Ana me relata su noche con Arturo
Mi delicada mujercita había cumplido su parte del pacto conmigo.

Me había dejado escuchar por teléfono cómo su antiguo jefe la cogía y después la sodomizaba, mientras ella aullaba desesperada de dolor y placer al mismo tiempo.

Un rato después de haberme enviado fotos de cómo su amante le había dejado el culo bien dilatado y repleto de semen; mi teléfono volvió a sonar. Esta vez se trataba de una llamada por video…

Pude ver en pantalla que se trataba del baño del hotel. Anita estaba desnuda en la bañera y justo en ese momento su amante entraba a reunirse con ella bajo la ducha.
Se abrazaron y fundieron en un solo cuerpo. Enseguida él la hizo girar, haciendo que Ana apoyara sus manos contra la pared.
Entonces la tomó por la cintura y su verga erecta penetró la lubricada concha de mi mujercita, en una sola embestida.

Ana se deslizó hacia adelante, como si tratara de escapar; pero enseguida comenzó a gemir, mientras Arturo redoblaba sus embates en esa delicada vagina. La hizo acabar dos veces antes que él descargara otra potente cantidad de leche dentro del deseable cuerpo de mi sensual esposa.

Después de bombearla un poco más, él sacó su verga y la hizo girar para enfrentarlo otra vez.
Ana entonces enjabonó suavemente el cuerpo de su amante, y él le correspondió también, enterrando sus dedos enjabonados otra vez en esa delicada concha.
Su verga volvió a endurecerse; pero no había tiempo para otra vez.
Iban a continuar por la noche, luego de una reunión de negocios.

Arturo salió del baño y Ana terminó de ducharse. Luego cerró el agua y, enfrentando la cámara de su teléfono, me regaló un baile erótico, con unos movimientos sicalípticos que me dejaron loco…

Después secó su cuerpo; se acercó al teléfono y me sopló un beso antes de cortar la comunicación.

A la hora de cenar, sonó mi celular. Era otra llamada en video.
Anita estaba de pie junto a la cama del hotel, quitándose su breve vestido negro con movimientos muy sensuales, mientras su mirada estaba enfocada en la cámara. Deslizó su diminuta tanga de seda negra hasta los tobillos y luego se agachó a recogerla, para incorporase y lanzar ese pedazo de tela hacia la cámara,
Se quedó de pie y abrió sus piernas, para zambullir un par de dedos entre sus depilados labios vaginales.

Entonces en la pantalla apareció de lleno la cara sonriente de Arturo, quien había estado filmando toda la escena. El turro apoyó el teléfono sobre la mesa de luz y se acostó boca arriba sobre la cama.
Ya estaba desnudo y su verga erecta apuntaba al cielorraso.

Ana sonrió y también trepó a la cama. Se sentó a horcajadas sobre el pecho de su amante y miró directamente a la cámara; sonriendo mientras ese hombre comenzaba a chuparle la concha.
Mi mujercita gimió suavemente y comenzó a rotar sus caderas sobre la cara de Arturo.
De pronto, fue evidente que ella ya no pudo aguantar más y deslizó su cuerpo sobre el de su amante.
Aferró esa verga gruesa y tiesa con su delicada mano y la ubicó a la entrada de su concha en llamas.
Se sentó de a poco sobre ese enorme mástil, siempre mirando de costado a la cámara, dedicándome su placer. Abrió sus labios rojos pero ya no pudo gemir, mientras esa enorme verga le dilataba otra vez su delicada vagina.
Arturo la aferró por las nalgas y la hizo cabalgar sobre él, logrando meterle la verga cada vez más adentro…

Ana giró su cabeza para mirarlo a los ojos, mientras le suplicaba que se la metiera más profundo todavía. Parecía estar desesperada por mesa tremenda verga que la empalaba.

Durante un buen rato cogieron como locos, jadeando y gimiendo a los gritos, intercambiando fluidos y sudor, hasta que ambos por fin llegaron a un muy intenso orgasmo al mismo tiempo.
Un estertor de él y un gemido largo de Anita. Y una vez y otra vez.

Ana desmontó de la verga de su antiguo jefe y cortó la comunicación. Me imaginé que más tarde tendría otra llamada…

Pero me equivoqué. Silencio absoluto por el resto de la noche.

Ana entonces me explicó que Arturo no le había permitido transmitirme en vivo lo que había sucedido en el hotel después de cenar afuera.

Pero mi mujercita volvió a describirme cada detalle.
Ella y Arturo habían cenado en un restaurante y luego habían ido a tomar unas copas en un bar donde se presentaba un show de strippers masculinos. Varios de esos hombres habían calentado lo suficiente a mi esposa; hasta que ella no aguantó más y le suplicó a su amante que regresaran al hotel, para coger…

Apenas entraron a la habitación, Ana se desnudó y comenzó a tocarse, mientras su ex jefe sonreía y miraba el reloj, como esperando algo.
De repente golpearon a la puerta y Arturo acudió a abrir.
Eran dos de los strippers que habían dejado tan excitada a Ana…

Arturo los había contratado para ella.

Los dos flacos hicieron su show y Ana me aseguró que quedó más caliente y humedecida que nunca, mientras miraba esos cuerpos musculosos y sus enormes vergas.

Ana me confesó que se le había ido la mano con el alcohol esa noche y toda esa excitación la tenía un poco fuera de control…

De pronto cayó de rodillas frente a uno de los strippers y comenzó a mamarle la gruesa verga. El otro se pajeaba para mantener la erección; al igual que hacía Arturo.

Después también se la chupó al otro flaco; antes de que el primero la arrastrara hacia la cama. La hizo poner en cuatro y se dedicó a lamer la delicada vagina de mi esposa por un largo rato, mientras ella gemía y jadeaba de placer. Su compañero acercó su verga a la cara de Ana y ella sacó su lengua para lamer y chupar.

Me dijo que ella estaba en llamas y quería pija en su cuerpo.
En ese momento el que le había ofrecido su verga para chupar, explotó en la garganta de Ana, que se tragó hasta la última gota de leche caliente.
El otro chico dejó de lamerle la concha y se sentó en una silla. Luego sentó a mi esposa sobre su tremenda verga erecta y la hizo empalarse hasta el fondo, todo ese tronco completo.

Ana comenzó a moverse intensamente, subiendo y bajando sobre esa pija; su cuerpo vibrando de placer, teniendo un par de orgasmos seguidos.

De repente abrió sus ojos y miró a un costado, viendo lo que jamás se había imaginado que podía ver: Arturo estaba sobre sus codos y rodillas en la cama. Detrás de él, el otro stripper lo aferraba por la cintura y le enterraba una enorme verga en el culo a ese hombre…

El chico lo embestía con brutalidad y Arturo gruñía con la cara enterrada en la almohada.
Cuando Ana me contó eso, estallé en carcajadas. Tan macho parecía el tipo y ahora resultaba que también le gustaba ser cogido por otro hombre…

Pero la noche recién empezaba. Ana continuó relatando que los dos strippers se habían turnado durante horas para cogerse a ella y a Arturo; les habían dado por el culo a ambos y a ella también le habían hecho gozar de una intensa y brutal doble penetración…

Después de varias horas y una buena ducha tibia; Ana se sentía exhausta; pero los dos pibes todavía querían seguir un poco más.
Tuvo que pedirles que le dieran un rato de descanso y ellos accedieron; pero, antes de retirarse, le hicieron una nueva doble penetración, que dejó a mi esposa más loca que nunca.

Apenas los dos strippers se despidieron, Arturo la empujó sobre la cama y la hizo acostar boca abajo. Ana ya no quería más; pero su amante le empaló el culo con su potente verga, haciéndola aullar de placer una vez más.

Mi esposa admitió que esa verga gruesa le estaba destrozando el ano; porque la sentía crecer con cada embate brutal. Pero Arturo se la metía cada vez más a fondo, disfrutando de los alaridos de dolor de mi enfebrecida mujercita.
Ella perdió la cuenta de los orgasmos que sintió mientras ese tipo la sodomizaba. Ana solo podía aullar de dolor y gemir de placer…
Después de acabar finalmente en el culo de mi delicada mujercita; Arturo por fin la dejó tranquila.

Al terminar su relato; Ana me juró que ya no vería nunca más a Arturo. Ver a su antiguo jefe, tan macho el hombre, ser sodomizado con su permiso, le provocó una profunda decepción…

Pero mientras yo acariciaba su suave cuerpo, haciendo círculos en su abusada entrada trasera con mi travieso dedo, pensaba que eso no era verdad…