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INICIACIÓN SWINGER
Hola!!! Queremos narrar como matrimonio nuestra primera experiencia de intercambio sexual con otro matrimonio; en lo que significó nuestra iniciación como swingers; un tipo de relación no convencional y hasta rechazada, quizás, por miedos, inseguridades, celos, prejuicios e ignorancia por gran parte de la sociedad que se ajusta a una sexualidad “controlada y regulada”, por una moralidad cerrada, preestablecida tradicionalmente y que excluye hipócritamente, todo tipo de práctica sexual innovadora, pretendiendo encadenar los deseos de placer, a lo que convencionalmente, se considera “lo normal”, mientras se condena y se le pone el título de inmoral o ilícito, a cualquier otra forma de obtener gozo a través de relaciones carnales revolucionarias y no tradicionales. Precisamente; nosotros éramos un matrimonio “tradicional”, “normal” y considerado “modelo” para una parte de la sociedad. Nosotros llegamos incluso a creer que de esta forma viviríamos felices toda nuestra vida…pero…la realidad de los muchos años de convivencia, nos llevó a buscar recursos más allá de “lo correcto” en nuestra vida íntima; pues, el tiempo, la rutina, la convivencia, el tedio y la costumbre; nos llevaron a una profunda crisis en la vida sexual de pareja, donde llegamos incluso, a perder las ganas y el deseo de hacer el amor. La pasión estaba agonizando y con el serio riesgo de que desapareciera totalmente entre nosotros; realidad a la que no quisimos llegar, pues, nos amamos muchísimo; y es por ese motivo, que tomamos un rumbo diferente como matrimonio; decisión acertada, porque salvó nuestra pareja y reavivó el fuego de la pasión entre nosotros.
Nos presentamos: soy Darío, tengo 60 años y; mi esposa, se llama Josefina, de 55 años. Llevamos 34 años casados; con dos hijos: Nicolás (32 años), abogado y casado y; María Cecilia (28 años), maestra y casada también; tenemos tres nietos; y vivimos en nuestra casa, solamente los dos; porque nuestros hijos con sus familias viven en sus respectivos hogares, muy lejos ya de nosotros, sus padres. Por lo que, ya desde hace varios años, estamos con el “nido vacío”, como se suele decir. En esta etapa, comenzaron las dificultades, que les mencioné anteriormente. La relación había alcanzado un punto límite, un nivel extremo de hastío y de frialdad. Queriéndonos tanto con mi esposa, nuestro trato, se había vuelto distante…éramos como dos extraños viviendo bajo el mismo techo. Alcanzamos a ver y a plantear el problema…pero no vislumbrábamos una solución, hasta que ésta se presentó sorpresiva e inesperadamente. Era verano, y le propuse a mi mujer, viajar a un lugar paradisíaco, a las playas del Caribe, a un hotel de lujo, pensando que en ese contexto, de romanticismo, tranquilidad y de intimidad, podríamos resucitar la pasión entre nosotros. Llegamos a Punta Cana, República Dominicana y nos instalamos en un hermoso hotel. El lugar era fantástico…ideal para encontrar lo que buscábamos. Ciertamente encontramos lo que buscábamos, pero de una forma que no teníamos prevista. La vida nos tomó de sorpresa. Una noche, invité a Josefina a una cena romántica. Mi esposa, con sus 55 años; aún derrocha belleza; de mediana estatura; delgada; tez blanca; ojos azules; un rostro bonito; una boca sensual; pelo largo lacio y negro; con un buen cuerpo; luce como una mujer muy atractiva. Aquella noche, estaba más linda que nunca. Vestida elegantemente para la ocasión, su aspecto era sensual. Disfrutamos muchísimo de una exquisita comida afrodisíaca, bien acompañada con excelentes vinos. Muy contentos, bebimos varias copas…la invité a bailar, cosa que hicimos. Mientras bailábamos muy pegados el uno al otro, en determinado momento, chocamos accidentalmente con otra pareja danzante. Se trataba de otro matrimonio también. Nosotros nos disculpamos; mientras que ellos, de forma muy simpática, sonriéndonos nos dieron a entender que todo estaba bien. Al terminar la danza, con mi mujer nos sentamos en nuestra mesa…fue entonces, cuando el matrimonio con el cual tuvimos aquel pequeño incidente, se acercaron a nosotros y entablaron un diálogo con nosotros. Nos saludaron amablemente y se presentaron: “¡¡Hola!! Soy Pablo y ella es mi mujer Carolina!!! ¡¡Mucho gusto!! Los estuvimos observando durante la velada y nos parecieron una hermosa pareja…por eso, quisimos saludarlos…quizás podamos hacernos amigos”. Nos pusimos de pie y correspondiendo al gentil saludó nos presentamos: “Mucho gusto, igualmente!! Yo soy Darío y ella es Josefina, mi mujer…quieren sentarse aquí con nosotros???”. Aceptando nuestra invitación, se sentaron junto a nosotros y durante dos horas, compartimos un ameno diálogo. Luego nos despedimos, y cada cual se retiró del lugar. Por medio de aquella plática, supimos, que Pablo y Carolina, estaban casados hacía cinco años; que todavía no tenían hijos. Eran un matrimonio joven. Pablo tenía 29 años y Carolina 26 añitos. A mi esposa y a mí, nos parecieron encantadores. Pablo, joven alto, cuerpo atlético, lucía guapo, según el comentario de Josefina; comentario que me pareció extraño en ella, pues, era un mujer muy tímida y seria. Pensé que aquella apreciación sobre Pablo, fue debido a su estado de efusividad y alegría por las copas de más que habíamos tomado, y que la habían desinhibido completamente…simplemente esbocé una sonrisa frente a lo que dijo, sin decirle nada. Por mi parte, debo decir, que a mi me sucedió algo parecido a lo de Josefina… miré detenidamente a Carolina, durante la conversación y me había impresionado su belleza…era guapísima…alta, rubia, ojos azules, precioso rostro, un cuerpo increíble y además muy simpática; llegó a provocar, que varias veces, dirigiera inevitablemente mis miradas hacia ella. Sin embargo, no le dije nada a mi mujer sobre esto.
Así transcurrieron tres días, en los que los dos matrimonios; al hospedarnos en el mismo hotel, compartíamos casi toda la jornada…y, de ese modo, se entabló una amistad entre los cuatro. Ya había un clima de confianza entre nosotros. Nos divertíamos muchísimo y charlamos sobre todos los temas posibles. Durante una cena, mientras comíamos, exquisita comida afrodisíaca; abordamos el tema de la vida sexual en el matrimonio. El tema lo inició Pablo y luego, opinó Carolina…mientras que Josefina y yo, permanecimos mudos, sólo escuchando a aquel matrimonio joven. Revelaron que eran muy abiertos en el pensamiento…que se manejaban libremente en el ámbito sexual. Intrigado por lo que significaba para ellos “manejarse libremente”, pregunté a Carolina, quien había hecho tal afirmación: “¿Qué quieres decir, cuando afirmas que se manejan libremente?”. Carolina sonrió y Pablo estalló en una carcajada sonora: “¡¡¡Jajaja!!! Sin ofender…creo que hay cosas que ustedes no entienden!!! ¡¡Nosotros somos una pareja liberal!!! ¡¡Practicamos el amor libre!!! ¡¡Somos un matrimonio swinger!!” Atónitos por lo que acabábamos de escuchar; sorprendidos completamente, solo atinamos a decir: “¿Swingers?”. Carolina, con tranquilidad y comprensión, nos explicó con lujo de detalles todo. Con la boca abierta, seguíamos mudos con mi mujer…Carolina prosiguió: “¿Ustedes nunca tuvieron una experiencia sexual swinger? ¿ Lo hicieron alguna vez con otra pareja, intercambiando “partners”‘???”. Dentro de un momento de silencio en el que estuvimos, fue Josefina, la que respondió, mientras notaba sus ojos brillantes y percibía como un cierto entusiasmo en ella: “¡¡No, nunca lo hicimos con otra pareja!!!”. Pablo aseveró: “¡¡No saben lo que se pierden!!! ¡¡Es bastante excitante!!! Compartir tu mujer con otro hombre y que el otro comparta su mujer, intercambiándose las parejas; mientras las parejas swingers tienen sexo, donde podemos ver cómo cada cual, por separado, goza y tiene orgasmos con alguien diferente…¡¡Eso te causa un enorme placer y hace que después las relaciones íntimas, dentro de la propia pareja sean apasionadas y ardientes!!! ¡¡Cuando veo como Carolina goza con otro hombre…más la deseo!!! Y a ella le pasa lo mismo, cuando mira como follo con otra mujer!!! Y les puedo asegurar, que no hay celos, porque ninguno duda del amor del otro…en definitiva, el amor va más allá de lo carnal…el sexo es para disfrutarlo…y cada uno de nosotros, lo hace libremente!!!!” Con Josefina, mi mujer, nos miramos…ya nuestros ojos brillaban…ambos sentíamos curiosidad y atracción sobre lo que habían contado Pablo y Carolina. Yo llegué a pensar interiormente: “Me gusta la idea…ojalá le resultara a Josefina, podríamos probar…total, estamos lejos…aquí nadie nos conoce…tampoco, nadie se enterará”. Sin embargo, Josefina, se atrevió a expresar en voz alta, lo que yo pensaba interiormente; ella tomó la iniciativa: “¡¡Nunca se me ocurrió lo que ustedes nos contaron…me parece interesante y seductora la idea del intercambio de parejas!!!”. Todos nos sorprendimos ante aquella intervención de Josefina…entonces, Pablo, nos hizo la propuesta: “¿Ustedes estarían dispuestos a probar por primera vez el sexo swinger???”. Carolina, apoyando a su marido, reforzó el ofrecimiento: “Miren que ustedes a nosotros, nos cayeron muy bien…nosotros estamos disponibles, si quieren hacerlo…podemos guiarlos!!!”. Instantáneamente, la mirada de Josefina, se cruzó con la mía…ambos vimos complicidad y acuerdo en nuestros ojos y contestando al unísono, respondimos: “¡¡Sí…nos gustaría hacer la experiencia!!” Pablo y Carolina exclamaron: “¡¡¡Woooow!!! ¡¡Bien por ustedes!!! Nosotros los vamos a ayudar…no se preocupen…no se van a arrepentir!! ¡¡Les gustará!!!”.
Aquella misma noche, decidimos el intercambio. Subimos a la suite de Pablo y Carolina. Allí comenzamos con los juegos previos. Pablo tomó de la mano a Josefina, mi mujer…se sentaron al borde de la cama…y Pablo le dio un beso apasionado a mi esposa ante mi mirada desconcertada…sentía celos, pero también placer…un extraño placer, verla a mi mujer besándose con otro hombre; notaba a Josefina, encantada, mientras Pablo le comía la boca. Estaba absorto en este pensamiento, cuando Carolina, me tomó de la mano, y me llevó del otro lado de la misma cama…me hizo sentar y ella se sentó sobre mi piernas y abrió su boca sensual y me dio un beso muy caliente, mientras su lengua buscaba la mía. De reojo alcancé a ver cómo Pablo, acariciaba a mi esposa y poco a poco la iba desnudando…mientras Carolina, me acariciaba la polla causándome una gran erección…luego ella, bajo mi pantalón y comenzó a chuparme el pene suave y lentamente. Pablo, también le hacía sexo oral a Josefina, comiéndole el coño. Sólo se escuchaban los sonidos de como las bocas de Pablo y Carolina, succionaban, tanto la vagina mojada de mi mujer, como mi polla erecta y dura. Con Josefina nos mirábamos y en nuestros rostros solo se reflejaba un inmenso placer. Después, ya más animados y desinhibidos, la situación se invirtió: Josefina mamaba la polla de Pablo; y yo le practicaba un cunnilingus sensacional a Carolina, que se mordía los labios de su boca, de vez en cuando, se relamía mojando sus labios carnosos, mientras gemía y jadeaba por el gozo que le causaba mi lengua jugueteando con su clítoris. Los cuatro, en la misma cama, pronto pasamos a una segunda instancia. Carolina se montó arriba de mi polla y comenzó a cabalgar, mientras la follaba, y mi viejo pene entraba y salía del coño de la jovencita, que moviéndose rápidamente, cabalgando, subía y bajaba, meneándose arriba de mi verga que la penetraba una y otra vez, provocando gritos de gozo en la hermosa y cachonda esposa jovencita swinger. Por su parte, Pablo, arriba de Josefina, se puso entre sus piernas; mientras ella las abría al tiempo que abría y ofrecía su coño mojado; y en posición de misionero, comenzó a ser follada por el joven esposo swinger, que hacía gritar a mi mujer. Las parejas compartidas, gozamos extraordinariamente, aquella noche…follamos espectacularmente y todos increíblemente, como si hubiésemos sincronizado a la perfección aquella situación caliente; terminamos juntos. Tanto Pablo como yo, nos corrimos al mismo tiempo en los coños de Josefina y Carolina; mientras nuestras esposas, tenían al mismo tiempo ricos orgasmos intensos.
Fue una experiencia inolvidable…cómo olvidar y no agradecer a Pablo y Carolina…aquel joven matrimonio swinger, que ayudó a nuestro matrimonio maduro y experimentado, a reencontrar la pasión que parecía irremediablemente perdida. Ahora, nuestra mentalidad, cambió…vemos el amor desde otra perspectiva…de forma libre, vivimos nuestra sexualidad; y así, actualmente, nos sentimos plenamente felices y volvimos a desearnos carnalmente Josefina y yo.