Alex Grey

El autobús del trabajo. Mi vida de casado III
La empresa para la que trabajo fue absorbida por una mayor hace cosa de un año y medio o dos, ahora somos más solventes, tenemos mejores condiciones laborales (los que quedamos y no fuimos despedidos) en resumidas cuentas, yo estoy mucho mejor.

Una de las nuevas políticas de empresa que se instauraron tras la fusión, fue el respeto del medio ambiente. Personalmente no tengo nada contra este tipo de iniciativas, creo que nos cuesta muy poco hacer pequeños gestos como reciclar y que sin duda benefician a todos. Sin embargo, y al principio, hubo una nueva norma que no me agradaba en exceso y es la implantación poco a poco de un servicio de autobús para todos los trabajadores.

El servicio era bastante básico, parecido al de un colegio, un autobús nos recogería en diferentes puntos de la Comunidad de Madrid y nos llevaría al centro. Los directores de sucursal estábamos exentos de hacer uso de este servicio y es que ya disponemos de coche de empresa y es comprensible que dadas nuestras agendas comerciales preferimos acudir en nuestros coches.

Y así fue durante un tiempo, hasta que por imperativo legal tuve que amoldarme. Resulta que en Madrid se han sobrepasado ciertos límites de contaminación en el aire y el Ayuntamiento ha ido tomando medidas para restringir el acceso de tráfico rodado en el centro. Una de las medidas es que en días alternos no pueden circular los vehículos con matrícula par y los otros días los vehículos de matrícula impar, así que he tenido que coger en varias ocasiones el autobús.

La primera vez que lo hice estaba un poco cohibido, hacía muchos años que no usaba el autobus y me sentía un poco ridiculo. Vivimos a las afueras de Madrid en un chalet de tamaño medio y tenemos como unos 45 minutos de trayecto hasta llegar a la oficina así que era lógico que yo fuese de los primeros en subir al autocar ya que quedaban muchos pueblos por traspasar. El autobús es uno de esos largos al más puro estilo colegial, aunque los asientos han cambiado mucho desde entonces, ahora son más cómodos y espaciosos. Decidí sentarme en la parte media, confiando que sería la zona con menor movimiento y así evitar marearme.

El chofer se puso en ruta y nada más alejarse un poco de mi parada, cerca del centro del pueblo se detuvo de nuevo dejando entrar a varios trabajadores. Me pareció reconocer a varios de ellos, que si bien no trabajan en mi sucursal sí lo hacían en alguna próxima y habíamos coincido en alguna reunión corporativa o de formación. A quien seguro que sí que reconocí es a Susana. Es una joven compañera, tendrá unos 26 años, de estatura media, pelo más bien corto castaño y un pecho no demasiado grande, por no decir pequeño y con un trasero espectacular. Nunca he sido de fijarme mucho en el culo de las mujeres, pero el de esta chica era precioso, redondito y respingón, además ella es tan delgadita que los glúteos le sobresalen por los lados y las faldas y vestidos que lleva le favorecen sobremanera. No hacía mucho que habían había entrado a trabajar en mi oficina, imagino que con algún trabajo temporal o de formación, y estaba continuamente por la sucursal preguntando y anotando cosas a todos.

Desconocía que ella viviese en mi misma población, aunque ahora que lo pienso, recuerdo haber llegado alguna tarde-noche a casa y haberme cruzado con una runner enfundada en mallas con un culo que me llamó la atención e hizo que perdiese la mirada de la carretera. Me sorprendía que viviese por aquí ya que no es un sitio económico para vivir ya que casi todo son chalets y para una recién incorporada al trabajo no podría costeárselo, así que supuse que compartiría piso con alguien más, como todos hemos hecho al principio…ay qué recuerdos.

Susana subió al autocar y se fue acercando hacia mí, enseguida cruzamos nuestras miradas y nos saludamos con un ademán de la cabeza. No me hubiera importado que se sentara junto a mí, pero aunque yo estaba en la ventanilla, había dejado mi maletín en el asiento del pasillo y si lo retiraba ahora se daría cuenta de mis ganas, así que tuve que conformarme con que se sentara en los otros asientos del pasillo:

– Buenos días Diego, qué tal está? – me saludó
– Buenos días Susana, muy bien Gracias y tú? – le contesté
– Genial, gracias jefe.

Aunque soy el director de la sucursal no soy realmente su jefe, las cadenas de mando de más empresas ya no funcionan así, todos dependemos de Recursos Humanis y punto, pero que me llamase jefe y me tratase de usted me gustaba y fijaba dos posiciones interesantes: la de mando y subordinado.

– No sabía que vivías por aquí – le comenté – es un sitio tranquilo verdad?
– Síííí, me encanta. Vivo en un piso con dos amigas en el centro y yo sí sabía que usted vivía aquí. Alguna vez le he visto paseando o yendo a la compra con su mujer y su hija. Qué mona es!! Nunca le había visto tomar el autobús, que bien así tengo compañía. Póngase cómodo que el viaje es largo.

Le expliqué las prohibiciones de circulación y que por eso estaba alli sentado. Supongo que hablaríamos de alguna cosa más pero no lo recuerdo y como tampoco fluía mucho la conversación nos pusimos cada uno con nuestro teléfono. Ella se movió al asiento de la ventanilla y puso las piernas estiradas sobre el otro asiento libre. Se vé que estaba acostumbrada al trayecto y se acomodaba. Ella llevaba una falda ejecutiva por debajo de las rodilllas, con unas medias negras y zapatos de tacón negros brillantes. Siempre he pensado que así como los hombres en la banca parecemos todos iguales y sin ningún tipo de gracia con el traje, las mujeres están súper atractivas con las faldas tacones y vestidos…

En alguna que otra ocasión yo desliazaba la mirada a mi izquierda para ver lo que ella hacía y confiar en que se moviese un poco para ver cómo se contoneaba pero en cuanto lo hacía yo apartaba rápidamente la mirada para que no se percatase, aunque imagino que el giro brusco de mi cabeza me delataba más que nada.

En ese primer trayecto al trabajo me quedé dormido con la cabeza apoyada en el cristal. No sé si a man mayoría de hombres les les pasa esto, pero cuando me quedo dormido en un coche o en el avión o en cualquier medio de transporte me suelo despertar con una ereccion involuntaria y nada sexual, es decir, que la tengo pero nonpensar en nada en concreto sino que creo que es algo fisiológico. La cuestión que a unos minutos de llegar al destino un frenazo brusco de despertó y me percaté de la erección que rápidamente disimule.

– A dormido bien Señor? – me preguntó apoyada desde su lado Susana.
– ehhh sí sí, es que la niña no me deja dormir mucho por la noche y ya ves, sin quererlo…me he quedado dormido. – le contesté.
– ya veo ya, me he fijado enseguida – apostilló ella moridendlse el labio inferior y creándome un mar de dudas de si había visto mi ereccion o no.

Finalmente llegamos al trabajo y no sucedió nada más, no si quiera nos cruzamos una palabra en toda la jornada.

Pasadas las 18.30 llegó el momento de que todos volviésemos a subirnos al autobús que nos llevaría de vuelta a casa. En esta ocasión fui de los últimos en subir, y cuando lo hice ya estaba la gente acomodada, cuando fui llegando a la mitad del autocar vi asomarse una cabecita castaña que retirando su bolso del asiento contiguo me dijo:

– le he guardado un sitio aquí Jefe. – cómo no, era Susana, que sonriendo y sentada en su asiento con las piernas cruzadas daba palmadas al asiento para que me sentara.
– pues muchas gracias Susana, qué detalle. – le agradecí.
– es que le vi dormir tan placenteramente esta mañana que quería que también pudiera descansar ahora y así yo le hacía compañía.

Estas frases me hacían confirmar mis sospechas que por la mañana vio mi ereccion, pero incluso así no quise forzar ninguna situación, así que agradeciéndole el gesto, nos pusimos a hablar. Primero de trabajo, parecía que me estaba haciendo un examen de conocimientos, me preguntaba de todo sin parar y no quitaba ojo de mi boca. Poco a poco fuimos cogiendo confianza y de vez en cuando, nos tocábamos las manos o la rodilla, ella me preguntaba algo y se apoyaba en mi hombro…un acercamiento.

Pasado el rato y con el autobús ya medio vacío empezamos a hablar de cosas más personales, que donde vivíamos, que cómo eran nuestras familias, nuestras experiencias laborales, etc. Resulta que es una chica de buena familia pero que pronto se fue de casa para salir de los brazos hiperñrotectores de su padre. Había estudiado finanzas en la Universidad Rey Juan Carlos y aunque la carrera la pagaban sus padres ella compaginaba el estudio trabajando como camarera en el paddock del circuito del Jarama, en el Hipódromo…en resumidas cuentas, en sitios VIP, nada que ver con tugurios. Tiene una hermana dos años menor que también estudia Finanzas y su padre tiene una empresa de componentes digitales o algo así. La verdad es que nunca había hablado tanto con un compañero de trabajo y me resultaba agradable. También me contó que lo que más le gusta es bailar y hacer escalada, ahora entendía el cuerpo tan atlético que tiene y así se lo dije:

– Claro, por eso estas así?
– Así coómo? – me contestó ella, había entendido perfectamente que era un cumplido por su cuerpo, pero le apetecía que me explayase un poco más, así que le añadí:
– Pues eso, que tienes un cuerpo muy atlético, no hay que fijarse mucho.
– Gracias Jefe, me cuido bastante,salgo a correr y demás, y aunque tengo pocas tetas – se las agarró sutilmente mientras lo decía – compenso con otras cosas. – y sonrió.

Aunque la sonrisa que esbozó se tornó en vergüenza en pocos segundos, ya que un silencio cortante nos invadió y ella pensó que era por sus palabras así que rápidamente añadió:

– Perdón perdón, no debía haberle dicho esto, que tonta soy, me he dejado llevar discúlpeme.
– Tranquila Susana, no hay nada que perdonar, además comparto lo que has dicho, estás muy bien, y te voy a decir algo para si estés más tranquila. El otro día me pareció verte correr por la Avenida Mayor a es de las nueve y me pareciste tan llamativa que casi me salgo de la carretera.

Éste último comentario le consoló bastante e hizo que en el poco trayecto que nos quedaba nos sintiésemos mas
cercanos, al fin y al cabo le había alabado su cuerpo y eso siempre es de agradecer e hizo que estuviera mucho más relajada.

Llegamos a su parada y salió de su asiento pasando por el mío, y aunque las plazas son bastante grandes no evitó que su trasero rozase mi cuerpo a la vez que giraba la cabeza y me sonreía a modo de despedida. Salió del bus de un salto y se quedó mirándome mientras nos alejábamos y yo como si fuera un pequeño crío, me quedé acariciando el asiento donde había estado sentada ella y reteniendo el calor que quedaba.

Al día siguiente esperaba yo con más ansia que llegase el autobús que mi hija pequeña el del colegio, así que en cuanto llegó me subí, me acomodé en el asiento y dejé mi maletín en el portaequipajes para dejar libre el otro asiento confiando que Susana subiese. Y así fue, subió y directamente de sentó a mi lado estando casi todo el bus vacío.

Durante toda la semana estuvimos compartiendo conversaciones muy agradables y algunas bastante personales, hablando sobre los típicos problemas de familia y de pareja. Ella había tenido varias parejas, una de ellas de varios años y enseguida empatizamos al hablar (por encima) de los problemas de las parejas largas y la ausencia de sexo o monotonía, pero como digo fue un tema que tampoco profundizamos mucho.

Era Viernes por la tarde y aunque ya no había restricciones por contaminación y podía ir en mi coche al trabajo, me gustaban los trayectos con Susana así que por el momento seguís cogiendo el autobús, no como mucho si otros compañeros, que al poder ir en sus coches lo preferían, así que él autocar iba mucho más vacío que al principio y añartlr de medio trayecto no quedábamos más de diez personas.

Como cada tarde y al contrario quien por las mañanas, era Susana la que me guardaba el asiento. Ese día iba vestida con un vestido que le cerraba desde medio muslo hasta el cuello pero con los hombros al aire, estaba exultante y le brillaba la piel morena. El chofer tenía algún problema para salir así que nos acomodamos para lo que parecían q iba a ser un viaje más largo de lo normal. Yo me desabroché la corbata y el botón de arriba de la camisa y ella pidiéndolme permiso se quitó los tacones y puso las piernas recogidas sobre la butaca, ella todavía no lo sabía, pero verle con las medias puestas me calentaba bastante…y ver lo flexible que era subiendo las piernas más.

Empezamos a hablar de varios temas y me confesó que había estado saliendo con un chico pero que lo habían dejado, que no le terminaba de llenar. Modulando el tono de voz y aterciopelándolo me susurraba que conocía a otro hombre mucho más más interesante y que le gustaba y no podía quitárselo de la cabeza. No hizo falta ser muy avispado para darme cuenta q se refería a mi, pero ambos sabíamos que eso no podía suceder de ninguna manera ya que estoy casado y pretendía seguir estándolo, pero el hecho de que me insinuara su atracción por mí me animó. Hablando hipotéticamente y sin que ninguno de los dos afirmarmasemos que se refería a mí empezamos a jugar dialecticamente:

– Sabe que sucede? Que este hombre que me gusta es muy agradable, simpático e inteligente pero no estoy segura si yo le gusto o no. – me preguntaba.
– Pues mira Susana, si habla contigo, mantiene conversaciones contigo y se interesa por ti, eso es que también está muy a gusto contigo y seguro que le atraes, porque no hay más que verte.
– Usted cree? Si yo soy poquita cosa y he visto a su mujer y tiene mucho más pecho que yo… – aseveraba compungida.
– Vamos a ver Susana, que yo tampoco me voy a poner a decirte todas las virtudes que tienes físicamente…
– No no, dígame que no pasa nada. – me interrumpió
– Pues chica, no hay mas que verte y ver todo el deporte que haces. Eres guapa de cara, siempre muy arregladita, delgada y fibrosa, mira que brazos tienes. Y bueno, si hablamos de cintura para abajo, pues tienes unas piernas muy trabajadas.
– Nada más? -añadió
– Pues….ehhh…lo que tú y yo sabemos, que es donde la espalda pierde su buen nombre, lo tienes impresionante como nunca antes lo había visto. Seguro que la mujer del hombre que dices no lo tiene igual y suspira por tenerlo.

Mis palabras le habían agradado, se le había iluminado la cara de orgullo, levantándose de un salto se puso las manos en el culo y con una sonrisa me dijo:
– Le gustá? Mi trabajo me cuesta haciendo sentadillas todos los días en el gimansio.
– Y tanto que sí Susana, pero siéntate que me vas a poner nervioso.

En ese momento me miró fijamente y sonrió abriendo un poco la boca mostrándome su blanca dentadura mientras ponía un dedito sobre la comisura de la boca y dijo:

– Le voy a poner tan nervioso como ciando se despierta en mitad del trayecto y se da cuenta que está…- agachándose sobre mi oído – …empalmado?

La vergüenza me invadió en un instante, ahora era yo el que no sabía cómo salir de aquella situación, le miré fijamente mientras intentaba tragar saliva y contestar algo, pero no me salían las palabras y me estaba poniendo nervioso, entonces fue el autobús el que me hizo un favor y dando un frenazo hizo que Susana cayese sobre mi regazo. Ella pasó sus manos sobre mi entrepierna e hizo un pequeño gemidito y yo no perdí la oportunidad de sonarme el culo y acariciar sus piernas. Se incorporó sin quitar sus manos de mi pantalón y mirándome comenzó a masajear el principio de ereccion qie estaba teniendo.

Las cartas estaban sobre la mesa, sabíamos que ambos nos gustabamos y las ganas que yo tenía no podían ni disimularse con semejante piedra bajo el pantalón, ella empezó a contorsionarse, subió las piernas sobre el asiento, levantó el vestido por su cintura dejando ver las medias que resultaban ser con liguero incorporado y unas braguitas negras con incrustaciones de permutas blancas. El autobús ya estaba casi vacío y nos quedaban unos 15 minutos de trayecto, así con delicadeza y sin quitarme la mirada, bajó la cremallera del pantalón y metió su mano buscando mi poya. Yo subía mi mano derecha por si pierna disfrutando de aquella imagen y llegano al centro de su cuerpo, la misma lubricación que tenía mi pene la estaba teniendo ella en su conejito. Acaricié por encima de sus braguitas y le introduje un dedito para notar su calor antes a la vez que ella había sacado mi poya y comenzado a darle unos besitos.

Estábamos empapados, yo solo sacaba el dedo de su conejito para secarlo y volver a meterlo con precisión, al compás de las succciones que me hacía con su boca. Comencé a agarrarle de la melena castaña ahogándole contra mi poya y soltándola al notar que iba a tener una arcada para no hacernos demasiado ruido. Estaba siendo una de las mejores no mamadas de mí vida y notaba que ella también disfrutaba.

En un momento, y cuando mi poya parecía que iba a reventar de leche caliente, se la sacó de la boca y masajeandola arriba y abajo acercó su boca a mi oído y me susurró:

– Necesito que me folle fuerte Jefe, quiero que disfrute del culo que no tiene en su mujer y me lo reviente.

Yo no tardé en correrme sobre el asiento del autobús y un poco sobre su mano que sensualmente relamió y tragó. Se incorporó, recolocó el vestido, se calzó y antes de llegar a su parada se sentó sobre mí poya todavía medio dura y con un suave movimiento nos prometimos una segunda oportunidad en su apartamento.

Intentaré escribirles próximamente el segundo encuentro que tuvimos, aunque se me agolpan tantas historias que voy escribiéndolas dependiendo de lo que me apetezca en ese momento.