Capítulo V: 25 horas
Acababa de llegar del aeropuerto procedente de Tenerife, donde había ido por trabajo, aún portaba conmigo el maletín con toda la documentación que había traído para la empresa.
Era de mad**gada, ya que el vuelo se había retrasado en su escala en Madrid, llegue a mi piso de alquiler sobre las cinco de la mad**gada.
Subí las escaleras que me llevaban a la primera planta. Gire la llave en la cerradura y entre dentro de aquel apartamento donde aún se veían las cajas de la mudanza sin desempaquetar, con todas mis cosas en su interior. Algún día tendría que ponerme a colocar todo aquel desorden.
Me quede de pie junto a la puerta contemplando el caos que aquellas cajas de mudanza originaban. Deposite el maletín en el suelo y me dispuse a desabrocharme los zapatos cuando hoy un grito seguido de un fuerte golpe que provenía del bar que había debajo y que regentaba mi casero.
Volví a coger las llaves de casa que descansaban sobre un plato de barro en el mueble de la entrada e instintivamente comencé a descender nuevamente las escaleras que me llevaban a la calle.
Estaba desierta, no circulaban coches. Y todo aparentaba la más absoluta normalidad.
Me acerque a la puerta del establecimiento, que se abrió sin ningún impedimento.
Dentro en el suelo y rodeado de un charco de sangre, reconocí al propietario del mismo.
Estaba inconsciente y con un orificio en su estomago por el que brotaba un reguero de sangre.
Me quite la camisa e intente como pude taponar la herida, para evitar que se desangrara.
Saqué el móvil del bolsillo de mi pantalón y llamé a emergencias.
No tardaron en aparecer varios coches de policía y una ambulancia que traslado inmediatamente al herido al hospital.
Había relatado como siete u ocho veces ya lo sucedido y lo que había visto.
Pero cuando me disponía a marcharme a mi casa apareció una mujer de lo más llamativa, que se apeó de un pequeño coche hibrido de color blanco.
Tenía el pelo cobrizo y porte atlético. Vestía traje negro y entallado, con camisa blanca sin corbata.
Uno de los agentes le señalo con el dedo en mi dirección. Vino con porte decidido y con caminar ligero.
– Buenas noches. Podría contarme lo sucedido. – Dijo si ni siquiera darme tiempo a contestar. Su boca era pequeña pero sus ojos eran de un verde intenso, que resaltaban con la blancura de su tez.
– Estoy un poco cansado. No puede preguntárselo a alguno de los policías que hay aquí, ya lo he contado unas cuantas veces y tengo ganas de irme a casa.
– Yo también tengo ganas de muchas cosas, me lo puede contar ahora aquí o si prefiere puede dar un paseito con mis compañeros a comisaría y contármelo allí.
Volví a relatar otra vez todo lo que había visto, oído, o incluso hecho.
Después de contestar a otra infinidad de preguntas. Por fin pude irme a mi casa.

Subí. Me quite el resto de la ropa que aún me quedaba y que estaba llena de sangre. La deposite dentro de una bolsa y se la entregue a un policía que aguardaba en la puerta de entrada.
Cerré la puerta y me metí en la bañera a intentar quitarme el resto de la sangre que se había pegado a mi cuerpo.
Estaba secándome, cuando sonó el timbre de la puerta.
Relié una toalla alrededor de mi cintura y me dirigí a la entrada.
– Perdona, que te m*****e otra vez. Se que es tarde, que te hemos mareado ya bastante y que debes de estar cansado. Solo venía a disculparme por lo de antes. Se que fui muy ruda y posiblemente un poco desagradable. Pero es que hoy no he tenido buen día y lo he pagado con el que menos culpa tiene. Así que te pido disculpas. – Me inquirió con aquellos ojazos verdes, la policía que me había interrogado momentos antes.
– No tiene importancia. No se preocupe. Entiendo que para ustedes tampoco debe ser agradable ver este tipo de sucesos continuamente. – Conteste intentando quitar un poco de hierro al asunto.
– Te importa si paso al baño. Llevo todo el día fuera de casa. Y como siga aguantando voy a terminar por mearme en las bragas.
Le indique con un gesto de la mano que pasara y la acompañe al baño.
Yo mientras espere en el salón, mirando por la ventana.
La calle volvía a la normalidad y todos los coches patrullas habían desaparecido.
Todos menos el pequeño coche blanco que seguía aparcado frente a la puerta del bar.
Aun en el suelo se veían restos de gasas y guantes usados por equipo de la ambulancia.
– ¿Llevas mucho tiempo viviendo en esta ciudad? – Me preguntó tras de mi aquella atractiva pelirroja.
– No apenas un mes y medio, pero me parece como si fuera una eternidad. ¿Por qué lo preguntas?.
– Por nada en particular es que he visto todas estas cajas por tu piso y pensé que no haría mucho que te has mudado, o eso, o que te marchas.
– Perdona el desorden pero no he tenido tiempo de colocar nada, aunque si te soy sincero, si lo hubiera hecho tampoco creo que lo hubiera hecho.
– Que envidia, lo que daría yo por poder ducharme también ahora y quitarme el sudor de todo el día. – Me espeto con aquellos preciosos ojos verdes.
– Por mi no hay problema ya sabes donde esta el baño. – Le conteste con una sonrisa.
Dio un par de pasos hasta donde estaba y dio un fuete tirón de mi toalla dejándome desnudo delante de ella. Me había cogido totalmente desprevenido.
– Gracias por la invitación tardo unos minutos. – Se encamino con el mismo porte decidido hacia el baño.
Si hay dos cosas que no soporto en la vida es que me mientan y perder en el juego.
Así que espere uno minuto y cuando oí el agua de la ducha caer, entre en el baño y retiré toda su ropa y la toalla de ducha dejándole una pequeña de lavabo limpia.
Fui a mi habitación y me coloque un bóxer y una camiseta.
Volví al salón donde permanecí junto a la puerta de la terraza.
Fuera seguía todo tranquilo. Como de costumbre, ni gente, ni ruidos, ni coches circulando.
Miré el reloj del móvil que había dejado sobre la mesa del salón. Eran las seis de la mañana. Y pese a no haber dormido nada en más de 24 no me sentía para nada cansado.

Oí la puerta del baño abrirse, y no pude por contener una sonrisa al ver su cara.
Estaba seria y tenía una mueca en su boca que indicaba que estaba furiosa.
No le había hecho nada de gracia descubrir que le faltaba la ropa al salir del baño.
Y encima la toalla que le había dejado no le cubría todo el cuerpo.
Se tenía colocada por la parte delantera. Tapándose todo lo que podía. Le cubría por encima del pecho hasta un poquito por debajo de su cintura.
Justo para no dejar ver mas de lo necesario.
– Muy gracioso. Harías el favor de devolvedme mi ropa.
Con un gesto señalé sobre una de las sillas donde le había colocado su ropa previamente doblada.
Se dirigió rápidamente a por ella, intentando que la toalla no dejara ver nada de sus encantos.
Empezó a rebuscar en la chaqueta de su traje y extrajo algo metálico.
Se acerco a mí y cuando estuvo a solo un paso retiro la toalla, dejando su cuerpo al descubierto y me la ofreció.
Instintivamente alargue la mano para recogerla sin apartar la vista de su cuerpo.
Tenía unas preciosas tetas, con pezones y aureolas pequeñas y sonrosadas.
Su pubis no tenia bello, estaba completamente depilada.
No tenía cicatrices, ni tatuajes, ni siquiera marcas en su piel. Y para ser tan blanca y pelirroja, no tenia apenas pecas en su cuerpo.
Al apreciar su pecho desnudo comprobé que su pecho era mayor del que me había parecido, su cuerpo era bastante fibroso y musculazo. Se notaba que hacia ejercicio con regularidad. Su vientre estaba muy liso y trabajado. La musculatura de sus brazos se marcaba al moverlos así como la de sus piernas. Seguramente practicaba algún tipo de ejercicio anaeróbico.
Al coger la toalla, me sujeto mi mano con la suya, a la vez que con la otra me coloco sobre la muñeca unas esposas niqueladas, me giró el brazo y colocándose tras de mí me agarró el otro brazo que también arrastro a mi espalda y me engrilletó la otra mano.
Dejándome inmovilizado los dos brazos, me condujo al sofá donde me empujo y caí sentado con las manos esposadas.
Ahora su rostro había cambiado por completo, estaba sonriente se veía la cara de la victoria en su semblante.
-Ahora no te parece tan divertido, ¿verdad?. – Y comenzó a reírse desnuda delante de mí.
– No. Me parece mas divertido aún. – Dije mientras pasaba mis brazos delante de mi cuerpo con las esposas abiertas en una de mis manos.
– Pero como coño…
Y se acerco a mí para contemplar que realmente me había liberado quitándome las esposas.
Cuando fue a recoger las esposas que mostraba en mi mano, la agarré de la muñeca derecha y girándosela le coloqué una de ellas. Pasando mi pierna por entre las suyas la arroje sobre el sofá y procede a inmovilizarle ambos brazos detrás de su espalda.
Ahora estaba arrodillada en el sofá con las manos esposadas, apoyando su pecho contra el respaldo del sillón. Ahora contemplaba su espalda desnuda y su trasero respingón.
Era preciosa. Me estaba empezando a empalmar viéndola en esa posición.
– Ahora a la que no le hace gracia es a ti. Pero yo me estoy divirtiendo bástate. – Y me separe de ella sentándome en una silla próxima.
– ¿Cómo has hecho para quitarte las esposas?. – Preguntó mientras se giraba y se sentaba en el sofá mirándome.
– Digamos que es un secreto. No puedo decírtelo.
– ¿Y que puedes decirme entonces?.
– Puedo decirte quien eres tú, eso si puedo decírtelo.
– ¿Si? ¿Y que sabes sobre mí?.
– Pues veras, eres una persona competitiva, no te gusta perder. Te gusta el deporte, pero nada de deportes de contacto, porque no tienes marcas de ningún tipo en el cuerpo. No estas casada, pero has tenido una relación larga con algún chico. Posiblemente hayas estado casada hasta hace poco o prometida. Ahora lo habéis dejado.
– ¿Como puedes saber eso?. – Pregunto dubitativa.
– Pues por la marca en tu dedo, aunque no se aprecia apenas por tu tono de piel, ya que eres bastante blanquita. Antes llevabas anillo. No creo que solo te lo quites para trabajar. Llevas otras joyas como cadenas, pulsera y pendientes. Tú pusiste fin a la relación seguramente.
– ¿Qué te hace pensar que pudiera ser así?.
– Por que te has presentado en casa de un desconocido a las seis de la mañana y entre la ducha y la tontería de la toalla. Me has dejado claro que no has acabado harta de tíos. Por lo que el no fue el que la lió. Fuiste tu ¿verdad?. ¿Por qué fue?
– Fue por el trabajo ¿verdad?.
– Cuando llegaste esta noche me digites que no habías ido al baño en todo el día.
– Te encanta tu trabajo y te absorbe todo tu tiempo. O quizás fuera que el quería hijos. ¿A que es eso?, el quería hijos y tu no. A ti te gusta tu trabajo y no querías sacrificarlo para ponerte a criar hijos y perder tu línea. ¿Me equivoco?.
– ¿Quién eres tu?, Como puedes saber eso de mi.
– Digamos que soy muy observador.
– ¿Si y que más sabes de mí?
– Bueno, pues tu expareja seguramente sea compañero tuyo. Por como llegastes, sola y que los demás policías apenas cruzaron algunas palabras contigo, indica que seguramente trabaja con ellos y que ellos te culpan por algo.
– Además te gusta el sexo. Bastante diría yo. Te encanta además la dominación, eres sumisa. Aunque en tu vida laboral seas tan arrogante y atrevida, en la cama te gusta que otro lleve la voz cantante.
– ¿Y eso en que te basas?. –Quiso saber.
– Porque te sientes cómoda desnuda, no te ha dado por taparte. Estas completamente desnuda delante de mi con las piernas abiertas. Y no me has pedido que te quitase las esposas. Por lo que te encuentras cómoda en esa situación. Tus ojos se han abierto más y has movido varias veces las piernas.
– Tus pezones están más erizados y tu clítoris es visible, cosa que no lo era hace un momento, te excita estar así. De hecho seguramente siempre lo has deseado, pero no has sabido como pedirlo nunca. ¿Me he equivocado en algo? .
– Si en lo de las esposas.
– No. No me he equivocado. He dicho que no me has pedido que te las quitase, no que tu no intentaras quitártelas. ¿Pero no has podido, verdad?. A diferencia de ti yo si les he puesto el seguro cuando te las he colocado. – Esboce con una sonrisa.
– Vale y ahora que se supone que va a pasar.
– Pues muy sencillo, lo que tu crees que va a pasar que te voy a follar como nunca antes te han follado. Voy a hacer que te corras de una manera tan brutal, que jamás olvidaras el día de hoy. Y te va a gustar tanto, que seguramente volverás a mí otro día buscando la misma experiencia.
Me levante de la silla y me dirigí al sofá donde ella se encontraba, aun con las manos esposadas a la espalda.
Me quite la poca ropa que llevaba puesta y poniéndome frente a su cara con mi mas que evidente excitación le pedí que me la chupara.
Se incorporó un poco hacia delante y empezó a lamerme el glande con su lengua suavemente. Después pasó a lamerme toda mi polla que ya se encontraba muy dura. Llegando hasta mis testículos que también empezó a lamer. Se metió uno de ellos en la boca y empezó a jugar con su lengua en el. Deshizo el camino y volvió hasta el glande donde siguió lamiéndome con su lengua suavemente.
Estuvo así unos segundos más hasta que comenzó a metérsela en la boca, con un movimiento bastante rítmico.
– Más dentro. Métela más dentro de ti. – Ordené.
Y comenzó a introducirse la polla por su garganta hasta que llegaba con su boca a mis testículos. Me la estaba chupando de una forma exagerada, sin que ella pusiera el menor inconveniente.
Saque la polla de su garganta, estaba completamente llena de su saliva, al igual que su boca y cuello.
La agarre de un brazo y la levanté. Llevándola hasta la mesa del salón. La apoyé contra la misma boca abajo con sus tetas pegando contra la madera inerte de la mesa.
Y empecé a acariciarle el trasero.
Me volvía loco ese trasero. Empecé a darle unas ligeras palmaditas en el culo. Y cada una de ellas, respondía con un leve quejido.
Golpeaba con la palma de mi mano primero una y luego la otra, despacio pero continuamente. El culo empezó a tener un tono rojo fuego intenso.
Entonces empecé a acariciar su coño rasurado, que ya tenia bastante mojado.
Ella al notar mi mano pasar por su coño, separo aún más las piernas.
Comencé a golpear con mi palma en su coño, suavemente. Ahora su gemido era mayor, pero abrió más aún las piernas.
– ¿Te gusta?, si quieres que pare démelo, ¿de acuerdo?.
– Voy bien tranquilo sigue, no te preocupes. Te avisaré, descuida.
Y volví a azotarle el coño nuevamente esta vez más fuerte. Le golpee dos o tres veces más.
– ¿Donde están las llaves de tus esposas?.
– Mira en los bolsillos de mi chaqueta. –Respondió ella sin moverse de la posición en la que yo la había dejado.
Rebusque en su chaqueta y además de un juego de llaves, encontré un bote de rimel.
Que también lleve hasta la mesa.
Primero le retire las esposas y ella coloco las manos por encima de su cabeza apoyando las palmas y su mejilla izquierda contra la mesa.
– ¿Puedo mirarte?. – Preguntó.
– Si, mira todo lo que quieras. Pero no quiero que hables, a menos que sea para pedir que pare.
Comencé a acariciar nuevamente su culo, mientras ella me escrutaba con sus preciosos ojos verdes.
Comencé nuevamente a golpear sus nalgas. Pasaba de una a otra y luego a su coño que ya estaba totalmente mojado. Cuando lo palmeaba notaba el sonido de su flujo al golpear.
Estuve así un rato hasta que su coño se hincó bastante, estaba rojo, con los labios muy hinchados y muy mojado.
Cogí el bote de rimel que había traído conmigo y se lo pasé por el coño. Enseguida lo humedecí completamente. Así que lo subí hasta el agujero de su culo y empecé a meterselo por la base. Mediría unos doce centímetros de los cuales cinco serian tapón negro. El bote era metálico de color negro y era mas ancho que el tapón.
Al empezar a metérselo por el culo, ella levantó aun más las nalgas y separó las piernas aún más.
Entro sin ninguna complicación hasta el tapón negro, asomando este al exterior.
Lo agarre del tampón y comencé a moverlo en círculos.
Ella gemía de placer, le gustaba ser follada por su culo, se notaba que no era la primera vez.
– Incorpórate y anda por el salón. – le pedí.
Ella se incorporo de la mesa y comenzó a andar por el salón.
Cuando me daba la espalda, se podía apreciar el tapón del botecito asomando entre sus nalgas.
– ¡Para!. – le ordené.
– Ponte a cuatro patas y gatea.
Ella se arrodillo y comenzó a gatear por el suelo del salón, ahora se veía su coño hinchado y rojo y su culo penetrado por el bote de rimel.
Aquella imagen me excitaba y hacia que mi polla estuviera muy dura, muy gorda y muy tiesa.
– Sigue gateando hasta el dormitorio.
Yo iba andando tras ella, mientras gateaba, viendo como movía su culo follado por ese bote de rimel.
– Sube a la cama. – Le dije cuando llegamos a la cama.
– Vuelve a chupármela como antes.
Comenzó a meterse la polla en la boca, tan dentro de su garganta que mis pelotas le golpeaban en la barbilla.
– Puedes acariciarte el coño si quieres mientras me la chupas.
Entonces puso su mano derecha en su coño y empezó a tocarse.
Yo veía su culo reflejado en el espejo que había en la pared y veía como se acariciaba el coño con dos de sus dedos.
Hacia círculos alrededor de su clítoris, que estaba totalmente fuera he hinchado.
Pase la mano por su espalda hasta su culo y empecé a moverle el bote de rimel hacia adentro y fuera de ella. Sacándolo casi entero y volviendo a metérselo.
Entonces vi como ella empezó a meterse los dedos dentro de su coño. Fallándose al mismo ritmo que yo le follaba el culo, pero ella se follaba el coño con dos dedos.
Metiéndolos y sacándolos.
Se podía oír lo húmeda que estaba, lo mojado que tenia su coño.
Pero no paraba de comerme la polla tan adentro como podía metérsela.
Me la había llenado de saliva.
– Date la vuelta. – Le pedí mientras le sacaba el bote de su culo.
Puso su culo delante de mí y aún seguía abierto por el bote. Así que se la metí por el culo primero.
– Puedes seguir fallándote el coño si quieres.
Pero esta vez ya no llevaba el mismo ritmo que yo. Yo le follaba su culo lentamente
Metiéndole mi polla dentro de ella. Se la metí entera.
Y ella se estaba follando cada vez mucho mas rápido, sacaba los dedos y se acariciaba el clítoris, luego volvía otra vez a follarse con los dedos su coño.
Su respiración se hacia cada vez mas acelerada, estaba gimiendo de gusto.
Y yo también. Me estaba gustando follarme aquel culo colorado.
Así que empecé a golpearle otra vez las nalgas con mis manos, esta vez mucho mas fuerte.
Ella cada vez que recibía uno de mis tortazos contraía su culo y me apretaba mi gran polla dentro de su culo.
Así que cada vez golpeaba más fuerte, y ella apretaba más fuerte a la vez que se follaba mucho más rápido su coño.
Entonces empezó a gritar de placer.
– Por favor. Deja que me corra, no puedo aguantarlo más. – Me pidió entre gemidos.
– Puedes correrte pero solo porque hoy es la primera vez que te follo.
Entonces empezó a gritar de una manera bárbara. Creo que sus gritos se hubieran escuchado en medio vecindario.
Golpeaba con fuerza su culo contra mi polla, metiéndosela cada vez mas rápido y mas fuerte.
Mientras ella se follaba el coño con una mano y con la otra se acariciaba los pechos.
– Sigue azotándome el culo. Estoy a punto de corredme.
Continué nuevamente a golpear su culo con fuerza. Su culo se apretaba y se relajaba a cada golpe que recibía. Aprisionando mi polla dentro de ella.
– ¡Me corro. Me corro, me voy a corr…! – Y no le dio tiempo de terminar la ultima palabra cuando un grito descomunal salio de su boca.
Callo desplomada sobre la cama, dando una especie convulsiones.
Mire la colcha de la cama y estaba completamente blanca había un enorme charco a la altura de donde había estado su coño hace unos segundos.
Se relajo en unos segundos y se me quedo mirando a mi aun erecta polla.
Entonces se acerco a ella y comenzó a pajearme enérgicamente, acercando su cara a ella.
– Córrete sobre mi cara. Llénamela de toda la leche que tengas. – Me pidió.
Estuvo así unos minutos hasta que por fin me corrí en su cara.
Esparció mi corrida por su cara con sus manos y termino lamiéndoselas con la lengua.
Caí a su lado.
Fuera ya lucía el sol, que se filtraba por la ventana de la habitación.
– ¿Puedo quedarme a dormir?
– Claro, creo que los dos lo necesitamos. Duérmete. – Le contesté.
Y así terminamos un día que parecía que nunca iba a acabar.