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Helena en el vestidor de la tienda
Helena en el vestidor de la tienda

Helena me preguntó cómo me iba a vestir para la fiesta de Fin de Año que organizaba la Empresa. Le contesté con el clásico “no tengo nada que ponerme” y entonces dijo que también ella necesitaba comprase algo para estrenar, así que quedamos de acuerdo para ir juntas a destrozar los plásticos de nuestros adorados mariditos.

El sábado por la mañana habíamos recorrido varios lugares y teníamos casi todo lo necesario, pero Helena todavía quería encontrar algo de ropa interior. “Quiero estrenar una tanguita, una nunca sabe cuándo puede ser una buena oportunidad”. Entramos a una tienda de lencería finalmente, donde nos atendió una vieja bastante amargada, que mostró asombro cuando Helena le describió lo que buscaba. La miró con una cara horrorizada, como si estuviera frente a una puta y se excusó diciendo que tenía una urgencia, otro empleado nos atendería.

Por suerte su reemplazo resultó ser un chico mucho más agradable en el trato, alegre y simpático, con cierta apariencia de gay reprimido, pero no del todo. Buen chico, lindo elegante, pero…
A Helenita le gustó. Me susurró al oído “parece medio raro, pero me lo cogería igual !!”

Eligió varias tangas y se metió en el vestidor. Unos instantes después me llamó para mostrarme el primer modelo, una micro tanga negra transparente que apenas le cubría los labios mayores y se perdía por detrás entre esas hermosas redondeces que tanto me gustan; parecía estar desnuda, ultra excitante, sentí que me temblaba la concha. Le dije que le quedaba espectacular, pero me dijo que llamara al chico, ya que quería la opinión de un hombre. Lo hizo pasar al probador y me guiño un ojo cómplice antes de cerrar las cortinas. Me quedé del otro lado sonriendo ante la perspectiva de verla haciendo algo con este chico medio afeminado, cuando de repente pude oír unos suaves gemidos apagados, señal de que mi amiga estaba gozando de algo.

“Anita” me llamó entre suspiros. Abrí las cortinas y allí estaba Helena, la cintura doblada y apoyando las manos sobre las rodillas, mientras el chico la aferraba por las caderas y le metía una y otra vez una pija bastante interesante desde atrás, a través de la tanga apenas corrida a un lado.

“No te imaginas lo bueno que es”, dijo susurrando mientras el pibe la embestía con un buen ritmo. Dejé las cortinas abiertas para disfrutar del espectáculo. Siempre me excita y calienta mucho ver a Helena coger con otras personas.

Estuvieron así un buen rato, hasta que el chico se detuvo, arqueando un poco la espalda y gruñó muy bajo, haciéndonos saber que había acabado. Helena se quejó: “No, papito, todavía no, me vas a dejar caliente”. Pero no hubo caso, el chico se quedó un poco más dentro de ella, prolongando su placer y finalmente se la sacó muy suave.

Helena me miró como diciendo “me podrías ayudar” y por supuesto entonces ocupé el lugar de nuestro joven vendedor, besándola profundamente y metiéndole mis dedos bien a fondo en su dulce conchita. La acaricié hasta que finalmente acabó en un orgasmo muy silencioso. La tanguita negra había quedado bastante manchada, pero Laura dijo que el estreno había valido la pena y hasta se la llevaría puesta.

Pagamos y nos despedimos del ocasional amante, preguntándole por curiosidad si le gustaban también los hombres. Sonrió ampliamente, diciendo que muchas mujeres pensaban lo mismo, pero cuando las penetraba se daban cuenta de que era muy, muy hombre y que por supuesto no miraba a otros hombres ni siquiera para comparase.

A mí me dejó una tarjeta diciendo: “cuando quieras, te doy mi opinión sobre cómo te queda la ropa interior…”