Amateur

Entregando a Lorena 42
Era una noche de sábado más y Lorena estaba preparándose para salir.
Yo estaba listo hacía rato y entonces me dedicaba a mirar a mi mujercita mientras se vestía y maquillaba frente al espejo.

Ella había decidido llevar unas calzas bien ajustadas a su cuerpo, que dejaban adivinar una diminuta tanga que se perdía entre sus nalgas. Lo completaba con una remera negra también bien pegada a su cuerpo y unas botas de taco aguja bien alto. Parecía una verdadera perra…

Llegamos al boliche donde íbamos habitualmente, tomamos algunos tragos y bailamos con amigos. El exceso de alcohol nos fue poniendo cada vez más calientes a ambos…

De repente Lorena me dijo que se encontraba aburrida, percibiendo que esa noche en ese lugar ya no sucedería nada interesante. Me sugirió llamar a su amigo Javier; un flaco que en el pasado se la había cogido y además yo sabía que no le disgustaban los tríos.
Lorena lo llamó y enseguida Javier dijo que nos esperaba en su casa.

Durante el trayecto, mientras yo trataba de manejar sin accidentarnos, Lorena sacó mi verga de mis pantalones y me regaló una mamada infernal. Pero la muy turra cuando notó que estaba a punto de acabar, se sentó derecha riendo, diciéndome que mejor me reservara para más tarde…

Llegamos a la casa de Javier y, antes de que él pudiera abrir una botella de champagne, mi esposa lo tiró sobre un sillón y se abalanzó sobre su cuerpo, comiéndole la boca en un profundo beso de lengua.
Luego siguió lamiendo el torso de Javier mientras lo iba desvistiendo.
Cuando lo dejó desnudo, le lamió un poco la verga ya erecta y le dio la espalda para bajarse sus calzas hasta los tobillos. Le mostró así su hermoso culo apenas enfundado en una micro tanga blanca.

Javier le pidió que se dejara la tanga y sus botas. Lorena obedeció y enseguida gateó por el piso rumbo al sofá donde Javier y yo estábamos sentados, comenzando a lamernos las pijas a ambos con su dulce boca.
Cuando todo estuvo listo para empezar a cogerla, Lorena sugirió subir a la habitación, diciendo que en la cama sería todo más cómodo.
Ella se acostó boca arriba y yo repté entre sus muslos abiertos, para correr la tanga a un lado y lamerle su hermosa concha bien depilada.

Javier se arrodilló cerca de la cabeza de mi esposa y ella comenzó a chuparle la verga.
Mi mujer estaba muy caliente y comenzó a organizar todo para su placer.
Lo puso a Javier boca arriba y le chupó la pija hasta el fondo, metiéndosela entera dentro de la garganta. Mientras tanto, yo seguí comiéndole la concha a ella, preparándola para lo que vendría después…

Cuando Lorena se sintió bien lubricada, sin demasiadas vueltas, agarró la verga de Javier y se la acomodó en su concha para cabalgarlo suavemente pero hasta el fondo, bien a fondo. Me pidió que le acercara mi verga a su delicada boca.
Después de un buen rato de hacerse coger así, Lorena se puso en cuatro y le pidió a Javier que la cogiera desde atrás. Mientras él la penetraba yo le hice una seña a él y me acerqué para arrimar un dedo a la estrecha puerta trasera de mi esposa.

Al ver que ella no me sacaba la mano, empecé a poner saliva en mi dedo y a meterlo suavemente en su culo bien cerrado, disfrutando cómo ella gozaba con cada centímetro que le iba metiendo.

Manteniendo a mi mujer en cuatro, Javier se colocó un forro bien lubricado y le agregó un poco de gel. Luego apoyó su verga bien dura contra la estrecha abertura anal mi mujercita y empujó suavemente
Lorena lo sintió invadirla y comenzó a mover sus caderas hacia atrás pidiéndole a Javier que se la metiera bien a fondo por el culo.
Cuando logró entrar toda, Lorena se arqueó sobre su espalda pero Javier la agarró de la cintura y le dejó claro que ya estaba toda adentro, sus bolas empezaron a chocar con los labios vaginales, arremetiendo con un ritmo infernal. Ella comenzó a gemir y aullar de placer.

Pronto pude ver que Javier ya no daba más. Me ofreció ocupar su lugar y entonces me ubiqué detrás de mi esposa. Ella se quejó un poco, diciendo que la cabeza de mi verga era más gruesa que la de su amigo…

Sentir que estaba cogiendo el culo recién entregado de mi mujercita no me permitió aguantar mucho. El morbo fue mayor cuando Javier se arrodilló frente a Lorena y le puso su pija en la boca para que terminara su trabajo.
Acabamos los tres prácticamente juntos. Yo me descargué salvajemente en el culo de mi mujer y Javier dejó toda su leche en la boca de Lorena, que acabó nuevamente por la calentura increíble que tenía.

Nos recostamos en la cama los tres y junto con Javier nos dedicamos a acariciar el esbelto cuerpo de mi esposa.
Cuando nos fuimos ya estaba amaneciendo y Lorena estaba agotada.

Antes de desmayarse por el sueño, me dijo que le había encantado entregarle el culo a su amigo. Me aseguró que nunca lo había hecho antes con él; pero a partir de ese momento, nunca más se lo iba a negar cuando él se lo pidiera…