿Verdad? -inquirió pidiendo la aprobación del chico, este se la dio-. Ponemos una reglas y ya verás cómo será super divertido. — ¿Qué reglas? -preguntó el chico rubio. — Quien hace girar la botella pregunta o reta al que esta señala, dependiendo de las preferencias de cada uno. — ¿Qué tipo de retos? -la pregunta de Fernando, que por fin salía de su enfado al descubrir el potencial del juego, fue acompañada con su ceño fruncido. — Pues… Retos como pedir que haga flexiones, o bailar, o que haga un masaje en los pies… -propuso Sandra dubitativa, como si dijese lo primero que le venía a la cabeza. — No hay demasiadas cosas que se puedan retar, mama -la advertencia de su hija prodiga fue ignorada al instante. — No digas tonterías -dijo esta restándole importancia con la mano-, solo hace falta tener imaginación. — Sí, tía. Que no parece que tengas demasiada imaginación. A mí se me ocurren un par de cosas que podría hacerte hacer… lo malo es que creo que se te daría de pena. — ¿Cómo qué? -le cuestionó la joven al adolescente de gorra y barba, aún a sabiendas que era una provocación que buscaba tentarla para que jugase. — Limpiar los platos, barrer, hacer camas… -La malicia de Chuki dio en la diana tal como pretendía, sabiendo lo orgullosa que era la veinteañera y que no iba a dejar escapar tan fácilmente aquel insulto machista. — Supongo que a ti se te daría muy bien hacerlo. Ah, no… Eso sería suponer demasiado, no creo que sepas hacer nada bien. — Se me ocurren un par de cosas -replicó pensativo. — Decir gilipolleces y tocarte los huevos. ¿Sabes qué? Vamos a jugar a la botellita. Voy a bajarte de donde estás, que has venido aquí muy subidito. Todos observaban, como si de un partido de tenis se tratase, los ataques y defensas de ambos contrincantes. Todos excepto Jaume que, habiendo arrebatado la bolsa de plástico a Raúl, comenzó a instalar a espaldas de todos la consola frente al televisor. Su madre se tapó la boca con la mano al tiempo que negaba con la cabeza decepcionada, mirando a su vástago más pequeño siendo un rehén del aparato electrónico. — No debería haberte dejado traer la maquinita, Raúl -manifestó disgustada. — Si quiere la quito, profe… — No, déjalo… Seguro que cuando comencemos a jugar se animará. — ¿Y cuáles son las reglas? Porque tendrá que haber reglas… Todos miraron a Sandra al darse cuenta que esta no reaccionaba, observando como la cara de esta se empalidecía en un instante y siguiendo todos la dirección a la que miraba la mujer. Un hombre que rondaba los cuarenta años estaba apoyado contra el marco de la puerta, mirándolos a todos en silencio. Fue Olivia la que rompió el silencio, siendo su madre incapaz de decir nada. — Papa. ¿Qué haces aquí? — Ya ves, hija. He venido un poco antes de lo esperado… -Joaquin respondía con naturalidad, como si no pasase nada malo. La culpabilidad de Sandra, en cambio, la sufría por dentro. — Ya podrías haber avisado… Vaya susto. — No he querido asustarte, cariño. Lo siento… Simplemente no pude evitarlo -parecía realmente apenado, antes de enfocarse en su esposa-. Cielo… ¿Podemos hablar? -esta vez no tardó en reaccionar, se dirigió hacia su esposo tal vez pensando como podía excusarse por aquello. Los adolescentes se quedaron en la entrada, sabiendo que muy posiblemente el marido les pediría que se fueran. Un sabor agrio inundó sus bocas al ser conscientes de que habiendo estado tan cerca no les quedaría otra que renunciar a las dos mujeres. *** Joaquin decidió que quería hablar con su esposa sin ser escuchado por nadie más, en ese momento diversas ideas cruzaban su mente por mucho que él intentase acallarlas todas. No le gustaban las ocurrencias que rondaban por su cabeza, y sin poder esperar a estar lo suficiente alejados fue el primero en romper el silencio, mientras cerraba la puerta que interconectaba los dos edificios. Estaba decidido a no dejarse manipular, recordándose a sí mismo que su mujer era experta en manipular las discusiones hasta el punto de convertir al juez en acusado. No debía bajar la guardia, pues si lo hacía corría el riesgo de perder la pelea pero… ¿Cómo podría Sandra revertir aquella situación? La verdadera discusión comenzó en cuanto llegaron a un lugar apartado donde pudieron alzar el tono de voz tan rápido como se cerró la puerta. Joaquin la acusó de hacer cosas a sus espaldas, llevando ni más ni menos a cinco adolescentes a su propia casa. Sandra argumentaba en contra que no lo habría tenido que hacer si hubiese sido más tolerante, pues era algo que hacía mucha ilusión a Jaume. No tardó en desaparecer la desventaja y la culpabilidad en el tono de Sandra, contraatacando al recordarle que la mayoría de esas decisiones las tomaba él solo. No habría tenido que llevarlos a sus espaldas si hubiesen podido acordar una solución intermedia, algo a lo que él se había cerrado desde el comienzo. — No intentes hacerte la víctima. No dijiste nada que me convenciese para cambiar de idea... — ¿Entonces me fastidio y me impones algo que yo no quiero? — ¡Has traído a cinco chicos desconocidos a nuestra casa! — ¡Van al instituto de nuestros hijos! — Supongo que eso es suficiente motivo para confiar en ellos -ironizó Joaquin paseando por el cuarto. Lo que más le enfadaba no era que los hubiese invitado a dormir toda la noche, sino que estuviese dispuesta a permitir que tanto ella como su hija pasasen la noche con cinco adolescentes cerca. — No se trata de confiar, Joaquin. Jaume quería invitarlos a casa, y no hay nada de malo en que socialicen un poco. — Ah, claro. Ahora resulta que es bueno dar todo lo que quieran a los niños… Cuando Jaume me pida que le deje conducir, supongo que lo haré. Total, no hay nada malo en que vaya aprendiendo. Sandra puso los ojos en blanco, exasperada. — Es inútil hablar contigo. — Lo que más me jode es que ibas a dejar que se quedasen a dormir sin decirme nada. — ¿Qué habría pasado si lo hubiese hecho? ¿No me habrías montado un pollo como lo estás haciendo justo ahora? — Habría intentado ser comprensivo. — Eso lo dices porque no tienes que vivir esa situación, pero me la habrías liado igual. — ¡Es que no es normal, Sandra! Te pongas como te pongas. — Solo se van a quedar a dormir una noche. — Son cinco chicos en esa edad, Sandra. Si no crean problemas por pelearse, será por… -se imaginó a aquellos quinceañeros pajeándose mirando dormir a su hija y a su esposa. Por unos instantes sintió una quemazón creciente en el pecho; no terminó de decir lo que estaba a punto de soltar-… otras cosas. — No se van a portar mal, Joaquin -intentó hacerle entender a su marido que lo estaba sacando todo de quicio. — Son cinco chicos en esa edad -repitió como si ella no lo estuviese viendo con la suficiente calidad-, es una responsabilidad enorme. ¿Y si les pasa algo? ¿Y si se escapan? ¿Y si…? Por unos instantes, imaginó a uno de esos gamberros manoseando a su hija. Le superaba la situación, el plan de dejar que estos se quedasen a pasar la noche allí hacía aguas por todas partes; no era capaz de verlos como niños, sino como lobos hambrientos que acechaban a su mujer y a su hija. No le hacía falta recordar que en aquel pueblo apenas había mujeres, adolescentes y niñas; eso sin tener en cuenta la falta de internet, ordenadores y móviles… ¿Cómo satisfacían aquellos adolescentes sus necesidades más básicas? Entonces surgía la oportunidad de compartir el mismo techo con dos hembras de cuerpos tan lascivos, sin hombres adultos para intimidar ni obligarles a mantener las distancias. Recordó que su mujer -creyendo que no estaban ni su marido ni su yerno-, había accedido con facilidad a jugar a la botella… ¿¡Pero en qué estaba pensando!? — No pasará nada, Joaquin -le contradijo con voz cansada, como si aquella conversación le estuviese provocando jaqueca. — ¿Y lo de la botella? — ¿Qué? -le cuestionó claramente descolocada. — El juego ese de la botella del que estabais hablando -Le hervía la sangre, pues se estaba imaginando a su mujer poniendo facilidades a esos niñatos... ¿Y si realmente es lo que ella quería? No podía evitar preguntarse hasta que punto estaba dispuesta a llegar su esposa. — Un juego para pasar la noche… Jaume está obsesionado con la consola y les propuse que podríamos jugar a un juego -hizo una pausa, dándose cuenta por primera vez de lo absurdo que podía sonarle a su marido-… Para demostrarle al niño lo mucho que se pierde. — ¿No había otros juegos? — ¿Cómo cuál? -reponía Sandra cruzándose de brazos, alternando su pose defensiva a una de contraataque. — Pues… -la mente se le quedó en blanco. Joaquin intentó pensar en cualquier juego que no fuese tan mal interpretable, pero no tuvo éxito. — ¿Y bien? — El parchís… El monopoli… — Somos nueve, Joaquin. Esos juegos son para cuatro o cinco personas como mucho. — No me líes. Ese juego se usa para lo que se usa. — Ni siquiera hemos puesto las reglas… -le contradijo poniéndose de nuevo a la defensiva, y en eso tenía razón. Joaquin se insultó para sus adentros al darse cuenta que tendría que haber esperado más a ver como se desarrollaba todo. — ¿Y cuáles ibais a poner? — ¡No lo sé, Joaquin! ¡No lo sé! Yo solo quería que los niños se lo pasasen bien. Se miraron dolidos durante unos segundos hasta que el hombre rompió el silencio. — Me sorprende que te andes con excusas, Sandra. Has traído a casa a cinco adolescentes salidos a nuestra casa. — ¡No están salidos! — ¿Estás mintiendo o eso es lo que realmente quieres creer? Tal vez estabas disfrutando calentando a un par de críos. Giró la cara automáticamente mientras un picor nacía en su mejilla, la palma de la mano de su esposa estaba enrojecida. — Me sorprende que creas eso de mí. Tal vez eres tú el que disfruta fantaseando con esas cosas. — No digas tonterías -negó con un nudo en la garganta. Aceptarlo sería reconocer que se había imaginado a su mujer y su hija abusada por aquellos chavales. — ¿Tonterías? Era nuestro coche el que pasó por nuestro lado cuando caminábamos hacia casa. En lugar de parar o aparcar frente a casa como haces siempre lo escondiste y te colaste dentro para… ¿Para qué, Joaquin? ¿Qué esperabas que pasara? — No sabía que esperar -reconoció sin amilanarse, sacando pecho. No debía avergonzarse de ello. — Son unos niños, por dios. — Esos de niños tienen lo que tú y yo de adolescentes. — No digas tonterías… -repitió su mujer antes de que Joaquin comprimiese en una sola frase lo que llevaba pensando desde hacía rato. — ¿Te apuestas algo? Se miraron, en la intimidad de la sala. La misma excitación que había sentido Joaquin a lo largo de todo el día seguía presente, pero en otra forma. Ya no era él el protagonista de las perversiones, sino aquellos adolescentes ávidos de sexo y dominación. La negativa de su mujer a la hora de reconocerlo, en lugar de restarle convicción se la acentuó; haciéndole desear ver hasta donde eran capaces de llegar su mujer y su hija, viendo a esta última por primera vez como una mujer y no como la niña que sus ojos habían visto crecer Se maldijo por no haberse quedado callado tras la puerta, espiando la evolución de aquel juego. Sintió la irrefrenable sinceridad de atar aquellos dos trozos de carne y ponerlos al alcance de las fieras hambrientas, observando como desesperados intentaban alcanzarlas hasta que, en el último momento, él mismo retirase los cebos para frustración de aquellas bestias. Le parecía una idea tan atractiva que no pudo resistirse, y quizá su insistencia y convicción se contagió a su mujer, Sandra, que decidida a demostrar que él se equivocaba aceptaría la apuesta de su esposo. Ella podía verlos como hombres, como lobos, como bestias en celo; pero no era capaz de asimilar que ellos la viesen de aquella forma. No era capaz de aceptar que aquellos adolescentes no fuesen de otra forma que inocentes criaturas como sus dos hijos varones… … así que aceptó. Aceptó jugar a la botella con unas reglas que iban a rozar lo indecente, sorprendida de que su marido estuviese dispuesto a emborracharlos y provocarlos. Llegó a dudar, por unos momentos, de si su marido Joaquin no quería que pasase algo. Dulce frustración la de una persona que ni puede ver el fetiche pornográfico que le gusta ni leer sobre él, y en medio de la desesperación que esto le crea, decide provocarlo el mismo, creando su propio fetiche, en la que su mujer y su hija serían protagonistas. Tal vez, ni Joaquin ni Sandra creían realmente que todo aquello podía escapárseles de las manos. 4.2. Estableciendo las reglas mientras gira la botella… Cuando regresaron al salón y para sorpresa de todos, Sandra preguntó cómo iban a organizar el juego de la botella y cuáles eran las reglas. Nadie se lo esperaba, pues todos parecían creer que al llegar el esposo de esta no había nada que hacer. — Lo que habíamos dicho. ¿No? Retos y preguntas -murmuró cauto el pelirrojo, sin olvidarse de la presencia de Joaquin. — Por mí no os preocupéis -replicó el cuarentón, a sabiendas de que su presencia los podía incomodar. Estaba resuelto a conseguir que se comportaran con naturalidad… Había dudado instantes atrás si fingir que se iba a la cama y observar desde la clandestinidad, o participar en aquel juego y organizarlo. La segunda idea le parecía mucho más atractiva aunque, para eso, tenía que conseguir que su presencia no afectase al comportamiento de los adolescentes-. Yo también pienso jugar, será divertido -aseguró sin mirar a su esposa, como si esta no existiese. Ella si que lo miró, pero no hizo ningún comentario. — Entonces… ¿Preguntas y retos? -inquirió Raúl dubitativo, claramente desconfiado. — Eso es muy aburrido… Seguro que podemos poner un par de reglas más interesantes. — ¿Cómo cuáles? -inquirió Chuki desafiante. — Como es un día especial… ¿Qué tal si metemos la norma de los chupitos? Algo así como cada vez que se pase hay que beber un chupito… — Cariño, son menores -le espetó su mujer alarmada. — ¿Menores? — Posiblemente bebamos más que vosotros -le contradijo Alex provocando la risa de los otros chicos. — Seguís siendo menores, y yo soy vuestra profesora. — Ni estamos en el instituto ni es horario lectivo -protestó Raúl dejando sin argumentos a la cuarentona. — Es verdad, Cielo. ¿Qué pasa con eso de no traerse el trabajo a casa? -se burló Joaquin sin piedad, acallándola al instante. En un momento, terminaron de organizar las reglas del juego. El marido de Sandra no había expuesto todas las ideas que tenía en mente, pero para comenzar sabía que era suficiente. Bastaba con jugar un rato para conseguir que el alcohol inhibiese tantos a unos como otros para proponer la siguiente fase del juego… La de las prendas. No se sentía capaz de esperar hasta entonces, y ya podía ver en los ojos de aquellos adolescentes un brillo de alegría al creer que la suerte les sonreía; tal vez incluso creyesen que él era un calzonazos y estaba proponiendo todo aquello con toda su buena intención. ``No, niñatos. Si vais a jugar es porque así yo lo decido, y en el momento en el que me parezca oportuno os pondré a dormir… Con un calentón de la ostia. Disfrutad, mis pequeños cabroncetes, disfrutad todavía que podéis…´´ pensó con malicia mientras pedía ayuda a un par de ellos para traer el orujo gallego y un montón de vasitos de cristal. En menos de cinco minutos ya tenían organizado toda la estructura: Los dos sofás y la butaca alrededor de la mesita central de madera, sobre la cual colocaron una botella de vino vacía. Los poco afortunados que no pudieron sentarse en tan cómodos asientos se vieron obligados a conformarse con unas sillas con patas de madera. Sin embargo, todos y todas tuvieron su chupito frente a ellos, a la espera de que tuviesen que vaciarlo. Estaban todos listos para empezar, incluso Pedro. Siendo Joaquin el primero en hacer girar la botella para elegir a su primer víctima. *** Las primeras preguntas fueron inocuas e inocentes, carecían de intencionalidad las hiciese quien las hiciese. Al ser señalados por la botella, nadie se animaba a optar por el reto y escogían sin pensárselo que les preguntasen. Hasta Chuki cuando le tocó a Olivia y aún a sabiendas de las ganas que tenía de fastidiarla, se limitó a preguntarle cual era la locura más grande que había hecho. Todos se habían comprometido a decir la verdad, y el precio por negarse a responder la pregunta o rechazar realizar el reto era beberse de un trago el chupito. Nadie bebió un solo trago durante las diez primeras preguntas, hasta que Alex hizo girar la botella haciendo que esta señalase a Olivia. — Verdad -musitó ella sin pensárselo. — ¿A qué edad perdiste la virginidad? La veinteañera miró a su madre y a su padre, ambos sonrieron. — No te avergüences, cariño. Si a nosotros nos preguntan algo parecido también responderemos… es solo un juego -la animó su padre. — Aún así… Paso -Agarró sin miramientos su chupito y bebió de un trago, haciendo una exagerada mueca de ahogo al quemar todo su esófago con aquel fuego líquido. — Alguien tenía que ser la primera -se burló Chuki con malicia, antes de añadir-, aunque todos sabemos que ibas a ser tú. — Eres un bocazas, niñato. Tendrás que callar la boca cuando tú también pases. — Yo no soy un cobarde como tú, responderé a todo lo que preguntes y a todo lo que me retes. ¿Puedes decir lo mismo? Se miraron largo y tendido y, sin dejar de ojearle, Olivia posó las yemas de sus dedos sobre la botella y la hizo girar, señalando inesperadamente a su padre. — Verdad. — ¿Pedro es adoptado? -una sonrisa apareció en los labios de su padre pero este, en lugar de responder, se vació el vaso de un trago. Todos rieron a carcajada limpia burlándose de Pedro. — Ay, Pedrito… A saber de quién eres hijo. — Tranquilo tio, encontraremos a tus verdaderos padres. Joaquin hizo dar vueltas al cilindro de cristal mientras las risas aún sonaban sobre los sofás y las sillas, acalladas al ver que la botella señalaba a su hijo Pedro. Este mirando a su padre y para sorpresa de todos, eligió reto. — Te reto… -entrecerró los ojos sin apartar la vista de su hijo antes de decidirse-, que hagas un pulso con tu hermana. Olivia sonrió ante lo propuesto por su padre, ambos se levantaron intercambiando miradas de desafío mientras se encaminaban hacia la mesa, se sentaban y se acomodaban antes de empezar. Ganó la hermana mayor al agarrarse contra la mesa con la mano libre, aplastó el pelo de Pedro mientras se burlaba. — Cuando crezcas un poco más, enano -le espetó alegremente mientras veía como este hacía girar la botella, le tocó Alex y, debido a que eligió reto y no le gustó lo que el hijo de Sandra proponía, bebió de un trago su chupito emulando una mueca de quemazón antes de hacer girar el cristal sobre la mesa. En los siguientes turnos, hacer girar la botella se convirtió en una excusa para beber chupitos, vaciando de manera considerable la botella transparente de orujo gallego. Pocas preguntas fueron contestadas y pocos retos realizados, a pesar de que aún carecían todos ellos de un carácter picante. Tanto los adolescentes como sus hijos y esposa parecían aún cohibidos por la presencia de Joaquin, llegando a pensar que lo mejor sería ``irse y observar desde la distancia´´. ``No´´ negó metalmente con rotunidad, soy yo el que tiene que animarlos a calentar el ambiente. No le costó mucho encontrar un buen argumento para poner la nueva norma de tener que quitarse prendas, pese a que todavía era demasiado pronto y tenía que esperar un poco. Sandra y Olivia estaban demasiado sobrias todavía, y ni estando predispuestas a ello accederían a no ser que el calor del alcohol les inspirase para comportarse más sugerentemente. Ambas, hasta el momento, habían cortado por lo sano los pocos intentos de los adolescentes de subir el tono del juego… Y eso estaba a punto de cambiar. — Verdad -gruñó su esposa ante la atenta mirada de su marido. — ¿Cuál considerarías que es el tamaño perfecto de un miembro… masculino? ¿Vas a beber? — No quiero dejarte en ridículo -contestó ella claramente quemada. — No lo harás. — Diecisiete centímetros -dijo antes de hacer girar la botella. Chuki eligió verdad. — Si has perdido la virginidad… ¿A qué edad lo hiciste? — A los catorce -contestó él adolescente de la barba antes de hacer girar la botella. Una sonrisa burlona asomó en las comisuras de los labios de Chuki, gesto que animó a Olivia a aceptar un reto de este. — Hazme una tortilla -su sonrisa se ensanchó. — ¿Por qué una tortilla? -antes de que este pudiese responder, ella lanzó su ocurrencia-, si con un plátano seguro que te quedarías igual de satisfecho. Es obvio que no has evolucionado de mono… Se levantó y se marchó antes de que el aludido pudiese rebatirla. — ¿Qué pasa cuando a alguien le retan algo que lo llevará mucho tiempo? ¿Paramos el juego? -la pregunta la hizo el quinceañero de cabellos rubios, rascándose la cabeza. — No podemos estar parando el juego cada dos por tres -argumentó Joaquin mientras se reincorporaba-. La persona que acepta el reto puede nombrar a alguien que tire en su lugar… Eso o tira antes de hacer el reto. — Pues tu hija ya se ha ido a hacerlo. — Entonces tiro yo -sentenció Raúl sin dar tiempo a que nadie se opusiese, la botella giró mucho más de lo normal hasta el punto de que casi cayó al suelo. Señaló a Sandra, y esta aceptó un reto. — Tienes que hacerme un masaje -le impuso sin esperarse que esta bebiese decidida su chupito de orujo. — No me hacen masajes a mí te los voy a hacer yo a ti -replicó riendo. Su marido observó como sus mejillas se enrojecían cada vez más y más, pese a que aún no estaba mareada ni tartamuda; su intención era que esta alcanzase un punto intermedio. La mujer hizo girar la botella, señalando a su hijo mediano. No espero a que este eligiese si prefería pregunta o reto. — Cógele el mano a tu hermano y juega un rato por él -Con satisfacción observó como el más pequeño de sus hijos se revolvía intentando mantener la posición del mando, escuchando al hermano mayor de este imponerle una orden. — Anda, enano… Tira a jugar con los demás, que nos tienes hartos. — ¡No me jodas! -protestó el adolescente de catorce años, siendo amonestado al instante por su madre-. Pero mamá… ¡Nunca puedo jugar a la consola! — Tampoco tendrás siempre a tus amigos aquí, ven a jugar un rato. Cariño… ¿Quién quieres que tire por ti? -inquirió Sandra, recibiendo un ``Tú misma´´ como respuesta. Obedeciendo la voluntad de su hijo, inició los giros dando como resultado que Raúl fuese su próxima víctima; la cuarentona esperó pacientemente a que este decidiese a que prefería optar. — Reto -musitó tras unos segundos de ensimismamiento. — Hazme un masaje en los pies -ordenó, viendo decepcionada como Raúl imitaba su evasión anterior y remataba de un trago el vasito de orujo. — No me haces un masaje… ¿Por qué te lo voy a hacer yo? Se hicieron cuatro turnos más, dando como consecuencia que los elegidos por el cilindro del cristal optasen preferentemente a saborear el trago de fuego gallego antes que contestar a las preguntas o aceptar el reto que se les imponía. Abusaban cada vez más y más de pasar, sin darse cuenta que eso era lo que Joaquin esperaba. Durante el quinto turno, el salón se llenó de un irresistible olor a tortilla. Apareció la veinteañera emulando a una camarera, cargando un plato de tortilla amarillenta que pequeños hilos blancos. — Justo como me gusta… Poco hecha -señaló satisfecho Fernando mientras observaba a su joven rival dejar sobre la mesa un tenedor, un cuchillo y una servilleta junto al plato. — Que aproveche -replicó sonriente la joven mientras observaba al quinceañero devorar la tortilla. Si se quemó la lengua no lo demostró, engullendo trozo tras trozo hasta que el plato quedó impoluto. — ¿Qué miras? -cuestiono Chuki al darse cuenta de que la hermana mayor de sus amigos lo observaba sonriente, el resto también se habían quedado mirando al percatarse de la insistencia de la recién llegada. La aludida se levantó y, siendo estudiada por las miradas de todos se acercó al chaval, se inclinó hacia su oído y le susurró algo que nadie más escuchó: — Veo que te han gustado mis babas, enano -dijo riendo antes de volver a su asiento. Joaquin se percató, tal vez más perspicaz que el resto, de que la mirada del tal Fernando indicaba venganza. ¿Qué le habría hecho su hija para que este la mirase de aquella forma? Sin embargo, no había enfado en su mirada, sino que el quinceañero se forzó a sonreírle. — Verdad… -La respuesta de Domi, el adolescente de cabello largo, sacó a Joaquin de su ensimismamiento. La botella, girada por Sandra, le había señalado a él. — ¿Te has tocado pensando en una chica que yo conozca? -preguntó con malicia, provocando que el chico se ruborizase y se llevase el chupito a los labios-. Creo que eso ya es una respuesta en si misma -señaló alegre lanzando una mirada fugaz a su hija. — ¿No os parece que abusamos demasiado del pasar? No puede contar como castigo si sois unos borrachos empedernidos -bromeó Joaquin levantándose del sillón, buscando atraer todas las miradas-. Propongo establecer una nueva norma. — Pienso igual -le apoyó Chuki, habiéndose dado cuenta desde hacía tiempo que el alcohol lo estaba transformando. — ¿Qué norma sería esa, Cielo? Miedo me das -El comentario de Sandra cogió sentido en cuanto esta señaló los chupitos con la mirada, recordándole que ya se estaba pasando. — Pagar con prenda -Su mujer se limitó a mirarlo mientras se acariciaba sus propios labios que vocalizaban una silenciosa ``a´´; su hija giró bruscamente su cabeza para mirar a su progenitor, mientras que el resto de los adolescentes estudiaron silenciosos al adulto. — Parece interesante… -reconocía Fernando lanzando una mirada a la hija de Joaquin. — Papa… — ¿Qué? ¿No habíais ido a la piscina? Ya os han visto en sujetador y vosotros a ellos en bañador. ¿Qué hay de malo? — No es lo mismo. — Es solo un juego. Un motivo para no pasar cuando te hagan preguntas y retos. — A mí me parece bien -se lanzó Chuki a apoyar la propuesta del patriarca, cual águila abalanzándose sobre su presa-. Aunque tampoco hay que obligar a la chica… Si no se atreve. — Por mí también está bien -replicó frunciendo el ceño Olivia, sin ser capaz de ignorar la provocación del chico. — Vamos a hacer un descanso, también hay que hacer la cena… podríamos continuar después de cenar -propuso Sandra mirando disimuladamente a su esposo, como si estuviese intentando decirle que tenían que hablar. Sin embargo, este la ignoró. — Genial… Yo tengo que ir al baño. — Yo también. — Y yo -señalaron Raúl, Chuki y Alex. Al preguntar dónde estaba el baño, Sandra les indicó haciendo que estos subiesen las escaleras para dirigirse todos al mismo baño. Sin que nadie se diese cuenta, Joaquin se escabulló tras ellos, dispuesto a espiar la conversación de los tres chicos. *** — ¿Habéis visto que calzonazos es el padre de Olivia? Prácticamente nos está pidiendo que nos follemos a sus hijas. — Primero las emborracha por nosotros y luego las desnuda -le escuchó decir al pelirrojo tras la puerta. — No os motivéis, en cualquier momento se le puede ir la pinza y pedirnos que nos vayamos de casa. — ¿A estas horas de la noche? No creo. — Por si acaso vigila. — Aún así todo esto está muy bien, pero no sé cómo podríamos follárnoslas delante del marido y de los dos enanos. — Podríamos retar al calzonazos este a que cocine algo, y mientras lo hace retamos a Sandra y Olivia a jugar a la piñata con ellas. — ¿A la piñata? -preguntó el gordo riendo a carcajadas. — Si, a aporrearlas con nuestras pollas. El que había pedido desde el comienzo precaución, era esta vez el que anotaba un dato sobre el padre de los tres hermanos. — Igualmente parece que lo está haciendo queriendo. — ¿Quién? — El marido de la yegua esa, imbécil. ¿Quién va a ser? Cuando llegamos parecía super cabreadísimo, y cuando volvió de hablar con Sandra estaba super amable. — Tal vez le pone que otros se follen a su mujer. — Tiene pinta de mal follada. — Pues como la hija… — Si no hubiese aparecido el imbécil este ya nos las estaríamos follando. — O no -le oyó decir al que creyó que era el pelirrojo. — Que sí, que aunque parezca que no están desesperadas las dos. ¿Viste cómo se apuntó a la piscina la madre? ¿Y cómo nos invitó a su casa aprovechando que el marido no estaba? Esta quiere rabo. — ¿Y la hija? — También. Lo que pasa es que a estas tías les gusta hacerse las imposibles para luego no tener culpa de nada, pero cuando se la clavas aunque se resistan lo estarán disfrutando como perras. — Pero si lo que dices es verdad entonces que el marido esté delante las va a cortar todo el rato. Si solo estuviesen los dos enanos esos yo creo que se habrían dejado con mucha más facilidad… o los habrían mandado a los dos a su cuarto. — Lo que tenemos que hacer es conseguir que el imbécil ni se entere. — O que esté tan borracho que le de igual… — Podríamos hacer que se tape los ojos. — Y nos follamos mientras a su mujer y a su hija. ¿No? Los tres adolescentes rieron mientras se oían tres chorros salpicando en el agua, haciendo muy posible creerse que los tres estuviesen meando al mismo tiempo y salpicándolo todo… ¿Representaba esa imagen a la perfección lo que los cuatro tenían en la cabeza? 4.3. Pervirtiendo mínimamente el juego de la botella El juego de la botella sufrió un parón que precedió a la cena. Sandra insistió en hacer una cena que brilló por la cantidad, asegurando que tenían que estar todos bien alimentados por estar en crecimiento. Mientras el alimento se preparaba en la encimera y sobre los fogones, Joaquin fue convencido por su esposa para hablar sobre el tema, siendo sermoneado por su mujer al asegurar lo mucho que se estaba pasando. ¿Cómo estaba siendo capaz de emborrachar a un par de adolescentes? ¿Cómo podía siquiera proponer la regla de las prendas? Mientras que el patriarca evadía la pregunta, estando decidido a demostrar que esos pequeños cabrones querían gozar lo máximo posible de las dos hembras; la madre de los tres hijos se negaba a pensar de esa manera. ¡Era imposible que aquellos cinco quinceañeros la viesen a ella y a su hija de esa manera! Insistió en que era él quien estaba sacando las cosas de contexto, pecando de tener una mente sucia y que veía lo que quería ver. Todo resultó en que ambos acentuaron su convicción a la hora de querer demostrar si los niños eran tan inocentes como aparentaban o no. A Joaquin le era imposible creer que su esposa fuese tan ingenua, estaba seguro de que fingía aquella incredulidad y estaba resuelto a darle un escarmiento. Sería tanto Sandra como su niña las que decidirían donde estaba el límite. En algún momento ambas tendrían que plantarse y negarse a continuar jugando, y sería en ese momento cuando, triunfante, demostrase que él y solo él tenía la razón. Además, ya había aceptado que todo aquel juego le estaba excitando. Era como un fetiche secreto; inmoral y enfermizo que no debía ser aceptado, pero que en alguna parte de subconsciente se deseaba consumir con un ilimitado deseo. Calentándose al empatizar con el deseo de aquellos adolescentes ante la posibilidad de gozar de los cuerpo de ambas hembras. Esa era la cuestión, quizá. Joaquin no era capaz de asimilar que los adolescentes fuesen capaces de nada más que mirar y a lo sumo toquetear un poco, ya que estaba seguro de que tanto mujer como su hija les pararían los pies rápido. *** Durante la cena, el marido de Sandra ya había determinado cual sería la manera en que observaría la evolución del juego sin intimidar con su presencia al resto. Para eso, propuso que continuasen en la casa de Olivia dado que allí estarían más tranquilos y, ¿Por qué negarlo? Tampoco estarían Pedro ni Jaume, que también suponían una m*****ia. La situación ideal sería aquella en la que madre e hija estuviesen solas con los adolescentes, sin ver su comportamiento alterado por terceras personas, y era por eso por lo que se mostró tan convincente a la hora de imponer aquella condición. Los cinco invitados, al oler la dulce fragancia de la oportunidad, apoyaron con rotundidad la propuesta del patriarca alegando que estarían más cómodos allí. Hubo una pequeña trifurca entre Olivia y Chuki cuando, a la hora de recoger la mesa, estos se quedaron esperando como señoritos a que las dos mujeres recogiesen la mesa. Sandra insistió, dando por hecho que como estaban invitados no tenían que hacer nada mientras que la hija de esta, ya m*****a, aseguraba que no eran formas. ¡Ni que fuese la esclava de estos! Fernando, sonriente, claramente discrepaba. Los dos hijos varones de Joaquin y Sandra se quedaron en el edificio principal jugando a la consola mientras que sus dos padres, su hermana y los cinco invitados traspasaban la puerta que conectaba ambos edificios. Pedro, a pesar de sentir la necesidad de ir a ver como terminaba el juego, se vio inundado por una cobardía que no deseaba descubrir aquel resultado; pues no era capaz de aceptar lo que creía estar presenciando: ¿Su padre permitiendo que menores bebiesen alcohol? ¿Su padre proponiendo que a la hora de pasar turno se perdiese una prenda? Se quedó allí, mirando la pantalla intentando buscar una respuesta lógica, como que su padre realmente viese aquello como un juego y que, si sucedía algo, les pararía los pies. No era capaz de asimilar otra opción, aunque todo apuntase que así era… Mientras, sus tres familiares y sus cinco némesis ya se habían acomodado en el salón del otro edificio. Su padre había pedido ayuda a los chavales para que le ayudasen a llevar un par de sofás y así estar todos cómodos. Supo que no podía hacer nada cuando escuchó cerrarse de un portazo la puerta, sintiendo el deseo irrefrenable de querer ir a ver que sucedía… pero sin que su cuerpo fuese capaz de moverse. *** — ¿Tenéis claras las normas, no? – se aseguraba Joaquin mientras se sentaba él último sobre su butaca individual de cuero. La había colocado entre todos los sofás para poder ver lo que sucedía en ellos sin tener que girar el cuello. Todos asintieron, pues se habían tomado su tiempo para negociar las nuevas reglas. El alcohol continuaba estando presente en una mesita central diferente a la anterior, y junto a la botella de orujo gallego a medio terminar había otra de orujo blanco manchego sin estrenar. — ¿Quién empieza? -preguntó Sandra. Alex tomó la iniciativa haciendo girar la botella. El marido de la cuarentona se fijó por primera vez en los pequeños e imperceptibles hilos que unían a varios de los presentes. Era capaz de ver dos pares que unían tanto a su hija con el macarra quinceañero de gorra y barba, como al gordo con su mujer. Mientras que el resto de adolescentes parecían carecer de motivación alguna, estos dos parecían empeñados en joder y fastidiar a las dos hembras. Tal vez, para el gordo, humillar a la madurita y convertirla en su esclava era lo más morboso que se le podría haber propuesto. Chuki, por el contrario, parecía estar decidido a emputecer a la veinteañera como si sintiese un asco tremendo hacia ella. Incluso él, a sus cuarenta y pico años, estaba impresionado pues pocas veces había presenciado una atracción sexual con tanta intensidad. La botella señaló a su amigo Raúl, para decepción del gordo. Aún así este no malgasto su turno y lo invirtió en crear cercanía con la madurita. — Reto. — Hazle un masaje en los pies a la profe. — Cabrón -comentó riendo mientras se sentaba junto a la milf. Esta, sin mediar palabra, alzó ambos pies descalzos muy dignamente y los colocó sobre sus rodillas recibiendo unas caricias muy placenteras-. Alex, gira la botella por mí -el aludido obedeció señalando con el recipiente de vidrio al marido de Sandra. — Verdad. — ¿Vale cualquier pregunta, no? Es un juego después de todo -Joaquin asintió, pues su objetivo no iba a cambiar hiciesen lo que hiciesen-. ¿Te has sentido atraído alguna vez por otra mujer que no sea tu esposa? Todos rieron al ver como este se quitaba un calcetín y se bebía de un trago su chupito. Inaugurando por primera vez la ronda de las prendas. Se inclinó hacia adelante, convirtiendo el vidrio sobre la mesita en un hélice giratorio. — Pregunta -dijo el chico rubio, inclinándose hacia adelante. Se dio inicio al juego con una pregunta tras otra que carecían de agresividad, premiando contestar a ellas sin reparo alguno. Sin embargo, a medida que fue girando la botella, se comenzaron a hacer preguntas más y más íntimas olvidándose que aquello era un juego, convirtiéndolo en una pequeña guerra fría. — Perdona que te haga una pregunta tan íntima, pero me puede la curiosidad -dijo Domi sin borrar la sonrisa de su cara-. Cuando te masturbas… ¿Te metes los dedos o te acaricias lo de fuera? Olivia frunció el ceño sin responder, quitándose la camisa mientras le rebotaban sus dos enormes pechos contra el sujetador; después remató de un trago su chupito antes de hacer girar la hélice de vidrio. — Verdad. — ¿Cuántas pajas te haces a la semana? -inquirió la veinteañera a Fernando mientras alzaba una ceja. — Siete. — ¡Eso no es justo! Tú si que preguntas sobre eso y… -se quejó el adolescente de pelo largo, m*****o porque esta no hubiese respuesta su pregunta inicial. — Es una pregunta muy íntima, y nadie me obliga a responderla. Yo tampoco he obligado a responder a Chuki -argumentó con paciencia antes de centrarse en su padre, el cual era sin duda el que más había pasado quedándose en calzoncillos y con la cara roja a consecuencia del alcohol. Se estaba quedando dormido. Chuki hizo girar la botella sin dar más importancia a la conversación, le tocó Sandra. — Verdad. — ¿Cuántas veces tenéis sexo por semana? — Esa es una pregunta muy íntima -contestó escandalizándose. — A mí me parece una muy normal. Siento curiosidad por como afectan el paso de los años al matrimonio… Sandra se quitó la camisa, como su hija, quedándose con el pantaloncito y el sujetador. Bebió otro trago del alcohol quedándose al poco claramente mareada. — Alex, cielo. Gira la botella por mí -este obedeció, siendo él mismo elegido. — Reto. — Hazme un masaje en la espalda -ordenó tumbándose en su sofá boca abajo, consiguiendo que Raúl, el pelirrojo dejase de masajearle los pies. Antes de empezar a darle el masaje, hizo girar la botella señalando a Olivia. — Reto. — Te reto a que nos enseñes como te masturbas. — ¿¡Cómo puedes pedirme eso!? -exclamó escandalizada, olvidándose de que podía pasar. — Te he pedido que nos enseñes, no que lo hagas. — Sois todos unos pequeños pervertidos… No se puede hacer nada, supongo. Estáis en esa edad. Resultado de imagen de mujer masturbarse por encima Todos miraron embobados como la veinteañera se abría ligeramente de piernas a todos ellos -aún con el pantalón puesto-, y situó la palma de su mano abierta mirando hacia su entrepierna, habiendo entre estas una separación de varios centímetros. — Lo hago así -dijo moviendo toda su mano en círculos, emulando la estimulación de su clítoris a distancia-. Y cuándo la cosa se pone buena… Pongo los dedos así… -explicó mientras sus dos dedos centrales se ponían en forma de gancho. Todos se imaginaron a la propia Olivia metiéndose ambos dedos en su vagina desnuda. Todos la observaron boquiabiertos hasta Fernando que, más conocido como Chuki, había olvidado mantener su pose de niño malo. La melódica risa de Sandra los despertó de su fantasía. — Esa ha sido una buena clase de… -se volvió a reír- … anatomía. Pero cielo, creo que te has pasado de explícita. — Me han pedido que les explicase y lo he hecho lo mejor que he podido -se justificó segura de si misma, mientras se sentaba bien en su parte del sofá e, inclinándose hacia delante haciendo una perfecta exhibición de pechos, hizo girar la botella. Miró de nuevo a su padre, el cual no parecía reaccionar ante nada; sus ojos estaban totalmente cerrados. — Verdad. — ¿Cuántas veces seguidas has podido…? -se interrumpió antes de poder continuar. — Nueve -aseguró Raúl orgulloso de si mismo. — ¿¡Nueve!? — ¡Nueve! -repitió antes de agarrar la botella y hacerla girar. Le tocó a Sandra. — Con lo a gusto que estaba… Reto. — ¿De verdad? -preguntó incrédulo el mozalbete. — Sí, venga… Me voy a atrever. — Enséñanos como te masturbas. — ¡Ala! -contestó riendo mientras se levantaba y se retiraba el pantalón, quedándose totalmente en ropa interior antes de beber un sorbo de alcohol. No se lo terminó a sabiendas de que le comenzaba a quedar poco para perder totalmente el control-. No voy a repetirlo. Ya lo ha hecho mi hija y solo os falta eso. Con lo tranquilitos que habéis estado toda la noche. — Yo quería verlo… -gimió triste, mientras veía como la madurita hacía girar la botella apuntando con ella a su propia hija. Sandra sonrió maliciosamente tras ocurrírsele una idea muy traviesa. — Reto. — Deberías haber dicho verdad, cariño -se lamentó la madre por su hija, antes de escapársele una sonrisa de oreja a oreja-. Ponte algo provocativo… Todos miraron incrédulos a Sandra. ¿¡Realmente la madre había retado a su hija a algo así!? Pues lo había hecho, y Olivia abrió tanto la boca que pareció estar a punto de desencajársela. — ¡Pero mamá…! — Siento curiosidad por saber qué tipo de ropa usas para mi yerno. — ¿¡Y tiene que ser justo ahora!? — Venga, cariño… Es solo un juego. Un juego picantón… No pasa nada, puedes negarte si quieres. — Si paso voy a quedarme en ropa interior igual, y encima tendré que beberme otro chupito. No, paso… -dijo antes de encaminarse hacia las escaleras, parándose para decir algo antes de desaparecer sobre ellas-. Pero ya verás… ¡Esta te la devuelvo, mama! ``Va a hacerlo´´ pensaron de diferentes formas todos los quinceañeros de la sala ``Va a ir a ponerse lencería erótica´´. ``Encima es muy posible que Olivia se pique con su madre, proponiendo que haga algo igual de sucio… ¡Vaya par de guarras!´´ gritó Chuki para sus adentros, reincorporándose en el sofá al ser incapaz de continuar estirado. — Mi hija tendría que haber tirado, ya tiro yo por ella -manifestó poniendo ambas manos sobre la botella y haciéndola girar cual peonza. Chuki fue el señalado esta vez y, aunque eligió reto para saber con qué le saldría, estaba decidido a pasar para poder quitarse aquel m*****o pantalón. — Baila. — ¿Qué? -No se esperaba aquella petición. — Que bailes. — ¿Sin música? ¿Así sin más? — Yo puedo poner música -Raúl rebuscó en el bolsillo de su pantalón hasta extraer su móvil, y con un par de tecleos en la pantalla táctil se puso una canción de reguetón ya empezada: ``Y no deberías haberme tentado, te gusta jugar. Si no quieres flamenquito, no toques las palmas. A lo mejor es muy tarde para echarse atrás…´´ — ¡Que música más moderna! -se sorprendió la madurita mirando el móvil mientras movía el cuello, contagiada por el ritmo de la melodía. — ¿A qué sí? -le contestaba el pelirrojo mientras miraba disimuladamente a su compañero, este negó imperceptiblemente con la cabeza antes de quitarse los pantalones y quedarse en cueros. — Tal vez luego -Aunque la madurita le creaba curiosidad, estaba centrado en Olivia. Por alguna razón, la prefería mil veces a ella y, además, el reto consistía en que él bailase. Si tenía que hacer perrear a alguna de las dos sería a la niñata esa. Justo en ese momento, apareció la hija de Sandra vistiendo un camisón semitransparente de color rojo. El corpiño integrado que llevaba el propio vestidito hacía dudar sobre si llevaba sujetador o no, pues a primera vista era imposible distinguirlo. A través del vestido, se podía ver su ombligo y ligeramente su entrepierna, tapada con un sugerente tanga rojo. — Ale, ya he cumplido -dijo mientras se dirigía al sofá y se sentaba cruzándose de piernas. Chuki hizo girar la botella tal como le tocaba tocándole a la recién llegada. — ¿¡En serio!? -preguntó incrédula botando en el sofá. — A eso se le llama tener mala suerte. — ¡Pero si acabo de llegar! Verdad. — ¿Has fingido algún orgasmo con tu novio? -la pregunta iba con trampa, pues había sentido el impulso de preguntar lo contrario… ¿Tenía orgasmos aparte de los que fingía? Olivia se mordió el labio. — Claro, alguno he fingido… -la sonrisa burlona de Chuki la apremió a intentar explicarse, aunque no hiciese ninguna falta-. Hay veces que simplemente no se llega y quieres que tu pareja no se preocupe por esas cosas. — Vale, vale. Que no he dicho nada... m*****a y enfadada, quiso pagar su frustración con su madre; giró la botella cruzando los dedos para que le tocase a ella… y le tocó. — Me debes un reto. — ¡Ay, cariño…! Yo solo lo hice para gastarte una broma. — Yo también quiero solo gastarte una broma. — Cielo, no es lo mismo tú que yo, yo ya estoy en una edad… Y tu padre está al lado. — Está dormido, ni se va a enterar -le dijo guiñándole un ojo. Al ver que esta no optaba por elegir el reto, fue ella misma la que se lo impuso-. Anda, sube y ponte algo ``seductor´´; así estaremos en paz. Chuki, que se estaba riendo entre dientes, no pudo evitar ser descubierto por la hija de esta que, mientras su madre se levantaba para dirigirse al otro edificio y subir a su habitación; la veinteañera se le encaró y le prometió venganza. — Y tú no te rías tanto, ya verás como me toques a mí. Aún no he olvidado lo de la tortilla. — Tiene gracia, yo tampoco he olvidado lo de la tortilla. — Chuki, cortat una mica home… Que com es desperti el pare ja la hem fotut -le advirtió Raúl, recordándole que con esas formas no conseguirían nada. — No em toquis els collons, faré el que em doni la gana -le contestó el chulito; Olivia no entendía demasiado de aquella lengua, pero sí sacó en claro que iba a hacer lo que le apeteciese. — ¿Podéis hablar en español? Aunque os parezca mentira no os entiendo. — Le estaba diciendo que sea amable contigo -mintió descaradamente, pero con una sonrisa que Olivia se lo perdonó. — Ya… — No m’hen recordaba. Elles no ens poden entendre… -comenzó a decir Chuki antes de ser cortado por Raúl. — Tallat una mica, tio. — ¿Quién tira por Sandra? — Ya tiro yo -dijo Olivia mientras mareaba el recipiente de vidrio. La suerte le sonrió señalando a su rival. Este puso los ojos en blanco y eligió reto. — Te vas a comportar como un perro durante los próximos diez minutos. — ¡Cabrona…! — ¡Nah, nah, nah! -le intentó acallar mientras alzaba el dedo índice-. Los perros no hablan. Y los perros se mueven a cuatro patas -le recordó con malicia-. Anda, perro malo… ¡Al rincón! -le impuso señalando hacia un sillón que había cerca de la puerta. En los silenciosos ojos de Chuki se pudo percibir un destello de rencor. No iba a descansar hasta que se la devolviese, pero tampoco podía pasar pues eso sería darle un pretexto para que cuando llegase su venganza en forma de reto, ella pasase. — ¿Quién tira por el perrito? -preguntó escuchando con satisfacción como todos se burlaban de Fernando-. Porque los perritos no pueden hablar ni hacer girar una botella. — ¡Tiro yo! -exclamó el chico rubio saltando al lado de la botella desde el sofá y haciéndola girar, aún riéndose por lo que le había tocado hacer a su amigo. — ¡Verdad! -decidió dubitativo su amigo de pelo largo. — ¿Te has masturbado pensando en Olivia? -preguntó con naturalidad. — Sí -respondió el otro con la misma seriedad. — ¡Y lo dice tan tranquilo el tío! -exclamó Sandra incrédula. — ¿No tendría que ser así? — No, si está bien pero… Tendría que haberse avergonzado un poco. — ¿Por qué? Eres una chica que está muy buena, no hay de que avergonzarse. — Ser muy tímido es malo, pero ser tan sincero también lo es -musitó mientras Domi, ignorándola, hacía dar vueltas a la botella. Le tocó a Santi, su amigo de cabellos dorados. — Verdad. — ¿Cuál sería tu fetiche por cumplir? — ¿Por cumplir? -repitió Olivia, antes de añadir-. Hay que joderse. — Me gustaría tener una esclava personal -aseguró sin inmutarse para sorpresa de Olivia-. ¿Qué? -inquirió al ver que esta le miraba boquiabierta-. Seguro que mola poder disponer de una chica para mi deseo y placer. — Que avanzados vais… Yo estas cosas no habría sido capaz de decirlas delante de nadie más… ``No, pero si que eres capaz de estar con un camisón rojo transparente frente a tus padres y varios adolescentes´´ contestó sin ser oído Chuki, mientras veía desde su lugar apartado como el chico rubio volvió a hacer girar la botella, esta vez le tocó a Raúl. — Verdad. — ¿Con condón o sin? — Sin, obvio. — Hasta que te lleves una sorpresita -le increpó Olivia sonriéndole picantona. — ¿A ti no te gusta sin condón? — Claro, pero no es seguro. — A veces el riesgo compensa por mucho. — Hasta que te llevas la ostia, guapo. — Vols tirar d’una vegada? -le ordenó Alex recordándole que estaban jugando. El pelirrojo se arrodilló frente a la mesita e hizo rodar la botella durante al menos cinco segundos hasta que señaló implacable la veinteañera del camisón rojo. — Verdad. — ¿Has tenido sexo con alguien más que con tu actual novio? — No. — ¿Solo has tenido sexo con un tío? -inquirió sin llegar a creérselo. — ¿Tan raro te parece? El primero fue alguien del que sigo enamorada. No hay nada malo en eso. — No, si ya. ¿No te da pena Chuki? -preguntó Raúl mirando al chico apartado, pues a todos se les había olvidado que estaba ahí. — Anda, ven idiota. El aludido se levantó de la silla e se dispuso a andar sobre sus dos piernas hasta que esta le recordó su condición de perro. — ¿Cómo andan los perros? -Acto seguido, Fernando se dejó caer sobre las cuatro extremidades y anduvo hasta su lado del sofá. — Te vas a cagar -aseguraba el chico rellenito observando a su amigo gatear. — Ya le gustaría. Y si se atreve a retarme a algo que no me guste, tengo otras cosas que le pueden ir bastante bien -le advirtió de manera indirecta, mientras hacía girar el recipiente para señalar hasta que este señaló a Alex. — Reto. — Alex… ¿A qué te puedo retar? -inquiría mordiéndose la uña maliciosa. Sandra abrió la puerta del edificio con su cuerpo luciendo un camisón oscuro muy similar al de su hija, que transparentaba su ombligo y su entrepierna. A simple vista se podía comprobar que llevaba un tanga igualito que el de su hija, pero en negro. — Ya estoy aquí… *** Nadie había parecido haber reparado en la erección que tenía Joaquin. Ya no era solo que el tamaño de su miembro no fuese siquiera mediocre, sino que todos le estaban mirando únicamente para comprobar que se había quedado dormido. El alcohol había disminuido en su riego sanguíneo, pero conservaba aquel tono rojizo en sus pómulos debido a la constante excitación que sufría. Los ocasionales ronquidos que fingía resultaron ser tremendamente convincentes, logrando que nadie sospechase que observaba todo con los ojos muy entreabiertos y pareciendo profundamente dormido. Había escuchado decir a su mujer, que con el cansancio que acumulaba del trabajo era muy difícil despertarle y, aunque hiciesen ruido, era muy difícil cambiar eso. — ¿Qué me he perdido? -dijo su mujer sentándose al lado de Alex. El adolescente con un sobrepeso evidente miró la madurita como si nunca hubiese visto un cuerpo igual en toda su vida. Aún así, pareció obligarse a responder. — Tu hija a convertido a Chuki en un perro por diez minutos. — ¡Olivia! — ¡Chivato! -protestó la aludida antes de reírse quitándole importancia-, solo es un juego mama. — Pero tampoco hay que pasarse. — Él me hizo ir a cocinarle una tortilla. Y como es tan perro, simplemente le he ayudado a que actúe un poquito. — Te tomas este juego demasiado en serio, Olivia. — Y tú demasiado a broma. — Alex, ya sé a qué te voy a retar… Baila con mi madre. — ¡Sí! -exclamó con una risotada el chico de pelo anaranjado. Sacó el móvil y preparó una de sus canciones. — Puedes pasar si quieres, aunque te quedarás sin calzoncillos… -replicó la veinteañera con malicia-. Pero si bailas tienes que hacerlo bien. Joaquin miró horrorizado como su mujer, agarrando de la muñeca al adolescente, lo llevó hasta mitad del salón para menear todo su cuerpo. A Sandra siempre le había gustado mucho bailar, y lamentablemente a él le disgustaba. Ella había tenido que tragarse las ganas de hacer lo que más le gustaba y resignarse por respeto a su esposo… Ahora podía moverse libremente. Las tetas de su esposa botaban sin tregua, demostrando lo firmes que estaban a pesar de su tamaño. ¿Cómo podían los pechos de una cuarentona estar tan firmes siendo naturales? La canción de reguetón que puso el pelirrojo sirvió de pretexto para que Sandra moviese hasta su culo, sin embargo, en ningún momento entraron en contacto. — ¡Buuu! ¡Fuera! ¡Eso no se baila así! — ¡Que no se baila así! -protestaron entre risas desde el sofá. — ¿Y cómo se baila? -inquirió insistencia con la curiosidad del que quiere aprender. — Es un baile en el que hay que mover el culo, sobre todo. Se le llama Twerk -explicó Olivia, pareciendo decidida a hacer pasar un mal rato a su madre. — ¿Y cómo se hace? — Alex, siéntate en el sofá. Y tú, mama, ponte frente a él sin sentarte. — ¿Así? -Siguiendo sus instrucciones, Alex se dejó caer apoyando la espalda contra el respaldo y extendiendo los brazos en cruz. Sandra dio la espalda al adolescente enseñándole todo el culo. — ¡Ay, que vergüenza! — Ahora tienes que moverte al ritmo de la música mientras mueves las caderas, subiendo y bajando. — Lo hago una sola vez y paro, eh -dijo riendo, posiblemente sin darle tanta importancia como realmente tenía. Como si se fuese a sentar en una silla, comenzó a flexionar las piernas para comenzar a mover el culo sobre la entrepierna de Alex; cada vez bajando más y más hasta que su propio peso le hizo caer sobre él. — No pares ahí, continua -la alentaba Alex agarrándola por las caderas para ayudarla a subir un poco. La madurita apoyó sus dos manos sobre el sofá y comenzó a hacer vibrar sus nalgas sobre la polla tiesa. — Bueno, ya está. Ya lo he hecho… No nos olvidemos que esto es un juego -bromeó mientras se reincorporaba y se sentaba a su lado-. El resto lo dejamos para cuando tengáis dieciocho años -bromeó entre una melódica risa. — Alex, te toca. Los dedos anchas del joven hicieron girar hábilmente la botella, quedando esta señalando a Alex. — Él no puede, sigue con… -protestó Olivia alarmada. — Ya han pasado diez minutos… Alex sonrió irradiando confianza; se levantó y, sin llegar a agacharse, hizo girar la botella. Todos vieron, incrédulos, como la suerte sonreía al chaval al quedar señalada Olivia. — ¡No! — ¡Sí! Y me debes un reto -la veinteañera no respondió, y quien calla otorga-. Venga, vas a ser perra durante veinte minutos. — ¡Eso no es justo! Yo solo dije diez. — Y yo digo veinte. — Paso. — No puedes… — ¿Quién me obliga? -hubo un silencio-. Pídeme otra cosa, pero eso no. — Si no quieres hacer lo que te pido, vas a tener que pagar con prenda. — Entonces no juego. — ¡Cielo, no seas tramposa! -dijo su madre fulminándola con una mirada amable pero que delataba poca paciencia-. Le pediste que fuese un perro, no puedes simplemente dejar de jugar porque te pide algo que no te gusta. — No es lo mismo que él sea un perro a que lo sea yo. — ¿Por qué no? -inquirió vacilón mientras se colocaba bien los calzoncillos. — Porque no tiene el mismo significado. — Un perro es un perro, ya sea macho o hembra. — Si no te gusta ese reto, tendrás que pagar con prenda. — ¡Pero si no puedo! — ¡¡Sí que puedes!! -El tono agresivo de Sandra parecía no tener nada que ver con el tema que estaban hablando. Tanto una como otra se habían ido m*****ando con aquellos retos con los que no descansarían hasta haber obtenido su preciada venganza. Olivia echó el culo para atrás y empujó su tanga hasta abajo, cayendo rendido hasta sus tobillos. Después pegó un furioso trago al chupito antes de hacer girar la botella. — Reto -dijo Domi, el adolescente de pelo largo. — Tráeme un vaso de agua fría en la nevera. Su mirada delataba que no iba a parar hasta vengarse de su madre. Antes de irse, el chico hizo girar la botella quedando seleccionada Olivia. — Verdad… — ¿Cuáles son tus puntos débiles más sensitivos? — El cuello y mi pubis… Olivia hizo girar su botella, señalando a su madre. — Verdad… — ¿Vas a echarte atrás ahora? Atrévete con el reto… — ¿A qué me vas a retar? — ¿Ah? Tú sabrás. Arriésgate, mama. — Venga va, dilo de una vez. — Quítate el tanga. Y estaremos en paz. — Mira que eres rencorosa, niña. — Lo dice quien ha hecho a su hija hacer estas cosas… No te jode. Se puso en pie, echando el culo para atrás e inclinando la espalda hacia adelante. Sus dedos consiguieron pescar los hilos laterales de la pieza y hacerla resbalar hasta sus tobillos. — Ya estamos en paz -dijo con una sonrisita. Como si estuviese dando a entender que ahora le tocaba a ella. Hizo girar la botella, pero para decepción de Sandra le tocó a Alex. — Verdad. — A ver… -sopesó en voz alta Sandra mientras se mordía el labio al tiempo que cambiaba de cruce de piernas-. Ya que hoy es una noche especial y estáis tan salidos no creo que vaya a pasar nada porque haga una pregunta fuera de tono. ¿Cuánto te mide? — Veintitrés centímetros. — Mentiroso… ¿Cómo te va a medir eso? — ¿Te la enseño? — No digas tonterías, pero eso es imposible. — Es lo que me mide. — Te voy a lavar la boca con jabón para que no digas más mentiras -dijo sin ser capaz de mirarle a la entrepierna mientras hablaba con él. Aprovechó que el gordito se agachó frente a la botella, ya que todos estaban centrados en él, para mirarle el bulto que asomaba entorno a su calzoncillo. — Verdad -dijo Chuki sin querer arriesgarse a que el gordo le jodiese. — Si ahora tuvieses la ocasión de tener sexo… ¿Cómo te la follarías? — A cuatro patas y agarrándola del pelo. Es la mejor posición -dijo riendo sin darle más importancia. Le toco hacer dar vueltas a la botella. — Verdad… — Cuantas han sido el máximo de veces seguidas que has podido follar sin parar. — Tres veces -respondió el pelirrojo antes de elegir al siguiente. La botella apuntó hacia Alex… — Verdad. — ¿Te gustan las mujeres sumisas o las protestonas? — Me gustan de los dos tipos. Me gusta machacar a las mujeres hasta que no pueden más… -dijo antes de hacer girar la botella. Pasaron varios turnos más en la que los adolescentes tuvieron la suerte de continuar haciéndose preguntas para responderlas sin vergüenza. Algo que extasió a ambas mujer aunque no lo demostrasen, pues era su silencio el que avalaba lo impresionadas que estaban. Para Joaquin fue evidente, ya que desde aquella posición había podido comprobar la evolución de las dos y las posturas de sus piernas. Debido a que estaban ambas sin ropa interior, habían permanecido con las piernas cruzadas para ocultar su falta de ropa. Sin embargo, cuantas más preguntas se hacían los chicos entre sí, más se olvidaban de cruzar las piernas, abriéndose cada vez más y más. — ¡Eso es imposible! Ya basta con eso de decir que os mide más de dieciocho centímetros… -exclamaba Sandra alterada, tenía la sensación de que hasta ellos podían escuchar sus potentes latidos en su pecho. — Pero es que es la verdad… ¿Cómo va a ser verdad? Uno podría llegar a creérmelo… ¿Pero los tres? -gruñía mientras Chuki hacía girar la botella, ignorándola. Olivia fue su próxima víctima… Y la última. — Reto -Joaquin fue consciente de que la voz de su hija era muy diferente a la que estaba acostumbrado, era aguda y delicada, como si estuviese enferma. Tampoco entendió porque no se sumó a la batería de preguntas, arriesgándose a sufrir un reto que le desagradase. — Bueno… como has sido tan valiente, te convertirás en perra durante 10 minutos. Sin indirectas, para que pagues lo que me hiciste hacer a mí. — Vale… — Las perras no hablan -le increpó agachándose detrás del sofá para agarrar su pantalón. Toqueteándolo un poco extrajo un cinturón que recordaba a una cuerda amarilla, y que metiendo el extremo por la anilla cuadra de metal, convirtió en una especie de correa que amarró el delicado cuello de Olivia-. Felicidades, ya eres toda una perra… Con collar y todo. — Tampoco te pases con la niña… -dijo la madre de esta reprimiendo una sonrisa. — ¿Qué pasa chica? ¿Quieres ir a pasear? Pues vamos… que te llevo. Chuki le dio un tirón suave al cinturón al cual no le faltaba autoridad. Joaquin apretó los labios, tuvo la necesidad de levantarse e impedir eso pero… ¿Quién era él para hacerlo si ni su propia hija, la cual era un nervio en lo referente al carácter, se resistía? El joven estaba de pie, vestido únicamente con unos calzoncillos y tirando de la correa de su Olivia. Esta, gateó hasta poner las manos en el suelo; luego puso las rodillas y se alejó hasta el pasillo donde estaban las escaleras al ritmo que marcaba ``su dueño´´. Nunca antes había visto los enormes pechos de su hija, heredados de su madre, de aquella manera. Colgando contra el corpiño de una lencería tan erótica y que lograron ponérsela aún más dura si era posible, al presenciar como todos los adolescentes le miraba el coño a su hija. Incluso él, su propio padre, a pesar de tener los ojos casi cerrados y a ver un poco borroso fue capaz de ver los muslos y el coño de su hija totalmente empapados, del cual colgaban pequeños y elásticos hilos motivados muy posiblemente por la conversación entre los adolescentes sobre tamaños, posiciones y roles sexuales. — Bueno… No creo que sea la primera vagina que veis. ¿No? -dijo Sandra intentando restarle importancia-. Tiro yo por Olivia… Tal vez no había calculado bien, pero al intentar agarrar la botella esta se le resbaló y se cayó al suelo hecha pedacitos. — Lo siento, que torpe estoy… Es el alcohol que se me ha debido subir mucho. Tanto Alex, como Raúl y Joaquin pudieron gozar de un primer plano del coño de Sandra. Esta, que parecía haber olvidado que no llevaba ropa interior, se puso a cuatro patas intentando agarrar los trozos al tiempo que sus muslos frotaban su coño totalmente abierto. Toda su entrepierna estaba exageradamente humedecida, y al igual que la vagina de su hija, pequeños hilos elásticos y transparentes interconectaban sus labios vaginales. Fue un milagro que los cuatro adolescentes restantes no se abalanzasen sobre ella, pero Joaquin sabía que era cuestión de tiempo pues sus pollas estaban semi-erectas. Solo faltaba un poco de contacto físico para que se viniesen totalmente arriba. — ¿Hay alguna escoba por aquí? — Sí… Aunque ya no podremos jugar a la botella -se reía sola al hacer esa observación, porque está rota-. — Podemos jugar a retos y preguntas sin la botella. — ¿Sí? La escoba y el recogedor -Joaquin observó que su mujer parecía completamente mareada, desubicada y con un tono de voz muy similar al de su hija. Más excitada de lo que él había visto en su vida- están en la cocina, en un armario donde… — Tranquila, ya la busco. — ¡Qué rápido! -exclamó Sandra pocos segundos después de que el chaval saliese corriendo por la puerta y volviese con las dos piezas de limpieza. En un momento el suelo estaba recogido y limpio de cristales. Joaquin apretó sus dedos en el sillón luchando por estar quieto. Quería levantarse y romperles la cabeza a todos pero, al mismo tiempo, quería quedarse allí y ver como terminaba todo. Quería creer que su mujer elegiría detener todo aquel sin sentido y mandarlos a dormir. Quería levantarse, fingir que estaba tan cansado que se iba a la cama, e ir a buscar a su hija para ver que hacía con el macarra ese… Pero no hizo ninguna de las dos cosas. Se limitó que quedarse inmóvil, con la polla tiesa como si fuese una estatua, observando cómo se las apañarían esos mocosos para beneficiarse a su mujer… Si es que esta no los paraba antes. 4.4. Ama de casa cachonda logra resistirse a cuatro adolescentes salidos… — Que desvergonzados son los niños de hoy en día -bromeaba Sandra mientras se ponía en pie, intentando finalizar el juego. Pero rápidamente la agarraban y la hacían sentar de nuevo entre ellos, sin que la milf pusiese demasiada resistencia. Después de que se hubiese roto la botella y de haber recogido los pedazos, le pidieron continuar el juego mientras Chuki y Olivia volvían del paseo. Como ya no había botella, el nuevo juego resulto ser un caótico conjunto de preguntas que se hacían entre todos. Con la excusa de que eran menores inexpertos, comenzaron a hacer preguntas cuyas respuestas sabían sobradamente con la única intención de que ella se imaginase aquello mismo que le preguntaban. — Y si yo me pongo un condón… ¿Se puede romper? — No es algo normal… Es difícil que un preservativo se rompa, Santiago. Piensa que es muy… flexible. El tamaño del pene… tendría que ser muy elevado para crear mucha fricción y romperlo. Eso… o tener sexo muy… —No pareció ser capaz de terminar de decir aquello, pero lo hizo de todas maneras-… muy duro. Los cuatro chicos estaban apretujados en el mismo sofá de tres plazas, dos a cada lado con ella en el centro. Aún así se las apañaron para no tocarla, pese a que ella se sentía rodeada como si le estuviesen invadiendo todo su espacio vital. — A ti marido y a ti se os ha roto el condón. — Creo que nunca… — ¿Entonces como lo sabes? — Porque… piensa que las mujeres hablamos entre nosotras. Intercambiamos información. — Entonces si se rompe el condón, es que a ambos les está gustando mucho. ¿No? -preguntó Domi con inocencia. — Sí, supongo que sí. Aunque vosotros aún no os tenéis que preocupar de esas cosas… Sois muy jóvenes. — ¿Qué quiere decir con eso? -preguntó Alex desafiante, la mujer no dio muestras de pretender recular. — Pues que por temas de tamaño y de… experiencia, aún os queda mucho camino por delante. Además… ¡Qué obsesión por romper condones! Si estos sirven precisamente para lo contrario. — Por eso, es muy morboso porque rotos no pueden proteger nada… — Que niños más malos… Lo que os gusta es ``marcar´´ a las chicas, eh… Os va demasiado lo de la dominación. Pobre de las niñas con las que tengáis algo -añadió riendo. — Bueno. ¿Continuamos con el juego? — Yo creo que deberíamos ir parando ya… — Vamos a jugar un poco más y luego nos vamos a la cama. Es que yo aún no tengo sueño -se excusó Raúl. — Vale, va… solo un poco más. — ¡Vamos a bailar! -La propuesta de Alex demostró lo mucho que le había gustado que la madurita le perrease rato atrás. — Ay… Otra vez no. Pero el pelirrojo ya estaba poniendo música con el móvil. Sandra miró a su esposo dormido, mientras que él la miró a ella sin que esta se diese cuenta. La cara de Sandra estaba totalmente roja, pero esta no le restaba belleza. Sus labios, sus ojitos, sus mofletes… Continuaba siendo tan hermosa como siempre. Poco lo había valorado hasta aquel momento a su mujer, hasta que vio a otros jugando con ella. Los cuatro adolescentes estaban completamente desnudos, sin contar con los calzoncillos que intentaban sin éxito disimular los enormes bultos que había entre sus piernas. Su mujer se levantó, haciendo botar sus pechos mientras alzaba los brazos y comenzaba a bailar moviendo los brazos y el culo al mismo ritmo. Alex se quedó bajo ella, sentado en el sofá esperando que por un extraño milagro la madurita decidiese inclinarse y restregar su coño contra su polla. Domi y Santi bailaban a los lados de esta, con diferentes movimientos que les ayudaban a acercarse a ella, mientras sonaba la letra de aquellas canciones sugerentes. La mujer se contoneaba y se dejaba llevar por el ritmo, incluso acercando su culo a la entrepierna de Alex. ``Baja ese culito, lobita. Tu culito no puede estar sin mi cola, lobita. Tu culito necesita el rabo, lobita. Menea las caderas y no pares, que excita. De arriba abajo, de derecha a izquierda. Profundo y pa dentro, deja que te lo ponga bien adentro´´ — Vaya letra tiene la cancioncita.. -se quejó sin llegar a estar seria del todo, dejándose caer mareada sobre el sofá. — Tendría que recoger esto… está todo muy sucio. — Siguiente pregunta -dijo Alex ignorando el nuevo intento de la mujer de salirse del tema-. Cuando lo hacéis… ¿Usáis condón? — Siempre… No querríamos tener otro niño. — ¿A ti te gustaría? — Siempre me pregunté cómo sería tener un cuarto… pero Joaquin no quiere, y yo también tengo una edad. — Entonces… Tenéis que tener muchos condones. ¿No? — Tenemos unos cuantos… Sí. Los cuatro se miraron, como si se hubiesen puesto de acuerdo sin necesitar decirse nada. — Bueno Sandra… es evidente que estás cansada. ¿Qué te parece si nos vamos ya a la cama? -preguntó Alex levantándose. — ¿Ya? -preguntó como si no se lo esperase terminar tan pronto. — Sí, ya es muy tarde. — ¿Quizá deberíais dormir? — Tranquila, ya nos pusimos de acuerdo con Joaquin y tus hijos -La mentira de Raúl pasó desapercibida para la madurita. — Te acompañamos a tu habitación y luego nos vamos a la vuestra. — No hace falta, ya voy yo. — Que no, que ya te acompa… — ¡Que ya voy yo! Gracias… -exclamó antes de soltarse de Alex. En menos de un momento Sandra desapareció por la puerta que llevaba hasta el otro edificio. Dejándolos ahí plantados. — ¿Cómo lo hacemos? ¿Vamos a su habitación? — Esta cae sin que tengamos que hacer nada. — Entonces vamos a su habitación y… ¿Qué decimos? — ¿Qué tal ``no tenemos sueño y hemos venido a que acabes lo que empezaste, perra´´? — Además… en la habitación tiene los condones. — ¿Pero no lo íbamos a hacer sin condón? -preguntó Alex de malas maneras. — Si queremos que nos duren tenemos que cuidarlas. — ¿Y qué pasa con el calzonazos este? -preguntó Alex al pelirrojo. — Nada. Si no se ha despertado con todo lo que les hemos hecho a este par de zorras no se va a despertar con nada. Vamos... -contestó Raúl mientras agarraba su móvil del pantalón. Los cuatro adolescentes se dirigieron a la misma puerta por la que había salido Sandra. Justo cuando Santi iba a tocar el picaporte se escucharon los furiosos gemidos de Olivia en aquel mismo edificio. — ¿Alguien va con Chuki? — Yo paso, que lo interrumpimos y es capaz de cabrearse con nosotros. Prefiero a la madurita. — Pero es que somos muchos… — Tenemos toda la noche para follarnos a ese par de guarras. Y cuando Chuki acabe con la niñata esa podemos ir nosotros. La puerta se abrió, dejando pasar a cuatro quinceañeros con las pollas duras. *** Pedro había sentido innumerables veces a lo largo de la noche espiar lo que sucedía en el otro edificio, pero no se veía capaz. Tenía miedo de encontrar algo que en el fondo estaba seguro de que era muy posible que pasase. Se había paseado muchas veces por el salón del edificio principal alrededor de la televisión y su hermano pequeño, intentando satisfacer la necesidad y el deseo que impulsaba la curiosidad. Entonces escuchó como se abría la puerta entre los dos edificios y vio que aparecía su madre vestida con un camisón transparente. ¿Cuándo se lo había puesto? ¿Era posible que se lo hubiese ido a poner cuando él fue al baño una hora atrás? — Hola, cielo… Mama se va a la cama; ha sido un juego muy largo. — ¿Estás bien? — Sí, cariño… Solo mareada. Mama ha bebido mucho… Voy a mi habitación a dormir. ¿Vale? Sandra se perdió por la parte superior de las escaleras antes de que su hijo pudiese protestar. Se sentó junto a su hermano pequeño intentando resistir las ganas de ir al otro edificio. ¿Acaso todos, incluyendo a su padre, se habían quedado a solas con su hermana? La puerta no tardó en abrirse, viendo como la cruzaban todos menos Chuki, su hermana y su padre. — Tú padre nos ha dicho que vayamos a dormir a vuestra habitación. Dice que esta noche dormiréis aquí. — Pero… pero… — ¡Pero nada! Respeta las ordenes de tu padre, enano -gruñó Alex mientras el resto subían las escaleras. *** Sandra hacía poco que había llegado a la habitación, y se sobresaltó al ver a los cuatro adolescentes entrar en ella. — C… Chicos. ¿Qué hacéis aquí? — Es que… no podemos dormir. — Me da que ni lo habéis intentado, pillines. — ¿Podemos seguir jugando un poco más antes de irnos a dormir…? Tal vez así nos entre un poco más de sueño. — Pero… ¿Aquí? -preguntaba confundida — Sí, sobre la cama mismo. — Bueno… Vale. Pero solo a verdad, que con los retos os alteráis. A la hora de subirse a la cama, Sandra fue extremadamente cuidadosa de que no se le viese la entrepierna. Espero a que los otros adolescentes se sentasen sobre la cama, mientras veía como Raúl sacaba el móvil y la enfocaba con la cámara. — ¡Eh, no hagas fotos! — No son fotos, es un video. Para capturar el momento… — ¿Para qué quieres? — Hoy es un día muy especial. ¿No? Por eso… — No… No quiero. A saber a quién se lo enseñas. — Es para nosotros, de verdad. — Aunque nosotros no tenemos móviles -bromeó Santi con una risotada. — ¿Puedes presentarte, profe? Di quien eres y que hacemos aquí -En la cámara salían enfocadas Sandra junto a Alex y Domi, esta con el camisón transparente y ellos en calzoncillos. — Que vergüenza… Me arrepentiré de esto -aseguraba su voz racional. Sin embargo, el alcohol y el calentón que llevaba encima no le permitía optar por lo moralmente correcto-. Hola… Me llamo Sandra y soy la madre de los amigos de estos chicos. Y estamos jugando a… — A preguntas y retos -terminó Alex por ella. — Empiezo yo -dijo Alex haciendo que esta girase todo el cuello para mirarle a los ojos-. ¿Te gusta dominar o que me dominen? — Por desgracia me dominen — ¿Por qué por desgracia? — Porque a mi marido no le gusta tener la iniciativa. ¡Que vergüenza! -dijo en referencia a la cámara-. Me toca… ¿Por qué mentisteis con el tamaño de vuestros… penes? — No mentíamos, realmente los tenemos muy grandes. — ¿Sabéis que mentir de esa manera solo hace que las mujeres se desilusionen? — Supongo que no nos creerás hasta que nos las veas… Quedó grabado como Sandra miró disimuladamente a la entrepierna de Alex, pero nadie dijo nada. — Me toca… ¿Has estado con alguien más que tu marido? — No… Solo con él. — Y si solo has estado con él y no habéis roto nunca un condón… Es que muy grande no la tiene. La milf rio complacida, quizá, de que sacasen el tema. — Vale, para que veáis que el tamaño normal y el más habitual es mucho menor del que decís os diré el tamaño de mi marido… Dieciséis centímetros. — A mí me mide diecisiete -aseguró Domi. — Y a mí -repitió Santi haciendo reír a la mujer. — Eso ya sería más posible… ¿Pero veintidós y veinticuatro? -negó con la cabeza-. Me toca… Raúl ya podía imaginarse el número de visitas que le podría dar aquel video subido a internet. Una madurita tan sexy como para pasar por una pornstar rodeada de cuatro jovencitos deseando empalarla a pollazos. Era imposible ver videos así por toda internet, y los que había eran muy fingidos e innaturales… ¡Pero eso estaba pasando de verdad! — ¿Hay alguno que sea sumiso? — No. — No. — No -dijo Alex en último lugar, se sacó la polla frente a la cámara sin que Sandra pudiese verlo. Ya que le estaba dando la espalda, se comenzó a masturbar. — Vaya chicos… Cuatro dominantes, pobre de las chicas que os tengan que aguantar -dijo con una risita nerviosa. — Me toca… En este pueblo hay una gran mayoría de hombres. ¿No te han intentado? — ¿Si me han tenido que seducir? Cada día… Y de unas maneras… — Supongo que lo hacen de unas maneras muy diferentes a tu marido. — Mi marido ya no me dice esas cosas -Se lamentó tapándose la boca. — Pues con lo buena que está. Ya podría ser mi novia… — O la mía. — O mía… — No digáis tonterías, no podría ser la novia de todos al mismo tiempo. — ¿Te puedo hacer un reto? -preguntó Raúl desde la cámara. — Dijiste que tenías unos condones aquí, para tu marido. ¿Podrías enseñarnos como se pone uno? — Ay, cielo… Creo que deberíais iros ya a dormir, ya estamos con los retos. — Hazlo y nos iremos. — Está bien… Pero luego os marcháis -La madurita gateó hasta el borde de la cama, mostrándoles a todos, cámara incluida, su lubricado coño. Raúl la siguió con el móvil con un primer plano de su coño hasta que Sandra se levantó y caminó hacia un armario, donde tras abrirlo se inclinó para rebuscar en el armario. Raúl aprovecho que esta estaba con el culo en pompa para acercar su polla dura contra el coño desnudo sin llegar a tocarlo, antes de que la madurita sacase una caja llena de condones y cerrase el armario. Al darse la vuelta, Sandra se encontró enfocada por la cámara. — ¿Qué vas a hacer? — Voy a dar una clase de educación sexual. — ¿En qué consiste esa clase? -preguntó sin apartar la cámara del primer plano de Sandra. La mujer parecía claramente excitada por la presencia de la cámara, como si hubiese perdido el juicio y no quisiese razonar. Parecía como si no se hubiese rendido y estuviese decidida a echarlos después de darles la lección. — Consiste en enseñar como son los preservativos y como se colocan. Y nada más… Ambos se reunieron junto a los otros tres chicos, mientras estos veían como la mujer adulta sacaba de la caja los condones. — Son… Son muy pequeños. ¿No? -bufó Alex para sorpresa de la madurita. — Son de tamaño normal… — Yo me pongo eso y lo rompo. — Ya, claro. Escuchad, que solo lo explicaré una vez… -rompió el sobre de uno de ellos y extrajo el condón. Con su mano izquierda, juntó las cinco yemas de los dedos para formar extremo que sirviese para colocar el condón-. Si este es vuestro pene, tenéis que presionar la punta de la goma para que no se haga una bolsa de aire mientras tiráis de estos lados hacia abajo… Y el preservativo se pone solo. Y… Ya está. — Que buena profesora eres… — Tomad, aquí tenéis un condón cada uno para que practiquéis. ¡No, ahora no, bruto! Quise decir en otro momento. — Profe, dos preguntas más… — ¿Sí, Alex? — Dices que un miembro de veinte centímetros o más no es normal. ¿Qué pasaría si se mete dentro de una vagina? — Buf… Las vaginas están hechas para expandirse, se adaptan a todo… Con cierto límite, claro. Pero si metieses un pene así dentro de una vagina seguramente dolería muchísimo. — Pero se sentiría bien. — Pero se sentiría bien, sí. Aunque no hay penes así. ¿Y la otra pregunta? — Sí… es que tengo un problema, y es que me huele… me huele mucho. — ¿Cómo que te huele? -preguntó sin comprender. — Que a mi polla le suele salir un olor muy fuerte, muy característico. — Y tu pregunta es… — ¿Es algo normal? — Pues no lo sé, cielo… Es una zona con mucha actividad, es normal que sude mucho. Además de en esa zona se crean muchas hormonas… Eso sucede para estimular a la pareja. Pero si tanto te huele -se apresuró para evitar que el joven la interrumpiese, prediciendo que no había quedado satisfecho con la respuesta-, posiblemente tengas que lavarte mejor. — A mí también me huele. — Y a mí -dijo Raúl riendo mientras sostenía la cámara. — Ya podrías darnos una clase práctica de cómo se limpian las pollas, tal vez lo hacemos mal. — ¿Y cómo os podría explicar eso? -preguntó impactada mientras Alex se ponía de pie sobre la cama con toda la polla fuera, ya totalmente tiesa. — No se haga con la tonta -le contestó el pelirrojo riendo-, nos lo explica con la boca. — ¿C… Con la boca? -preguntó sin ser capaz de entender-. ¿Con qué iba a explicarlo sino? Eso se lavaba en el baño. — Nosotros profe es que estamos acostumbrados al baño del insti… Y el baño del insti es público. — Puede usar su boca para… enseñarnos como lavarnos. La polla de Alex le dio en toda la frente, quedando sus ojos y su nariz enterradas por sus testículos. — Y ya de paso nos quita el calentón que nos ha provocado durante toda la noche. Sandra aún estaba anonadada por la monstruosa polla del gordo, mientras veía de refilón como los otros tres se retiraban los calzoncillos con pollas todas más grandes que la de su marido. Mientras que las de Domi y Santi medían aproximadamente lo mismo a la de Joaquin, las de Raúl y Alex estaban por encima de los veinte centímetros. — Solo es un juego… — Sí… un juego. Quitándoos las bragas delante nuestro, enseñándonos el coño y perreándonos. Un juego… ¿Cómo quieres que nos durmamos así? — Nos haces una paja a cada uno y a dormir. — Yo prefiero que me des una clase práctica de cómo se lava una polla… -dijo Alex apuntando su enorme pollón repleto de venas a la boca de Sandra. Siendo consciente de que no había escapatoria ni tampoco le quedaba fuerza de voluntad para rendirse, abrió la boca y comenzó a chupar el glande. El olor a polla la volvió loca, uno mil veces más intenso al de su marido. La testosterona que desprendía aquella polla la estaba poniendo más cachonda aún si era posible. Entre eso y que la polla era tan grande que podía partirla por la mitad, estaba extasiada. Por si fuera poco aquel olor que le violaba la nariz, la actitud dominante del adolescente la iba a hacer correrse viva sin llegar a tener un orgasmo real. Aquella malicia tan erótica que le imponía ``limpiarle la polla´´, la manera en que había denominado a su propia boca cuarto de baño como si fuese un objeto. Desagradable en justa medida, decantándose por lo morboso y excitante. Se forzó a abrir la boca, metiéndose unos centímetros más de aquella polla colosal. Solo había empezado y ya sentía arcadas por el tamaño de esta. Pese al fuerte olor no sabía mal en absoluto, lo que sí le agobio fue el excesivo tamaño de aquella verga. Los otros tres chicos, impacientes, le acercaron sus tres pollas a la cara para restregárselas y, si no daba abasto con uno una… ¿Cómo iba a poder con el resto? *** — ¡Parad! ¡Apartaos! -gritó con voz autoritaria-. Si queréis que os ayude a… desahogaros vais a tener que ir de uno en uno. — ¿Y sobre el tamaño? -le espetó Alex situándose el primero pajeándose a pocos centímetros de su cara. Sandra se arrodilló en el suelo y le comenzó a masturbar, sintiéndose culpable por haber consentido llegar hasta esa situación. — Tenías razón, tú y tus amigos tenéis pollas de caballo. ¿Qué os dan de comer en este pueblo? Se limitó a masturbarle con ambas manos hasta que Alex, cansado de conformarse solo con eso, la agarró de la nuca acercando la cabeza de la mujer a restregarse contra su miembro. Sandra parecía demasiado exhausta como para resistirse. — Usa la boca. — Es demasiado como para eso… — Pues usa la lengua… ¡Eh! Ni se te ocurra -le espetó al chico rubio que se había animado a tocarle el culo-. Si queréis que os ayude, tenéis que prometerme que no habrá penetración. — Entonces no vamos a acabar nunca… -gruñía el pelirrojo alzando una ceja. — Si no váis a acabar nunca lo mejor es que lo dejemos aquí… — Al menos déjanos tocarte un poco, nos ayudará a calentarnos más. — Lo que yo quiero es que os enfriéis -se lamentó mientras se le escapaba un erótico gemido al sentir como uno de ellos se arrodillaba tras ella y le comenzaba a sobetear las tetas mientras le olisqueaba el pelo. — Que bien hueles -dijo el chico de pelo largo, aplastando su nariz contra su cabello. — No digas eso… -derritiéndose del éxtasis mientras reanudaba la paja. Tuvo que soportar la estimulación que le brindaba el jovencito tras de ella mientras envidiaba el placer que le proporcionaba a Alex. Al poco rato, se rindió. — Te doy por imposible… Siguiente. — ¿Cómo me vas a dejar así? — Complácete tú mimo, yo ya lo he intentado. — No hagas cola, el resto también queremos probar los labios de nuestra profe -se burlaba el chico de pelo rojizo mientras enfocaba con su móvil un primer plano de la madurita agarrándole la polla y empezando a masturbarla. — Voy a tener que enseñarte como se masturba. Pon esa boca aquí -le instruyó agarrándola por la nuca hasta poner su boca sobre sus testículos, mientras, ella continuó estimulando todo el tronco-. ¿Y qué pasa con esa lengua? ¿No me vas a lavar la polla? — Sois muy crueles… -Se quejó mientras colocaba sus labios entre el colosal glande del pelirrojo, chupándolo todo hasta llegar a sentir espasmos. Llegó a pensar que estaba a punto de correrse pero, por más empeño que ponía, no llegaba a terminar nunca-. Nada, hijo… Que no puedo haceros acabar. Siguiente. Raúl, aunque era evidente que no pensaba rendirse, se hizo a un lado para que los otros dos pudiesen gozar de la hembra. Su estrategia era clara: Debilitarla hasta que no pudiese resistirse más, y aún así, los cuatro adolescentes estaban asombrados de que la mujer se continuase oponiendo. Domi había estado sobeteando a Sandra desde el principio, sentado tras ella y sobeteándole las tetas. Las pocas veces que sus manos habían serpenteado hasta la humedecida entrepierna de ella, esta le atajó agarrándolo por la muñeca. Sin mediar palabra, se levantó quitándose de encima al chico y agarró a Santi de la muñeca, dándole a entender que quería que se estirase. — Creo que estar de pie era una posición muy incómoda… tenéis que estar relajados para poder acabar -explicó pacientemente mientras lograba que el muchacho se estirase boca arriba con la erección sobre su ombligo. Miró unos instantes a la cámara, mientras se recordaba a si misma que tenía que borrar aquel video pero… No, ese no era el momento. Gateó sobre la cama hasta colocar ambos pechos -aún dentro del corpiño- sobre los muslos y los testículos del joven, mientras agarraba con ternura su verga y comenzaba a chuparla con suavidad. Era más grande que la de su marido, y también era muy posible que le creciese un poco más en los siguientes años, aún así comparada con las otras dos monstruosas pollas; aquella era del tamaño perfecta para metérsela dentro de la boca. Comenzó a meter y sacar el glande, frotándolo con la parte activa de su lengua. Su mano se movió con suavidad masajeando toda la extensión del tronco, logrando hacer que Santi gesticulase con su rostro todo el placer que sentía. Notó como el otro chico de pelo largo, Domi, se subía a la cama y la abrazaba por detrás… ``Qué manía tiene con besarme y abrazarme… Me va a volver loca´´ se lamentó mientras un escalofrío le recorrió toda la columna al sentir sus labios contra su cuello. No quedaba otra. Sandra le agarró a él también la polla con la mano que tenía libre y lo comenzó a masturbar. Tenía que reconocer que el chico era bueno acariciándole los pechos, pellizcándole tan amablemente los pechos que la relajaba al mismo tiempo que sus besos la encendían. No quiso pensar en nada más, sintiendo como la punta de la polla de Domingo rozaba accidentalmente contra su culo. — Mierda… -gimió Santi llamando la atención de la milf, que por un momento se había olvidado de él. Los espasmos involuntarios de aquella polla vibraron en su mano y entre sus labios hasta que simplemente se corrió. El adolescente de cabellos rubios alzó el culo y la agarró del pelo, mientras su manguera llenaba su boca de aquel néctar. Como efecto en cadena, Domi comenzó a gemir ligeramente contra su oído. Parecía haberse excitado al sentir que su compañero se corría con los cuidados de la madurita. Nuevamente esta notó espasmos en su mano, antes de que la polla descargase un par de chorros contra su culo. Ambos adolescentes se quedaron boca arriba, totalmente satisfechos pese a que aún sus pollas seguían duras. A Sandra no se le escapó este detalle, siendo consciente de que si no se iba de allí se la acabarían follando. ``Tengo que salir de aquí, estos niños saben cuáles son exactamente mis puntos débiles´´ se decía a si misma mientras notaba esas mariposas en el ombligo; su coñó ansiaba algo que no tenía, y su corazón le dio un vuelco cuando vio a aquellas dos pollas totalmente tiesas; dos miembros viriles que medían más de veinte centímetros y que la partirían por la mitad si le daba la oportunidad. Entonces vio que Alex se estaba poniendo un condón. — Recordad lo que me prometisteis… Dijimos que nada de penetración. — Ya lo sé -aseguró Alex mientras comenzaba a gatear sobre la cama a cuatro patas para ponerse encima de ella-. Me he puesto el condón para correrme dentro… Así no mancharé nada más. — Pero no la metas… — Solo me voy a masturbar con tu coño. — Si la metes me enfadaré -le avisaba ella temblando de la excitación. Le dolían los pezones de lo duros que estaban, como si necesitasen ser pellizcados y chupados. — No la voy a meter, solo me voy a masturbar. La madurita quería quitárselo de encima, pero también quería sentir como se masturbaba. Era capaz de imaginarse como habían estado deseándola durante horas, y en ese momento tenían la oportunidad de disfrutarla aunque fuese sin tener sexo. Notó como el gordo se agarraba la polla engomada y se comenzaba a masturbar; la parte más externa de su coño notó como el preservativo le daba pinceladas, cada vez más continuas y permanentes hasta que el preservativo se quedó besando a su clítoris. — No la metas -le recordó-. Recuerda lo que me prometiste. — Está fuera… — La estás acercando mucho. — ¿Y qué pasaría si la metiese? — Que me enfadaría. — ¿Cómo se sentiría si la metiese? -preguntó esta vez haciendo que la propia Sandra se lo imaginase. Notó como el glande encapuchado del chico pasaba de besar su clítoris a asomarse por el propio orificio. — No la metas… — ¿Cómo se sentiría? — Se sentiría muy bien -se rindió a decirlo, mientras cerraba los ojos y se mordía el labio-. Me volvería loca… Pero no lo hagas. — Quiero que te vuelvas loca. Aún con el condón, él la tenía tan grande que meterla un solo centímetro ya era un oasis caótico de dolor y placer. Sandra estiró las piernas intentando alejarlo de si misma… — ¡Ahhh! -el gemido fue agudo y extremadamente femenino, no le quedaban fuerzas para resistirse. Pero lo hizo de todas maneras-. Te he dicho que no la metas… — Tu coño quiere -fue lo único que dijo. Sus piernas perdieron fuerza y lo dejaron acercarse, entrando más de cinco centímetros de polla de golpe. — ¡Ahhhhhh! -Su gemido pareció motivar al adolescente, que tras meterla casi por la mitad comenzó a moler el coño con su molinillo de carne-. Me matas con esta polla -musitó llorando de placer. La polla entraba y salía amoldando su interior a esta. Raúl, sin ser capaz de aguantarse más, se arrodilló frente a la cara de Sandra y comenzó a masturbarse mientras grababa el espectáculo; restregando su glande contra sus labios. — Vamos a probar lo de si estos condones se rompen con facilidad -propuso Alex mientras le tapaba la boca con la mano. Sandra quedó muda durante los siguientes momentos, sin ser capaz siquiera de gemir. Aquella rudeza y aquel trato, lejos de m*****arla la excitaron hasta que simplemente se corrió quedando paralizada. El gordito no pareció ni darse cuenta, que la siguió follando a pesar de la sensibilidad de esta. Durante los primeros segundos fue desagradable, pero su coño pareció volverse adicta a ese ritmo y perdió sensibilidad hasta volver a disfrutar del placer de ser penetrada, cada vez más profundo, cada vez más centímetros hasta que simplemente alcanzó el tope. Notaba aquella polla en su propio ombligo, mientras sentía que este luchaba por romper el condón. Quería marcarla por dentro, y eso la iba a volver loca. No tanto si conseguía hacerlo o no, sino la intencionalidad. — Mierda… me voy a correr y aún no está roto. — ¡Hmm! ¡Hmmmmm! ¡Hmm! — Córrete ya. Yo también quiero follármela. Pasó de sentirse como el puño de un boxeador a como si le estuviesen dando con un ariete policial en las puertas de su útero. Unos golpes potentes, contundentes y bestiales que no podían hacerle ningún daño. — ¡Hmm! ¡HmmAhhhhh!! Acaba fuera, por favor. Alex… ¡Acaba fuera te lo suplico! — Voy a correrme dentro. ¿No te queda claro? Ya eres nuestra. — El condón… Se ha roto. No me hagas esto -``Si continua así me voy a correr viva´´ pensaba mientras se imaginaba finalizar aquellas embestidas con una eyaculación interna. Realmente creía que el condón estaba roto. No dio tiempo a nada más, simplemente él aceleró sus embestida y ella lo abrazó dejándose follar hasta que notó como este paraba en seco y algo se llenaba dentro de ella, pero no del modo que esperaba. Aún estaba integro el condón, a pesar de que se sentía demasiado llena… Dejo caer la cabeza sobre el colchón aliviada por completo, hasta que Alex comenzó a follársela de nuevo. — ¿Crees que iba a estar satisfecho solo con una vez? -gritó haciéndola gemir con cada nueva embestida. ¿Cómo podía un adolescente follar con semejante agresividad? Se sintió guarra y sucia al estar a punto de correrse por sentir aquel globo tan frágil y lleno de semen bombear en su interior. El milagro era que no se hubiese roto, y pensar en que eso pudiese pasar la volvió a extasiar. — ¡Eso, puta! Te gusta que te follen así. ¿Eh? — Sí… Me encanta -respondió bipolar. Por una parte quería que no parase, estando a punto de correrse. Por otra parte, no quería que siguiese… ¿Pedirle que se cambiase el condón era una opción? — ¿Te gustaría que se rompiese? — No… ¡Eso no! — ¿No? ¿¡No!? ¡Serás mentirosa, mira como gimes de placer! -gritó Alex furioso mientras la agarraba de la cabeza creando un tope y comenzaba a ametrallar su coño con una velocidad impropia de alguien de su peso y tamaño. — ¡AHHHHH! ¡Ahahahahhhhh! -comenzó a correrse mientras notaba que él hacía lo mismo, quedándose paralizada con aquel enorme orgasmo que sin ser el primero si tenía toda la pinta de que iba a ser el último. Alex se quedó unos segundos, aplastándola mientras su polla daba los últimos espasmos musculares. A ella le daba igual, podía con su peso, pero era su propio orgasmo el que la dejó indefensa… El gordito se quitó de encima y sacó su polla, colgando del mismo preservativo una enorme bolsa de semen. ``¿Eso has estado dentro de mi sin romperse? Se preguntaba sorprendida de que no hubiese estallado. — Esto es lo que llevo acumulando desde esta mañana, todo para ti. Raúl se puso entre sus piernas, con el condón ya puesto. — Yo aún tengo que follarte -declaraba mientras le metía el miembro dentro del coño. Ya que tenían tamaños muy similares, la vagina no creó resistencia al paso de la nueva verga. Sí que le presionaba lo suficiente para estimularlo, incluso con el condón puesto. — Tienes un coño bastante apretado para haber parido tres veces… ¿Vamos a por la cuarta? -inquirió con malicia mientras usaba sus dientes para mordisquearle el hombro. La follada no dijo nada, se limitó a acariciar las nalgas de él y dejar que usase su coño para acabar lo antes posible. Seguía sintiendo placer con aquellas nuevas penetraciones, pero había llegado al límite con Alex. Aún así, para su sorpresa, aquella otra polla comenzó a encenderla de nuevo mientras veía incrédula como las pollas de Domi y Santi se ponían duras de nuevo… Aquella follada estaba lejos de acabar, y no se veía con ganas de decirles de parar incluso si su marido pudiese despertar. Se estaba volviendo adicta a aquel sexo que nunca antes había experimentado. Deseada y utilizada por cuatro adolescentes que hasta el momento la habían visto como una figura platónica, afinando el oído entre los bufidos de Raúl, escuchó a lo lejos los gemidos de su hija… Chuki, estaba demostrando ser superior a los otros cuatro juntos. Haciendo polvo a Olivia una vez, y otra, y otra... 4.5. Perra por diez minutos — Te quedan nueve minutos como perra -le informó Chuki a la veinteañera que le seguía a cuatro patas, escalón tras escalón hacia el piso de arriba. La chica iba con un camisón rojo y con su coño al aire, con un cinturón improvisado alrededor de su cuello que hacía las mismas veces de correa. ``Si me dice los minutos que quedan es que tiene algo en mente. Tengo que aguantar hasta que acabe el tiempo… Luego hasta puede que le suelte una ostia´´ se decía a si misma, obligándose a no levantarse y mandarlo todo a la mierda. ¿Por qué lo consentía? Había muchos motivos para ignorar su orgullo. El primero era el ardor insoportable que sentía en su ombligo y su entrepierna, uno que urgía ser extinguido cuanto antes mejor. El segundo motivo, derramado entre la cara interna de sus humedecidos, resbaladizos y lubricados muslos. El tercero y último, la inevitable necesidad de saciar aquella curiosidad que solo conseguiría conocer que tenía en mente aquel macarra. Su novio, Rob, siempre la había tratado con dulzura y mimo. Aunque lo amaba por eso, se había sentido decepcionada porque no fuese un poco más… ¿Varonil? No se trataba de que dejase de ser Rob para ser otra persona, pero si que en ocasiones echaba de menos que él tuviese opción a fingir un rol más brusco y agresivo. Hacía mucho que Olivia se había resignado a ser quien tuviese que llevar la iniciativa y, por mucho que odiase a Fernando, le atraía y divertía aquel tira y afloja que se traían entre ambos. No trataba de darle lo que quería, pues ella estaba resuelta a dejarle con las ganas. Eso no quería decir que no buscase sacar partido de aquella experiencia; alargándola lo máximo posible, saboreando esa sensación que su novio no le podía brindar y, en el último momento, negarse a continuar para irse. No estaba predispuesta a ser infiel, y era muy consciente a que estaban jugando. Pero también le urgía vivir aquella experiencia, que era tan nueva como morbosa, debido a que era el mismo Chuki quien la realizaba. Tal vez el pensase que la tenía bien agarrada y ya lo daba por hecho, pero se iba a quedar con un buen dolor de huevos. Le quedaban nueve minutos de los que él creía que podría aprovecharse, nueve minutos en los que tenía ventaja… Y pensaba cumplir. Se iba a comportar como una verdadera perra. *** Calculó que tardaron aproximadamente un minuto en llegar a su habitación, donde el chulito le dejó pasar a gatas mientras cerraba la puerta. Olivia se quedó en mitad de la habitación, sentándose sobre su propios tobillos para no apoyar el trasero en el suelo. — Tengo que reconocer que me lo has puesto muy difícil durante ese estúpido juego… No lo has hecho nada mal -La aludida se limitó a estudiarlo con la mirada, como si no entendiese lo que dijese. Chuki se acercó y la agarró del cinturón que colgaba de su cuello. Guiándola hasta la cama para luego señalársela con la mano que tenía libre. — Sube -No le hizo caso-. Te he dicho que subas -La chica se limitó a ponerle ojitos antes de que Fernando perdiese la paciencia y le diese un azote en el culo, muy cerca de su vagina. — ¡Ahhh! -Todo su cuerpo se estremeció. — Se me olvidaba que eres una perra. Seguramente no entiendes ni lo que digo. Voy a tener que enseñarte a las malas -Una sonrisa burlona apareció entre la barba del adolescente. La mano que aferraba el cinturón pegó un tirón que la hizo levantarse por puro instinto para apoyar sus dos manos sobre el colchón al tiempo que sus dos rodillas seguían apoyadas en el suelo-. Venga, sube… ¡Sube a la cama! — ¡Ahhh! -gimió la veinteañera con aquellos quejidos de placer. ``Es tan humillante… ¿Por qué me gusta tanto?´´ se preguntaba a sí misma, sin entender porque estaba tan excitada. No le quedó otra que subirse a la cama quedando a la espera de nuevas órdenes. Sin embargo, Fernando cometió el error de agarrarla de las mejillas en un intento de humillarla más; llevándose así un mordisco que le hizo pegar un chillido de sorpresa. — ¿Tanto te has metido en el papel que ahora también muerdes? — Vuelve a tocarme de esa manera y te llevarás otro mordisco -la amenaza no logró sino lo contrario a lo que pretendía. El macarra enrolló el cinturón entorno a su puño y golpeó con este el colchón, haciendo que el cuello de Olivia fuese detrás hasta quedar un lado de su cara y sus tetas aplastadas contra el colchón. — Yo también soy un perro, y yo también puedo morder. — No… No… -suplicó ella con el culo en pompa. Intentaba reincorporarse, pero la mano de él no se lo permitía. Notó como la mano libre del joven aterrizó en su culo, pegándole otro azote antes de sentir unos dientes clavándose en su nalga izquierda-. ¡¡AHHHH!! No, Chuki, por favor. ¡Eso no! -suplicó alterada tras gemir, al sentir la boca y los dientes del chico tan cerca de su zona íntima ya no pudo seguir fingiendo que no pasaba nada. — ¿Qué no qué? — ¡No muerdas ahí! — ¿Dónde? ¿Aquí? -le cuestionó antes de morder aún más cerca de su coño y su culo. Una lengua recogió toda la humedad desde la rodilla hasta su nalga, como si fuese un perro de verdad. — Eso no… todo menos eso. — Te recuerdo que eres una perra, y las perras no hablan. Si quieres protestar, ladra. — Por favor. — ¡Que ladres! Fue por la poca dignidad que le quedaba por lo que no ladró, recibiendo otro azote en el culo antes de que Chuki se inclinase sobre su oído antes de soltar el cinturón completamente. — No es divertido si no puedes defenderte. Te deben quedar unos siete minutos como perra… ¿Los aprovechamos? Olivia se reincorporó en la cama y se sacó como pudo el cinturón que aprisionaba su cuello. — Eres un cabronazo -dijo intentando pegarle un guantazo en la cara; golpe que el bloqueó con facilidad. Ella reaccionó intentando golpearle con la otra mano, pero también fue detenida y agarrada mientras él caía sobre ella y aplastaba sus dos muñecas con una sola mano contra la cama. — Me gusta cuando intentas pegarme. — Eso es porque eres un masoca… — Si, tal vez lo soy contigo -El chico acarició con el pulgar los labios femeninos, devorándolos con la mirada. Estaban entrecortados, como si necesitasen ser humedecidos con urgencia. Con la yema del pulgar tiró del labio inferior hacia abajo separando las dos masas de carne sin esperarse que Olivia le atrapase todo el dedo con los dientes. No apretó demasiado, pero sí lo suficiente para hacerle daño. — No te pases. Eso duele. — Te jodes -murmuraba entre dientes. — Si no paras… Yo también te morderé. Y no voy a hacerlo suave -como única respuesta recibió mayor presión en el mordisco y sin que ella liberase su dedo, él llevó sus dientes al cuello de esta mientras sus caderas se enterraban entre sus piernas. — ¡Ahhh! -El gemido resultó en la liberación del mismo dedo que aprisionaba. ``Supera tan rápidamente mis defensas que caigo como una tonta´´ pensó al darse cuenta que se estaba dejando comer el cuello. Lo alejó de una patada, sacándola de la cama. — Que perra más mala, pateando a tu amo -la aludida sonrió. — ¿Quién ha dicho que seas mi amo? — ¿Así que eres una perra sin dueño? — Mi novio es mi dueño. Chuki avanzó hacia ella, la agarró de la muñeca y la hizo girar sobre si misma, poniéndola a cuatro patas. — Que obsesión con ponerme en esta postura. — Empezaste tú con lo de hacerme pasar por perro. — Pues como lo que eres… -le increpó sonriendo con malicia. Sus labios se allanaron cuando sintió una enorme polla dura contra su coño desnudo, únicamente separados por el calzoncillo que lo cubría. — Tu novio no está aquí. Y los perros no entienden de dueños, cuando están en celo se follan a quien quieren. — No voy a dejar que lo hagas. — ¿Por qué? Eres una perra, lo estás deseando. — Soy una perra por cinco minutos más… — Entonces me voy a tener que dar prisa -dijo antes de incrustar su boca entre su coño. La nariz bailaba entre las nalgas y su culo, haciendo saltar pequeñas gotas de aquella sustancia líquida. — No… No… — Tranquila, no te follaré hasta que me lo pidas. — Entonces estoy tranquila, porque no te lo pienso pe…. ¡Ahhhh! -Cerró los ojos al instante, quedando con la boca abierta; comenzó a sonreír mientras intentaba reprimir sonidos para no darle la satisfacción. Olivia sintió como si aquel macarra quisiese meter todo su rostro dentro de su coño. La barba le hacía cosquillas, pero de una manera muy agradable. Sus manos separaban y masajeaban sus nalgas hábilmente mientras aumentaban el charco entre ambas piernas. Era demasiado tarde, no podía resistirse a tan tremenda comida de coño. Levantó el culo y bailó al ritmo que marcaba aquella lengua, pegando pequeños botes cuando sentía que esta tocaba puntos imprescindibles. Un azote aterrizó en su nalga derecha, luego otro en la izquierda. No entendió porque paró de repente con lo bien que lo estaba haciendo, tampoco se había dado cuenta como había pasado de estar a cuatro patas a estar sentada sobre el borde de la cama. Chuki se bajó el calzoncillo exhibiendo la polla más grande que había visto en su vida, incluyendo internet. — Si quieres que siga comiéndote el coño, vas a tener que comerme tú el cipote. No pudo evitarlo, la agarró y se la llevó a la boca tanteando en el primer contacto hasta donde llegaba. Con el glande contra su campanilla, no podría con más del cuarenta por ciento de aquella bestia. Se la sacó de la boca y comenzó a masturbarla mientras lamía la punta. — Oye, perra. ¿No crees que me debes una? — ¿Qué? -inquirió ella mirando hacia arriba, aún sin entender. — Lo de la tortilla, abre la boca -No lo hizo. La agarró del pelo y se comenzó a pajear frotando su glande contra sus labios hasta que los separó, entonces escupió cayendo sus saliva entre sus ojos, su nariz y su boca-. Y recuerda que esto lo empezaste tú -gruñó antes de empujarla para que se quedase estirada sobre el colchón. En menos de un momento ya lo tenía sobre ella, con aquel enorme pollón restregándose contra su cara y aquellos expertos labios explorando su coño de nuevo. El sexo oral fue mutuo, convirtiéndose en dos mamadas invertidas en el trabajo en equipo. Olivia, aún más encendida por aquel trato tan repudiable. ¿Cómo podía ser tan estúpida? ¿Cómo se dejaba tratar así? ¿Por qué le estaba dejando que le comiese el coño? Su mente quedó en blanco pese a que intentó seguir pensando. Incluso se le olvidó que tenía que seguir chupándole la polla. Sintiendo como algo lejano el pircing metálico que tenía en el glande y que presionaba contra su mejilla. No podía pensar en nada más que aquella lengua provocándola moviéndose en todas las direcciones posibles. Por fuera, por dentro, por los lados e incluso picoteándola, como si le estuviese tatuando un orgasmo en pleno coño. Pronto la lengua quedó obsoleta, y dos dedos se metieron sin permiso dentro de su vagina. La lengua se limitó a hacer un acto presencial sobre su clítoris, siendo envuelto este con los labios femeninos en contadas ocasiones. Tuvo un orgasmo inevitable al poco, tanto por la penetración como por el movimiento de la lengua; no había podido contenerse e impedirlo, a pesar de que lo había intentado levemente. Chuki separó su boca de su coño y montó sobre ella, sacando con brusquedad impaciente sus tetas del corpiño y escupiendo en el centro de estas. Su polla acabó entre ambas ubres, enterradas en un intento desesperado por salir. Era lo suficientemente grande para aporrear su garganta, sintiéndose casi obligada a bajar la barbilla y chupar el glande. — ¡Ahhh! Cuidado… Estoy sensible -le dijo al sentir tres dedos clavarse dentro de ella. — Yo también lo estoy… Juega con mi pircing, estoy a punto de correrme. Ella obedeció, concentrándose en apretar sus propios pechos y que como un toro furioso se los follase. — ¡Maldita perra! Lo que difícil que te has hecho -La hizo sonreír, mientras abría la boca y dejaba que se follase su lengua ya habiendo escapado el cipote de entre sus tetas hasta que se corrió dentro de la cavidad bucal. Parte de su cara quedó manchada. — Supongo que ya te quedarás más calmado… Tenías mucho acumulado -musitó impresionada. ``¿Qué hubiese pasado si se hubiese corrido dentro con esta cantidad? Seguro que quedaría embarazada de un solo tiro…´´ Al mirar por la ventana de su habitación, vio que la luna llena brillaba en su reino de tinieblas. ``Estúpida y sensual bola blanca. ¿Eres tú la que me ha hecho estar así de mal?´´ se dijo a sus adentros antes de que Chuki la hiciese girar de nuevo colocándola a cuatro patas. — ¿Calmado? Aún tengo mucho acumulado. — Y aún debe quedar algún minuto de perra. ¿No? — No, estoy segura de que ha pasado el tiempo. — Da igual cuanto tiempo pase, tú seguirás siendo una perra -se burló mientras incrustaba de nuevo su boca sobre su coño. Ella se abrió de piernas aún más, ya adicta a esa boca; pero no era tonta, y sabía que eso solo era un preludio para lo que venía. Echó la vista atrás, para ver una polla que no había disminuido su tamaño ni un poco. Tal vez su dureza, pero seguía lo suficientemente erecta para follársela. — ¿No dices nada? -le susurró a la oreja antes de besársela. La enorme polla se comenzó a restregar contra el necesitado coño. — No se me ocurre nada. — ¿Te has quedado en blanco? — Me he quedado en blanco. — Voy a follarte como la perra que eres. ¿No tienes nada que decir a eso? — No… — ¿No? ¿No quieres que te folle? — No… -se limitó a decir mientras caía sobre el colchón, manteniendo el culo en pompa. — Voy a darte un cachorrito. Eso es lo que quieren las perras en celo como tú, sobre todo tú… Una perra con ubres de vaca. ¿Cómo podría no follarte? — Eres un cabrón… ¡Ahhhhh! -Entró primero el glande, luego el todo el prepucio hasta que no pudo entrar nada más, como si su coño se hubiese quedado seco y no entrase más. Además del extenso tamaño y grosor del miembro, el tronco estaba seco y no le quedó otra que agarrarla por los lados de las caderas y comenzar a golpear su coño con una placentera brutalidad. No lo forzaba hasta romperlo, pero sí que estaba haciendo que entrase centímetro a centímetro lubricando cada vez más y más. El coño, que parecía haberse quedado seco, en ese momento comenzó a empaparlo todo. El chapoteó inundó la habitación con un ``plas, plas, plas, plas´´ que seguramente se escuchaba desde el comedor. Olivia había enterrado la cara sobre el colchón para evitar que se oyesen sus gemidos, habiéndose corrido en lo poco que llevaba de penetración dos veces. Orgasmos pequeños que precedían uno enorme, profetizado por toda la humedad que estaba empapando la colcha y su propio camisón. — Creía que pondrías más resistencia. — … -Iba a contestarle, pero la chica se calló. ¿Resistirse? ¿Más? Casi se había vuelto loca intentándolo-. ¡AHHHHH! ¡Mppppff! -su rugido de placer fue brutal al sentir todo el peso del adolescente contra su útero. Era imposible que entrase más, y aquel maldito pircing la iba a matar de placer. Nunca había sido estimulada de esa manera, habiendo experimentado solo las sosas atenciones de su novio que carecían de auto-crítica. Echó la cabeza hacia atrás mientras este la empalaba innumerables veces y tiraba al mismo tiempo de su cabello, para besarla por primera vez en aquél morreo inverso. La polla acabó fuera, pero ellos no separaron sus labios. Olivia se dio la vuelta quedándose abierta de piernas para él; ya habría tiempo para arrepentirse cuando hubiesen terminado de follar. Sus lenguas pelearon entre las dos bocas, como si fuese una batalla de sables laser. El muy bestia agarró su polla y comenzó a azotar su coño, haciendo que salpicase una mezcla de saliva, de líquido preseminal y vaginal. Golpeando el endemoniado pircing contra su clítoris antes de metérsela hasta el fondo de nuevo. Su coño se estaba adaptando increíblemente bien a tan enorme tamaño, habiendo ignorado por completo el excesivo dolor inicial. ¿Tan necesitada y cachonda estaba? Era evidente que sí, y se dio cuenta cuando entrecerró sus dos piernas entre las caderas de Chuki para impedirle salir. Estaba fuera de sí, no era una mujer… En ese momento era una bestia. No pararía hasta conseguir tan ansiado orgasmo: Sintiendo los testículos eufóricos del toro con barba, aporreó su coño de perra en celo hasta alcanzar el frenesí. — No parece importarte que vaya a llenar de semen el coño de tu dueño -gimió casi sin aliento, totalmente agotado. — Me importa, así que no te atrevas a correrte… -lo decía en serio. El sexo era extremadamente delicioso, y no quería parar aunque quisiese que se corriese fuera. — Pues me voy a correr… — Te mataré si lo haces dentro... -no pudo decir nada más, la calló con un beso. Ambos estaban eufóricos, matándose con aquel sexo tan violento-. ¡Fuera...! ¡Hazlo fuera! -suplicó intentando empujarlo con las manos lejos de ella. Pero este la agarró de ambas muñecas como al principio y las estampó contra el colchón sobre el despeinado cabello de la chica. Hizo un último spring para correrse dentro, y ambos lo sabían. — ¡Ahhhh! ¡Dentro no, cabrón! ¡Ah, ah, ah! — Jódete, perra. Quédate preñada del tío que más odias -dijo mientras explotaba dentro de ella, restregando su pircing eufórico contra la estimulada cérvix de la veinteañera. Esta, derrotada, se rindió al orgasmo que había tenido antes de que él se corriese-. Para no querer que me corriese dentro me estabas exprimiendo como una loca. — ¡Eso son espasmos involuntarios, imbécil! -dijo ella llorando. Se sentía culpable por el placer que sentía, y se intentó tapar la cara para que él no la viese llorar. Chuki besó las mismas mejillas donde nacía la unión del sudor y el llanto, siendo extrañamente dulce. Sus bocas se encontraron mientras él terminaba de exprimir su leche dentro de ella, aún sintiendo apretones musculares contra su cipote. — Ya está… — ¿Ya está? -preguntó él, cortándola-. No voy a parar de follarte. — Te has corrido dentro. ¿No es suficiente? — No. No voy a parar. — No… -se empezó a quejar ella sin éxito, sin llegar a creerse que se la fuese a seguir follando. Sus bocas se volvieron a encontrar al tiempo que Chuki comenzaba a botar sobre su coño, metiéndosela y sacándosela a un ritmo campechano. Aquel bombeo constante manchó toda la colcha con los restos de semen que salían expulsados desde el interior. La polla seguía dura después de haber eyaculado dos veces, pero eso ya no le sorprendía. Lo que sí le asustaba es que era su propio cuerpo el que le seguía pidiendo más. *** Sin sacar la polla de dentro, Chuki abrazó Olivia juntando sus propias manos tras la espalda de esta, mientras se levantaba y comenzaba a follársela en el aire. — ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! -Ya no podía ni gemir con energía, estaba totalmente exhausta a pesar de que su coño seguía exigiendo más. Su coño lloraba semen, cayendo lágrimas plateadas por sus muslos. Se había corrido hasta cinco veces, cuatro dentro de ella. Y allí estaba, buscando una sexta que no llegaba nunca. Su polla seguía dura, negándose a desfallecer; pero sus cojones estaban en huelga y no pensaban producir más néctar. Le daba igual si sus padres la habían hecho gemir, se había vuelto adicta a aquella polla. O tal vez no era a esta sino al propio sexo indecente; disfrutando para sus adentros de lo inmoral de follarse a un adolescente que ganaba por mucho a su novio. — Pídeme que te preñe. — No… Me da mal rollo decir eso. — Pídemelo, no parece que te importe mucho. — ¿Quieres embarazarme de verdad? — Sí… Eso te haría mía. — Yo no quiero quedar embarazada. — Demasiado tarde. — Si te lo digo… ¿Te correrás? — Nada me pondría más que darte lo que tanto deseas. Olivia se mordió el labio, queriendo sentir de nuevo entre sus muslos esa agresividad de semental que había sentido durante las cuatro folladas anteriores. — Estoy agotada, no puedo más. — Te dejaré dormir cuando me lo pidas. — Pues no te lo pediré… — ¡Pídemelo, perra! Sé que quieres que te preñe. — ¡Ahhhh! ¡Ah, ah, ah! -Los gemidos fueron rápidos y enérgicos, contradiciendo lo que había dicho anteriormente de que estaba agotada. Se volvió a encender al sentir esa brutalidad, como su polla se endurecía al imaginárselo. Fue irresistible querer dárselo. — Si eres capaz de correrte una vez más definitivamente quedaré embarazada… Tengo el útero lleno de ti. — Pídemelo. Confiésalo -gritó mientras ametrallaba aquel coño, el semen de anteriores eyaculaciones salía por los lados, escapando del maltrato vaginal que recibía Olivia. — ¡Préñame de una vez! ¡Hazme tuya! — ¡Ahhhhhhh! -gritó él con un grito de guerra, meciéndola del pelo y colocando su cara entre su hombro y su cuello. Pasó de no sentir nada a sentir un lejano orgasmo, cada vez más cerca hasta que fue capaz de alcanzar el inalcanzable horizonte, lanzando otro chorro de semen en su interior. — ¡Ahh! -El gemido de ella avaló que volvía a estar cansada, quedándose abierta de piernas cuando él sacó la polla y se fue a poner los calzoncillos El coño de Olivia estaba totalmente abierto, derramando semen directamente sobre el colchón que había quedado desprovisto de su funda debido a la intensidad de la follada. La veinteañera no podía ni mover la cabeza, se limitó a sufrir los pequeños espasmos mientras se acariciaba el clítoris, gimiendo para si misma mientras se mordía los labios y ponía los ojos en blanco antes de cerrarlos. Tal vez se quedó dormida en ese mismo momento, mientras Chuki cruzaba la puerta y la cerraba de un portazo. La noche estaba lejos de terminar. 4.6 El culpable de todo debe sufrir en silencio Estaba sentado en el sillón sin ser capaz de levantarse, cuando vio a Fernando bajar por las escaleras y cruzar al otro edificio. Fue lo que necesitaba para alzarse con fuerza y caminar sin dirección alguna porque… ¿A dónde debía ir? ¿Debía subir las escaleras y comprobar cómo estaba su hija? Lo haría si no le temiese lo que pudiese encontrarse. Tal vez era mejor opción cruzar al otro edificio e ir donde estaban su mujer y los chicos aquellos. No pudo evitar pasearse frente a la puerta que conectaba ambos edificios, como un perro histérico esperando a que lo saquen por fin a pasear. Era un cobarde, no se atrevía a acceder al otro edificio porque… ¿Qué se encontraría? Era bastante evidente, y si estaba en lo cierto, se arrepentiría de no haber podido presenciar nada. No podía evitar aferrarse a la posibilidad de que no había pasado nada: Que las dos mujeres habían logrado resistirse o, al menos, su querida esposa. Tal vez su hija hubiese cometido un error de juventud mientras que su mujer había sido capaz de contener a las famélicas bestias. Su puño se cerró entorno al picaporte y lo hizo girar, cruzando el umbral para encontrar a los cinco adolescentes junto a sus dos hijos frente al televisor. — Ah, Joaquin. ¿Ya se ha despertado? -preguntó con cierta inquina el pelirrojo. — Sí, me quedé traspuesto… ¿Y mi mujer? — Está arriba, en su habitación… Antes de darse cuenta ya estaba subiendo las escaleras, dejando atrás a sus hijos e otros invitados. *** Encontró a Sandra secándose el pelo, como si se hubiese duchado; lo primero que pensó al ver la ventana abierta es que estaba aireando la habitación; estaría prácticamente desnuda si no fuese por la lencería negra que llevaba encima… La misma con la que se había marchado. ``¿Le pregunto? ¿Ignoro el tema como si no pasase nada? Necesito saber. ¿Qué ha pasado?´´ se torturaba en pensamiento mientras se acercaba a su esposa. — Cariño… ¿Qué ha pasado? — Te quedaste dormido, cielo. — Quiero decir… mientras estaba dormido. — Terminamos de jugar y yo vine a ducharme porque… estaba bastante bebida… por tu culpa. El rostro de Sandra estaba enrojecido, y evitaba mirarle a los ojos, tal vez le habían hecho algo y la mujer no se atrevía a decírselo… Pero tampoco se encontró con ánimos de preguntarse porque… ¿Cómo lo haría? ``Oye, Sandra. ¿Te han metido mano? Porque si lo han hecho les voy a decir un par de cosas. No… Ella no puede saber que yo me he hecho el dormido. ¿Cómo me dejaría eso? Además, no tengo pruebas de que haya pasado nada… De hecho ni estoy seguro, y si no sale de ella decírmelo mi insistencia solo la haría sospechar´´ — ¡Joaquin! ¿Me estás escuchando? — ¿Qué? Perdona. ¿Qué dices? — Nada, que tal vez deberíamos irnos a dormir, ha sido un día largo. — Yo… no tengo sueño -Era incapaz de pensar si quiera en la posibilidad de dormirse. — Pues hay que hacerlo. Dónde… ¿Dónde dormirán los chicos? — ¿Dormir? -Joaquin se giró ante la interrupción, Alex estaba en la puerta de su habitación-. No creo que seamos capaces de dormir todavía. A Joaquin no le pareció que se lo estuviese diciendo a él, pero fue quien respondió. — ¿Y qué propones? — Nos sentimos mal por haber jugado contigo dormido… Y como aún es pronto podríamos jugar un rato más antes de… irnos a la cama. — Me parece bien -las palabras salieron de su boca solas, sabiendo que m*****aría a su mujer por no haberle consultado-. Quiero decir, si Sandra le queda energía. Tal vez quiera irse a la cama. — La verdad es que estoy un poco cansada… -Algo cambió en su cara, como si se ruborizase-, pero creo que podré aguantar un poco más. El resto del grupo estaba esperando fuera, como si se hubiesen reunido allí para enterarse de lo que pasaba. Parecieron muy contentos de tener la oportunidad de seguir jugando, ya con Joaquin despierto. Chuki desapareció al poco, sin avisar siquiera, dirigiéndose hacia la habitación de Olivia para prepararla. Era de vital importancia que estuviese limpia y aseada antes de comenzar la tercera y última ronda del juego de la botella donde el padre y marido iba a jugar un papel fundamental. *** Joaquin, su mujer y los cuatro adolescentes se reunieron en el salón del edificio secundario. No podían comenzar a jugar hasta que Chuki volviese con Olivia, que al parecer se había quedado profundamente dormida debido al alcohol. No tardaron en aparecer bajando las escaleras, ella detrás de él vistiendo todavía la lencería roja que se había puesto a raíz de un reto propuesto por su propia madre. El padre de esta se percató de que su hija también tenía el pelo humedecido, sin llegar a estar del todo mojado y se hizo a un lado para que su hija se sentase junto a él... sin éxito alguno. Había pasado lo mismo con su mujer, al llegar al comedor fue el primero en sentarse y lo hizo en un sofá de tres plazas con la intención de que su mujer y su hija se sentasen junto a él pero, para su desgracia, observó como el adolescente gordito arrastraba a la esposa madurita al sofá donde se iban a sentar dos de ellos. El resultado fue que Sandra quedó sentada entre Alex y Raúl frente a su marido, separados por la mesita donde en el anterior juego habían estado el alcohol y los vasos. Joaquin pudo ver a su mujer claramente incómoda, con ambas piernas muy juntas intentando entrar lo mínimo posible en contacto con los dos adolescentes; en cambio, estos dos abarcaban mucho espacio con piernas separadas y brazos en cruz, como si no les importase continuamente tocar, rozar y m*****ar a la mujer. La hija de este se sentó entre el macarra quinceañero de la barba, el chico del pelo largo y el rubio, en las mismas condiciones que su madre. Joaquin se quedó solo en aquel sofá de tres placas, resistiéndose a frotar sus ojos para comprobar si estaba soñando. — Bueno. ¡Ya estamos todos! ¿Os parece si modificamos un poco las reglas? -propuso Chuki con voz coloquial, como si decir aquello fuese mero trámite y todos fuesen a estar de acuerdo-. Creo que ya hemos bebido demasiado… Y es evidente que no nos podemos desnudar más. Así que… ¿Qué os parece si cancelamos la opción a negarse? Hay que hacer todo lo que se proponga. Todos, incluido el propio Joaquin, estaban en ropa interior a excepción de madre e hija que continuaban vistiendo aquellos camisones de seda transparente. — ¿Y la botella? -carraspeó Joaquin en un intento de aclararse la garganta. — Podemos hacerlo sin botella. Yo te pregunto o te reto, tú cumples y entonces eliges a tu siguiente víctima… ¿Qué te parece? — Pero eso puede dar lugar a favoritismos… — Intentaremos que no sea así. Vamos a intentar que sea variado. ¿Quién empieza? No hubo respuesta, el silencio se apoderó del salón hasta que fue el propio marido quien decidió tomar la iniciativa: ``No puedo preguntar directamente si han hecho algo. Primero tengo que hacer que se confíen e ir lanzando indirectas. No creo que sea adecuado comenzar con la niña o Sandra, así que preguntaré algo sin importancia a uno de estos niñatos´´ — Yo mismo. Tú, el de pelo rubio… — Santi -le interrumpió sin sonreír, como si estuviese esperando recibir una información importante. — Sí, sí. Lo que sea -dijo de malas maneras, con impaciencia. — Verdad. — ¿Has fantaseado alguna vez con tu profesora? La pregunta dejó descolocado al muchacho tanto como al resto, muy posiblemente ninguno de estos se esperaba una respuesta de tan directo índole; de hecho, ni el propio Joaquin se lo creía… Se había dejado llevar demasiado y preguntó lo primero que le vino a la mente sin analizar las consecuencias. — ¿Y quién no? -cuestionó Raúl entre risas, como si fuese la pregunta más inocente del mundo. Respondió por el rubio, ya que este parecía haberse quedado paralizado. — Sí -se limitó a responder antes de elegir al siguiente-. ¿Alex? — Verdad. — ¿Si tuvieses que elegir entre Sandra y Olivia? — Me quedo con ella -Ni se lo tuvo que pensar a la hora de responder. Puso su mano muy cerca de su culo, dándole unas palmaditas en la parte baja de la espalda. El marido de esta no supo identificar donde la estaba tocando-. Ambas tienen unos cuerpos de modelos, pero Sandra me gusta mucho más. — Eso es porque no has mirado bien a mi hija, siendo mucho más joven que esta vieja… — Sí -respondió el aludido a la alusión de su profesora, miró a la veinteañera para estudiarla de arriba abajo antes de añadir:-. Ya tendré tiempo para mirarla mejor. Joaquin. — Verdad. — ¿Cuánto te mide? — … -No respondió enseguida, hubo un breve momento de silencio antes de que orgulloso y con la cabeza bien alta dijese:-. Dieciséis centímetros. — Vaya, que grande -Joaquin no pareció darse cuenta de la mofa de Alex y respondió como si nada hubiese pasado. — Estoy bien dotado, sin duda. Sandra. — Verdad. — ¿Estás contenta con el tamaño de mi miembro? El marido de la cuarentona no pareció darse cuenta de que los adolescentes se estaban controlando para no descojonarse en su cara. Sandra se ruborizó, dándole la falsa sensación a su esposo de que la respuesta era positiva… y sincera. — Sí, cariño… Contentísima. Esto… No sé a quien elegir -confesó riendo nerviosa-. ¿Domi? — Reto. — ¡Por fin! -carraspeó el pelirrojo. — Pues… — Venga, no te cortes. Si hay confianza… — No sé a que retarte… — Relájate, tienes tiempo -le instó Raúl mientras pasaba su brazo entorno a la cintura de la milf ante la mirada atónita de su marido. La mano de este se clavó sobre las costillas por encima de la ropa y por debajo de sus enormes pechos. — Estoy tan… indecisa -tartamudeaba concentrada en los rechonchos dedos de Alex, que jugueteaban con la tira de su tanga. — ¿Puedo elegir yo por ti? -propuso Santi poniéndose en pie. El asentimiento de la mujer le hizo continuar-. Tápate los ojos, tienes que adivinar lo que te ponemos en la cara solo con el tacto. El chico rubio se acercó al marido de su profesora para explicar el reto que tenía en mente, algo hizo dar un seco asentimiento a este. Cuando Sandra fue informada sobre lo que tenía que hacer, se volvió hacia su pareja con la intención de asegurarse. — ¿Estás seguro? ¿No te importa? — Es solo un juego -se forzó a decir conteniendo el tono lastimero de su voz. Viendo como Domi se ponía en el sofá individual, con los ojos ya tapados al tiempo que Sandra se acercaba con paso suave, contoneando sus caderas y se inclinaba para el muchacho. Le estampó su escote con suavidad, sin que sus pechos se salieran del corpiño, apretando sus suaves ubres contra la nariz y boca del chaval. — Son las tetas de Sandra, ¿No? -inquirió con descaro, sin m*****arse siquiera en disimular. — ¡Muy bien, a la primera! -lo felicitó quitándole la venda de los ojos. Veo que no te ha costado demasiado. — Yo elijo a Sandra -dijo Domi en cuento la mujer se hubo vuelto a sentar en el sofá. — Miedo me das… Reto. — ¡Os reto a ti y a tu hija a comer un plátano con los ojos cerrados ni usar las manos! — ¿A mí por qué me metes? -le cuestionaba la joven evidentemente m*****a, lanzando miraditas avergonzadas a su padre. Con el despierto parecía mucho más cohibida. — Porque así tu madre se pica más. — ¿Y no podías poner como oponente a uno de vosotros? -la respuesta fue tan evidente que ni se esperó a recibirla. No tardaron en realizar los preparativos. Madre e hija se sentaron juntas en el mismo sofá de tres plazas, con Chuki pegado a Olivia y Alex la madre de esta. Los dos chicos ni se m*****aban en mostrarse distantes, sino que estaban invadiendo totalmente el espacio vital de ambas. Se colocaron dos cintas de pelo entorno a los ojos de las damas y tanto Domi como su amigo de cabellos dorados frente a ellas pelando las cascaras de dos plátanos y acercándoselo a sus bocas. — Recordad que no podéis usar las manos, solo la boca -les recordaba el adolescente de largo cabello. Olivia y su madre se inclinaron ligeramente hacia adelante, metiéndose las puntas de aquellas dos frutas en la boca. Debían tener claro que era parte de un juego erótico, porque no mordieron en ningún momento. >>
<< Incluso Sandra se permitió el lujo de sacar la lengua hasta casi tocar su propio mentón y permitir que la punta del plátano frotase la base de lengua. Ambos chicos se miraron y asintieron, decidiendo que había llegado el momento de proceder con su inesperada travesura. Ambos se inclinaron mientras ambas mujeres chupaban, y agarraron de la mesa dos vasos rellenos con una sustancia blanca y de consistencia melosa. Le dieron media vuelta de campana sobre el plátano y el líquido rebasó el borde de ambos vasos para caer entre los extremos de ambos falos y las sorprendidas bocas femeninas. Estas se abrieron más, sacando ambas lenguas para recibir todo el néctar de leche condensada mientras reprimían con poco éxito sus risas. — Parece que al plátano le ha gustado que te lo comas, mira que contento está -se burlaba Santi dejando el vasito sobre la mesa antes de agarrar por la nuca a Olivia. Media cara de esta estaba totalmente impregnada de la solución azucarada, tanto sus labios como su barbilla mientras ella se relamía. Los pechos y parte de la lencería de ambas señoritas quedaron también perjudicados, pero nadie pareció darle demasiada importancia. La boca de Olivia recibió más de medio plátano sin poder retroceder ante el tope que hacía a su nuca la mano del rubio. Aquello se había convertido en dos verdaderas mamadas a dos frutas. A Joaquin no le pasó desapercibido que todos, sin excepción, se habían venido arriba viendo aquella escena. ``Se están pasando… Tengo que parar esto´´. Cuando fue a levantarse, Domi le sorprendió poniendo su plátano -el que había estado lamiendo su mujer- entre las tetas de Olivia. Ninguna de las dos reaccionó como si estuviesen haciendo algo malo, y Sandra se limitó a lamer, de abajo arriba el plátano que tenía su hija incrustado entre las tetas. Ambas podían alegar que al estar con los ojos tapados no se habían dado cuenta, pero Domi no tenía excusa al agarrar todo el seno derecho de su hija al estar sujetando el platano para que no se escurriese. Fue el rubio el que, para hacer la gracia, presionó la cabeza de Sandra contra las ubres de su propia hija logrando que la cuarentona tragase más plátano. — ¿Es suficiente, no? -exclamó, escandalizado, levantándose. Aquello era más de lo que podía soportar. — Sí, perdona Joaquin… Nos hemos dejado llevar un poco. Por la posición en la que estaban ambas, parecía como si Sandra hubiese estado a punto de comerle las tetas a su vástaga tan pronto se hubiese terminado el plátano. — Fernando, te elijo a ti -declaró la madurita. — Reto. — Prepárame algo para comer. Chuki se levantó, dirigiéndose a la cocina sin mediar palabra. — Cariño. ¿Eliges tú por él? — Sí -tosió para aclarar su garganta-. Tú, el pelirrojo. — Reto. — Muy bien -comenzó a decir el esposo de Sandra. Había tres de ellos a los que tenía ganas, al macarra de la barba, al gordo y al pelirrojo. ¿Cómo castigaría al primero de ellos? -. Bésate con ese -dijo señalando al gordo. Ambos se miraron, poniendo cara de asco-. ¿Os negáis? Creo que dijo que no nos podíamos negar a nada. ¿No? Además… es una noche especial. — Y una mierd… -empezó a protestar con la voz más baja que un susurro. Raúl interrumpió a su amigo, acercándose a este y susurrándole algo al oído. — Cállate, imbécil. A ninguno de los dos nos va a gustar, pero no le demos un pretexto para poder pasar turno. Nos vengaremos de él, te lo juro. — Quiero ver esa lengua -les instigaba el adulto desde su sillón, sonriendo maliciosamente. Lo hicieron, ambos pensando en como se vengarían y lo mucho que lamentaría haberlos jodido de esa manera. ``Sí, sonríe… Sonríe cabronazo. No voy a parar hasta follarme a tus dos putas delante de ti´´ pensó mientras elegía a Olivia como la siguiente participante. — Verdad. — ¿Deseas tener un hijo? La cara de Olivia se ruborizó por completo, y no por la pregunta en sí sino por los recuerdos que le trajo de lo que había sucedido en la habitación de arriba. — Sí. — Ay, que dentro de poco me vas a hacer abuela. — Ella te hace abuela y tú le haces una hermanita -dijo Alex con malicia mientras le apretujaba el pecho derecho con el brazo que cruzaba su espalda. La tocaba con tanta naturalidad como si le estuviese acariciando la mano. — No digas tonterías… Yo ya estoy vieja para tener otro niño. — Estoy seguro de que no. Tienes pinta de seguir siendo muy fértil, estoy seguro de que tu macho si quiere puede darte otro más -lo dijo de esta manera con zorrería, sin concretar a quien se refería. — Alex. — Reto… — Siéntate conmigo -La veinteañera dijo lo primero que se le ocurrio para evitar que el adolescente siguiese manoseando a su madre delante de su progenitor. Se arrepintió sabiendo que podía haber propuesto algo mejor, pero ya era demasiado tarde. — Sandra. — Reto -respondió esa poniéndose más colorada. — Os reto a tu hija y a ti a un juego de comer con los ojos cerrados. — ¿Comer qué? -la ceja de la aludida se alzó inquisitiva. — Nata. *** ¿Qué derecho tenía Joaquin a impugnar aquel reto? Cuando lo hizo le recordaron que aquella noche era especial, y que él mismo había subido el tono del juego al proponer ir retirando prendas y que los dos adolescentes se besasen. Todo lo que pasaba era culpa suya, y tenía que aguantar ver a su mujer y a su hija en paños menores tapándose los tres los ojos mientras el gordo le traía desde la cocina aquel bote de nata montada. — Aquí tienes -gruñó desafiante, casi divertido estampándole el cilindro en la palma de la mano. — Gracias -respondió por puro reflejo Joaquin. Iba a ser su trabajo ir poniendo ``puntos´´ de nata en los tres cuerpos, y ellos sin usar manos tenían que oler y comérselos antes que el resto. ``Es humillante. No solo tengo que aguantar esta mierda, sino que encima tengo organizarlo. ¿Cómo puedes aguantar esto, Sandra? ¿Disfrutas castigándome de esta manera?´´ pensó mientras removía el pote afirmativamente para batir el aire que había dentro. — Cuando queráis. — Empieza ya -dijo su mujer acariciándose los pechos, como si estuviese abrumada. >>
<< El juego ya comenzaba fuerte, estando los tres mentalizados. Entre risas vergonzosas por parte de una y otra agarraban Fernando con las manos a modo de apoyo antes de recorrerle la piel en busca de nata. Sin encontrar nada en el brazo, Olivia llegaba al hombro descubriendo el pequeño premio que le había dejado su padre allí, su mujer se encontró otro sobre el esternón. Poco a poco, Joaquin se fue animando a ponerlo en sitios más comprometidos mientras intentaba lidiar con aquel conflicto interno de celos, rabia y excitación. Descubró que si no fuese su hija, Olivia sería exactamente su tipo de mujer. No era la primera vez que la veía con aquellos ojos, pero no podía evitarlo al ver a la joven meterse un puñado de nata en la boca mientras le besaba el cuello. — ¡Mójate un poco más, viejo! -dijo el gordito arrebatándole la nata de las manos-. Así… Una línea perfecta recorrió el escote de Olivia, poniéndole poco después una raya que empezaba en el cuello de Chuki y terminaba sobre su calzoncillo, que guardaba ya una imponente erección. — Tio, a tu izquierda hay nata -le avisó haciendo que el macarra se incorporase a ciegas y comenzase a besarle el cuello a la veinteañera, buscando a mordiscos y lametones la nata. No tardó en encontrar el escote lleno del dulce, estampando la cara en él mientras la agarraba del pelo para sostenerse. — Ahhhh… -gimió mientras se le estremecían las piernas dejándose comer todo el pecho. Sandra, por su parte, encontró el rastro azucarado en el cuello del joven y siguió su rastro lentamente a medida que su cabeza bajaba altitud. >>
<< Para los presentes que podían ver, la percepción que tenía era que el muy bastardo se regodeaba lamiendo los restos de la substancia entre los senos de Olivia mientras la madre bajaba a comerle la polla. Evidentemente, la excusa estaba en seguir el caminito blanco para la madre antes de que la manaza de Fernando se empotrase contra su nuca y la forzase a bajar más. Nadie fue testigo, salvo ella y el propio chico, de que al terminarse la nata se permitió el lujo de chuparle la punta de la polla por encima del calzoncillo. Los tres escucharon de nuevo el dispensador de nata activarse en algún lado y las dos mujeres se movieron en consecuencia reuniéndose en la entrepierna de Chuki que estaba enterrada bajo chorros caóticos de nata. Madre e hija mancharon de su saliva el calzoncillo al tiempo que la iban devorando, con cuidado de no chocar sus propias bocas. Chuki agarró por las nucas a ambas y las presionó sobre su polla haciendo que sus bocas se encontrasen. La reacción natural hubiese sido que se apartasen pero se quedaron allí rozando sus lenguas como si fuese lo más natural del mundo, besando en equipo el bulto que se marcaba en aquel calzoncillo elástico. >>
<< Sus lenguas y sus labios chocaron prácticamente soltando chispas, mientras Alex ponía el cacharro entre las piernas de Olivia y liberaba una cantidad considerable a lo largo de sus muslos. Fernando rodó sobre su lado izquierdo y metió su cara entre las piernas de esta comiéndose la nata hasta llegar a su entrepierna. Si lo siguiente era apartar la ropa interior para continuar, nunca llego a pasar debido a la intervención de Joaquin, que apartó de un empujón a su hija y a su mujer. — Es suficiente, ya está bien con el jueguecito. — ¿Por qué te pones así? Es solo un juego -replicó picantona su mujer, tapándose con el puño la boca para reírse discretamente. — Pues que siga siendo un juego. *** Cuando volvieron a los sofás con la intención de finalizar el juego, Sandra y Olivia fueron agarradas y forzadas a sentarse entre los cinco jóvenes. Estos acariciaban sus pieles sin tocar nada comprometido; sin embargo, cuando pasaron los segundos sus manos cada vez se acercaban más a las zonas de peligro. Las dos mujeres se esforzaron en intentar apartarles las manos, como si trataran de hacer lo políticamente correcto, pero en cierto momento los dedos serpentearon hasta debajo de sus camisones comenzando a jugar con sus pezones y metiendo las menos dentro de sus coños. Chuky sujetó el pelo de Sandra y tiró de él para acercar la boca de Sandra a su entrepierna, cuando estuvo bastante cerca, se apartó el calzoncillo y la apuntó hacia donde estaba su boca; ella hizo el resto abriendo la boca y comenzando a chuparla. — Tu mujer la chupa muy bien Joaquin -le alabó mientras presionaba la cabeza de la madurita contra su entrepierna-. Es normal que te sorprendas, pero no es para tanto… Son un par de zorras reprimidas, ellas son adictas a las pollas y ese juego con la nata… Las ha puesto tan cachondas que les da igual que estés tú delante. Fíjate, ya ni se resisten. Dijo esto mientras Olivia se arrodillaba frente a Domi y Santi, que estaban sentados juntos en un mismo sofá, y colocó la polla del rubio entre sus tetas tras escupirle al tiempo que se metía la otra en la boca. Alex gateó hasta detrás suyo y mientras la muchacha estaba concentrada en el sexo oral, el arrancó el tanga de un tirón antes de apuntar su polla a dentro de ella. — ¡Eh! Ponte condón. — Una perra como tú no necesita eso -le espetó con la polla totalmente erecta en su mano, apuntando al emputencido coño con pulso tembloroso y, sin ser capaz de esperar o hacerlo lento, la clavó lo más fuerte que pudo. — ¡Ahhh! -fue lo único que pudo responder Olivia, justo antes de que el gordo hiciese marcha atrás para coger carrerilla y volver a meterla más profundo. Se olvidó de usar sus tetas, su boca y su mano, dejó caer la cabeza enterrándola entre su propio pelo al tiempo que movía las caderas al compas de las embestidas invasoras- ¡Ah! ¡Ah! ¡Ahhhh! ¡Así no… Me vas a matar… Así! — Pues muérete, zorra. Bien que tu coño me está apretando para exprimirme. Al decir esto comenzó a fusilarla a pollazos, como si hubiese entrado en frénesi. — ¡Dentro no! ¡Córrete fuera! ¡Ah! ¡AHHHHH! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! -Con la brutalidad de Jason de viernes trece, Alex agarró la cabeza de Olivia y la apretujó contra la polla de Santi, haciendo que comenzase a chuparla mientras el aceleraba con la intención de correrse. >>

<< Domi comenzó a menear las piernas apretando el mismo los dos pechos hasta que debido a la intensidad de los gemidos y el morbo de la follada, se corrió entre ambas ubres. Santi, muy cerca de correrse también, comenzó a gemir mientras veía como el gordito se partía por la mitad a la veinteañera, enterrando la cabeza de esta contra su polla como si esperase ahogarla con ella al tiempo que se corría. Le dio un azote en el culo que la hizo menear las caderas como una loca, sus ojos se pusieron en blanco mientras su rostro comenzaba a ponerse lila. — ¡Hmmm! ¡Hmmm! ¡Hmmm! -gemía como una loca mientras comenzaba a experimentar en su boca los pálpitos de aquella polla pueblerina que descargó el néctar blanco contra su paladar. Alex pasó de sujetar la nuca con una mano, a apretarla con las dos mientras sacudía furioso sus caderas. Estaba continuamente a punto de correrse, pero el sexo que tuvo con Sandra le había restado sensibilidad y había aumentado especialmente su aguante; no era capaz de correrse, hasta que recibió la motivación que necesitaba: El coño de la chica se comenzó a contraer a lo loco mientras sus piernas se tensaban y liberaba una pequeña cantidad de líquido eyaculatorio, estimulándolo lo suficiente para correrse dentro. — ¡Jódete, niñata! -vociferó eufórico, cerrando los ojos y sonriendo mientras se concentraba en el calambre placentero y en los latidos que acompañaban las contracciones. Sintió como su polla se envolvía de su propia lefa en el interior de ella. Olivia se dejó ser arrastrada por Alex hasta la mitad de la alfombra bajo la mirada atónita de su padre, el cual se imaginó a una leona arrastrando un cadáver hasta su guarida para alimentar a las crías. Las tetas de la joven se restregaron contra la alfombra mientras su cara quedaba apoyada contra el suelo. Sintiendo como el adolescente gordito que la había llenado de semen luchaba por mantenerse duro dentro de ella. Manteniendo el culo en pompa como si levitase sin apoyo alguno, se limitó a suplicar piedad. — No más… No puedo más. No m… ¡Ahhhhh! ¡Ahhhh! -Dos duras embestidas reanudaron la follada, salpicando un chorro del semen batido que inundaba su coño. Alex recomenzó el empalamiento con una repetida cadena de azotes que no parecían tener efecto sobre ella, la cual solo gemía para responder a cada una de las embestidas-. ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡AHHHHH! ¡Ah, Ah, Ah! ¡Me vas a romper…! — ¡Me da igual, guarra! ¡Solo limítate a dejarme usar tu coño! Raúl y Chuki no habían hecho nada más con Sandra, se limitaban a besarla y manosearla mientras el barbudo jugaba con su punto g con aquellos dedos en gancho. Después de haber visto como se follaban a su hija de aquella manera, su vagina se convirtió en agua y sus defensas desaparecieron. No fue capaz de resistirse más, disfrutando en cierta manera de que su marido pudiese ver aquello. — Estoy deseando clavar mi pircing en tu útero. — Eso es imposible… — Ya me lo dirás cuando lo haga -dijo agarrándola del pelo y haciéndole gatear hasta su marido. Sus enormes ubres le sirvieron de apoyo para sostenerse sobre las rodillas de Joaquin que la miró paralizado como Chuki le bajaba el tanga y por puro reflejo levantaba su culo. Raúl, aún sentado en el sofá, se estaba masturbando como si esperase su turno. — ¿Cómo puedes hacerme esto? — ¿¡Yo!? ¿Quién emborrachó a estos niños y los calentó haciéndonos quedar desnudas? — Voy a metértela -le dijo a Sandra antes de dirigirse a tu esposo-. No te preocupes, vas a poder ver en primera fila como hago gozar a la puta de tu mujer… Y como la preño. — Hijo de puta… — Este hijo de puta… -dijo lentamente mientras escupía sobre el culo de Sandra y le metía la lengua dentro, como si le diese igual todo. Después se agarró la polla al tiempo que hacía que su gran y enorme glande besase el culo ya lubricado de esta. — ¡No! Eso no… Hazlo por el otro. ¡Por el otro! -suplicó antes de entrecerrar los ojos, mirando a sus propias cuencas mientras notaba aquel enorme misil desgarrar placenteramente su culo. Pese al enorme tamaño, su ano parecía estar aceptando gustosamente al extraño invitado; una sensación muy rara le recorrió todo el ombligo haciendo que por un instante liberase una pequeña cantidad de orina contra la alfombra-. ¡Mpfhhhh! ¡Dios mío! Me muero… -gimió sin poder evitar meterse sus propios dedos en su coño, masturbándose a pesar del dolor y la extraña sensación en esa nueva zona. — Pronto cumpliré lo de que mi pircing bese tu útero, pero no quería dejar pasar la oportunidad de estrenar tu culo delante del inútil de tu marido. Mira, Joaquin… ¿Ves esto? -dijo mientras extraía su enorme cipote del culo de su mujer y le enseñaba el brillante adorno en el extremo-. Mira lo que hago con él… ¡Mira la cara de la guarra de tu esposa! El veterano orificio de Sandra aceptó aún más gustosamente el venoso cilindro de carne. Los veinticinco centímetros de polla la penetraron haciendo que se tuviese que morder el labio para no gemirle a su marido en su cara. — No mires, cielo. — Mira, Joaquin, mira la cara que pone… ¡Ahora! -ronroneó mientras la agarraba de ambos hombros y la metía prácticamente toda-. Este es el tope. — Te dije que no podía entrar más lejos… -gimió Sandra, exhausta, sonriendo en un vano intento de mirar a su penetrador. El enorme grosor y la presión que ejercía su medida la estaban destrozando de placer. — Me gusta superar los límites -le susurró al oído mientras la agarraba del pelo y tiraba de este para hacer que la madurita mirase al techo. Le escupió a la cara, entre los labios, mientras el cuerpo tensado le permitió ejercer más presión la penetración. El pircing abrió un pequeño hueco en el cérvix de la madurita, agrandándolo más con cada nueva embestida. — Duele… Duele mucho. Para… ¡Para! ¡Así no! ¡¡ME VAS A VOLVER LOCA!! -mentía Sandra incapaz de aceptar que se iba a mear ahí mismo de placer. No quería que su marido la viese así, dolía de una manera dominante, con un placer casi infinito que la tenía prácticamente hipnotizada. — Aguanta un poco más… Mientras me corro directamente dentro -Los gemidos de la madre eclipsaron a los de la hija, que ya eran débiles y sumisos. Pero Sandra estaba resistiéndose mientras disfrutaba en celo de aquel inmoral placer-. ¡AHHHHH! ¡AHHHH! ¡AHHHHH! -Las embestidas eran lentas y pesadas, como si el adolescente quisiese sentir cada milímetro. Y ella se corriese con cada centímetro que entraba y salía. Notó como si algo dentro de ella se cerrase en torno al glande de ese pequeño macarra, exprimiéndolo dentro de ella. Comenzó a aporrear su culo contra la entrepierna de ese semental, mientras relajaba la garganta sin controlar los gemidos que salían de ella. Por ver no veía ni al esposo, solo existía la polla que había penetrado sus puertas uterinas y besaba un lugar inexplorado. — Es la primera vez… -ronroneó Fernando apoyando todo su peso contra la parte baja de la espalda de la madurita. Le pareció que estaba salivando del placer, pero le daba igual, toda su concentración estaba en su glande-… que puedo meter toda mi polla dentro de una mujer. Se siente… Sandra se comenzó a masturbar en círculos su clítoris, sintiendo que se iba a correr de tres formas distintas. Notó los espasmos iniciales que predecían la eyaculación del joven, penetrándola muy suavemente, decidiendo provocarlo. — ¿Podrías sacarla antes de correrte? No quiero que me fecundes… — Voy a correrme directamente dentro. — No lo harás… -le estaba retando a que lo hiciese, mientras sonreía y se acariciaba en furiosos círculos su clítoris-. No lo… No lo harás… -se mordió el labio al oír el chapoteo que inundaba la alfombra. Como su culo y sus muslos aporreaban con aquel sonido atronador. — ¿Qué no? Voy a meterte hasta los huevos, perra. Mira a tu marido mientras lo hago. Obedeció, tomando su cara entre sus manos para acercarlo y poder besarlo antes de que Fernando aplastase su cabeza contra la alfombra. Levantó el culo más, si era posible mientras sentía como aquel niñato vivía una experiencia cercana a la eyaculación. El pircing aporreó lo más profundo de su sexo, entrando en aquel frénesis que la hizo enloquecer. — Fuera… ¡Córrete fuera! -``O me volveré loca´´ gritó a sus adentros mientras intentaba desesperadamente sincronizarse al orgasmo del chico-. ¡Oh! ¡Me corro! ¡ME CORRO! -El no dijo nada, se limitó a entrar sus testículos en la entrepierna de Sandra y a explotar dentro de ella mientras esta se meaba de placer, corriéndose por fuera, por dentro y, por primera vez, sintiendo a su útero vibrar de placer. La polla traqueteó torpemente dentro de ella, llenándola con aquella joven y fértil semilla antes de retroceder, agarrar a la inconsciente mujer del pelo y hacer que esta, por reflejo, abrir la boca y limpiar los restos mientras se quedaba apoyada sobre sus rodillas y con el culo en pompa. No salía semen de dentro, como si no hubiese escapatoria del lugar donde lo había enviado. Raúl se levantó y hizo darse a la cuarentona la vuelta, enterrando enorme cipote entre las entumecidas y vibrantes carnes de Sandra que acepto gustosa a su nuevo jinete. Dando tiempo a Fernando a que se recuperase y volviese duro a follarse el culo de la cuarentona. Olivia, por el contrario, se abrió de piernas con un coño rebosante de leche cremosa mientras se veía taponada por el chico de pelo largo recibiendo un beso intenso de este. Las folladas continuaron hasta que los cinco adolescentes no pudieron mantenerse duros y se fueron a la otra casa a dormir, mientras Joaquin llevaba en brazos a la cama de su hija a su mujer, donde la abría de piernas con la polla dura como el diamante y la penetraba. Comenzó a follársela como un conejo, dispuesto a correrse todo lo posible dentro de ella. No solo para intentar sustituir lo que había dentro por lo que metiese él, sino por toda la tensión y la excitación acumulada a lo largo de toda la noche. — Joaquin… No puedo más… ¡Hmmmpf! -Su marido le tapó la boca con sus propias bragas echas una bola antes de comenzar a aporrear aquel coño con su polla. Si quedó descolocada por las furiosas embestidas de su marido, puso los ojos en blanco al sentir aquella desesperación y deseo por follársela. Corriéndose una última vez antes de perder la consciencia. *** La casa estaba totalmente en silencio. Todos dormían, sin excepción. En las pollas de los adolescentes colgaban pequeños hilos de semen que comenzaba a resecarse, mientras que Olivia, durmiendo en el sofá de su propio edificio se removía apretando su propio coño inconscientemente haciendo que de este saliese una cascada de líquido blanquecino. Del coño de Sandra surgía lo mismo, una mezcla de semillas que buscaban fecundarla. Olivia renunciaría a volver a hacer nada con aquellos adolescentes, evitándolos todo lo posible en un intento de redimir los pecados cometidos contra su pareja. Sin embargo, su madre, iba a convertirse en una verdadera drogadicta del sexo y llevar sus necesidad al instituto. Donde multitud de quinceañeros y unos padres enfurecidos aguardaban para llamarle la atención. ¿Podría Sandra sobrevivir al instituto sin que en la reunión de padres estos se la merendasen? ¿Podría Sandra evitar que sus decenas de estudiantes se fijasen de ella de otra forma que no fuese como maestra? Lo que Sandra no sabía, es que aquellos cinco adolescentes tenían planeado mucho más que follársela y emputecerla. Querían prostituirla y hacer negocio con ella, con sus compañeros y con sus padres.